domingo, 2 de noviembre de 2014

ESCULTURA Y MARFILES BIZANTINOS. DEL SIGLO V AL SIGLO XI.

Cuando antes pasaba de largo por las salas de marfiles y otros objetos decorativos medievales de los museos, lo hacía con la idea de que eran obras menores, que sólo merecían un vistazo rápido. Pero, de un tiempo a esta parte, he ido cambiando esta mentalidad y ahora me recreo en el detalle y en el virtuosismo de los artistas que trabajaron en estos materiales. La fascinación que siento en la actualidad por ellos partió de las maravillas que he visto recientemente en las colecciones de marfiles bizantinos que se exponen en algunos museos centroeuropeos como el Bode Museum de Berlín o el Museo de Historia del Arte de Viena. La existencia de tantas y de tan preciosas tallas en marfil del Imperio Romano de Oriente atestigua el alto nivel alcanzado por el arte bizantino. La variedad de estilos que apreciamos en estos museos es posible verla también en otros museos de Londres como el British o el Albert & Victoria, el Louvre de París, algunas colecciones de museos americanas y, por supuesto, el  Museo Arqueológico” de Estambul (la antigua Constantinopla o Bizancio).

Algunos de los objetos de marfil expuestos en las salas del Bode Museum de Berlín.


La escultura. Del Imperio Romano de Oriente al Imperio Bizantino. Siglos V y VI.

Aunque las plazas y los palacios de Constantinopla estuviesen adornados con obras maestras del arte griego y aunque Teodosio trasladara allí el año 394 el Júpiter Olímpico de Fidias, no renació en esta ciudad la gran escultura de la tradición grecorromana pagana. Es cierto que algunos emperadores siguieron encargando sus retratos para coronar edificios conmemorativos y que en Rávena aún se fundieron grandes bronces y se esculpieron retratos imperiales y sarcófagos hasta finales del siglo VI en mármol o pórfido. Pero la estatuaria monumental tal y como se conoció en el Imperio romano fue desapareciendo y dejando paso a otras manifestaciones figurativas.

El Coloso de Barletta, Italia. La gigantesca estatua de bronce, 4,50 m de altura es el último coletazo del arte colosal del Bajo Imperio que todavía se engarza en la tradición constantiniana de un siglo anterior. Probablemente representa al emperador Teodosio II o a su sucesor Marciano, emperadores del Imperio de Oriente, pero fue levantada probablemente por Valentiniano III en Rávena hacia mediados de siglo. Lacabeza y el torso de la estatua son todavía las originales, mientras que las piernas fueron rehechas en el siglo XV después de que en la Edad Media se fundieran unas campanas con ellas. Esta anécdota nos sirve para comprender porqué han desaparecido a lo largo de la historia otras estatuas que se hicieron con idéntico material.


Desde el punto de vista artístico, sabemos que desde el Bajo Imperio la figura humana en bulto redondo se esquematiza y, al entrar en el siglo V, el realismo del retrato romano queda ya muy lejano. La indumentaria de los emperadores y de los personajes masculinos pueden seguir llevando armadura como el coloso de Barletta, pero si portan atuendos civiles vestirán la clámide, amplio vestido que cae recto, sin pliegues y que se sujeta sobre el hombro derecho con una fíbula; o la toga trábea, especie de manteo, que da varias vueltas al cuerpo y que se suele recoger sobre un brazo. Los emperadores además llevan "coronas" hechas con grandes placas metálicas, símbolos de la realeza, mientras que las mujeres se cubren con una diadema de piedras y motivos de orfebrería. Los rostros no trasmiten más que una absoluta inexpresión y carecen de rasgos personales. Los ojos se agrandan desproporcionadamente en la cara y, para intentar suplir la vida en ellos, se horadan y rellenan la pupila y el iris con pasta vítrea.

Busto  del emperador bizantino Teodosio II (reinó del 408-50). Mármol, 25 cm. Museo del Louvre.



Las representaciones en bulto redondo en el siglo VI son aún más escasas y de peor calidad. La estereotipación y esquematismo de los rostros imperiales nos confirman que definitivamente ha desaparecido el género del retrato romano.

Presunto retrato de la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano. Siglo VI. Museo d'arte antica en el Castello sforzesco de Milán.



El relieve decorativo de los edificios tampoco admite en piedra la narración de pasajes históricos o religiosos tan típicos del antiguo arte romano, si acaso sobre sus muros se desarrolla en placas decorativas un encaje vegetal de follajes o de animales simbólicos muy estilizados que armoniza con los mosaicos y las tapicerías. A lo más que podemos aspirar es a ver capiteles tallados profundamente a bisel para lograr bellos efectos de luces y sombras.

Capitel de San Vital en Rávena, siglo VI. Capitel con elementos vegetales y juego geométrico y cimacio con símbolos paleocristianos, ovejas que simbolizan a los fieles cristianos y la cruz en medio que simboliza a Cristo. El relieve es plano o trepanado.


En definitiva, en estos dos siglos, la plástica de Bizancio huye del gran formato exento y del relieve de los edificios.

Nuevos modelos iconográficos profanos.

Sin embargo, la escultura persiste en los talleres en que se labraban pequeños objetos realizados en marfil. Este material pasa a ser el principal de la escultura, tal vez porque por su carestía, constituye un símbolo de distinción y porque su pequeño tamaño permitía transportarlo y comerciar con él como objeto de lujo por toda la Europa occidental. Alejandría, Antioquía y Constantinopla concentran los principales talleres.

