domingo, 10 de julio de 2016

LOCOS POR EL BOSCO. LA EXPOSICIÓN DEL V CENTENARIO DE LA MUERTE DEL PINTOR EN EL MUSEO DEL PRADO

El Museo del Prado es el museo que más cuadros del Bosco custodia en el mundo, debido a ser heredero junto con Patrimonio Nacional de las Colecciones Reales. Particularmente, debemos tal colección a Felipe II, un gran admirador de este artista que le interpretó en clave devota. Y por eso, es lógico que este año 2016, en el que se conmemora el V Centenario de la muerte del Bosco, el Prado decidiese hacer una gran exposición en la que se reuniera el mayor número de obras posibles que se conservan del pintor Jheronimus van Aken (h. 1450-1516), conocido en España como “el Bosco”.

La exposición ha comenzado el 31 de mayo de 2016 y estará abierta todo este verano hasta el día 11 de septiembre.



Para la exposición se cuenta con todos los originales pictóricos, salvo tres: El tríptico del Juicio Final de la Academia de Viena (que la institución no lo presta nunca); la Crucifixión con Donante de Bruselas (por estar el cuadro en malas condiciones); y el tríptico de los ermitaños de la Academia de Venecia (la Academia, a cambio cedió sus Cuatro visiones desde el Más allá). También se exponen ocho grabados originales de los 11 o 15 que se aceptan como claramente de el Bosco.



En este blog ya hemos hablado de este artista flamenco: 

- de sus características artísticas y temáticas
- del contexto histórico artístico
- así como de algunos seguidores como Brueghel el Viejo

Para hacer este artículo -y al igual que hace el Museo- hemos optado por exponer la obra del Bosco a través de 7 bloques temáticos, ya que la otra opción, la cronológica, es poco fiable y los expertos no se ponen de acuerdo sobre la datación de algunas obras.

I.- "El Bosco y 'S-Hertogenbosch"

El primer bloque temático viene a ser como una sección previa, llamada "El Bosco y 'S-Hertogenbosch", que utiliza el museo para ubicar al pintor en su contexto geográfico e histórico. Algo que es importante, porque El Bosco no sólo nació en S-Hertogenbosch (Bois-le-Duc en francés o "Bosque del Duque" en español), sino que también vivió y pasó toda su vida allí hasta que murió en agosto de 1516. Esta ciudad estaba al norte del ducado de Brabante, en la actual Holanda, y era un emporio comercial e industrial muy próspero a finales del siglo XV. El Bosco y su familia se sentían muy arraigados en ella, lo que le llevó a que el pintor vinculara su fama al firmar sus obras como “Jheronimus Bosch”, en vez de como Jheronimus van Aken, su verdadero nombre. El Bosco era la cuarta generación de pintores de esa familia. Su abuelo se había instalado en esta ciudad porque encontró allí una gran demanda de obras para la Iglesia y la oligarquía local y que no existía un gremio de pintores locales. La posición social de nuestro pintor mejoró cuando casó con la hija de una de las familias más influyentes. También hay que decir en relación con S-Hertogenbosch que la arquitectura local le inspiró para pintar muchas de las ciudades que aparecen en los fondos de sus cuadros.

Las obras que podemos ver en esta sección tienen como centro el tríptico del Ecce Homo de Boston, realizado por el taller del pintor para Peter van Os, uno de los notables de la ciudad de S-Hertogenbosch y compañero de El Bosco en la cofradía de la Virgen de la ciudad, la hermandad que sólo admitía a la élite. 

El Bosco. Tríptico de Boston del Ecce Homo con los donantes del retablo, Peter van Os y Hendrixke van Langel, en las tablas laterales,1496-1500. Óleo sobre tabla. La tabla central mide 73 x 57.2 cm  y las laterales 79.4 x 35.9 cm. Museo de Bellas Artes de Boston, Estados Unidos.


