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lunes, 8 de diciembre de 2014

TURNER, PINTOR ROMÁNTICO DE LA LUZ Y DEL COLOR. CARACTERÍSTICAS. LA PELÍCULA, LA EXPOSICIÓN Y LA SUBASTA.

Joseph Mallord William Turner (1775-1851) fue posiblemente el primer pintor moderno que inspiró directamente el impresionismo del siglo XIX y, a la vez, el que presagió el expresionismo abstracto del siglo XX.  Él fue, en muchos sentidos, un artista muy personal que aparentemente se mantuvo contra la corriente del gusto artístico de su época. La realidad es que su obra revolucionó la manera en que percibimos la imagen pintada y en que pensamos acerca de lo que una pintura debería ser, sobre todo, por su aplicación audaz del color, el tratamiento mágico de la luz y la deconstrucción a la que sometió a las formas.

Escena de MR. Turner, la película a estrenar el 19 de Diciembre. Vemos en el caballete su famoso cuadro de 1844, Lluvia, vapor y velocidad. 


Hoy hablo de Turner porque tres noticias nos lo acercan desde los medios de comunicación en este mes.


El cuadro tal y como que se pouso a subasta en Sotheby´s.



La  película "Mr. Turner".

La película se estrenará en España el próximo 19 de diciembre y promete ser muy interesante. El director de la película, Mike Leigh, y su director de fotografía, Dick Pope, han hecho un homenaje al pintor que no es ni académico ni convencional. Turner y su época son tratados con realismo, sin ningún tipo de maquillaje que trate de embellecer o hacer cálida la historia. Es un retrato a lo Charles Dickens, pero sin nombrar nunca a este escritor, que nos animará a ver los cuadros del pintor en un nuevo contexto. Es una esmerada reconstrucción de época, del principio de la era victoriana, cuyos aspectos más sombríos sirven como elemento de contraste con la sublimación por el arte del famoso pintor.


El argumento de la película es el de la la vida de un hombre hecho a sí mismo, un ser de aspecto tosco pero dotado de un gran genio. Maestro a la hora de fijar la luz de los paisajes en la tela; en cambio, en la vida cotidiana, se expresa a menudo mediante un gruñido casi animal. El film combina la intimidad doméstica con la dulzura lírica. Cada escena se impregna de la dualidad de la vida, de lo trágico y de lo cómico.


Mr Turner queda profundamente afectado por la muerte de su padre con el que vivía junto con un ama de llaves a quien subestima y de quien ocasionalmente se aprovecha sexualmente. Cuando pinta en la costa conoce a la dueña de una casa de huéspedes con la que acabará viviendo de forma secreta en Chelsea para el resto de sus días. Durante los 25 últimos años de su vida, Turner se dedica a viajar, pintar, pasar temporadas con la aristocracia en la campiña inglesa y frecuentar burdeles. En una ocasión, se hace atar al mástil de un barco para que sus sentidos capten con absoluta fidelidad una tormenta de nieve que después recreará en sus cuadros. Como miembro anárquico de la Real Academia de las Artes es celebrado por sus pares, pero también es objeto de burlas y críticas, incluyendo las de los propios reyes Victoria y Alberto.

En el trailer podemos apreciar lo divertida e magníficamente visual que es la película.




La exposición 

La exposición The EY Exhibition: Late Turner – Painting Set Free o, en español, El último Turner: La pintura liberada, se exhibe hasta el 25 de enero de 2015 en la Tate Britain. Se exponen una excelente colección de 150 obras del pintor realizadas entre los años 1835 y 1850. En las pinturas exhibidas se ven plasmados el afán experimentador y la energía de un Turner anciano, a partir de los 60 años hasta su muerte.


La exposición desmonta la idea preconcebida sobre la pérdida de frescura y originalidad del trabajo de los artistas cuando se hacen mayores. Todo lo contrario, cuando se llega a cierta edad, los artistas no tienen que demostrar nada ni someterse a los deseos de los mecenas y, por tanto, investigan y se permiten todas las licencias que antes coartaron. Con frecuencia, ese afán revolucionario se ha confundido o se ha explicado como una degeneración física, cuando las verdaderas razones tras esas obras distintas es que buscaban una nueva forma expresiva. El Greco, Tiziano, Miguel Ángel, Rembrandt, Goya, Picasso o Matisse son artistas a los que les achacó de alguna manera ésto y que en realidad en su última etapa pictórica consiguieron ser más interesantes de lo que ya eran. De Turner también se dijo desde los años 40 que pintaba ya con cierta torpeza, cuando el estilo abstracto y atmosférico con el que ejecuta sus telas maestras en esos años se debía a su creatividad constante, no a la decrepitud.

Turner. Pescadores en el lago, luz de luna, 1840. Acuarela sobre papel,  192 x 280 mm.


