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domingo, 1 de mayo de 2016

LO QUE MÁS NOS GUSTA DEL ARTE DEL SIGLO XX. Trabajo colaborativo con twitter y storify

Estoy haciendo un trabajo on line sobre "Leer e investigar en la era digital" y a lo largo del mismo he ido descubriendo algunas herramientas que he puesto en práctica con mis alumnos de Historia de España y de Historia del Arte de 2º de Bachillerato. Uno de los objetivos es utilizar las redes sociales como medio de acercar a la lectura o incluso como medio útil para trabajar con los alumnos.



Antes de comenzar el curso tenía una pobre impresión de Twitter porque consideraba que era una red social de la que se podía sacar poco. Tan sólo la utilizaba como medio de obtener información o como medio de difusión de mi trabajo en los blogs. El hecho de que sólo se pudieran poner 140 caracteres me parecía muy limitador. Sin embargo, a través del curso he descubierto nuevas posibilidades si:

  1.  complementamos Twitter con otras aplicaciones, como Storify (de la que ya hablé en otro artículo), 
  2. y si tenemos un proyecto cooperativo que poner en marcha. 
Para entender mejor qué quiero decir me voy a explicar con un ejemplo práctico que he realizado con mis alumnos de Historia del Arte.



Esta tercera evaluación les pedí realizar un trabajo, de forma dirigida, sobre el arte del siglo XX. El esquema que viene a continuación era lo que les pedía desarrollar junto con una lista de imágenes que al menos debían aparecer en el trabajo con unas letras que indicaban la importancia que daba a cada una de ellas:
- una (I) significa que deben aparecer con pie de foto y ser citadas en el texto.
- una (BC) significa que en el texto o bajo la foto habrá que hacer un breve comentario de la imagen, destacando al menos dos ideas de importancia que aporta la obra.
- una (C) significa que la obra es tan interesante que debe ser comentada con cierta profundidad.


Objetivos del trabajo de Historia del Arte.

Con este trabajo pretendía varios objetivos:

1.- Que el alumno pusiese en práctica conocimientos y procedimientos aprendidos hasta ese momento: recopilando información, sintetizándola, organizándola y exponiéndola estructuradamente.
2.- Que el alumno realizase comentarios artísticos propios.
3.- Que el alumno utilizase internet para su trabajo buscando la información necesaria y las imágenes pedidas.

Pero me di cuenta que si además utilizaba esas dos herramientas de las que vengo hablando, Twitter y Storify, se podía sacar más rendimiento y hasta podía ser divertido. 

4.- Los escasos caracteres de Twitter servirían para obligar a mis alumnos a sintetizar la información clave, junto con una imagen ilustrandola.
5.- Storify podía crear el discurso y unir el trabajo de Twitter de todos.


Así que les pedí que  una vez hecho el trabajo escogieran el estilo artístico, el artista o la obra que más les hubieran gustado y que realizaran varios twitts captando las ideas claves de los mismos. Luego, que los ordenaran lógicamente, creando un discurso coherente utilizando Storify. Mi trabajo finalmente es unir sus trabajos en la red y exponerlos.

jueves, 17 de marzo de 2016

TRABAJO DE ARTE DEL SIGLO XX PARA 4º DE LA ESO

Historia contemporánea y Arte también están unidos en el siglo XX, lo que vamos a comprobar a través de un trabajo en esta tercera evaluación.


A continuación tenéis el esquema del trabajo con los autores y obras elegidas.


¿En qué consiste el trabajo? 

1. En elaborar un eje cronológico de los estilos artísticos que vamos a analizar, tanto en arquitectura como en artes figurativas (escultura y pintura). El formato sería como el de la página 305 del libro de texto, pero añadiéndole dos obras que te hayan gustado de cada periodo.



2.- En buscar las imágenes de las obras de arte propuestas y hacer junto a cada imagen una ficha en la que consten los siguientes datos:

Ficha- Imagen
  • - Autor.
  • - Obra. 
  • - Estilo. 
  • - Fecha. 
  • - Dos características que sean muy propias del estilo o del autor. 
  • - Otra imagen con otra obra del artista con su título correspondiente.
Las imágenes las podemos encontrar en el tema 15 o habrá que buscarlos en internet. Los datos de la ficha los deberemos sacar del libro de texto o de internet. La metodología será la misma que en la evaluación anterior, cuando realizamos el trabajo del Arte del siglo XIX. El tema 15 del libro es el "Arte del siglo XX" y vamos a evaluarlo a través de este trabajo que os propongo y de un control que haremos sobre el mismo.

