jueves, 23 de octubre de 2014

LAS TRÍADAS DE MICERINO. EL MODELO MASCULINO Y FEMENINO IDEAL DE LOS EGIPCIOS A MEDIADOS DEL III MILENIO A.C.

Entre 1908 y 1910 se descubrieron varios de los grupos escultóricos que, a mi entender, señalan un momento crucial en la historia del arte egipcio. Se trata de las tríadas (grupo de tres dioses egipcios) y de la díada (dos dioses) que tienen como protagonista al faraón Micerino, monarca de la IV Dinastía que reinó entre el 2490–2472 A.C.. Algún artista desconocido supo crear hace más de 4.500 años unas obras cuya factura material, coherencia iconográfica, estructura matemática, conocimiento anatómico y depurada elegancia trascienden de la mera representación del monarca y de los dioses para convertirse en piezas únicas que todavía conmueven.

El descubrimiento arqueológico fue hecho por George Andrew Reisner en un corredor del templo del Valle del complejo funerario de Micerino (las tríadas) y en el cercano "pozo de los ladrones" (la díada). Las fotos que el arqueólogo dejó de los hallazgos y del proceso de excavación para sacarlos a la luz resultan tan emocionantes que no me resisto a poner todas las que poseo del evento. Si queréis ver más os invito a que pinchéis en el siguiente enlace del Museo de Boston.

Las dos primeras imágenes muestran el desenterramiento de las tríadas en 1908.

Hallazgo de la díada en 1910.

Localización de los hallazgos de las tríadas y de la díada de Micerinos en el Templo funerario del Valle.

Las tríadas.

De los tipos.

De los cuatro grupos íntegros que se conservan, tres se hallan en el gran Museo Egipcio de El Cairo y el otro en el Museo de Fine Arts de Boston, donde además se encuentran algunos restos parciales de otras tríadas y la díada.

Las tríadas conservadas tienen dos formatos:
  • - un modelo donde las tres figuras aparecen de pie (las tres del Museo de El Cairo y un fragmento de gran tamaño de otra conservada en el de Boston). El rey es el centro del grupo y siempre porta la tiara (corona blanca del Alto Egipto), una perilla y un faldellín real. A su derecha se sitúa la diosa Hathor coronada con un par de cuernos y el disco solar (alusión a Ra) entre ellos y, a su izquierda, el semidios masculino o femenino de un Nomo (provincia de Egipto distinguida por el emblema que corona su cabeza).
  • - un segundo tipo (sólo hay una escultura intacta en el Museo de Boston y unos pequeños trozos de un segundo), en el que la diosa Hathor aparece sedente y a sus lados se disponen el faraón y un Nomo.
Triada incompleta con Micerinos, la diosa Hathor y un semidios masculino de un nomo.  Museum of Fine Arts, Boston.

De su finalidad.

No se sabe a ciencia cierta que misión tenían porque lo que tenemos es una parte de un conjunto y fuera de su contexto exacto. Se puede suponer que estas tríadas serían estatuas de culto oficial en el templo funerario del Valle. Aunque podría haber unas 42, una por cada nomo de Egipto, lo más lógico, dado el tamaño del templo en donde se encontraron, es que llegaran a 8, posiblemente las de los nomos donde el culto de Hathor estuviera más extendido.

Las funciones de estas estatuas, por tanto, serían varias:

Funeraria: servir de doble escultórico terrenal al difunto faraón para que pudiera existir en la morada ultraterrenal. Al mismo tiempo, con la representación de los nomos se aseguraba en el otro mundo la lealtad y el acopio de presentes y tributos de éstos.

Religiosa de culto: se veneraría en el templo del Valle como Micerino, faraón-dios, emparentado especialmente con Hathor, diosa protectora y benéfica que acogió a Horus (el faraón es este dios en la tierra) mientras su madre Isis recomponía y embalsamaba el cuerpo de Osiris.

Política: la aparición de la encarnación de los nomos servía para demostrar que Micerino era el señor y protector de todas las tierras de Egipto, como dejaba recalcado la inscripción del pedestal y el atributo de las coronas.

Tríada de Mikerinos, M. Egipcio El Cairo. Hacia 2500 a. C. Templo del Valle de Micerino. Diorita. 96 cm de altura. Detalle de las manos en los brazos del faraón.

Del material.

Las figuras se encuentran adosadas al bloque de diorita, una piedra muy dura, sobre el que fue tallado a modo de gran altorrelieve. Éste sirve como elemento unificador y nos indica que la pieza fue diseñada para ser observada frontalmente. También actúa como peana que soporta la escena. Allí se colocan las inscripciones que nos permiten saber quiénes son los personajes representados y la oración ritual del faraón. Las figuras posiblemente estuvieron policromadas, pues quedan restos de pintura imperceptibles hoy a la vista.