El Turner de 1835 a 1850 demuestra un excepcional vigor. Mientras sus contemporáneos se ocupaban de otros mundos estéticos, Turner se entregaba a su apasionada relación con la naturaleza y se dejaba fascinar por los nuevos paisajes propiciados por los avances tecnológicos de la vida moderna. Experimentó con las técnicas más radicales y su capacidad imaginativa era mayor. Realizó investigaciones científicas sobre el color, sobre el poder de la naturaleza, los fenómenos meteorológicos, el fuego y sobre la velocidad, como buen hijo de la Revolución Industrial. Pero a la vez se mostró arrebatadoramente romántico reproduciendo lo sublime, las escenas de grandeza y a la vez de tragedia del hombre ante la naturaleza.

Turner. Tormenta de nieve. Barco de vapor en Harbour's Mouth, 1842. Óleo sobre lienzo, 914 x 1219 mm. Turner pintó muchos cuadros que exploran los efectos de un vórtice elemental. Aquí, hay un barco de vapor en el centro del vórtice. En este contexto, el buque puede ser interpretado como un símbolo de los esfuerzos inútiles de la humanidad para luchar contra las fuerzas de la naturaleza. Es famoso que Turner concibió esta imagen mientras estaba atado al mástil de un barco, el Ariel, durante una tormenta real en el mar para experimentar las emociones que se desatan en los seres humanos ante estos momentos en los que la naturaleza supera al insignificante individuo. 



Turner. Lluvia, vapor y velocidad. El gran ferrocarril del Oeste, 1844. Óleo sobre lienzo, 91 cm × 121,8 cm. National Gallery de Londres.


Continuador de la tradición inglesa de la acuarela, Turner intenta conseguir los mismos efectos en la pintura al óleo. Así el color sustituye al dibujo como elemento esencial de composición y las formas acaban de diluirse en un juego de luces, aspecto admirado por los impresionistas. Sus paisajes evolucionan hacia casi una total abstracción, con un fuerte interés por el color y la luz que parece evaporen los objetos sólidos.

Turner. Norham Castle, Amanecer, 1845. Óleo sobre lienzo, 908 x 1219 mm. La desintegración de las formas es evidente. Todavía se distinguen la bruma, el sol, un castillo, un río y un animal bebiendo, pero todo parece reabsorbido en una confusión de cielo y reflejo del agua.


Quizás las obras más sorprendentes sean aquellas que durante mucho tiempo se dieron por inacabadas, cuando en realidad habían sido perfectamente rematadas por el pintor. La confusión procedía de quienes no asimilaban esas técnicas revolucionarias que inspirarían a posteriores generaciones de artistas.

Turner Peace.  Paz, entierro en el mar, 1842. Óleo sobre lienzo, 870 x 867 mm. Muestra el entierro en el mar del amigo de Turner, el artista David Wilkie. La paleta de colores negros saturados transmite la calma de la muerte digna. Esta obra fue muy criticada en su momento de su aparente falta de acabado.



Turner en la subasta de Sotheby´s

El óleo Rome, from Mount Aventine o, en español, Roma desde el Aventino de J.M.W. Turner fue subastado el pasado 3 de diciembre en la casa londinense Sotheby's por 38,60 millones de euros, el precio más alto logrado en una subasta por una obra del controvertido artista. El lienzo se conserva en perfecto estado, lo que nos permite apreciar cada pincelada del artista(incluso sus huellas digitales pueden aún verse a lo largo de los bordes del lienzo), y era guardado en la misma colección privada desde los últimos 136 años. No hay discusión sobre la valía del mismo, al que se considera tal vez una de las mejores 10 grandes obras maestras del pintor británico.

William Turner. Roma, desde el monte Aventino, 1835.  Óleo sobre lienzo, 91,6 x 124,6 cm.


Este cuadro es la vista de Roma más grande e importante que pintó Turner. Roma, en la época del pintor todavía era el centro del universo del arte, desde que el Cinquecento albergara a Miguel Ángel y a Rafael; o Caravaggio  impusiera su nuevo estilo en el Barroco; o la Ilustración y el neoclasicismo repararan en sus gloriosas ruinas. Para los artistas de los siglos XVII, XVIII e incluso par los de los dos primeros tercios del XIX la ciudad era visita obligada y, a menudo se convertía en un tema o fuente de inspiración. Bien es verdad que estaba en decadencia, porque sus edificios apenas recibían mantenimiento y sus calles eran sucias. Sin embargo, incluso en su decrepitud, Roma seguía siendo uno de los lugares más bellos del mundo: una ciudad todavía de villas, jardines, iglesias, conventos y ruinas: una Roma barroca hecha en cálida piedra de travertino.


La relación de Turner con la ciudad arranca en la década de 1790, cuando con poco más de veinte años, había copiado vistas de Roma que había realizado John Robert Cozens. Su interés por el paisaje de Italia se había originado por el estudio y admiración que sentía por la obra de Claudio Lorena, pintor del que había muchos cuadros en las colecciones británicas.

Turner, copia de John Robert Cozens. Roma, El Tíber con el Aventino a la izquierda. Tal vez la idea de escoger en su visita a Roma el punto de vista contrario vino de este trabajo escolar en el que Cozens había plasmado el río y la ciudad desde, posiblemente, la colina Capitolina.