Las piezas más usuales en marfil son los dípticos consulares, un objeto que se puso de moda a comienzos del siglo V y que se siguió realizando hasta mediados del siglo VI. Se trata de una nueva forma artística de presentar o recordar a los cónsules que administraron el Imperio de Oriente y de Occidente (hasta que sucumbió) o a aquellas personas encumbradas de la época. La forma más propia, al llamarse díptico (dos piezas), se compone de dos hojas que se pliegan a modo de libro.

Díptico del cónsul Anicio Probo, 406. Tesoro de la catedral de Aosta, Italia. Se trata del díptico más antiguo que se conoce. El representado no es el cónsul sino el emperador de Occidente, Honorio. Todos los dípticos consulares posteriores, sin embargo, llevarán la imagen del conmemorado, que en este caso sólo se inscribe bajo los pies de las figuras. El emperador viste con armadura y atributos monárquicos como la corona. En una de las tablas lleva en su mano derecha el lábaro de Constantino con el lema "En nombre de Cristo triunfarás siempre" y en su mano izquierda una nike alada pagana sobre el orbe (lo creado) que ofrece al emperador la corona de la victoria. El mensaje no puede ser más claro, el emperador se convierte en el defensor de la única religión bajo el nuevo estado, el cristianismo.


A menudo los dípticos que se realizaran a continuación representarían al cónsul sedente, con tan rígida frontalidad que los pies se disponen casi verticales. El protagonista puede ir acompañado por otras figuras pero se distingue con claridad quién es el principal. La acción que suelen realizar en ellos es la de presidir e inaugurar los juegos circenses que conmemoran su acceso al poder.

Díptico de Flavius Anastasius Probus, 517. Marfil, 36 x 12 cm. Bibliothèque Nationale de France, Département des Monnaies, Médailles et Antiques. En su mano izquierda porta un bastón con el águila de Júpiter como símbolo de poder temporal y en la derecha el pañuelo con el que da la señal para que comiencen los espectáculos de carreras, cacerías, luchas de animales y demás espectáculos circenses que podemos ver debajo. El cónsul lleva un extraño halo en forma de concha sobre su cabeza. Sobre el frontón además de las victorias aladas se representan las personificaciones de las ciudades de Roma y Constantinopla, así como, en las dos hojas los retratos de la pareja reinante, el emperador Anastasio  y la emperatriz Ariadna. La inspiración clasicista en la pose y en el modelo humano que todavía tenía el díptico de Anicio Probo queda definitivamente abandonada en éste de Flavius Anatasius.





Variantes de estos dípticos es la pieza que ensalza a un emperador, como el marfil Barberini, del que se conserva sólo una hoja compuesta por cinco tablillas, cuatro conservadas hoy en el Louvre. El soberano (Justiniano o Anastasio I o Zenón) se retrata a caballo siguiendo el modelo de la estatuaria ecuestre imperial entre la Victoria que sostienen una palma, un bárbaro sometido y la tierra portadora de frutos. Una figura de un militar le ofrece la victoria alada y posiblemente habría otra figura similar en la tablilla opuesta desaparecida, En la parte inferior, los pueblos de Asia y África le presentan sus ofrendas. Encima, un Cristo imberbe con el pelo rizado, bendice al emperador que reina en la tierra. Esta sacralización de la escena puede tener su significado simbólico y entonces tendríamos al emperador victorioso como defensor de la fe. En todo caso es una obra claramente política diseñada para servir como propaganda imperial.

Marfil Barberini, principios del siglo VI. Marfil, 34,2 x 26,8 cm. Museo del Louvre, París.


En esta época, pese al triunfo del cristianismo, poseemos todavía obras con un premeditado carácter pagano, preciosos símbolos de un tiempo mejor que mantiene la tradición de la cultura greco-romana y que sirven para reafirmar su conexión con el mundo clásico. Estas representaciones nos vienen a confirmar que los dioses y héroes de la Antigüedad son referentes que no se han olvidado entre aquellos que constituyen la élite del Imperio. Voy a destacar cuatro casos por su belleza y significado, los tres primeros son marfiles y el tercero un plato de plata.

El primero es  el Díptico Queriniano. Realizado supuestamente en el siglo V y que se puede contemplar en el Museo de Santa Julia en Brescia. Marfil, 25 cm × 28 cm × 2 cm. Representa en dos piezas a parejas mitológicas relacionadas con un tema amoroso.  En la izquierda Diana e Endimion y en la izquierda Fedra e Hipólito. La primera es posterior y de un escultor más en la tradición bizantina, sin embargo en la segunda encontramos rasgos estilísticos muy cercanos al clasicismo. Son los últimos coletazos del paganismo que se aferra a un mundo idílico perdido, como el destino trágico de los personajes representados.



Relieve de Ariadna, comienzos del siglo VI, posiblemente de la decoración de un sitial. Marfil 40 x 13,8 cm, Museo de Cluny, París. Ariadna, personaje mitológico, es representada con la cabeza velada como una novia y coronada por dos putti como símbolo de su matrimonio con Dionisos. Lleva el pecho descubierto para mostrar su belleza. Porta en sus manos el bastón o tirso del dios y un cuenco en su mano izquierda. Le acompañan dos figuras pequeñas, la de Pan y una ménade.  La imagen podría proceder de un taller de Alejandría.


El díptico de la personificación femenina de las ciudades de Roma y Constantinopla, finales del siglo V o comienzos del siglo VI. Marfil, cada hoja miden 27,4 x 11,5 cm. Museo de Historia del Arte de Viena. Plenos de símbolos, representan la continuidad de la tradición de la Roma victoriosa y militar (casco) y la floreciente (cornucopia) y bien defendida (corona con forma de muralla) Bizancio.