La ciudad es protagonista en las tres tablas de Boston. Detalles de las tablas laterales en lo que parecen dos vistas de la ciudad en la lejanía.


En el mismo espacio se suman obras de otros artistas que, o bien trabajaron para la ciudad en tiempos del Bosco, o bien desarrollaron su labor en ella en esos años. También hay un grabado de Cornelis Cort con el retrato del pintor, seguramente una efigie no fidedigna, y la pintura anónima del mercado de paños en la plaza mayor de ‘S-Hertogenbosch, en la que se puede ver la casa en la que vivió el Bosco.

Artista anónimo. La plaza del mercado de telas de la ciudad hacia 1530, Noordsbrabant MuseumSabemos que, en torno al año 1480, el Bosco se casó con Aleid, hija de la rica y culta familia Van de Meervenne. Bosch y su esposa vieron en la séptima casa en el lado norte de la plaza del mercado de la ciudad (por encima de la casa de color azul claro del detalle). En el lado este, que era menos elegante, estaba la casa en la que había crecido el pintor y donde estuvo el taller familiar.  


La ausencia de una tradición local y de un gremio de pintores en esta ciudad favoreció que el Bosco creara un estilo original. Aunque partió del arte de los pintores flamencos que le precedieron, como Jan van Eyck, rompió con ellos tanto en la técnica como en la iconografía.

Detalle de la tabla central del Ecce Homo de Boston donde aparece Cristo hacia el calvario atravesando por una plaza con edificios que recuerdan la plaza del mercado de ‘s-Hertogenbosch.


II.- "Infancia y vida pública de Cristo".

La segunda de las siete secciones temáticas en que se han dividido la exposición se ha dedicado a la infancia de Cristo. El tema central es el de la Adoración de los Magos, tema muy importante porque transmite el mensaje de la universalidad de la redención. Es decir, los paganos -los Magos- hacen un largo viaje para adorar al Mesías, mientras que los judíos le rechazan.

El Bosco. Tríptico de la Adoración de los Magos, h. 1494. Óleo sobre tabla, 133 x 71 cm (tabla central); 135 x 33 cm (tablas izquierda y derecha). Madrid, Museo Nacional del Prado. Esta es la obra de más calidad técnica y mejor conservada de El Bosco.


La obra más importante de esta sala es el “Tríptico de la Adoración de los Magos” del Prado. En el tríptico abierto se representa a María sosteniendo a Jesús sobre su regazo y a los tres magos, de un modo tan detallista que evoca las obras de Jan van Eyck (h. 1390-1441). El Bosco hace gala de su maestría como pintor, en la opulencia de los trajes de los magos y de sus ofrendas, en la riqueza de los materiales y en el modo magistral con que traduce con pinceles finísimos los toques de luz. Hay numerosos detalles simbólicos en lo que portan o en la decoración de los objetos, pero destaca el tercer mago, Baltasar, que tiene en la mano su ofrenda, un recipiente de forma esférica para contener incienso. Sobre la esfera está posada el Ave Fénix, que evoca la Resurrección de Cristo, cogiendo un grano con su pico. 

El Anticristo aparece en la escena asomándose a la puerta del pesebre. Apenas cubre su cuerpo con una capa y un velo transparente.  Los personajes que están a su lado en el interior de la cabaña también le dan un cariz maligno, entre ellos una mujer de rasgos feos, deformados por su expresión, que lleva un tocado antiguo al igual que algunos demonios representados por el Bosco.


La ciudad que se recorta al fondo debe ser Belén. El pintor se deja llevar aquí por su fantasía, y sus edificios adoptan formas orientales. Eso sí, no falta el molino holandés típico fuera de sus muros, junto al que el Bosco despliega un grupo de jinetes que buscan al recién nacido por orden de Herodes.