Turner sólo pudo visitar la ciudad dos veces durante el curso de su vida. La primera fue en 1819 creando un cuaderno de bocetos de este viaje  titulado 'Ruta a Roma'. A su regreso a Inglaterra, con la base de muchos de estos bocetos, pintó una serie de acuarelas topográficas de la ciudad.

Turner. Vista de Roma desde Villa Madama en el Monte Mario, 1819. Grafito sobre papel, 229 x 368 mm. Algunos de las más famosas vistas de Roma se obtenían desde las alturas del Monte Mario, una colina al norte de la ciudad. Este dibujo representa la vista hacia el sur desde un punto cerca de la Villa Madama, una finca del siglo XVI construido para la familia Medici en la vertiente oriental, famoso por su logia jardín diseñada por Rafael. La composición comprende un barrido de aproximadamente noventa grados desde la colina del Esquilino a la izquierda, a la basílica de San Pedro a la derecha. Hitos identificables visibles en el horizonte incluyen, de izquierda a derecha: el obelisco de la Plaza del Esquilino enmarcada por la Iglesia de Santa María la Mayor; la larga extensión del Palacio Quirinal; el Coliseo; la Colina Capitolina; el Castel Sant'Angelo; San Giovanni dei Fiorentini, con la colina del Aventino allá; San Pietro in Montorio en la colina del Janículo; y en el extremo derecho; San Pedro y el Vaticano. 


Sin embargo, el cuadro que nos ocupa es fruto del segundo viaje, el que realizó en 1828. La vista representa la ciudad como se ve desde la colina del Aventino, mirando hacia el norte hacia el distante Vaticano. El resultado es muy evocador. Con sutiles veladuras, consigue una imagen atemporal, como si fuese un sueño, en la que los primeros rayos de luz de la mañana disipan la niebla del Tíber y bañan de un suave resplandor dorado los edificios. .


El cuadro fue encargado por uno de los amigos y clientes más importantes de Turner, Hugh Andrew Johnstone Munro de Novar. Artista aficionado y coleccionista, Munro pidió específicamente a Turner que le hiciera un cuadro de la "Roma moderna" para añadir a su colección. Turner ejecutó este cuadro en 1835 a partir de las decenas de bocetos que recopiló durante su segunda visita a Roma, en 1828.

Turner, cuaderno de Roma entre 1828-29. Algunos de los apuntes que utilizó para este cuadro. 



Todos los detalles de la ciudad se retratan meticulosamente y con precisión. En primer plano, la vista está dominada a la izquierda por la ribera del Trastevere (la Ripa Grande), animada por las bulliciosas idas y venidas del puerto por la mañana. Respalda estas escenas la imponente fachada de la Ospizio di San Michele, que reluce por el sol.


Detrás del hospicio se alza la colina del Janículo y la masa colosal de la Basílica de San Pedro en silueta contra el horizonte; un símbolo monumental de la cristiandad proyectando su sombra sobre las ruinas de la antigüedad pagana.

A medida que nuestra mirada se desplaza hacia la derecha distinguimos la Villa Madama, con su logia de Rafael. Al fondo asoman las cúpulas de la Basílica de Santa Maria del Popolo tras el denso caserío. El centro de la composición está dominada por el Ponte Emilio.


A la derecha del puente vemos iluminada por el sol mañanero la Colina Capitolina con el Campidoglio. Mientras que las sombras de la alborada todavía permanecen en las ruinas del antiguo Foro Romano. Asoma el campanario románico de Santa Francesca Romana para anunciar la colina del Palatino y el Circo Máximo. Cerca de la orilla se distingue el templo circular de Hércules Victor.


Desde la parte inferior derecha, se eleva un altísimo pino piñonero. El árbol rompe el horizonte, dotando a la composición de más altura, y guía al ojo del espectador para que aprecie los matices de color de la perspectiva aérea. El árbol también le sirve para contrarrestar la larga línea de la fachada del hospicio.
La inclusión en primer plano  de Turner de pequeñas figuras añade humanidad y acción al paisaje.


Técnicamente, aplicó como un acuarelista, sucesivas capas de veladuras de óleo translúcidas lo que generaba la luz brumosa y la intensidad.

Otro cuadro de la misma época y con el mismo tema ya había provocado otra subasta de vértigo en el 2010. Entonces se llegaron a pagar 37,43 millones de euros por el cuadro Roma moderna. El Campo Vaccino.

Turner, Roma Moderna: Campo Vaccino, 1839. Óleo sobre lienzo 91.8 x 122.6 cm.


viernes, 10 de octubre de 2014

CHARLES DICKENS. LA ILUSTRACIÓN DE SUS NOVELAS.