Plato con escena de David matando a un león. Del conjunto de una vajilla de plata procedente de Chipre cuyo conjunto (seis platos de distinto tamaño) representan la historia del rey David. Se data entre el 629-630. Plata, 14 cm de diámetro, Museo Metropolitano de Nueva York. En este caso, la imagen del joven David recuerda a la de Hércules en uno de sus trabajos frente al león de Nemea. La historia bíblica se identifica con la de la mitología y, a su vez, viene a conmemorar la victoria del emperador Heraclio frente a los persas. El estilo artístico con que se representa la escena es una referencia consciente del arte clásico.


Modelos iconográficos cristianos en marfil.

Obras de artistas griegos todavía muy apegados a las formas clásicas, los marfiles religiosos de este tiempo tienen las características del arte helénico. Aún se encuentra con frecuencia el Cristo imberbe de las catacumbas y persisten en los temas cristianos las abstracciones personificadas, tan queridas por la escuela alejandrina.

Díptico con cinco partes de relieves de marfil en cada hoja, posiblemente la cubierta de un Nuevo Testamento. Es una obra de finales del siglo V posiblemente de los talleres de Rávena que se puede ver en el Tesoro de  la catedral de Milán. Dimensiones,18 x 24 cm. En la primera tabla, centra la composición una gran cruz inscrita en una puerta arquitectónica corintia. La cruz enjoyada está hecha de plata, perlas y piedras preciosas. Alrededor se disponen distintas escenas de la vida de Jesús: Adoración de los Reyes Magos (en la parte superior), la Última Cena y milagros (a los lados y abajo). En las esquinas, en medallones creados por guirnaldas, los símbolos (león y águila) y los bustos de los evangelistas Marcos y Juan. Esta representación recuerda mucho la narración de los mosaicos de San Apolinar Nuovo. La Última cena tiene una disposición parecida, aunque la figura de Cristo ya no es imberbe ni juvenil. Sorprende que no exista la jerarquía de tamaño en la obra, siendo la figura de Cristo, a veces, incluso de menor tamaño que la de sus acompañantes.



La segunda hoja del díptico resulta tan interesante como la primera. Los evangelistas de las esquinas son San Mateo y San Lucas (ángel y buey), mientras que centra la composición el Agnus Dei o Cordero de Dios, Cristo como cordero del sacrificio por el que se redime la humanidad. Las escenas de la vida de Cristo arranca con la Natividad y se distinguen otras más como la Anunciación, la matanza de los Inocentes o el Bautismo de Cristo en el Jordán, pero no hay escenas con los momentos más crudos de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Encaja en la imagen gloriosa que se pretende dar de la figura de Cristo en los primeros tiempos del cristianismo.



Todavía en el siglo VI algunos marfiles conservan el estilo del arte clásico; por ejemplo, el monumental arcángel San Miguel del Museo Británico, una de las piezas de marfil más grandes que se conservan, rellena imponente toda una hoja: los pliegues de su túnica y cada uno de los detalles recuerdan los bajorrelieves altoimperiales.

Panel de marfil que muestra un arcángel, 525 a 550. 42,8 x 14,3 cm. Hecho en Constantinopla. Conservado en el Museo Británico, Londres. Sorprende el tamaño de la pieza, hecha de un sólo colmillo, lo que se aprecia en la curvatura de las esquinas izquierdas de la placa. La talla es de tal calidad que se cree pudiera ser una comisión imperial y que en la otra hoja que falta pudiera estar la imagen de Justiniano. En  este caso el arcángel estaría presentando el orbe que lleva en su mano al emperador. De nuevo, la confirmación y unión del poder temporal con el poder del Dios cristiano. El modelado del rostro, la pose y la delicadeza de cada detalle (las molduras vegetales del arco, las plumas de las alas, la caída natural de los pliegues de la túnica o los pies que se apoyan en los escalones), nos confirman que estamos ante un escultor que añora los ideales de belleza de un mundo que ya no volverá.



En las obras del tiempo de Justiniano se mezclan a veces las tradiciones griegas y asiáticas. El más célebre ejemplo es la cátedra de Maximiano de Rávena, labrada hacia el 553, de dimensiones: 1,50 m de alto por 0,60 m de ancho, que se conserva en el Museo Arzobispal de Rávena.  Se cree que fue un regalo de Justiniano al obispo Maximiano de Rávena. En la presentación de abajo podéis ver detalles de la misma.

Las 26 placas de marfil que conformaron originalmente la silla representan dos ciclos narrativos diferentes: los 16 episodios del respaldo (de los que se han perdido 9) estuvieron dedicados a la vida de Cristo. Los 10 paneles que aparecen en ambos reposabrazos representan escenas del ciclo de José en Egipto. Hay una considerable controversia en cuanto al lugar de origen de la obra: Antioquia, Alejandría, Rávena o Constantinopla. Algunas figuras poseen un sentido muy arcaico; pero hay detalles legendarios que proceden de Alejandría y los hermosos follajes decorativos recuerdan el arte sirio y los maravillosos encajes de piedra del arte musulmán, que todavía se realizan en esta región dos siglos después, en el palacio de Mshatta.

Cristo imberbe en el milagro del vino de las Bodas de Caná. Detalle de la Cátedra de Maximiano. En los zarcillos laterales se enhebran hojas de parra, racimos de uvas y distintos animales como conejos, patos, cabras y pavos reales.


Los diferentes paneles no fueron tallados por un solo escultor. Al menos cuatro intervinieron en mayor o medida en la cátedra. Uno de ellos debió trabajar la parte delantera en la que encontramos los paneles mejor tallados con los cuatro evangelistas y San Juan Bautista que tiene una representación del “cordero de Dios” (agnus dei) en un medallón. Los otros tres serían el del ciclo de José, el de las escenas de los Evangelios y, el tercero, el de los listones vegetales y animalísticos.