Detalle de perfil de Micerino de la Tríada del Museum of Fine Arts, Boston. En este detalle podemos ver su disposición como altorrelieve muy sobresaliente y los atributos de la realeza. Llama la atención la dimensión de la Tiara blanca, la corona alargada que simbolizaba su poder sobre el alto Egipto. No se han encontrado representaciones del faraón con el gorro del Bajo Egipto. También se aprecia muy bien otro distintivo de la realeza, la perilla falsa.

    De las diferencias entre las triadas y de la jerarquía.

    Aunque las representaciones de las tríadas pueden parecer inicialmente que tienen un aspecto parecido, siempre hay elementos que las individualizan. Tal vez la más conocida es una del Museo de El Cairo que representa al faraón, en el centro, dando un paso al frente, entre la diosa Hathor a su derecha y la semidiosa del nomo de Cinópolis, la tierra del chacal, a su izquierda. Ambas figuras femeninas parecen abrazar con uno de sus brazos a la figura masculina en una postura imposible, apareciendo sus manos sobre el brazo del varón.

    Tríada de Micerino,  la diosa Hathor y el nomo de Cinópolis. Museo del Cairo. Diorita 92 cm de altura.

    Este grupo es, sin duda, el que muestra rasgos más enérgicos del poder del soberano. Aún así, en parte, parece cuestionar las estrictas normas sobre el tamaño de las figuras cuando en una misma escena aparecen distintos personajes con distinta jerarquía. Micerino, como Dios en la tierra y como hombre, es el más alto, pero por poco (casi parecería normal atendiendo a la diferencia de tamaño entre hombre y mujer). Sin embargo, acentúa su mayor categoría por medio de la Corona del Alto Egipto. Le sigue la diosa Hathor, siendo de menor altura la semidiosa.

    Otra representación del mismo museo de El Cairo muestra  la misma disposición con la diferencia de que acompaña a las figuras principales otro nomo femenino que porta el símbolo de Bat, diosa-vaca protectora del nomo de Dióspolis Parva, una provincia del Alto Egipto a 110 kilómetros al norte de Tebas. Pero lo que, sobre todo, hace especial este trío es que entre la diosa Hathor y Micerinos se muestra un detalle de ternura poco común entre dioses: enlazan cariñosamente sus manos como si fueran un matrimonio.

    Tríada de Micerino,  la diosa Hathor y el nomo de Dióspolis Parva. Museo del Cairo. Diorita 92 cm de altura.

    La jerarquía de los personajes ha de destacar literalmente de la cabeza a los pies, pues éstos también subrayan el lugar relativo de cada uno de ellos. El rey avanza resuelto hacia nosotros, con la pierna izquierda adelantada en la pose que quedaría fijada durante siglos como el modelo de la figura masculina erguida. También avanza Hathor, pero con el más adelantado de sus pies ligeramente por detrás del más retrasado de Micerino. La deidad menor conoce su lugar y mantiene los pies juntos en la actitud pasiva en la que solían representarse las figuras femeninas.

    La tercera tríada de El Cairo tiene como elemento distintivo un nomo masculino con un tamaño extrañamente muy inferior al de las otros nomos femeninos, lo que le da la apariencia de ser un niño. Es la personificación del nomo de Tebas.

    Tríada de Micerino,  la diosa Hathor y el nomo de Tebas. Museo del Cairo. Diorita 92 cm de altura.

    En la Triada que se conserva en el museo de Boston vemos las mayores rupturas a la norma. En primer lugar, es Hathor quien centra la composición en situación sedente. Su escala resulta mayor incluso que el faraón, aunque no su altura porque se encuentra sentada y Micerino, que actúa de acompañante, la supera con su tiara. El soberano, por otro lado, está ligéramente retrasado y porta una maza como símbolo de poder terrenal. La diosa le abraza en actitud protectora. El nomo femenino, de Hare, tiene un tamaño mucho más pequeño que los anteriores de su sexo.

    Tríada de Menkaura,  la diosa Hathor y el nomo de Hare. Museum of Fine Arts, Boston. Diorita 84.5 cm de altura.

    Del modelo humano.

    La representación de Micerinos se convierte en el paradigma masculino del faraón de pie, modelo creado en el Imperio Antiguo e imitado a partir de entonces durante más de 2500 años. Su figura combina elementos de realismo y de idealización plástica. Es una imagen concebida para ser vista frontalmente y representada con una rigidez formal, es decir, brazos pegados al cuerpo y ninguna extremidad especialmente sobresaliente, para evitar una fácil fractura.