Tal vez te pueda servir estas dos hojas con ideas resumidas de los estilos que puedes descargar y aplicar a las obras.



¿Cómo se entregará el trabajo?

La forma de entrega de trabajo será individual y preferiblemente en formato powerpoint 2003 o word 2003 a través del correo electrónico que ya suministró el profesor para el anterior trabajo. También se aceptará a mano o impreso.

¿Cuándo será la fecha de entrega y del control?

La fecha de entrega y del control será el 21 de abril.

¿Qué se valorará en el trabajo?

A.- Que el contenido sea correcto y completo. Hasta cuatro puntos.
B.- Que el trabajo sea personal, es decir, original y seleccionando y sintetizando la información. Hasta cuatro puntos.
C.- Que esté bien presentado. Hasta 2 puntos.

lunes, 8 de febrero de 2016

REALISTAS DE MADRID. ESCENARIOS Y PERSONAJES ÍNTIMOS. PINTURA Y ESCULTURA EN EL THYSSEN

Del 9 de febrero al 22 de mayo de 2016, el Museo Thyssen nos ofrece una nueva y atractiva exposición dedicada a un grupo histórico y generacional de pintores y escultores que han vivido y trabajado en Madrid desde la década de 1950. De ahí que su título sea "Realistas de Madrid".

Julio López. Pareja de artesanos, 1965. Madera, resina de poliéster y polvo de pizarra, 146 x 74,8 x 108 cm. Esta escultura del Museo Reina Sofia introduce hacia la exposición.


Se trata de siete artistas sencillos -Antonio, María, Julio, Paco, Esperanza, Isabel y Amalia-, el primer grupo de artistas españoles en el que las mujeres ocuparon un lugar destacado. Cada uno de los siete habla con un dialecto propio dentro de la lengua común que comparten, y llevan más de 60 años entendiéndose.

Los artistas Julio López Hernández, Antonio López, Isabel Quintanilla y Francisco López Hernández, durante la presentación en el Museo Thyssen-Bornemisza de ‘Realistas de Madrid’. / Fernando Alvarado (Efe).



Los siete habían nacido poco antes o durante la Guerra Civil y se conocieron en Madrid a comienzos de los años cincuenta. Estudiaron juntos, trabajaron y expusieron juntos, incluso se casaron entre ellos y han seguido siendo amigos desde entonces.

- Antonio López García (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) y su esposa, María Moreno (Madrid, 1933);

- los escultores Julio López Hernández (Madrid, 1930), su hermano Francisco (Madrid, 1932); y la mujer de Julio, la pintora Esperanza Parada (San Lorenzo de El Escorial, Madrid, 1928 – Madrid, 2011); la mujer de Francisco, la también pintora Isabel Quintanilla (Madrid, 1938),

- y Amalia Avia (Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 1930 – Madrid, 2011), casada con el artista informalista Lucio Muñoz.



El grupo. La formación y lo que les unió.

Su formación común transcurrió en el Madrid de los años 50, un Madrid mucho más pobre y menos glamuroso, pero del que se enamoraron y que luego sería motivo de inspiración en sus paisajes urbanos. Su vida transcurría entre el triángulo que formaba la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (calle de Alcalá), el Museo del Prado (Paseo del Prado) y el Casón del Buen Retiro (frente al Retiro) donde estaba el Museo de Reproducciones Artísticas.
  • En Museo de Reproducciones, como lo recuerda Antonio López, estaba “toda la decoración del Partenón de Fidias, toda la obra de Praxíteles, todas las grandes esculturas hasta Miguel Ángel y Donatello, obras góticas, obras asirias, obras egipcias…”
  • En el Museo del Prado  asimilaron la tradición realista española, Zurbarán y Velázquez, con su rara reunión de objetividad y espiritualidad. 
  • En el tercer vértice, la Escuela de Bellas Artes de San Fernando,  estudiaron Julio López, Antonio López, Isabel Quintanilla y María Moreno, pero incluso los que no fueron alumnos de la Escuela gravitaban hacia ella, tenían allí a sus colegas y amigos.
María Moreno. Gran Vía II, 1990. Óleo sobre lienzo, 103 x 120 cm. Colección privada.