Cátedra de Maximiano, detalle de los evangelistas con San Juan Bautista.


Al gran siglo de Justiniano siguieron otros de desastres y discordias. En el siglo VII, el Islam arrebató al Imperio de Oriente, Palestina, Siria y Egipto con las grandes ciudades creadoras de Alejandría y Antioquía. En el siglo VIII y a principios del siguiente, la campaña contra las imágenes dividió las conciencias e hizo que corriese la sangre. Los emperadores iconoclastas, que se consideraban como los campeones de un culto depurado, destruyeron las obras de arte religiosos y persiguieron a los artistas. Italia acogió a un buen número de estos refugiados, que desplegaron allí sus aptitudes. Roma se convirtió entonces en el centro del arte cristiano. Siglo y medio de persecución trajo la ruina a muchas pinturas y esculturas.

El renacer de los marfiles bizantinos tras las guerras iconoclastas.

Después del periodo iconoclasta, la escultura bizantina adquiere su aspecto definitivo y es, a través de las exportaciones de los marfiles a Occidente, cuando más influye sobre el naciente románico. Los siglos X a XII marcan la época con un estilo paradigmático de lo que es la figuración bizantina.
Artísticamente
  • Las figuras alcanzan un gran alargamiento, desproporcionándose en beneficio de la estilización. El artista busca apartarse premeditamente de la naturaleza y pretende aumentar el efecto simbólico y espiritual de los personajes representados con una silueta alargada.
  • Este alejamiento del realismo también se manifiesta en el ropaje, que se disponen con liíneas rígidas y angulosas, conforme a un plan geométrico.
Teothokos con niño, ángeles y el mecenas haciendo proskynesis (beso de los pies en señal de sumisión y adoración) a los pies de la Virgen. Marfil de finales del siglo X. Bayerisches Nationalmuseum München.

  • El fondo de los relieves es generalmente plano, pero hay indicios de paisaje, aunque sin efecto pictórico.
  • Los dípticos quedan en desuso y se adopta el tríptico como formato. Una tabla de marfil central recibe las dos laterales para cerrar de forma articulada el pequeño altar portátil en el que se convierten. El Tríptico de Harbaville es la pieza más famosa.
El Tríptico Harbaville es un marfil bizantino de la mitad del siglo X.  Museo del Louvre, París. Dimensiones: 28 x 24 cm. Representa la Deesis y la corte de santos y apóstoles que interceden ante el Cristo juez.


Temáticamente, el repertorio de temas se ve aumentado.
  • La Virgen, que había sido tan escasamente representada en los primeros años del cristianismo, va adquiriendo cada vez un mayor protagonismo. Cubre su cabeza con el manto. Unas veces extiende los brazos hacia arriba, como el antiguo Orante, indicando su misión intercesora y suplicante (Blachernitissa); otras está con el Niño, que tiene en su mano el rollo de la ley, ya sentada en el trono como Madre de Dios (Theotokos), o de pie, como conductora (Hodegetria).
Virgen Hodegetria con medallones de ángeles y santos. Tríptico de marfil del siglo X. Dimensiones 18 x 22 cm. British Museum, Londres.

  • A Cristo ya se le representa siempre como un hombre barbado y adulto, lo que conocemos como el modelo siriaco. Puede seguir apareciendo como Juez del Juicio Final (Pantocrátor) o en una escena simbólica en la que aparece, bien sedente como juez en el trono o en la cruz, acompañado de la Virgen y San Juan, constituyendo el tema de la Deesis. Esta representación simboliza la intercesión de la madre de Cristo y de los santos por los hombres ante Dios. Si Cristo aparece flanqueado por los emperadores, la actitud es de bendición y protección.
Cristo bendice al emperador bizantino Romano II y a la emparatriz Eudoxia.  Medallas Gabinete Francia. París. siglo X.

  • Las escenas de la Pasión, que no vimos en épocas anteriores, se representan aunque sin incidir en lo más morbosos del martirio. Cristo puede aparecer crucificado pero su ademán es no no doliente. Tampoco se representa el tema de la Virgen en momento de morir como tal y se prefiere representar como una dormición.
Placa de tríptico de la Dormición y Asunción al cielo de la Virgen, Constantinople. Finales del siglo X. Mientras la Virgen duerme, su hijo coge su alma en forma de recién nacido y se la lleva consigo al cielo. Musée national du Moyen Âge, París.


El Tríptico Borradaile, s. X. Museo Británico. Dimensiones 27 x 35 cm. Representa la Deesis en la tabla central: Cristo en la cruz, flanqueado por la Virgen María y San Juan Evangelista. Los arcángeles Miguel y Gabriel están colocados a los lados. Una inscripción en griego por debajo de los brazos transversales se traduce "He ahí a tu Hijo: He aquí a tu Madre" (Jn 19, 26-7). Las parejas de santos, todos cuidadosamente identificados por inscripciones, ocupan los registros en las hojas a los lados.

sábado, 1 de noviembre de 2014

EL TRONO LUDOVISI. LA SENSUALIDAD FEMENINA EN LA GRECIA PRECLÁSICA.

Después de analizar los guerreros de Riace, y como me parece muy interesante el periodo que abarca del año 500 al 450 a. C. de la civilización griega, sigo haciendo un repaso a algunas de las obras que se asignan en el mismo. Esta vez me detendré en el Trono Ludovisi, una obra que, a veces no es suficientemente valorada, tal vez porque hay algunos investigadores que se empeñan en negar su autenticidad y considerarla una falsificación del siglo XIX. A mi juicio, sin embargo, no hay duda de que se trata de una obra clave para entender las transformaciones escultóricas que se producen entre la etapa arcaica (s. VII  y VI a. C) y la etapa clásica pura (segunda mitad del siglo V a. C.).