Con este pequeño artículo quiero contribuir a celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Charles Dickens(1812-1870), uno de los más importantes escritores ingleses del siglo XIX. En este blog de arte no pretendo hablar de su obra literaria, pues otros más capacitados habrá para ello, pero sí fijarme en el universo iconográfico que nos legó en sus libros, puesto que, como refleja el lienzo de abajo de Robert Buss, sus personajes e historias se han convertido en hitos y paradigmas sociales de la Inglaterra industrial de mediados del siglo XIX.

Robert William Buss. Dickens´s dream, 1875. Buss fue dibujante efímero de Dickens. Realizó sólo dos dibujos para uno de sus primeros libros, no convenciendo su estilo al escritor por lo que decidió no renovarle la confianza para la siguiente entrega. Pese a este desencuentro, el dibujante siempre admiró al escritor y le hizo este retrato alegórico póstumo.

Y es que Dickens tenía una imaginación pictórica -hoy diríamos cinematográfica- de lo que escribía, fruto tal vez de las huellas que dejaron en él y en los ingleses de la época las sátiras realista de pintores del siglo XVII como William Hogarth y  las grotescas caricaturas de los dibujantes periodísticos de comienzos del XIX como  Thomas Rowlandson y James Gillray.

James Gillray. "The Plumb-Pudding in danger", 1805. El primer ministro inglés, Pittt, y el emperador francés Napoleón ser reparten el mundo.  Las caricaturas más conocidas de Gillray son las de la política exterior, pero también satirizaba sobre la vida cotidiana en Londres.

El caso es que desde sus primeras publicaciones por entregas semanales o mensuales éstas ofrecían un par de ilustraciones que animaban el texto. Tan importante era para Dickens el soporte visual de sus novelas que todas, salvo dos -Tiempos difíciles (1854) y Grandes esperanzas (1860–1861)-, se publicaron originalmente con ilustraciones. La fórmula tuvo un éxito notable. Su público se sentía identificado con las tramas populares que contaba y esperaba ansioso continuar la lectura cuando volviera a ser publicado otro episodio. El dibujo servía como soporte y recordatorio visual de aquellas escenas y descripciones que al escritor le parecían fundamentales. El interés de Dickens por los dibujos que acompañaban sus obras iba tan lejos que daba a los dibujantes instrucciones muy precisas por escrito sobre lo que debían representar y el sentido de cada objeto o personaje que apareciera en el grabado. Además, para que el ilustrador no tuviera dudas de lo que quería en cada momento, les proporcionaba al comenzar la novela un resumen general para que pudiera diseñar la portada del libro. Esta cubierta se publicaba con la primera entrega y tenía la finalidad de ir intrigando al lector con los personajes y actitudes que desvelaba.

Portada de la última novela de Dickens,  El misterio de Edwin Drood (1870), que quedó sin terminar por la muerte del escritor. La portada salió con la primera entrega de septiembre, obra de Luke Fildes.

Los ilustradores de los libros. Las escenas más interesantes.

Desde su primer libro ilustrado de 1836, Los apuntes de Boz (seudónimo por entonces de Dickens), hasta su muerte en 1870 trabajó con los ilustradores más prestigiosos de la época.

- George Cruikshank. Su primer ilustrador fue, nada menos, que George Cruikshank, el más cotizado dibujante satírico de la Inglaterra de los años 30. Su dominio de la caricatura le permitía obtener una sonrisa hasta de lo más serio y, por ello, se adaptaba perfectamente al estilo humorístico y costumbrista de los primeros escritos deDickens. De hecho en su primer gran libro, Los apuntes de Boz, los editores concibieron que el escritor estuviera supeditado al dibujante, puesto que los textos sobre la vida cotidiana de Londres debían dar pie a los dibujos deCruikshank, que era el verdaderamente conocido.

George Cruikshank. "The Bloomsbury Christening", pequeño relato sobre un bautizo en el barrio londinense de Boomsbury, en "Sketches by Boz" (Los apuntes de Boz) por Charles Dickens.

Cruikshank volvería a contribuir en los años siguientes, cuando el escritor ya había obtenido bien merecida fama, con una veintena de ilustraciones para la novela Oliver Twist (1837-39) y con otra buena cantidad de dibujos para el libro de relatos The Mudfog Papers (1837–38), junto con otros trabajos menores. Sus ilustraciones de "Oliver pidiendo más" y "Fagin en la celda de los condenados" son sin duda de lo más memorable de su trabajo por lo expresivos y conmovedores.

Cruikshank. "Tom Twigger in the kitchem of Mudfog house". En The Mudfog Papers,1837–38.

Cruikshank. "Please, Sir, I want some more...". Oliver Twist, así como el resto de los chicos del orfanato, se están muriendo de hambre y deciden jugarse quién de ellos pedirá más comida. Oliver es el elegido. En la cena de esa noche, después de su ración normal, Oliver se dirige al director del orfanato y le pide más comida. En Oliver Twist, 1837-39.

Cruikshank. "Fagin in the condemned Cell". Fagin es un anciano judío que dirige una banda de ladrones en la que ingresa Oliver. Es capturado y condenado a la horca al final del libro, sintiendo remordimientos y miedo momentos antes de ser ejecutado. En Oliver Twist, 1837-39.

