sábado, 16 de mayo de 2015

LA DECORACIÓN DEL SARCÓFAGO DE CONSTANTINA Y DE LOS MOSAICOS DE SANTA CONSTANZA. ENTRE EL PAGANISMO Y EL CRISTIANISMO.

El emperador Constantino El Grande, el soberano que legalizó el cristianismo en el Imperio, se hizo sepultar en la iglesia que edificó en honor de los Santos Apóstoles en Constantinopla. Pero en Roma quiso que fueran depositados los restos de otros miembros de la familia imperial, sus hijas. De esa manera, recalcaba a través de los monumentos funerarios de su dinastía el poder que tuvo sobre ambas partes del mundo romano. El mausoleo familiar en Roma es la iglesia que conocemos hoy con el nombre de Santa Constanza, un edificio de planta central construido a la manera de los mausoleos imperiales del Bajo Imperio, que hemos visto en algunos artículos de este blog, o que todavía se levantará apenas unas décadas después como el mausoleo de Teodorico.

El mausoleo se levantó a las afueras de Roma. en la vía Nomentana, adosado a la basílica -hoy ruinas arqueológicas-, que erigió al mismo tiempo el emperador Constantino en honor de Santa Inés (S. Agnese), la mártir romana que fue enterrada en las catacumbas que se abren bajo su subsuelo. De esa manera los restos de sus familiares adquirían más santidad por la cercanía a las reliquias.

En la planta del recinto podemos ver la estructura circular del mausoleo que se adosaba a una de las naves laterales de la basílica constantina. De ésta sólo quedan restos de los muros largos y del ábside. Sí queda en buen estado la basílica de Santa Agnese (Inés) Extramuros, de mediados del siglo VII (construida bajo el papa Honorio), mucho más modesta en proporciones. Desde ella se accede hoy a las catacumbas de S. Agnese.


En el mausoleo se albergarían los restos de Constantina (la Costanza que desde su consagración como iglesia en la Edad Media da nombre al monumento) muerta el año 354 en Bitinia, y posiblemente de la otra hija del emperador Constantino, Helena, la esposa del emperador Juliano el Apóstata, que murió en el año 360 en la Galia. Del mausoleo y de la basílica a la que se adosó ya hablaré en otro artículo, pues es muy interesante desde el punto de vista arquitectónico. Me quiero centrar en este artículo en el espíritu que decoró el edificio, entre lo pagano y lo cristiano, algo habitual en la Roma de mediados del siglo IV.

La entrada al mausoleo de Santa Constanza tal y como se puede hacer hoy en día a través de un patio que atraviesa la antigua basílica constantina.


Empecemos por el sarcófago que contenía los restos de Constantina.

El sarcófago es una obra de grandes dimensiones, nada menos que 128 cms de alto, por 225 cms de largo y 157 cms de ancho. Probablemente se hiciera justo para el momento en que se construyó el mausoleo, es decir entre los años 337 y 354. Fue colocado en un nicho principal de preferencia, frente a la entrada, y cerca debió estar el sarcófago de su hermana Elena, la otra hija de Constantino, aunque el mismo no ha llegado a nosotros. 

La nave circular donde actualmente se encuentra el altar de la iglesia de Santa Constanza y al fondo una réplica en madera pintada del sarcófago de Constantina en el nicho que le correspondería. En  el siglo XIII, cuando se consagró como iglesia el edificio, el sarcófago se debió colocar bajo la cúpula a manera de altar y de lugar de culto de sus reliquias. El altar que hoy tiene data del siglo XVIII, cuando se trasladó la tumba a los museos vaticanos.


La estructura del sarcófago es muy simple: una losa monolítica de cubierta a cuatro aguas con un tramo vertical a modo de friso, que se decora con guirnaldas y bustos (el de la cara principal podría ser el idealizado de Constantina); y una caja, también monolítica, sobre pódium simple y cuatro caras labradas con relieves alusivos a los trabajos de la vendimia que realizan unos amorcillos entre los sarmientos y zarcillos de las viñas. Las plantas forman espirales complejas, que enmarcan las escenas y que sirven para rellenar el formato (horror vacui).