Trono Ludovisi. Mármol de Paros. Escena central que mide 1.42 m de largo x 0.9 m de alto. Las escenas laterales, 0.87 x 0.69 m. Museo Nacional Romano, Roma.


Sólo tres de sus caras están decoradas con relieves. Un friso largo y dos mujeres sentadas en cada extremo. La parte "interior" es totalmente lisa. Fue llamado trono porque su forma recordaba a uno, pero no tiene asiento o elevación trasera donde sentarse.


El atractivo del trono Ludovisi deriva de su belleza e indiscutible erotismo, pero también del enigma que lo rodea. Empecemos por esto último para entender un poco mejor la obra.

El descubrimiento y la atribución.

Aunque se sabe que la obra fue exhumada en Roma en 1887, en el recinto del palacio Ludovisi y muy probablemente en la zona correspondiente en la Antigüedad a los jardines de Salustio, el lugar exacto en que se halló varía según la fuente. Cuando salió por primera vez a la luz pública, no se conocía ningún otro objeto similar y fue identificado como el trono de una estatua objeto de culto. No obstante, la falta de asiento o elementos de sustentación hace más probable que se trate de una protección o pantalla de algún tipo, pero ¿de qué tipo y para qué lugar?

Una de las interpretaciones que han intentado da una explicación de para qué serviría este relieve.


Sin más contexto arqueológico, todo son hipótesis, aunque parece que no hay nadie que discuta que el estilo de los relieves es griego. Su lugar de procedencia más plausible puede ser Locris Epizefiria, ciudad griega del sur de Italia bien conocida desde el punto de vista arqueológico por sus edificios de culto y relieves asociados, de estilo y temática muy próximos a los del trono. En esta polis se encontrarían los santuarios de Perséfone y Afrodita. En ellos se obtuvieron a comienzo del siglo XX millares de pinakes (relieves en placas de terracota) hechas con moldes en las que figuran escenas referentes al culto de las diosas y al mundo femenino. El rico vínculo de Locris con la mujer, atestiguado por la arqueología y los textos antiguos, ofrece un espacio donde las interpretaciones iconográficas hallan el mejor eco. Incluso hay algún investigador que dice haber identificado un posible emplazamiento del trono junto a un pozo sagrado del santuario de Afrodita en el que estaría a modo de balaustrada.

Perséfone (la Proserpina romana), raptada por Hades, se convertirá en reina del inframundo. Terracota 30 x 27 cms. Santuario della Mannella, Locri Epizefiri. Museo Archeologico Nazionale, Reggio Calabria. siglo V a. C.


Dentro de la cultura de la Antigua Grecia y de la Magna Grecia, un pínax o pinake (en griego πίναξ "tabla", plural pínakes πίνακες) era una tablilla votiva de madera pintada, terracota, mármol o bronce, que se utilizaba como objeto votivo y que era depositado en un santuario. Los miles recuperados en Locri se encontraron cuidadosamente sepultados y se datan en torno al 480 a. C. En su mayoría, pertenecieron al santuario de Perséfone, aunque también pertenecerían al de Afrodita indistintamente, puesto que ambos cultos se fusionaron. A fin de cuentas, el culto que se realizaba en Locris sería a la vez a dos versiones de la naturaleza femenina: en Perséfone primordialmente se veneraría la virtud de la mujer en el legítimo matrimonio y la crianza de los hijos, mientras que en el de  Afrodita se daría culto a los usos considerados socialmente "ilícitos y "aberrantes" de la sexualidad femenina. Los ritos religiosos realizados en el santuario eran secretos.

El secuestro de Perséfone. El gallo es el animal que se asocia con la diosa Perséfone.



En este contexto religioso y de culto esotérico es, por tanto, donde hay que entender la obra que conocemos como trono Ludovisi.

Descripción y valoración artística.

Una mujer se alza. La mitad inferior de su cuerpo es ocultado por una gruesa tela que sostienen otras dos mujeres que la ayudan sujetándola delicadamente, mientras con las otras manos la ayudan a izarse tirando por detrás de los hombros. La mujer protagonista vuelve la cabeza para mostrar un bello perfil, una mirada intensa y unos labios modestamente cerrados. Su cabello, arreglado para esta ocasión especial, está ceñido por una cinta que lo recoge dejando asomar parte de la oreja. La delicada tela de su vestido (un quitón) se adhiere al cuerpo para revelar el contorno de los pechos, la estructura del tórax y el vientre liso.



Los daños sufridos por el gablete del relieve han dejado sin cabeza a las figuras de los lados, pero sus cuerpos informan tanto de su sexo como del solícito cuidado que prestan a la mujer a la que atienden. Aun siendo reflejo la una de la otra en su actitud, son distintas. Ambas visten prendas cuyo drapeado las protege de cintura para arriba de miradas indiscretas: la de la izquierda lleva un peplo de lana abrochado a un lado, y la de la derecha, un quitón de lino sujeto sobre los brazos y los hombros. Estas prendas caen de distinta forma sobre las piernas, cuyas líneas se revelan por estorbar la caída de los pliegues. Los pies descalzos sobre guijarros indican que es del mar o del interior de la tierra de donde surge la figura central. El lienzo que oculta su cuerpo despierta la curiosidad por ver más allá.