En el panel izquierdo figura el donante o mecenas Peeter Scheyfve, protegido por san Pedro y con su divisa (Een voert al, Uno para todos), y, en el derecho, su segunda esposa, Agneese de Gramme, protegida por santa Inés. Son notables pertenecientes a la alta burguesía de Amberes.


En el mismo espacio se encuentra “Las Adoraciones de los Magos” de Nueva York y de Filadelfia y el dibujo de las Bodas de Caná del Louvre, obra de un seguidor, además de un buril de Alart du Hameel.

El Bosco. La adoración de los Magos, ca. 1475-80. Óleo y oro sobre madera de roble, 71.1 x 56.5 cm. Metropolitan de Nueva York. Es una de las obras más tempranas del maestro. Si las figuras son más convencionales, el paisaje es absolutamente personal y en la línea de los posteriores de El Bosco.


III.- "Los Santos".

La tercera sección, “Los santos”, es la más numerosa con Santos como san Jerónimo, san Cristobal o el que más fama le dio a El Bosco, las Tentaciones de San AntonioEl protagonismo que tiene el ermitaño se debe a que es un ejemplo de vida al margen de la sociedad, un ejemplo para el artista de autocontrol, especialmente sobre las pasiones de la carne, la paciencia y la constancia frente a las tentaciones del Demonio. Pero, además, le permite al artista introducir, como en sus infiernos, una múltiple "diablería surrealista".

El Bosco. Tríptico de las tentaciones de San Antonio Abad. Óleo sobre tabla, 131,5 x 111,9 cm (tabla central); 131,5 x 53 cm (tablas izquierda y derecha). Museu Nacional de Arte, Lisboa. Los fondos no tienen relación directa con la vida del santo. El Bosco los inventa, se deja llevar por su fantasía, como cuando representa a los demonios.



La escena central es la más alucinante. Representa al santo rodeado de monstruos y aberraciones. San Antonio, que está piadosamente arrodillado ante un altar, hace el gesto de bendecir y, al tiempo, señala a un Cristo en miniatura y devuelve la mirada al espectador. En la pequeña celda del torreón derruido está Cristo que indica el Crucifijo, única salvación posible y verdadero sacrificio. Es la contraposición a lo que están llevando a cabo los demonios de su izquierda. Puesto que detrás de San Antonio tiene lugar una misa sacrílega. Hay una mujer negra que lleva una bandeja con un sapo, símbolo de brujería y de lujuria, que sostiene un huevo. Un músico vestido de negro con cara de cerdo y con un búho sobre la cabeza, símbolo de herejía, y un lisiado, se preparan para comulgar. Una pareja de ricos engalanados juega a los dados.



Sobre el fondo, a la izquierda, hay una ciudad en llamas mientras que, a la derecha, surca el cielo un pájaro nave y otra navecilla volante. 



El diablo como un puerco tonsurado y con casulla que celebra la misa negra sigue las precisiones del Malleus Maleficarum, tratado de brujería. El grupo que está a la derecha realizan como una parodia diabólica de la Huida a Egipto y de la Adoración de los Magos.



 A la izquierda, siempre en primer plano, de un fruto rojo salen demonios, uno de ellos toca el arpa y está sobre un pollo desplumado (el pájaro es símbolo masculino) y en los pies dos zuecos. Apoyado sobre un muro en segundo plano se encuentra un hombre con la barba y con cilindro, probablemente el mago director de toda la visión. 



En primer plano extrañas embarcaciones navegan en una laguna. El pescado que aparece en el centro, en la parte inferior, puede ser símbolo del sexo femenino.



La sección gira totalmente en torno al tríptico de las Tentaciones del Museo de Lisboa, pero también hay otra dos del Prado, una original  y otra de taller, y el fragmento de las Tentaciones del Museo de Kansas City, así como el dibujo del Louvre con bocetos para unas Tentaciones de San Antonio.