    El dominio de la anatomía resulta impresionante si se considera la parquedad de los detalles. Los músculos, pulimentados con sutileza, trasmiten con gran fuerza una idealización de un hombre y mujeres adultos, pero jóvenes, en plenitud de su desarrollo atlético. Es más que evidente que al artista sólo le interesaba captar el momento de máxima vitalidad del ser humano. Las leyes de la geometría y de las proporciones rigen sobre el diseño de sus cuerpos para hacerlo los más perfectos posibles, lo que viene a ser para el egipcio el camino a la eternidad. Las imágenes quieren demostrar la eterna e inalterable fortaleza de la juventud del rey y de los dioses, en este y el otro mundo.

    Las reglas matemáticas también sirven para las vestiduras y la composición del conjunto. El monarca viste un faldellín con pliegues regulares y rectilíneos y ocupa el eje de simetría entre las diosas. Su torso está erguido y en palpitante tensión, con los brazos pegados al cuerpo, lo que contrasta con la expresión del rostro que se muestra relajado y con la mirada hierática o sagrada. Es una mirada que nos traspasa, fijada en el infinito. Ccasi se podía decir que nos desdeña.

    Tanto Hathor como las diosas de los nomos son los paradigmas ideales de la representación femenina egipcia. Las figuras visten prendas de lino idénticas y ceñidas hasta lo inverosímil. La simplificación geométrica de los cuerpos se concentra en los redondos senos, el ombligo y el profundo triángulo púbico. Pese a la aparente frialdad son obras muy sensuales que captan con maestría la naturaleza femenina. La geometría y la simetría también se refleja en las pelucas que portan.

    Sorprenden la perfección, el refinamiento y el detalle que conforman las facciones de los rostros, lo que hace suponer que debieron tener notable parecido con la realidad. El rey debía preservar en la figura algún rasgo personal identificativo. Tal vez lo más distintivo sea la nariz ligeramente respingona que podemos apreciar mejor en los perfiles. Los personajes femeninos se adaptan a esos mismos rasgos. Sin embargo, también todos son más o menos modelos idealizados porque se depura la fealdad y se ennoblece lo distintivo.

    Díada de Micerino y su esposa. Detalle de sus retratos. Museum of Fine Arts, Boston.

    La díada de Micerinos y su esposa.

    Junto a las tríadas se halló en el templo del Valle esta otra representación de Micerinos que guarda mucha semejanza con las anteriores por el material y modelo humano utilizado, lo que hace pensar que sea del mismo artesano. La falta de algunos detalles nos indica que es una obra inacabada. Sólo las cabezas y las partes superiores del cuerpo tienen su toque final. Posiblemente la muerte del rey precipitó su inclusión en el ajuar del templo.

    Díada de Micerino y su esposa. Diorita. Dimensiones: altura 139,5 cms, ancho 57 cms y profundidad 54 cms. Museum of Fine Arts, Boston.

    La imagen de Micerinos recuerda la de las Tríadas por seguir el mismo estereotipo de representación, pero esta vez, el rey adorna su cabeza con un Klaft o nemes y viste una faldilla sin pliegues (¿no terminada?). La actitud y pose es similar. Le acompaña una figura femenina de casi igual altura que podría ser su esposa o su madre, descartando que sean la diosa Hathor o un nomo puesto que no lleva ningún atributo que les identifique como tales. Desgraciadamente la peana carece de la inscripción que nos aclare quién es esta figura femenina que le acompaña.

    Por la actitud cariñosa de la mujer, que se demuestra en el abrazo, se ha supuesto que podría ser Khamerer-nebty, una de sus esposas, pero también hay quien defiende que fuera su madre (del mismo nombre), puesto que era frecuente que las madres del faraón se representaran acompañando a su hijo a la otra vida. El hecho de que el pie izquierdo de la mujer esté en posición de avance, aunque no tan adelantado como el del faraón, hace suponer que ella está subordinada a él. Pero al mismo tiempo, la postura imitando deliberadamente a la de la diosa Hathor en una de las triadas, parece sugerir protección o quizás legitimación del faraón por la línea matriarcal de descendencia.

    Esta imagen de perfil y desde atrás del bloque de la Díada de Micerinos nos permite mejor entender la forma de esculpir del artista egipcio.

    Otras imágenes de Micerinos encontradas en su complejo funerario.

    Fragmento de cabeza de Menkaura, posiblemente como joven príncipe. Templo del Valle. Dimensiones: alto 29.2 cm, ancho 19.6 cm, profundidad 21.9 cm. Alabastro. Museum of Fine Arts, Boston.

    Más sobre Egipto en este blog.

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