No son éstas las únicas figuras femeninas de la obra, pues en cada extremo hay una mujer sentada. Una de ellas, calzada con sandalias, se sienta sobre un cojín rígido, totalmente envuelta en un manto (himatión) que vela incluso su cabeza. De la caja que sostiene en una mano extrae granos fragantes que deposita en el pebetero que tiene ante ella.


La blandura del cojín sobre el que se sienta la otra mujer se corresponde con la de su carne joven y desnuda; con las piernas cruzadas y el cabello recogido en un pañuelo, toca un aulós o flauta doble. El contraste entre los extremos del "trono" es evidente: vestido frente a desnudez, música frente a ofrenda, el placer frente al deber.



¿Cómo interpretar este grupo de mujeres? ¿La escena principal representaría un momento real, una prueba iniciática al matrimonio de una joven virgen en el contexto del rito religioso del Santuario de Perséfone? Puede ser, pero no parecería muy adecuado que se representara tan explícitamente un momento que se pretendería ocultar a los ojos del mundo. Si bien, como desconocemos el lugar exacto donde estaría, podría estar en alguna parte del recinto donde sólo las iniciadas entrarían. Las mujeres de los laterales entonces serían la encarnación de esa dualidad a la que se daría culto en Locris, la feminidad casta y matrimonial (el velo y la ofrenda) y la feminidad erótica y transgresora (el desnudo y la música). No se plantearían como imágenes hostiles sino como símbolos complementarios de lo femenino: cada una complacería a las diosas con una función específica. Un pinax de Locris del que se conserva sólo una parte (ver abajo) puede que refuerce esta idea. En el vemos representadas a dos figuras mujeres realizando lo que parece ser un rito dentro de un templo jónico -¿el del propio santuario?, que sabemos era jónico-. Las dos mujeres están enfrentadas y aunque de una no se puede ver más que su cabeza, la otra toca un aulós, eso sí vestida. Preside la escena desde el frontón del templo un par de palomas, el animal atributo de Afrodita.


¿O se trataría de una representación de algún mito griego de alguna mujer/diosa que desaparece en el mar o la tierra, o emerge de ellos? Los tres mitos que se me vienen a la mente son relatos donde de una forma implícita o explícita se hace referencia a la mujer y al deseo sexual: Pandora, la primera mujer, hecha de tierra para atraer la atención de los hombres; Perséfone, transportada al submundo por Hades para hacerla su esposa y que es liberada del interior de la tierra cada primavera hasta el invierno; Afrodita, nacida de la espuma del mar. Las tres mujeres son de muy distinto carácter: Pandora, astuta y fuente de desgracias; Perséfone, una joven inocente y cercana a la naturaleza; Afrodita, de encantadora sonrisa y entregada a la seducción. Parece que la mayor parte de los historiadores del Arte se decantan por Afrodita naciendo de las aguas, pero el hechos que no se represente el agua en el relieve y sí los guijarros, hace que me decante por Perséfone.


Sea cual sea el personaje que elijamos como protagonista, las cinco figuras recorre todo el espectro de posibilidades de lo que significa ser mujer y la feminidad, con la desnudez y el recato velado como meros extremos de la gama.
Estilísticamente la obra es significativa por dos motivos relacionados con la temática femenina. El primero es que la figura de la flautista sería la obra más temprana en escultura monumental en la que aparece un desnudo total. No sería el caso en otro tipo de formato como la cerámica donde era frecuente la representación de prostitutas (hetairas). Y en segundo lugar, porque en la mujer protagonista de la escena central se recurre a la técnica "de los paños mojados", utilizada luego por los escultores de la siguiente generación, para trasparentar el cuerpo debajo de las telas.

Fidias. Detalle del frontón oriental del Partenón que representaba a las Parcas asistiendo al nacimiento de Atenea. La tela se ciñe al cuerpo revelando con rotundidad el volumen y las formas femeninas.


Epílogo. El trono de Boston.

Sólo dos años después de la publicación de la primera referencia académica al trono Ludovisi, en 1892, salió a la luz otro que fue adquirido por un coleccionista estadounidense y donado al Museo de Bellas Artes de Boston. Hecho de mármol de la misma isla griega, con similares figuras en contraste en los extremos y la representación del pesaje de las almas por un joven alado en el centro, parecía una obra gemela del trono Ludovisi. Las dos obras juntas parecían cubrir los ámbitos de la vida y la muerte, lo masculino y lo femenino. Sin embargo, la talla y la iconografía del trono de Boston son más que dudosas: ¿Se trata de una falsificación moderna? ¿De un obra del siglo V a. C. de la misma procedencia que el trono Ludovisi? ¿Es una copia romana de un original del siglo V a. C.? La fiabilidad de las complejas interpretaciones teológicas de esta obra depende de estas preguntas, hoy por hoy sin respuesta. No así su enigmática belleza.

El trono de Boston en una foto que reconstruye sus tres caras a la vez.


Para terminar no me resisto a poner otra belleza que inspiró nuestro Trono Ludovisi.

Joaquín Sorolla. Saliendo del baño,1908. Óleo sobre lienzo, 176 x 111,5 cm. Nueva York, The Hispanic Society of América.

ARTE GRIEGO. DIEZ IMÁGENES PARA COMENTAR, 2013

Observa las siguientes imágenes del arte prehelénico y griego y luego contesta según la fórmula que te propongo. Para verlas con detalle puedes abrir la presentación a pantalla completa.