- Robert Seymour. La relación con Robert Seymour, otro de los afamados dibujantes de los años 30, no pudo durar más que las tres primeras entregas (siete dibujos) de su primera novela, Papeles póstumos del Club Pickwick (1836-37). La relación fue breve porque el artista se suicidó. Algunos acusaron injustamente de esta desgracia al novelista y a los editores Chapman & Hall, que horas antes de que Seymour se descerrajase un tiro habían discutido con él por no estar satisfechos con el ritmo de su trabajo. La muerte del dibujante originó un grave problema  porque ponía en peligro la fórmula exitosa de una historia narrada por capítulos/grabados por la que habían apostado. La nueva entrega fue encargada a Robert William Buss (dos dibujos), pero su trabajo no satisfizo ni a los editores ni a Dickens, por lo que finalmente hubo que buscar un nuevo ilustrador para la siguiente. El polémico libro lo terminó el dibujante Hablot Knight Browne, que tomó desde ese momento el sobrenombre de "Phiz".

Robert Seymour. "The Sagacious Dog" en la novela "The Posthumous Papers of the Pickwick Club"  por Charles Dickens, 1836.

- Hablot Knight Browne, "Phiz". Phiz fue una apuesta personal de Dickens, puesto que el dibujante tan sólo tenía veinte años, cuando éste decidió que continuara con los dibujos de  los papeles del Club Pickwick. Tal vez le escogió de entre otros con más experiencia por ver en él un carácter maleable, que le hacía receptivo a sus deseos. Su estilo no era tan mordaz como el de Seimour ni tan expresivo como el de Cruikshank, pero cumplía a la perfección las instrucciones recibidas por el escritor, tenía también su toque humorístico y contribuía a completar la narración.

Hablot Knight Browne, "Phiz". Mrs. Bardell faints in Mr. Pickwick´s arms. "The Posthumous Papers of the Pickwick Club"  por Charles Dickens, 1836.

La unión entre Browne y Dickens durará 23 años, lo que supuso la ilustración de diez novelas o lo que es lo mismo más de 500 dibujos a toda página. Suyos son los dibujos de las primeras ediciones de Nicholas Nickleby(1838–39), The Old Curiosity Shop (1840-41), Master Humphrey's Clock (1840-41. En colaboración conGeorge Cattermole), Barnaby Rudge (1840-41), Martin Chuzzlewit (1843-44), Dombey and Son (1846-48),Bleak House (1852-53) y Little Dorrit (1855-1857).

Hablot Knight Browne, "Phiz". Master Humphrey´s clock de C. Dickens, 1840-41. Portada.

Hablot Knight Browne, "Phiz". Martin Chuzzlewit de C. Dickens, 1843-44. "Mr. Jonas Chuzzlewit entertains his cousins".

La creciente madurez de Dickens motivó un cambio general de sus novelas, cada vez más estructuradas y menos exageradas y extravagantes. De hecho, sus novelas eran denuncias de los abusos sociales como los internados de chicos, las casas de pobres, las condiciones míseras en las que vivía gran parte de la población de las grandes ciudades industrializadas de Inglaterra. Sus novelas, en definitiva, se hicieron más serias y exigió a su dibujanteBrowne que evolucionara con él, pero éste no se salía del registro costumbrista humorístico por lo que la relación entre ellos fue deteriorándose.

Hablot Knight Browne, "Phiz". David Coperfield (1849- 50) de C. Dickens. Mrs. Gummidge casts a Damp on our departure.

Todavía de Phiz son los grabados de las ediciones primeras de novelas emblemáticas como David Coperfield (1849- 50) o Historia de dos ciudades (1859). Este último trabajo fue precisamente el motivo de su separación. Dickens le despidió con el argumentó de que había disminuido la calidad en sus dibujos y que éstos carecían de la suficiente tensión dramática. Y algo de razón tenía puesto que el trabajo de Phiz se hizo muy repetitivo en sus tipos y perdía originalidad, a la vez que descuidaba las entregas al trabajar a la vez para otras novela ilustradas como las del escritor Charles Lever.

Hablot Knight Browne, "Phiz".Historia de dos ciudades (1859), de C. Dickens. The likeness.
Marcus Stone. Como no encontrara un dibujante adecuado a sus deseos, su siguiente novela Grandes Esperanzas (1860–1861) salió a la luz en su primera edición sin ilustraciones. No ocurrió así con Our Mutual Friend (1864–1865), para quien eligió a Marcus Stone (1840-1921), un joven pintor de 24 años capaz de darle el dramatismo y el realismo que exigía la obra. Ya le había utilizado en trabajos menores de portadas para ediciones baratas de sus primeras novelas y en las pocas imágenes que aparecían en sus libros de viajes: Pictures from Italy (1862, cuatro ilustraciones), American Notes (1862, cuatro ilustraciones) y A Child's History of England (1862, ocho ilustraciones). En fechas posteriores conseguiría el encargo de ilustrar las ediciones posteriores de Grandes Esperanzas.