El Bosco (del taller). Las tentaciones de san Antonio Abad, 1510-1515. Óleo sobre tabla de madera de roble, 70 x 115 cm. Museo del Prado. El formato apaisado de la tabla permitió a su autor situar en primer plano al santo, con unos rasgos que recuerdan al santo del tríptico de Lisboa.  A la derecha, en el espacio que deja libre la figura del santo surge del agua una cabaña rematada por una cabeza de vieja, con un palomar por sombrero. Tanto el palomar sobre la cabaña, como la joven desnuda a su puerta y la enseña con el cisne -propia de un prostíbulo- aluden a los pecados de la carne y evocan las tentaciones a las que fue sometido san Antonio que, en esta ocasión les da la espalda. Para algunos estudiosos esta obra copiaría un original perdido del Bosco. 



IV.- "Del Paraíso al Infierno".

La siguiente sección se llama “Del Paraíso al Infierno”. Se centra en el “Tríptico del carro de heno” y nos muestra cómo el Bosco representa el Paraíso y el Infierno dentro de un Juicio Final o dentro del mismo carro de heno. Tradicionalmente, en la tabla central se incluía el Juicio Final, como sucede en el ejemplar de Viena (que no se ha conseguido para esta exposición) y de Brujas. 

El Bosco. Tríptico del juicio final de Viena, 1504. 1482 o después. Óleo sobre tabla, 163,7 cm × 242 cm. Academia de Bellas Artes de Viena.



En el Carro de Heno, por primera vez en una pintura y de manera totalmente original, el Bosco dispuso en el centro del tríptico, entre el paraíso y el infierno, un carro de heno para mostrar cómo el hombre de cualquier clase social, en su afán por dejarse llevar por el goce de los sentidos y el deseo de adquirir bienes materiales, se deja engañar por los demonios que lo conducen al infierno. El carro se convierte en un espejo en el que quien lo contempla ve reflejada su imagen y propone al hombre como lección que, para no condenarse eternamente, no tiene tanto que hacer el bien, como evitar el mal a lo largo de la vida. Se ilustran aquí los ejemplos a evitar.

El Bosco. Tríptico del carro de heno, 1512-15 . Óleo sobre tabla, 133 x 100 cm (tabla central); 136,1 x 47,7 (tabla izquierda); 136,1 x 47,6 (tabla derecha). Madrid, Museo Nacional del Prado.


En la tabla de la izquierda vemos a los ángeles en el cielo que, según van cayendo se convierten en monstruos y distintas escenas de el Paraíso. Destacan la de Adán y Eva que están discutiendo sobre si aceptar o no el regalo que les hace la serpiente, que es el demonio. 


Luego, vemos el ángel que los expulsa del paraíso con una actitud algo resignada, cosa que vemos mucho en el Bosco, pero seria. Lleva a cabo su misión, pero se ve triste por tener que hacerlo. Adán pareciera intentar explicarse diciendo: “Pero yo lo hice porque no tenía más remedio”, intentar excusarse. Vemos a Eva, quizás avergonzada, y ambos se preparan para salir del paraíso. 


En la tabla central vemos un gran carro de heno. El heno, según el simbolismo de la época, representa aquello para lo cual los humanos trabajan locamente y que en definitiva no es nada. La acumulación de riqueza, la vanidad de la vida, todo por generar un montón de paja, que al final no es lo importante de la vida, lo importante es el bien. El mensaje que transmite el Bosco es que lo importante es creer en Dios
y vivir de acuerdo a su doctrina. En la parte alta de la escena está la imagen de Cristo, Varón de Dolores, según se describe en la Biblia, es el Cristo que ha sufrido por los seres humanos. 


En la parte superior hay una explicación muy buena del contenido dogmático del cuadro: un ángel a la izquierda y un demonio a la derecha que combaten para ver quién se lleva las almas de los seres humanos, según quién se las lleve irán al cielo o al infierno. 