IMAGEN "X"
  • 1.- Titulo de la obra o descripción temática o funcional. Usa términos adecuados.
  • 2.- Indica la civilización, la etapa/cronología, el autor y lugar. La civilización, en este juego, sólo puede ser minoica, micénica o griega, sin embargo, las etapas para la civilización griega debe hacerse con precisión cronológica. El autor (sólo si debiéramos saberlo porque lo hemos citado en clase. Ej. los escultores de etapa clásica) y el lugar donde se encontró o se encuentra en la actualidad (museo).
  • 3.- Al menos, dos razones exclusivas (no generales o porque sí) para haberlas atribuido a la civilización, a la etapa o al autor.
  • 4.- Indica otra obra de esta civilización donde se pueden ver rasgos parecidos y en qué se asemejan o difieren.
Con ello estarás haciendo un pequeño comentario.
Mira el ejemplo que viene a continuación sobre la siguiente imagen.

IMAGEN 11


"IMAGEN 11
1.- Titulo/descripción. La imagen es el detalle de un altorrelieve en mármol que representa un tema mitológico: la guerra de los dioses contra los gigantes (en concreto, una Moira matando con su maza al gigante Agrio).
2 .- Civilización-etapa-lugar. Pertenece a la civilización griega, etapa helenística, en concreto se encontraba decorando el basamento del monumento conocido como altar de Zeus y Atenea de la acrópolis de Pérgamo, que se levantó en el siglo II a. C. Hoy en día se puede contemplar reconstruido en el Museo de Pérgamo de la ciudad de Berlín.
3.- Características exclusivas que nos permiten atribuirlas al estilo. En la obra se aprecia algunos de los rasgos más peculiares y llamativos de la etapa helenística como es el movimiento desenfrenado con el que se representan los personajes. La Moira sujeta la cabeza del gigante al mismo tiempo que se abalanza sobre él y está a punto de asentarle el golpe mortal. El gigante se intenta librar con todas sus fuerzas y agita culebreando su cola. Otro rasgo que lo vincula al helenismo es la temática en la que se hace una exaltación morbosa de la violencia y de la muerte, mostrándose en el rostro del gigante el dolor y la angustia de no poder librarse de este destino.
4. Obra relacionada. Por semejanza la obra debe recordarnos al mármol en bulto redondo más conocida del helenismo, La muerte de Laoconte y sus hijos. El tema mitológico, la presencia de la muerte e incluso el gesto de dolor o la misma figura del gigante, que nos debe recordar la de Laoconte, nos indican que son esculturas de estética relacionadas."
Participa con tus comentarios al pie del artículo.
Sólo permitiré un comentario por persona, aunque los tres primeros que contesten correctamente tendrán derecho a resolver una segunda imagen. Esa segunda oportunidad la llamaremos comodín . Utilizadla sabiamente. Cada vez que haya un comentario corregido y aprobado, esa imagen ya estará resuelta y, por tanto,  ya no se podrá comentar sobre ella.

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Gabriel (1) ha contestado el primero y se gana un comodín y 0,1 puntos.


Imagen 4
1- Se trata del templo conocido como Erecteion , que es una agrupación de varios templos, y a su vez tumba de Erecteo (del que recibe el nombre).
2- Este templo pertenece a la civilización griega, y data de la etapa clásica (450-400 a.C.), por que se construye entre el 421 y el 406 a.C.
Este templo se encuentra en la Acrópolis de Atenas.
3- Dos rasgos característicos de este templo son la tribuna de las cariátides (columnas con forma de mujer), y el hecho de que sea a la vez tumba y varios templos (es un templo de orden Jónico, y pertenece a la etapa clásica por que se construye cuando Pericles reconstruye la Acrópolis de Atenas, durante la etapa clásica) .
4- Otra obra de esta civilización, pero no de esta etapa, sino de la etapa arcaica, sería el Tesoro de Sifnos, en el Santuario de Apolo en Delfos, porque en este edificio también hay cariátides, y atlantes (ausentes en el Erecteion), que son columnas con forma de hombre.

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Iván Molina (2) ha contestado con gran precisión a este detalle del fresco del megarón del Reina. Gana un comodín y 0,2 puntos.


Imagen 3ª.
1. La imagen es un fresco de delfines de carácter meramente decorativo. Pero esta obra estaba interesada en la representación fidedigna de la naturaleza sin presencia humana. Situado en el megarón de la Reina, en el palacio de Knossos (Que fue reconstruido por Arthur Evans).
2. Pertenece a la civilización minoica, la fecha de creación del fresco es desconocida, pero la creación y destrucción del palacio es en torno a 2000- 1700 a. C. Se encontraba decorando el Megarón de la Reina (concretamente en la sala del baño, de ahí los motivos acuáticos) en el Palacio de Cnossos (o Knossos). Se caracteriza por representar un motivo tan poco corriente como los delfines, por su valor decorativo y por efecto de movimiento. El fresco original, que es de autor desconocido, fue reconstruido por E. Gillieron y Piet de Jong entre 1922-1930. La restauración original se encuentra en el Museo Arqueológico de Heraklion en Heraklion, Creta. Una réplica del fresco aparece sobre la puerta en el lado norte de la sala.
3. En la obra se aprecia algunos de los rasgos más peculiares y llamativos de la civilización minoica como es la frontalidad o semifrontalidad de los delfines representados. El hieratismo se puede nombrar, pero sobre todo, el diseño curvilíneo y el movimiento de los delfines. Aparecen también de fondo peces.
4. Por semejanza la obra debe recordarnos a los frescos del Salón del Trono. En los que aparecen animales mitológicos con las mismas características que el Fresco de los Delfines, curvilíneo, movimiento, etc.