Marcus Stone. Our mutual friend de Charles Dickens, 1864-65. Our Johnny.

Stone era de una nueva generación de ilustradores alejados de lo caricaturesco y del toque de humor que habían utilizado como lenguaje los anteriores ilustradores de Dickens. Su estilo podría definirse como realista, grave, vigoroso y hasta sombrío. En las siguientes imágenes podemos apreciar el cambio hacia ese lenguaje más serio y de compromiso social, que es lo que demandaba Dickens y que Browne no supo darle.

Marcus Stone. Our mutual friend, 1864-65. The Bird of Prey brought down.

Samuel Luke Fildes. Cuando Dickens necesitó de nuevo a Stone en noviembre de 1869 para ilustrar la que sería su última novela The Mystery of Edwin Drood (inacabada, 1870), éste se había pasado a la pintura al óleo y su fama era tan grande que fue imposible contratarle, por lo que hubo de buscar una nueva promesa pictórica que estuviera en la línea realista que demandaba los nuevos gustos artísticos de la sociedad. El elegido fue Samuel Luke Fildes (1844-1927) que por entonces tenía 25 años y que ya había realizado algunos trabajos de dibujante para los periódicos. Dickens había quedado impresionado por el realismo de uno de sus dibujos para el diario The Graphic, que representaba a un grupo de pobres esperando asistencia y que había titulado "Houseless and Hungry".

Luke Fildes, Houseless and Hungry, The Graphic, 12th April, 1869.

El realismo que manifiesta Fildes es tal que para la escena In the court buscó un verdadero fumadero de opio de East End londinense.

Luke Fildes, In the Court.  Frontispiece for Charles Dickens's The Mystery of Edwin Drood and Other Stories, 1870.

John Leech. Fue el ilustrador de los Christmas books que editó en la década de los 40, entre los que se encuentra el famosísimo A Christmas Carol (1843) con su personaje Ebenezer Scrooge.

ORIENTALISMO EN EL SIGLO XIX. LA FASCINACIÓN POR ORIENTE DE LOS PINTORES OCCIDENTALES.

El término orientalismo se usa para describir las obras de arte producidas en Europa durante el siglo XIX que parecían representar precisas imágenes del África mediterránea así como de Oriente Próximo.

El porqué del orientalismo.
  • Razones históricas. 
  1. La razón del interés por pintar imágenes de esta zona del mundo ya venía de antiguo. Venecia había sido un emporio comercial desde la Edad Media y había traído consigo el gusto por lo exótico y por ese mundo lejano. Pero cuando se vuelve a poner de moda en el siglo XIX es en parte como consecuencia de la Revolución francesa y de las rivalidades entre Gran Bretaña y Francia. En concreto, Oriente se puso en la palestra política con la invasión de Egipto y Siria que llevó a cabo Napoleón Bonaparte entre 1798 y 1801. Esta expedición redescubrió las antiguas civilizaciones de hace miles de años con sus colosales construcciones y obras figurativas. El imaginario occidental se llenó de las glorias de imperios perdidos que podían ser comparados con los nuevos creados en Occidente. El interés arqueológico se multiplicó con el desciframiento del jeroglífico y el cuneiforme, pero también se reavivó el interés por las costumbres de los pueblos que actualmente habitaban en ese lugar.
Jean-Léon Gérôme. Napoleón ante la esfinge, 1886.

  1. Años más tarde, acontecimientos acaecidos en el Imperio Turco como la independencia de Grecia en la década de los 20 impulsaron aún más a artistas y literatos románticos a conocer o fantasear sobre ese mundo exótico y lejano. 
  2. Con la invención del ferrocarril y del barco de vapor las distancias se acortaron y se abarataron los viajes. Muchos más artistas pudieron desplazarse a países como Turquía, Marruecos, Egipto o la península Arábiga y pintar de primera mano.
David Roberts. Una vista de El Cairo, 1840.

  1. Por último, desde los años 60 las potencias europeas intervinieron cada vez  más en la zona en su carrera por repartirse el mundo. Abrieron el Canal de Suez  y se convirtieron en ocupantes coloniales.

    • Razones culturales. 
    1. El neoclasicismo fue la primera gran corriente pictórica que tocó el tema, aunque lo hizo a mayor gloria de las conquistas de Napoleón y como medio propagandístico de la grandeza del Imperio.
    2. En el romanticismo, la seducción por el oriente cumplió el mismo papel de alejamiento de la realidad que el historicismo medievalista. Oriente sería un lugar donde se vivían aventuras que no se vivían en el propio país, era un paraíso exótico lleno de misterios. Además la ubicación de una escena en esta localización del mundo permitía al pintor y a sus compradores expresar sus deseos ocultos o ilícitos como el erotismo que estarían mal vistos si fuesen trasladados a sus ambientes cotidianos occidentales.
    Bernard Debat-Ponsan, El masaje, 1883.