El sarcófago de Constantina tal y como se encuentra en los Museos Vaticanos hoy, levantado sobre una peana figurativa de animales realizada en el siglo XVIII.


El elemento más atractivo del monumento no es la talla, que parece muy "relamida" después de un proceso de restauración llevado a cabo en el siglo XVIII, que dejó excesivamente pulimentado el resultado final, sino el material con el que se hizo: el pórfido, una roca magmática muy apreciada por su color púrpura y por su alto valor monetario. Esta roca había sido utilizada por los egipcios como un objeto de lujo porque era una piedra extrañamente bella, muy dura y, por tanto, ideal para durar eternamente. Las canteras de esta roca se encuentran en una zona montañosa situada en el desierto oriental egipcio, por lo que hubo que importarlo desde allí hasta Roma. Como la dureza de la roca la hace muy difícil de trabajar es de suponer que los relieves se esculpieran en talleres especializados en este material que existían en Alejandría. Todo ello hace que este material no sólo fuera caro y no estuviese mas que al alcance de unos pocos en la Roma del Bajo Imperio, sino que, de hecho, se reservaba para el emperador y el pequeño círculo de su familia porque su color púrpura era simbólico de la realeza.

Detalle de dos amorcillos realizando la vendimia del sarcófago de Constantina.



La temática de la vendimia.

No hay una sola escena o símbolo claramente cristiano en el sarcófago, por lo que bien podría pasar por uno pagano. Los objetos, escenas y símbolos que aparecen puede leerse tanto en clave cristiana como en clave pagana, lo que es normal en los sarcófagos del siglo IV, aunque no tan normal para alguien enterrado junto a una basílica cristiana.

Según A. García y Bellido el tema de la vendimia con amorcillos vendimiadores es de origen helenístico, siendo utilizado en la cerámica como motivo decorativo habitual con las vasijas destinadas al vino y su libación en las fiestas dionisiacas. Como ejemplo sirva este magnífico ejemplar de ánfora decorado con la técnica vidriada de camafeo encontrado en Pompeya, conocido como el "vaso Azul".

Ánfora de vino con figuras de amorcillo en camafeo que se destacan blanco sobre un fondo azul. Museo Archeologico Nazionale di Napoli, sec. I d.C, 31,6 cm. En la cara que vemos dos querubines sobre una kliné, uno de los cuales toca una lira, mientras otros dos vendimian; en la cara opuesta los amorcillos pisan las uvas acompañados por otros dos que tocan instrumentos musicales. El espacio entre las dos escenas está cubierto por exuberantes ramas, que elaboran un tupido rosetón con hojas de vid, racimos y otros frutos.



Desde la época de Septimio Severo, coexiste el empleo de tales elementos en monumentos civiles, oficiales. Pilastras adornadas con kantharoi de los que brotan tallos de vid, cuajados de pámpanos y racimos fueron trabajadas con magnífica técnica por artistas pertenecientes a la Escuela de Afrodisia, sobresaliendo particularmente las pilastras del arco cuadrifonte de Septimio Severo de Leptis Magna, erigido alrededor del año 203. En algunas de las pilastras aparecen roleos de acanto, en otras tallos de vid con hojas y racimos, en un complejo movimiento, entre los que se integran erotes alados, tomando los racimos.

Detalle del arco cuatrifronte de Leptis Magna con los detalles decorativos de las roleas de vides. Año 203 d. C.