La formación académica se prolongó después hacia Italia; no hacia París, a donde la mayoría de los modernos y especialmente los abstractos miraban con devoción. En 1955, Antonio López y Francisco López viajaron juntos a Italia con una beca del Ministerio de Educación. Al año siguiente, en septiembre, otro breve viaje de Esperanza Parada, con su amiga Amalia Avia: Roma, Florencia, Arezzo, Siena, Pisa, Venecia. En 1960, Francisco López e Isabel Quintanilla, recién casados, se fueron a vivir a la Academia de España en Roma, donde se quedarían cuatro años. Aparte de la pintura mural del Renacimiento, de Giotto a Piero y de Piero a Rafael, el gran descubrimiento de los jóvenes artistas fue la pintura romana de la Antigüedad.

Isabel Quintanilla, Roma, 1998-1999. Óleo sobre lienzo adherido a tabla. 135 x 220 cm. Galerie Brockstedt, Berlín / Hamburgo. Detalle.


En sus viajes a Italia descubrieron también el arte italiano del siglo XX, los paisajes romanos y el cine neorrealista, que tenía su reflejo en España y la vanguardia literaria a través de una novela como El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio.  Aquella novela -premio Nadal en 1955 y premio de la Crítica en 1957- era un ejemplo de realismo actual. Los jóvenes artistas se identificaron sin duda con el estilo sobrio y despojado de retórica de Ferlosio, con la veracidad del lenguaje y hasta con la historia narrada -un grupo de jóvenes que salen de excursión al río cercano a Madrid, un domingo de verano; “podíamos haber sido nosotros”, comenta Isabel. Isabel, Francisco, Antonio y María siempre han sentido un enorme interés por el entorno del extrarradio de Madrid, que han salido a pintar o dibujar (juntos o separados) muchas veces.

Cuatro pintores y un paisaje recurrente, la vista de Madrid desde el Cerrro del Tío Pío en Vallecas, reflejando los transformaciones del espacio del extrarradio de la ciudad desde los años 60 a los 80.



También influyó en ellos, paradójicamente, la abstracción informalista de la época, la de Lucio Muñoz, marido de Amalia Avia. No podemos olvidar que ellos fueron compañeros de generación de Antonio Saura, Agustín Millares, Eusebio Sempere, Fernando Zóbel, en fin, los componentes del Grupo El Paso y su correspondiente catalán, Dau al Set, con Tápies, Joan Ponç, Modest Cuixart...La aparición del grupo El Paso en Madrid y la moda del arte abstracto actuó como un estímulo, por contraste, para decidirles a vindicar el realismo como algo vigente. Había una tarea pendiente, una misión, como ha escrito Antonio López: “Todos nosotros, Francisco y Julio López, María Moreno, Isabel Quintanilla, Carmen Laffón, tuvimos que reconstruir el lenguaje de lo figurativo, el lenguaje de representar la forma real. Todo eso se había dinamitado, había eclosionado, todo eso ya no era lo que había que hacer. Éramos como unas gentes que volvían a hacer, después de mucho tiempo, de nuevo, una nueva pintura, una nueva historia”.

Isabel Quintanilla. Detalle de La noche, 1995. Óleo sobre lienzo adherido a tabla, 130 x 110 cm. Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Los objetos para los realistas tenían significado simbólico y personal.



Sin dejarse impresionar por las modas, ni siquiera la del hiperrealismo que les quedaba muy cerca, realizaron sus obras a lo largo de procesos creativos muy lentos, con el fin de alcanzar una intensidad que supera a la del modo fotográfico de apropiación de la realidad. Y es que como decía Amalia Avia pintaron lo que no podían fotografiar. Con fotografías “sólo puede mostrarse una realidad, y ésta no puede compararse o combinarse con aquello que ha existido anteriormente. Aquí son decisivas las situaciones, las perspectivas, la luz, las distancias; aquí dominan el momento, los motivos y el ojo, es decir, la mirada sobre lo que sucede, ¡pero nada más!”.

Julio López. El sueño, 1976. Pizarra y piedra de Colmenar aglomeradas con resina poliéster, 65 x 178 x 90 cm. Colección del artista.


El grupo surgió sin un manifiesto ni una reunión para hacerlo oficial, simplemente eran pintores que querían reunirse y compartir sus impresiones y sus técnicas artísticas. Antonio López declaró una vez que ésa era la razón por la que seguían siendo un grupo, porque nunca hablaron de serlo y sus reuniones se producían de manera natural. Francisco López recuerda las largas charlas con Antonio López cuando este le acompañaba a su casa en la calle de Francos Rodríguez, y luego él, para no interrumpir la conversación, le acompañaba a la suya en Embajadores (dos zonas distantes de Madrid). Tras los años iniciales de formación, sus trayectorias vitales y profesionales transcurrieron casi en paralelo, con un intenso intercambio intelectual y artístico.