El Bosco recrea un proverbio flamenco: "El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede". Todos los estamentos, incluido el clero -censurado por vicios como la avaricia y la lujuria-, quieren coger ese heno y subirse al carro. Para lograr su objetivo no dudan en cometer todo tipo de atropellos y pecados, incluso el asesinato.


Es interesante ver como dos personas pelean, uno le está cortando el cuello al otro, en un gesto muy llamativo en la manera de extender los brazos, con una anatomía poco cuidadosa, como si no tuviese cuello, además el Bosco lo hace muy expresivo y enfático. Es un gesto que le gustó y le interesó mucho a Goya. Goya es pintor de la colección Real Española siglos después que el Bosco. Conoce estos cuadros que forman parte de la colección, y le sirven de fuente. En “Los fusilamientos” de Goya hay varias figuras con los brazos en cruz, entonces es muy llamativo que muy claramente Goya ha visto esto y le parece que funciona. 


También se puede ver el gesto de una persona que tiene la pierna metida en una de las ruedas del carro y otra que parece intentar detenerlo. La persona con la pierna en la rueda, es un motivo que a otros pintores, no solo a Goya, les llamó la atención. Les pareció que funcionaba, que transmitía lo que les interesaba. Pieter Brueghel el Viejo en “El Triunfo de la Muerte", cuadro que también está en el Prado, pinta exactamente la misma figura, inspirándose en el Bosco.


La escena del infierno en la tabla derecha es un tipo de escena que tuvo muchísimo éxito en el siglo XVI, porque daba forma a las paranoias y a las pesadillas inspiradas por la doctrina religiosa de aquella época. Es una escena infernal, de fuego, con unos contrastes muy dramáticos, de rojos muy fuertes con negros en primer plano. 


Los pecadores son castigos acordes a sus faltas. 


Junto a ellos, dos dibujos de Berlín, uno con una cabeza andante grotesca y un pequeño monstruo sapo, y el otro, de taller, con una escena infernal que se une al dibujo de Viena, Barco infernal, también de taller. 

También está presente la maravillosa imagen de “La visión del Más Allá” de Venecia, que resulta tan sorprendente. 


El Bosco, La Visión del Más Allá. Hacia 1490 o después. Óleo sobre tabla. Cada una mide 87 cm × 40 cm. Palacio Ducal de Venecia, Venecia. La Caída de los condenados. El Infierno. El Paraíso terrenal. La Ascensión al Empíreo.   




V.- "El jardín de las Delicias".

La quinta sección está dedicada al “Tríptico del jardín de las delicias”, la obra más conocida y emblemática del BoscoEn el tríptico abierto, con brillantes colores, el pintor incluyó tres escenas que tienen como único denominador común el pecado, que se inicia en el Paraíso del panel izquierdo, con Adán y Eva, y recibe su castigo en el Infierno del panel derecho. El panel central muestra un Paraíso engañoso a los sentidos, un falso Paraíso entregado al pecado de la lujuria.


No sabemos demasiadas cosas sobre ella en su origen. Conocemos al comitente, que es Engelbert II de Nassau, muy próximo a la Corte de los Duques de Borgoña, quien se encargó de la educación de Felipe, el Hermoso. Y que la primera vez que aparece esta obra es en casa de los Nassau, el Palacio de Coudenbergen  de Bruselas, en 1517 pero no conocemos su título ni las características en torno a su ejecución. La primera referencia a un posible título, la encontramos en 1593 cuando Felipe II la entrega a El Escorial, en donde se dice que es una pintura “de la variedad del mundo”.


El Bosco no realizó esta obra con un boceto donde estuviera perfectamente definido el resultado. En los análisis técnicos, tanto la reflectografía infrarroja como la radiografía nos permiten comprobar los cambios en superficie respecto el dibujo subyacente que se han hecho, sobre todo, en el Paraíso y en el Infierno. 

Espacio expositivo del tríptico con sus análisis técnicos.