Sarcófago de vendimia de San Lorenzo fuori le Mura, Roma. Primera mitad del siglo III. Se figura en relieve la vendimia, en toda su exuberancia, tanto en la parte central como en los lados menores. En sus superficies pequeños erotes vendimiadores, alados o carentes de alas, desnudos o vestidos, en un profuso movimiento, se afanan en recolectar el fruto, que depositan en cestos colmados, trepan por los tallos, se encaraman por entre las cepas, los sarmientos, los pámpanos, los zarcillos, por entre los copiosos racimos de uvas. Inmersos en este mundo vegetal hay animalillos domésticos o salvajes en pacífica y alegre coexistencia con los pequeños vendimiadores. Todas las escenas del sarcófago tienen un indudable sentido dionisiaco funerario.


El simbolismo de la vendimia en las representaciones fúnebres paganas se relacionaba con el culto dionisiaco, según el cual la uva, que es arrancada y triturada, muere como el ser humano pero para crear algo mejor que es el vino o la vida en el otro mundo. A modo de curiosidad hasta el siglo XVIII se pensaba que el mausoleo de Santa Constanza era un templo báquico por la decoración seudopagana de sus mosaicos y que el sarcófago era su altar.


Sin embargo, en el siglo IV, la simbología pagana de la vendimia va dando paso a la explicación cristiana, combinándose con otros símbolos y mensajes más inequívocamente cristianos.

Sarcófago de tipo "Buen Pastor" del siglo IV, en el que las alusiones cristianas son indirectas: tres imágenes del Buen Pastor (el central en un pedestal con grifos y el trípode de Apolo) y una multitud de viñas y cupidos realizando la cosecha, similares a los de Santa de Constanza (Museo Pío Cristiano, Ciudad del Vaticano).



Para los cristianos además de la interpretación vinculada a la resurrección de las almas, la vid y la vendimia tenía un mensaje eucarístico puesto que Cristo a menudo se comparó con la vid y en la Santa Cena llegó a decir que el vino que bendecía transmutaba en su sangre y aquél que lo bebiera alcanzaría la vida eterna.

En el lado largo del sarcófago de Constantina se representa en tres momentos a los pequeños cupidos recogiendo las uvas y depositándolas en cestos. Bajo ellos animales simbólicos como pavos reales, corderos y querubines con guirnaldas. El cordero era el animal utilizado para el sacrificio pagano, pero era la metáfora de Cristo dando la vida por la humanidad, el cordero místico. El pavo real era otro animal simbólico ligado a la resurrección, puesto que su plumaje cambiaba en la primavera y su carne se creía incorruptibles y, por tanto, capaz de vencer a la muerte.


En los lados cortos aparecen los querubines pisando la uva en el lagar. El mosto brota de la boca del león que hace función de caño de la prensa que dirige su zumo a las "dolia".



Hay un sarcófago de esta época, que también hemos analizado en este blog, el sarcófago de Junio Basso, que recoge temas similares en los lados cortos, mientras que en su lado largo compartimenta algunos de los episodios más importantes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Esto muestra la fusión de los valores paganos y cristianos en Roma.

Detalles del lateral del sarcófago de Junio Basso donde se disponen las mismas escenas que en nuestro sarcófago de Constantina: los amorcillos hacen la vendimia y trasladan la uva para ser pisada en el lagar. Año 359, mármol de Carrara, 234 x 142 cms. Se puede ver hoy en las Grutas Vaticanas, bajo la Basílica de San Pedro en el Museo del Tesoro de San Pedro.



El otro sarcófago, el de su hermana Elena, ha desaparecido. Sí se conserva en los Museos Vaticanos, sin embargo uno de mismo formato y material, aunque de distinta temática que se atribuye a la madre de Constantino I y que se encontraría en en el Mausoleo de Elena, cerca de Porta Maiore, Roma.

Sarcófago de la madre de Constantino, Elena, datado hacia el 320. Porfidio rojo, 242 cm de altura. Museos Vaticanos. Posiblemente fuera diseñado para un emperador por el tema militar que trata.


De la decoración de mosaicos del mausoleo.