De izquierda a derecha. Antonio López Torres (sentado), Isabel Quintanilla, Antonio López García, Francesco (hijo de Isabel Quintanilla y de Francisco López), María Moreno y Francisco López en Tomelloso, 1973.


Su consolidación como grupo se manifiestó a través de exposiciones colectivas, tanto dentro como fuera de nuestro país, que van desde Realismo Mágico en España (Fráncfort, 1970) hasta Compañeros en Madrid (Casa de las Alhajas, Madrid, 1992). En ellas se revelaron los intereses que compartían: una visión poética de lo cotidiano, de lo íntimo y de lo popular. La plasmación de objetos y escenarios domésticos y paisajes  que se impregnaban de misterio, melancolía e intimidad. Y una técnica que, aunque impecable, no caía en el realismo fotográfico o el detallismo, sino que buscaba inquietar con su halo de misterio. El realismo de los realistas madrileños es sobremanera singular por haber ahondado en zonas de silencio y despojamiento hasta ahora casi inéditas, una actitud existencial genuinamente contemporánea desde el punto de vista simbólico.

La pintora Isabel Quintanilla y su marido, el escultor Francisco López, en su taller. Foto de Jaime Villanueva.



No se puede olvidar que este posicionamiento ante las personas, las cosas y los espacios se nutre de ciertas corrientes figurativas del siglo XX como la pintura metafísica, la “nueva objetividad” o el surrealismo. Ni tampoco que a través de sus pinceles emana la gran tradición de la pintura barroca española aprendida en el Museo del Prado de los Ribera, Velázquez, Murillo, Sanchez Cotán o Zurbarán.

Esperanza Parada. Día 2, 1962. Óleo sobre lienzo. 65 x 91 cm. Colección de la familia. La sencillez e individualidad de los objetos recuerda los bodegones de Zurbarán. La ventana en la esquina las composiciones costumbristas de la primera etapa de Velázquez.


Francisco de Zurbarán. Bodegón, 1650.Óleo sobre lienzo, 46 cm x 84 cm. Museo del Prado.


En la tradición realista española se concede una relevancia especial al objeto en sí mismo, con toda su rotundidad despojada y sus vibrantes características materiales. Lo marginal, lo humilde y lo íntimo no se considera indecoroso o poco artístico. Se pinta la realidad que ve el artista y se plasma el inexorable paso del tiempo, un concepto que recogen los artistas realistas madrileños. La temática, magistralmente variada, giraba en torno a lo cotidiano, al estado de las calles, las fachadas y los interiores frecuentemente vacíos, que curiosamente tienen una vida particular.

Amalia Avia. Benito García Fontanero, 1988. Técnica mixta sobre tabla, 160 x 130 cm. Colección de la familia.



La exposición

La exposición reune 89 piezas entre óleos, esculturas, relieves y dibujos de todo el grupo. Con mayor protagonismo está, sin duda, Antonio López, el que consiguió para el realismo la respetabilidad nacional e internacional, que en algunos momentos se les negó en los círculos de la vanguardia del arte. Afortunadamente, en esta exposición se le otorga un merecido lugar a mujeres como María Moreno, Isabel Quintanilla, Esperanza Parada o Amalia Avia. Estas artistas consiguen conectar con el espectador a través de simples objetos de uso diario, o lugares por los cuales pasamos todos los días, elementos inertes que son parte de nuestra vida y, por tanto, parte de nosotros y de nuestras emociones. Por otro lado, la obra escultórica de los hermanos López Hernández, se vuelca en la figura humana y habla de los sentimientos, no del cuerpo como elemento físico.

Isabel Quintanilla. Detalle de El teléfono, 1996. Óleo sobre tabla. 110 x 100 cm. Colección privada.


En las salas no hay un orden cronológico, sino temático. Se pretende establecer diálogos entre los artistas y destacar los puntos que tienen en común, tanto en la elección de los temas como en la forma de abordarlos. La intención es conducir al espectador de lo íntimo a lo público; del bodegón a la ciudad; del plano corto, la escala pequeña y la proximidad, al gran formato y las vistas urbanas panorámicas. Es un recorrido por los temas que todos comparten: el bodegón, el interior doméstico, las calles y los patios, la figura humana o la ciudad de Madrid.