    1. El academicismo consagró este género a mediados del siglo XIX cuando Jean Auguste Dominique Ingres, presidente de la Academia francesa, pintó sus escenas de baños turcos y odaliscas. Fue en ese momento cuando se convirtió en un género más de la pintura donde ensayar, fundamentalmente, el desnudo, el color, la luz  y los tipos populares.
    Mariano Fortuny. Marroquí. 1869. Acuarela.

    1. Hacia finales del siglo XIX, la popularidad del orientalismo como movimiento artístico empezó a decaer, aunque las imágenes y los temas siguieron siendo influyentes hasta bien entrado el siglo XX e inspiraron todavía los viajes y las obras de Pierre-Aguste Renoir, Henri Matisse y Paul Klee.
    Temática.

    Del norte de África y Oriente Medio les interesaba todo. 
    • tanto los paisajes de  luz deslumbrante, como los interiores tenebrosos;
    • las complejas vistas urbanas como los insondables desiertos; 
    • los colores fantásticos de los ropajes como las encarnaciones en todos los tonos, del negro al blanco nacarado, pasando por el moreno; 
    • los tipos populares cubiertos de harapos como los grandes sultanes lujosamente vestidos; 
    • las tapadas y sumisas mujeres de los mercados como los voluptuosos desnudos de las mismas en los baños; 
    • la violencia de sus combates a espada como la tranquilidad y reposo sensual de los harenes;
    • los temas escabrosos como el esclavismo y la vida cotidiana de la gente en la calle.
    John Frederick Lewis. La comida de al medio día, El Cairo, 1875.

    El estilo realista con el que se pintan estos temas confiere una sensación de fidelidad topográfica y etnográfica a las obras, tanto si son en realidad retratos exactos como si no. En realidad, algunas de las pinturas estaban basadas en ideas preconcebidas sobre Oriente y ponen de manifiesto claros prejuicios en las historias que narran.

    Algunos pintores y cuadros.

    Los artistas que trabajaron en el estilo orientalista eran predominantemente franceses y británicos, aunque también los hubo de todos los países occidentales: italianos, austriacos, norteamericanos y españoles. Veamos el tratamiento de algunos de ellos de distinta época.

    El orientalismo en Francia.

    Aunque la obra de Jean Auguste Dominique Ingres incluye motivos exóticos y sensuales desnudos desde 1814 con La Gran Odalisca, nunca viajó a Oriente. La pintura de El baño turco (1862) que podemos ver en este artículo es, por tanto, pura invención. Es un estudio más de los que realizó sobre la belleza femenina. Una composición densa y llena de voluptuosos desnudos. La forma circular de la pintura trasmite la impresión de que las mujeres están siendo observadas desde una mirilla y que la pintura fue creada para el placer del observador. El tono erótico de sus atractivos desnudos tendrá su continuación en su discípulo Theodore Chasseriau y en la pintura académica de pintores franceses de generaciones siguientes como Jean-Léon Gérôme.

    Jean Auguste Dominique Ingres. El baño turco, 1862.


    Jean-Léon Gérôme fue uno de los pintores franceses que más se interesó por los temas orientales. A partir de 1853 empezó a viajar regularmente a Turquía, Egipto y Asia Menor y sus pinturas de Oriente Próximo le dieron  renombre. Le interesaban los temas sensuales de los baños públicos y de los harenes, pero también las costumbres de los devotos musulmanes. En Plegaria pública en la mezquita de Amr, El Cairo (1870), retrata a la perfección el acto cotidiano de la oración con gran viso de autenticidad. Cuando Gérôme la visitó en 1868 durante su viaje a Egipto, la mezquita ya estaba en desuso. Es probable que esta pintura esté basada en varios dibujos y fotografías realizados durante sus viajes. Gerome manejaba con tal precisión el pincel y obtenía unos acabados tan suaves que muchas des sus pinturas dan lugar a superficies casi fotográficas. El efecto espectacular creado por las columnas confiere un ritmo a la composición que precipita la vista hacia la pared lisa del fondo. En la escena busca contrastar la pobreza del hombre santo, sólo vestido con un taparrabos y con el pelo al aire, con el hombre rico del primer plano que viste túnica roja y dorada al que acompañan unos criados. La atmósfera solemne y religiosa de la mezquita se ve interrumpida únicamente por el detalle realista de las palomas que revolotean y comen.

    Jean-León Géròme. Plegaria pública en la mezquita de Amr, El Cairo, 1870.


    Bien diferente son las obras de Antoine-Jean Gros, autor de grandes escenas históricas. Sus pinturas son magníficas obras épicas destinadas a satisfacer las exigencias del imperialismo; aunque en ellas pueden verse motivos arquitectónicos e indumentarios islámicos, así como una iluminación y unas localizaciones norteafricanas, fueron diseñadas para justificar las campañas de Napoleón en Egipto y ensalzar la figura del Emperador.

    Antoine-Jean Gros. Bonaparte visita a los apestados de Jaffa. 1804.