El panteón estuvo ricamente decorado con mármoles en muros y suelos, desaparecidos posiblemente durante la Edad Media. También han desaparecido los mosaicos de la cúpula central, aunque todavía se conservaban en el siglo XVI según los bocetos del portugués Francisco de Hollanda. Así que la parte clave de la decoración original está hoy en la girola donde se conservan los mosaicos del siglo IV de la bóveda de cañón anular de 22,5 metros y los mosaicos posiblemente posteriores de dos semicúpulas en dos de los ábsides que se abren al deambulatorio.


Empecemos por los mosaicos de los ábsides.

Los mosaicos de los ábsides de Santa Costanza probablemente no sean del mismo siglo IV en que se erigió el edificio, aún así son ejemplos muy antiguos del arte cristiano en mosaico comparables a los del Mausoleo de Gala Placidia del siglo V en Rávena. Ambos muestran a un Cristo que actúa a modo de emperador romano recibiendo u otorgando el poder o la ley. En uno de ellos, probablemente el más antiguo, se le muestra con Pedro y Pablo, junto con unas cuantas ovejas. Cristo es joven, rubio, imberbe y está nimbado, como personaje sagrado. Viste con una túnica de oro, lo que sugiere su poder y supremacía terrenal. Es además el pastor de esas ovejas, que son los fieles de la Iglesia, y por ello gobierna su rebaño. Pedro se inclina ante él y recibe la la ley representada por un pergamino en el que se ha escrito: "Dominus pacem dat", o "El Señor da la paz" (alusión la paz de Constantino). Cristo se eleva por encima de un abstracto paraíso, reducido a unas nubes, montes y tres ríos que brotan bajos sus pies. La representación quiere demostrar su dominio sobre el cielo y la tierra.



En el segundo ábside, Cristo está visiblemente barbado y viste una túnica color púrpura y oro. Esto sugiere no sólo el poder sagrado, sino el poder humano, dado que el púrpura es el color de la realeza romana. Pedro o un mártir también se a cerca a Cristo en actitud de súplica, como uno podría acercarse al emperador. Cristo, además de príncipe de este mundo, se sienta encima de una esfera azul, el símbolo claro del orbe. De esta manera parece que le entrega las llaves a Pedro, lo que sancionaría el poder temporal y espiritual de Pedro y de los Papas.


Los mosaicos del deambulatorio.

Los mosaicos de las bóvedas de la girola contrastan brutalmente con los de los ábsides por su temática pagana. Más parecerían decoraciones palaciegas de la época.

En este esquema se pueden ver todos los motivos decorativos de la bóveda anular y donde se sitúan en relación con la entrada y con los ábsides y donde se ubicaría el sarcófago.


Las columnas delimitan espacios de forma trapezoidal, que reciben la decoración con motivos que se repiten igual en los espacios extremos opuestos, con la excepción del panel situado en la entrada, al que le corresponde en el lado opuesto la linterna de la torre del deambulatorio que vemos debajo.


Los mosaicos recuerdan patrones decorativos de suelo. Muchos de los motivos utilizados son comparables con pisos de mosaicos africanos. El resultado es de gran belleza.

Bustos y figuras masculinas y femeninas insertas en círculos.



Dos tamaños de círculos trenzados que forman una figurada ochavada. En el interior cruces, figuras humanas y animales diversos.


Aves con ramas de árboles diversos, jarrones y utensilios diversos (espejos, patenas, cuernos... objetos rituales paganos) y aves exóticas y no tanto de bello plumaje (pavo real, paloma, perdices...).



La escena más conocida es la que repite la temática de  los querubines realizando la vendimia y todas las tareas posteriores para la elaboración del vino. 




En el centro aparece el busto de un joven ¿Dionisio o Cristo?




2 comentarios:

  1. Gracias por esta entrada, muy ilustrativa y completa!

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    1. A ti, Belén, por ser tan amable y detenerte a comentar.

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