Isabel Quintanilla. Detalle de Barrio de Vallecas, 1981. Óleo sobre tabla, 86 x 105 cm. Colección privada. Cortesía Galerie Brockstedt, Berlín.


Muchas de las obras seleccionadas no se han visto en mucho tiempo en nuestro país y han sido elegidas por los dos comisarios de la exposición, María López, hija de Antonio López, y Guillermo Solana, junto a la comisaria técnica Leticia de Cos, de las propias colecciones de los artistas, de otras colecciones particulares y de instituciones internacionales, sobre todo de España y Alemania, con relevantes préstamos también de Estados Unidos.

Presentación a los medios en el Museo Thyssen rde la exposición Realistas de Madrid. En la mesa los comisarios del evento.


De la mesa a la ventana

La exposición comienza con la naturaleza muerta, el género central para los realistas de Madrid. Un género que excluye, en principio, la figura humana pero que habla constantemente del ser humano. Los realistas madrileños generalizan este método: representar nuestra existencia por medio de la ausencia y el silencio.

Isabel Quintanilla. Vaso, 1969. Lápiz sobre papel, 34 x 25 cm. Galerie Brockstedt, Berlín / Hamburgo.


La mesa es el soporte y el marco habitual de la naturaleza muerta, con el contrapunto a veces de la ventana. Los bodegones pintados de Isabel Quintanilla y los bodegones esculpidos de Francisco López comparten un mismo esfuerzo: definir la forma mediante la luz. Con la mayor sobriedad y la mayor claridad.

Isabel Quintanilla. Frutero, 1966. Óleo sobre tabla, 29 x 38 cm. Colección privada. Al pintar este cuadro (1966), Isabel pensaba en la pintura romana antigua y en la Cesta de frutas de Caravaggio. 


En la sala siguiente, los objetos aparecen ya contextualizados en interiores domésticos, aquí se incluyen obras icónicas del realismo español y de Antonio López, como Lavabo y espejo (1967) o Taza de váter y ventana (1968-1971).

Antonio López. Lavabo y espejo, 1967. Óleo sobre tabla, 98 x 83,5 cm. Museum of Fine Arts, Boston. Melvin Blake and Frank Purnell Collection.


Lavabo y espejo (1967) de Antonio López es una naturaleza muerta que funciona como un autorretrato peculiar: un autorretrato invisible. El pintor se pasó muchas horas ante ese espejo y pintó todo lo que veía. Excepto su propio reflejo. Los objetos, en cambio, sí que se reflejan. Los cepillos de dientes, la barra de labios, el esmalte de uñas, el pincel de ojos, la brocha de afeitar casi podrían confundirse con instrumentos de pintura. Y el espejo vacío juega el papel del lienzo en blanco. El
resultado es el retrato no tanto de un hombre como de un oficio.


Lavabo y espejo es además un audaz experimento perspectivo: para abarcar un amplio recorrido vertical desde una distancia muy corta, el artista yuxtapone dos puntos de vista, uno centrado en el espejo y el otro en el lavabo.


Pero no debemos abandonar la sala sin admirar El comedor (1987) de Amalia Avia y El teléfono (1996) o Habitación de costura (1974) de Isabel Quintanilla.

Isabel Quintanilla. Habitación de costura, 1974. Óleo sobre tabla, 100 x 82 cm. Colección del artista.


Habitación de costura (1974), está en el estudio de Isabel Quintanilla. La pintora guarda con cariño una anécdota relacionada con esta escena: “Cuando la vio la reina Sofía, me dijo que le recordaba al olor a plancha de su infancia en palacio”. La pintora se muestra satisfecha de conseguir evocar recuerdos. Sus imágenes son reconocibles, son retratos de una época cercana.

Isabel Quintanilla. Detalle de Habitación de costura, 1974. Óleo sobre tabla, 100 x 82 cm. Colección del artista. La máquina de coser Singer, un recuerdo doméstico de los años 60 y 70.


El arte de los umbrales

El recorrido continúa por el interior de la casa con la representación de largos corredores, a veces oscuros e inquietantes, con puertas laterales que comunican estancias y ventanas que dejan adivinar tímidamente el mundo exterior. Son espacios que pueden parecer claustrofóbicos y en los que se plantea un sutil juego entre interior y exterior, en una especie de atrincheramiento en el calor del hogar, en el refugio privado, que poco a poco se va abriendo hacia afuera.