En el Paraíso, por ejemplo, el Bosco no había pensado representar el tema central, que es la presentación de Eva a Adán por parte de un Dios Padre, como finalmente lo hace. En el dibujo subyacente Dios Padre era barbado, como lo es tradicionalmente, pero en dos fases distintas, ya en superficie, se convierte en una imagen de un hombre joven, similar a la de Cristo. 



Se establece el matrimonio, un matrimonio en el que el mensaje divino es “creced y multiplicaos". En la tabla central este mensaje no se sigue porque la relación que mantienen hombres y mujeres, a veces una relación contra natura, no es para crecer y multiplicarse sino por el mero placer, un mero placer que los conduce definitivamente al Infierno.



Los animales, reales o fantásticos, muestran dimensiones muy superiores a las normales. De entre ellos se ha hecho hincapié en los dos búhos (en realidad un cárabo y un mochuelo), que evocan la maldad. 


Un infierno que normalmente algunos autores denominan “Infierno musical”,  precisamente por el protagonismo que tienen los instrumentos musicales. El Infierno no se había hecho “a priori” con estas características porque el dibujo subyacente no nos lo permite ver, pero sí la radiografía. Él había hecho, ya en color, en el lado derecho, un enorme sapo encima de lo que es ese monstruo que está comiendo hombres sentado en una especie de silla orinal de niño pequeño como si fuera un trono. Ahí había colocado un inmenso saurio avanzando sobre ellos y una colección de enormes figuras, de enormes cántaros que se elevaban hasta casi el final del hombre-árbol.



El Bosco en este momento trabajaba inventando, creando sobre la marcha. Esto nos indica que esta es una obra relativamente temprana dentro de su producción, se hace en la década de 1490 y no más tarde como se pensaba antes.


Se expone también en esta quinta sección “El hombre-árbol” de la Albertina que es su dibujo de mayor calidad y también el más sorprendente. Se ha dado entrada a su comitente, Engelbert de Nassau, con su retrato y su “Libro de horas". También se expone “Les visions du chevalier Tondal” de Simon Marmion, del Getty, un libro que nos muestra cómo se representaban castigos del infierno como los que aparecen en el “Tríptico del jardín de las delicias”.



El Bosco. El hombre-árbol (c. 1500-1510), tinta parda a pluma, 27 x 21 cms. Un hombre-árbol con el cuerpo hueco y una taberna infernal en su interior. Museo Albertina de Viena.


VI.- "El mundo y el hombre: Pecados Capitales y obras profanas".

La siguiente sección está dedicada al mundo y al hombre, representando los pecados y las obras profanas: la “Mesa de los Pecados Capitales”, “El nido del búho”, la "Nave de los necios" del Louvre y el “Tríptico del camino de la vida”, incompleto.

El Bosco. Mesa de los Pecados Capitales, 1505-10. Óleo sobre tabla, 120 x 150 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado.




VII.- "La Pasión de Cristo".

Se cierra la exposición con Cristo, como la habíamos empezado, dedicándonos en este caso a la Pasión. En esta sección tenemos obras importantísimas como el “Cristo camino del Calvario" de Patrimonio Nacional y “La Coronación de espinas” de la National Gallery.



El Bosco. La Coronación de espinas, hacia 1485 o después.Óleo sobre tabla, 73 cm × 59 cm. National Gallery de Londres, Londres.





Cuando el visitante llegue al Prado para ver la exposición del V Centenario va a experimentar una sensación increíble. El montaje se ha diseñado para poder ver los grandes trípticos y rodearlos y las obras de menor escala están lo suficientemente espaciadas para que los visitantes puedan contemplarlas con fruición y disfrutarlas. Ver reunidas en un mismo espacio casi todas sus obras es una experiencia que puede ser irrepetible, por tanto cuantos puedan acudir a verla podrán ponerse en contacto con uno de los pintores más conocidos de la historia del arte que tiene en el Prado su casa.