    Delacroix también prefiere inicialmente el relato histórico, ya sea contextualizándolo en la guerra de la Independencia de Grecia como La matanza de Chios (1824), o ya sea trasladándolo a la antigüedad como La muerte de Sardanápalo (1827). Aunque desde que en 1832 visita Argelia y Marruecos sucumbe ante el exotismo y los temas costumbristas. Estos le permiten desarrollar todo el colorido, el movimiento y la pasión que siente y expresa por su pintura. En Mujeres de Argel (1834) refleja el interior de un harén pero, a diferencia de Ingres, modera la carga sensual de la escena y se centra en captar la penumbra de la sala, las encarnaciones de las pieles y las exóticas ropas.

    Delacroix. Mujeres de Argel, 1834.

    A menudo los cuadros de las últimas etapas se ubican en escenarios norteafricanos y con tipos musulmanes, pero son la excusa temática para realizar cuadros donde desbordar su energía pictórica, como podemos comprobar en este esbozo sobre una cacería de leones que tenemos debajo.

    Delacroix, Eugene. Cacería de leones, 1854. Esbozo.

    Artistas como Eugene Fromentin viajaron a Oriente Próximo y pintaron paisajes, monumentos y escenas contemporáneas que después expusieron como pinturas objetivas y documentales. En la escena callejera pintada por Fromentin, La calle de Bab-El-Gharbi, Laghouat, unos soldados buscan un lugar sombreado para resguardarse del sol. También se pintaban paisajes norteafricanos y arábigos como localizaciones para retratar escenas históricas y bíblicas.

    Eugène Fromentin. Una calle en El-Aghouat, 1859.


    El orientalismo inglés

    Uno de los primeros artistas interesados por obtener de primera mano imágenes de Oriente fue el ilustrador y pintor romántico escocés David Roberts, al que ya he dedicado un artículo en relación con su fascinación por Egipto. Tras su viaje por Egipto y Próximo Oriente ente 1838-39 se convirtió en el difusor de la gran civilización de los faraones rescatando paisajes arqueológicos bellísimos, pero también trajo consigo vistas de las ciudades musulmanas y de sus tipos que causaron conmoción en Inglaterra por su viveza y exotismo.

    Roberts, David. Abus Simbel enterrado.1838.


    El prerrafaelista Holmant Hunt visitó Oriente Próximo en tres ocasiones desde la década de los 50 para conferir un escenario real, lleno de detalles autóctonos, a sus obras de temática bíblica. En El chivo expiatorio, comentado en otro artículo, representa a una de las dos cabras que se ofrecían en sacrificio en los rituales celebrados durante el Día de la Expiación, tal y como aparecen descritos en el libro de Levítico y que simboliza al mismo Cristo. Hunt pintó la obra cerca del mar Muerto y recorrió largas distancias hasta encontrar una peculiar cabra blanca que poder representar. Su ambientación de El niño Jesús hallado en el Templo, recrea a la perfección la luz de Palestina y los tipos hebraicos.

    William Holman Hunt. Jesús hallado en el templo, 1860.


    Pero el pintor inglés que mejor recreó los tipos populares fue John Frederick Lewis. Sus imágenes idealizadas de la intimidad de las mujeres de los harenes, de los ricos vestidos, del detalle arquitectónico y del mobiliario causaron honda impresión en la alta sociedad británica que en cierta manera imitó en habitaciones que se decoraron a imagen de estos escenarios.

    John Frederick Lewis. Vida de un Harem en Constantinopla, 1857.


    El orientalismo español. Mariano Fortuny.

    En 1860 estalla un conflicto bélico entre España y el reino de Marruecos. La Diputación de Barcelona decidió enviar a  Mariano Fortuny, hasta ese momento pensionado en Roma, como corresponsal gráfico. Debía realizar la crónica de la guerra en dibujos y pinturas y, principalmente, debía inmortalizar dos importantes batallas: la de Wad Rass y la de Tetuán. En el siguiente enlace podéis ver un artículo sobre la batalla de Tetuán.

    Mariano Fortuny. El café de las golondrinas, 1869.

    Fortuny aunque empieza a recopilar imágenes e información sobre las batallas, pronto se siente subyugado por el ambiente, las costumbres y, sobre todo, por la luz cegadora de África y pospone su proyecto inicial. En poco más de dos meses de estancia en Marruecos se ejercita en la realización de apuntes rápidos que interpretan y expresan el movimiento con toques certeros de color. Son apuntes, dibujos y acuarelas al aire libre, de la vida y costumbres de aquel país africano.

    Mariano Fortuny. El vendedor de tapices, 1870.

    Fortuny volvió dos veces más a Marruecos y cada vez regresó más  cautivado por los efectos puramente plásticos y pictóricos que la luz. Su orientalismo se diferencia del de los otros cultivadores del género no por la temática, sino por su tratamiento a base de pinceladas sueltas, pinceladas de "impresión".

    Algunos enlaces interesantes.