Amalia Avia. Detalle de El Comedor, 1987. Óleo sobre tabla. 81 x 50 cm. Colección de la familia.


En la pintura holandesa del siglo XVII (por ejemplo en Vermeer) es frecuente que el artista represente una habitación desde un espacio anterior, a través del marco de una puerta. A veces incluso pintan una serie de puertas sucesivas, que separan distintas estancias, para aumentar la sensación de profundidad y al mismo tiempo exaltar la intimidad. Los realistas madrileños aplican recursos parecidos; como los holandeses, ponen la perspectiva al servicio de una poética intimista.

Isabel Quintanilla. Ventana, 1970. Óleo sobre tabla, 131 x 100 cm. Galerie Brockstedt, Berlín/ Hamburgo.


También les obsesionan las ventanas, que separan y a la vez comunican el interior y el exterior. Ventanas que desde un cuarto oscuro dan a un exterior luminoso o inversamente, ventanas a la noche desde un interior iluminado con luz eléctrica. Como han sabido tantos pintores de interiores, desde Georges de La Tour en adelante, la luz artificial refuerza la intimidad. Tanto puertas como ventanas son umbrales, metáforas del Gran Umbral que separa el cuadro de la realidad.

Antonio López. El cuarto de baño, 1966. Óleo sobre tabla, 228 x 119 cm. Colección privada.



Algunos relieves y dibujos de Francisco López comparten sala con obras destacadas de Isabel Quintanilla, Ventana (1970); María Moreno, El pasillo / Portal de Tomelloso (1973-1974), y Antonio López, El cuarto de baño (1966).

De lo íntimo a lo público. Los muros del jardín

Se llega así de forma gradual al siguiente apartado, dedicado ya a los espacios abiertos, los patios, los jardines y el entorno más inmediato de la casa, concebidos básicamente como una prolongación del propio hogar. Aunque la vida de este grupo de artistas haya sido fundamentalmente urbana, en su obra evocan a menudo entornos rurales con un cierto sentimiento de nostalgia. Las casas que pintan son en ocasiones las del pueblo, como la de Tomelloso de Antonio López o María Moreno, pero son también las que habitan en Madrid, ubicadas en colonias de plantas bajas con jardín a las afueras de la ciudad, con una estética y una construcción muy similar a las de los pueblos.

Isabel Quintanilla. Detalle de Otoño, 1992. Óleo sobre lienzo, 130 x 100 cm. Galerie Brockstedt, Berlín / Hamburgo.


 El patio o jardín es parte esencial de este efecto; más patio que jardín, porque funciona como extensión de la casa. Las tapias de esos patios parecen sustituir al techo ausente; el muro crece reduciendo el cielo todo lo posible o suprimiéndolo por completo. El muro nos protege contra la agorafobia. La vegetación es el contrapunto necesario del muro.

María Moreno. Detalle de Jardín de Poniente, 2003. Óleo sobre lienzo, 140,5 x 147 cm. Colección de la artista.




Isabel Quintanilla. Detalle de Jardín, 1966. Óleo sobre tabla, 122 x 217 cm. Colección privada. En este cuadro, Isabel Quintanilla se inspiraen unos frescos de la Roma antigua, el muro rojo llena todo el cuadro sin dejar ningún espacio para el cielo; sobre ese fondo danzan los árboles frutales y una sola rosa de larguísimo tallo.


Jardín (1966) o La higuera (1995) de Isabel Quintanilla, Entrada de casa (1980) o Jardín de poniente 3 (2003) de María Moreno, dialogan aquí con algunos dibujos y esculturas de Antonio y Francisco López en los que retratan a su entorno más próximo, principalmente a los niños, en ese espacio que recrea un lugar de encuentro y esparcimiento de familia y amigos.

Francisco López. Belén Moneo, 1970. Madera, 36 x 27 x 14 cm. Colección privada, Madrid.


Estatuas.

Frente a estas figuras de carácter más íntimo y escala modesta, el siguiente apartado de la exposición está dedicado a la figura humana más monumental, a los grandes proyectos escultóricos concebidos para espacios públicos. Apenas presente en los cuadros, la figura humana encuentra en la escultura su lugar natural de representación.

Julio López. El alcalde, 1972. Pizarra aglomerada con resina de poliéster, 179 x 65,5 x 54,5 cm. Colección del artista.