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Javier (3) se ha hecho merecedor del tercer comodín por su comentario de la Imagen nº 5, aunque no llego a entender alguna cosa del comentario como que el niño tiene la figura de un kouros... Explícate un poco más ¡¡que no cuesta dinero!!!. En serio, deberías explicar un poco más las características y, en este caso, hacer explícito que ellas son las que llevan a atribuir esta obra (de la que desconocemos autor y de la que no hay descripción en ningún escrito) a un escultor de la etapa helenística. El ejemplo del Toro Farnesio me vale, aunque no la hayamos visto en clase, por las razones que alegas y porque en el helenismo también es muy frecuente los grupos escultóricos.


1. La obra que vamos a comentar es Jinete de Artemisión La escultura fue hallada en varios fragmentos en el fondo del mar. Tendría una función meramente decorativa.
2. Pertenece claramente a la civilización griega, la fecha de creación es desconocida, pero sabemos que se descubrió entre los años 1928 y 1937 ya que fue encontrada por piezas, Esta obra representa a un caballo y un joven montado sobre este se cree que antiguamente llevaba las riendas en la mano izquierda y un látigo en la derecha. Hoy en día se encuentra en el museo Arqueológico Nacional de Atenas, Lo situaríamos en la etapa helenística que abarca entre los S. III y II a.C.
3. Aunque sea un niño tiene la figura de un kouros y un cuerpo muy idealizado y estereotipado, vemos grandes movimientos, observamos como el caballo esta saltando y el chico esta poniéndose de pie.
4. Podríamos asociar esta obra con la obra del Toro Farnesio ya que aparece otro animal y también encontramos gran abundancia de movimiento.

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Laura (4) te voy a conceder los 0,4 puntos de esta imagen porque el comentario de los rasgos artísticos y temáticos está bien, pero será la última vez que lo haga si no haces lo que se pide en cada imagen. En tu comentario, además de no acertar con el título del Kouros (que eso es lo de menos o no es relevante), falta que argumentes varias cosas que se pedían en el artículo ¿Por qué no te atienes al método? Si lo he puesto así es para que os deis cuenta de los pasos o ideas en las que hay que insistir y que no se trate de un mero "corta y pega" de internet o de un libro. En concreto, te falta:
1. La cronología.
2. Lugar donde se encuentra la obra (trabajo de investigación).
3. Ofrecer otra obra con la cual se debe relacionar y por qué.
El kouros que se presentaba no lo habíamos visto en clase y por eso no doy importancia a que no se haya acertado cuál es, aunque podías haberlo acertado si hubieras leído algún artículo de este mismo blog sobre la escultura arcaica griega, que te invito a que leas. La opción que tú has dado, el de Anavyssos, es de un kouros más moderno (520 a. C.) y la descripción que haces encaja en una vista frontal del mismo, no con la vista de perfil y trasera que se da. Este un kouros mucho más arcaico en sus rasgos, mucho más desproporcionado y cercano a la geometrización y a los modelos egipcios. Se trata del kouros del Museo Metropolitano de Nueva York, de entre el 600 al 590 a. C. Son evidentes sus rasgos jónicos.


Imagen numero 6... El Kouros de Anavyssos: La imagen que estamos observando se trata de un Kouros. Los Kouros eran esculturas las cuales representaban atletas, normalmente en su máxima plenitud cuando han ganado. Además las victorias se las ofrecían a los Dioses. Algunas de éstas esculturas llevan inscripciones. En la imagen que vamos a comentar se puede apreciar que el aspecto físico de la escultura es típica de la era arcaica. Tiene rasgos artísticos inspirados en Egipto, un cuerpo idealizado, mirada fija (hieratismo), frontalidad y rigidez. Tiene el ideal de un cuerpo masculino perfecto con forma atlética, esta escultura está hecha para ser vista de frente además de que se distinguen por un tórax excesivamente abombado y un abdomen muy reducido, lo que resulta desproporcionado. Su cabeza también esta desproporcionada con respecto al cuerpo y tiene unas características típicas como el pelo rizado, y en la boca se puede apreciar una sonrisa fingida y enigmática. Se puede ver que los brazos están pegados al cuerpo con los puños cerrados y una de las piernas mas adelantada que la otra es un intento tímido de reflejar movimiento. La escultura es policromada. Las esculturas no parecen representar emoción o sentimiento alguno.

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María (5) gana los 0,5 puntos por la imagen nº 7 (aunque no lo ha indicado en su comentario. Esta vez no lo dije, pero no se nos puede olvidar poner número para que no haya duda). Separo las ideas con puntos a parte para que quede más claro que has seguido los requisitos que se te proponían. Hay un error de cronología que he corregido en el mismo texto, porque atribuyes la obra al siglo V y es del siglo IV a. C.


La imagen representa a Hermes atándose la sandalia.
El autor es Lisipo y el tema mitológico, pero lo representa en una pose intrascendente. Pertenece a la civilización griega durante la etapa clásica, siglo V ac (siglo IV a. C.), actualmente la copia romana en mármol y no de un bronce que era la de Lisipo se encuentra en el Museo del Louvre.
Los rasgos principales que permiten atribuir esta obra a esta etapa es la idealización corporal; en esta etapa se rompe con algunas normas clásicas y un claro ejemplo es que la pose en la que Lisipo representa a un dios es una pose en la que podría ser representado cualquier otra persona. Sin embargo lo que si mantiene es la idealización del cuerpo. Además tiene ciertas características del autor como el canon de siete cabezas y media.
Como obra relaciona a esta puede es el Ares de Ludovisi ya que también es de bulto redondo y tiene temas en común, ya que se trata de un representación de los dioses pero en un pose intrascendente, ya que en esta obra Ares aparece en una postura de descanso, cuando podría aparecer en un postura característica del dios de la guerra.

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