Julio y Francisco López, cuyo padre era grabador de medallas, comenzaron su formación en el relieve para luego evolucionar hacia las estatuas. Educados en la tradición académica, cada uno de los dos hermanos ha ido a cuestionarla a uno de sus extremos históricos. A Francisco le atraen los orígenes de esa tradición: el temprano estilo clásico en la escultura griega del siglo V a. C., el llamado “estilo severo”. Julio, en cambio, conecta con la crisis de la tradición escultórica europea a finales del siglo XIX y con la huella de Rodin. Para Francisco, la norma suprema es la integridad de la obra escultórica, que remite al bloque; sus figuras están concebidas por referencia a los planos paralelos de un cubo imaginario. En sus bustos y figuras domina la contención, el silencio. La estética de Julio, en cambio, está orientada a la expresión, usando el gesto y lo fragmentario. La forma se pone al servicio de lo narrativo, como por ejemplo en la figura épica de El alcalde (1972) o en la trágica Pietà compuesta por El hombre del sur (1972) y Parte de su familia (1972).

Julio López. Parte de su familia, 1972. Bronce, 56x 46 x 32 cm. Colección del artista.

La calle y la ciudad.

La parte final del recorrido, donde se prolonga la presencia de la escultura con la obra de Francisco López, está dedicada a las vistas urbanas, con las que salimos definitivamente al exterior para recorrer los rincones y calles de la ciudad, principalmente de Madrid; unas obras que se convierten a lo largo de los años en testimonio de la metamorfosis de la capital en metrópoli moderna.

Amalia Avia. Ministerio de Fomento, 1988. Óleo sobre tabla, 89 x 145 cm. Colección Familia Muñoz Avia.


En un primer espacio encontramos un entorno urbano más cercano, con pinturas como Tienda de máquinas (1988) o Ministerio de Fomento (1988) de Amalia Avia, y dos vistas de Madrid de Antonio López de la década de 1960, de idéntico formato apaisado y grandes dimensiones.

Antonio López. Detalle de Madrid hacia el Observatorio, 1965-1970. Óleo sobre tabla, 122 x 244 cm. Colección privada.


Aunque la mayoría de los cuadros de Amalia Avia representen calles de Madrid, nunca tenemos la impresión de que se trate de verdaderos exteriores: sin la luz natural y con esas paredes hasta arriba del cuadro, ocultando el cielo.

Amalia Avia. Filatelia Finarte, 1989. Óleo sobre tabla, 72 x 90 cm. Colección privada.


En los primeros paisajes urbanos de Antonio López también predomina ese sentimiento del interior. Pero a partir de 1960, Antonio se esfuerza seriamente por aprehender el espacio exterior. En su panorámico Madrid (1960) se contemplan, desde un punto de vista elevado, casi cósmico, las innumerables vidas humanas ocultas ahí abajo, bajo los tejados. Menos aéreo y más terrestre, Madrid hacia el Observatorio (1965-1970) nos descubre esa vida latente. En medio del cuadro hay un edificio en construcción; sus paredes sin techo evocan una excavación arqueológica. Ese laberinto es la estructura de lo que será un interior doméstico, el esqueleto de una intimidad futura.

Antonio López. Madrid hacia el Observatorio, 1965-1970. Óleo sobre tabla, 122 x 244 cm. Colección privada.



El contraste entre la visión aérea y la visión terrestre vuelve a aparecer en Isabel Quintanilla; su vista de Roma (1962) está anclada en el jardín en primer término, mientras que en una vista posterior de la misma ciudad de 1998-1999 el observador se encuentra suspendido en el aire. La tendencia a elevarse y la tendencia a fijar la visión se alternan también en las vistas de la Gran Vía de María Moreno y Antonio López. En Gran Vía I (1989) de María, el pretil en primer término ofrece un apoyo visual para entrar en el cuadro. Treinta años después de su primera Gran Vía (1974-1981), Antonio López regresa sobre aquella obra maestra con planteamientos distintos. Si la Gran Vía original se basaba en la perspectiva clásica, en la nueva versión se adopta una perspectiva curvilínea, resultado de una investigación de varias décadas. Si la primera Gran Vía se pintó en el exterior, pisando el asfalto y en mitad del tráfico, ahora el artista se refugia en un interior. La búsqueda del espacio, el esfuerzo por salir al mundo, se revela al final como un largo rodeo para volver a casa.

Antonio López. Gran Vía, 1 agosto, 7:30 horas, (detalle), 2015. Óleo sobre lienzo, 126 x 130 cm.
Colección Pérez Simón, México.



En la sala siguiente, la vista se amplía aún más con un conjunto de panorámicas de la ciudad desde la periferia, como las realizadas por Isabel Quintanilla, María Moreno y el propio Antonio López desde el barrio de Vallecas en sesiones conjuntas de pintura al aire libre. También están presentes las series de la Gran Vía tanto de Antonio López como de su mujer, María Moreno, trabajando uno junto al otro desde el mismo mirador para pintar los cielos y tejados de la ciudad con similares perspectivas. Puerta del Sol (1979) de Amalia Avia y dos vistas de Roma pintadas por Isabel Quintanilla durante su estancia en la capital italiana completan la sala.

Amalia Avia. Puerta del Sol, 1979. Óleo sobre tabla, 120 x 240 cm. Colección AENA de arte contemporáneo.


Y como colofón, un último espacio con un único protagonista: un gran lienzo de Antonio López, Ventana de noche (2013-2015); una obra reciente, que se presenta por primera vez en España, y que destaca por su original visión de gran angular.

Antonio López. Ventana de noche, 2013-2015. Óleo sobre tabla, 241 x 220 cm. Colección de Antonio López.



Sala de exposiciones temporales del Museo Thyssen-Boenemisza. Planta baja.
Horario. De martes a domingo, de 10:00 a 19:00 h. Los sábados la exposición permanecerá abierta hasta las 21:00 horas.

domingo, 12 de octubre de 2014

LOS SEGUIDORES DEL ARTE TIENEN PREMIO. Sólo durante este fin de semana.

Como lo prometido es deuda, os doy la oportunidad, pero sólo durante todo este fin de semana, de responder correctamente al control que hicimos el miércoles sobre pintura y arquitectura de vanguardia.

Las condiciones son las siguientes:

1. Se ha de mandar la lista numerada completa y correcta con las soluciones que se pedían el día del control y, por supuesto, no debe faltar al menos un rasgo distintivo del autor. Como seguramente ya las sabéis porque ha corrido la voz, tendré que endurecer las condiciones

2. Además se debe resolver como imagen 11 la que sirve de portada a la presentación, aunque sea de un artista que no entraba en el trabajo propuesto ¿Cómo lo averiguáis? Ese es vuestro problema. Dice el refrán que "quién algo, quiere algo le cuesta".

3. Para que no haya "copieteo" deberéis aportar además un comentario más profundo de una obra, la que más os guste de entre todas las que entran en la prueba. Este comentario debe ser personal. Anularé aquellos comentarios que sean "corta y pega" y os aseguro que eso es fácil de demostrar con el buscador de Google. Ese comentario además debe poner en relación o comparación  la obra  con otras del mismo artista o de otros que le influyeron o sobre los que influyó (para saber exactamente a qué obra nos referimos hay que indicar la dirección url de la misma). Seré duro en la corrección.

Sólo daré cinco premios a los cinco primeros que respondan correctamente a todas estas condiciones. El premio merece la pena porque es nada menos que 2 puntos extras en la nota del control.



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Los tres comentarios llegados son correctos y completos por lo que Anabel C., Cristina R. y Joel T. reciben el premio de los dos puntos a sumar al control. Publico el resultado correcto haciendo una mezcla de vuestras respectivas respuestas y dando protagonismo al comentario de la obra preferida por cada uno que ha resultado ser distinta.

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IMAGEN 1 
TÍTULO: La condición humana I 
AUTOR: Renè Magritte 
ESTILO: Surrealismo



Característica: La obra nos muestra una pintura que representa la “realidad” que ya vemos en el propio cuadro, llevando a cabo un juego visual de imágenes muy propio del autor. Magritte plasma el mundo de los sueños del subconsciente, las figuras aparecen pintadas con gran detallismo, es una combinación de elementos que resulta sorprendente e incluso sin sentido, los fondos y las figuras se funden en el mismo cuadro. A través de la ventana divisamos un paisaje natural, bello, esta obra es de las llamadas cuadros dentro del cuadro, el lienzo representa el mismo paisaje que existe teóricamente en la realidad, vista a través de la ventana, a la naturaleza real se le añade una naturaleza pintada. La interpretación de este cuadro queda abierta para que nosotros busquemos explicaciones.

IMAGEN 2 
TITULO: El carnaval de Arlequín 
AUTOR: Joan Miró
Estilo: Surrealista


Características: vemos un mundo de fantasía de sueño de abstracción que hacen referencia a el simbolismo propio de Miró (por ejemplo escalera ascensión), mezcla objetos reales con otros inventados; Los objetos que se distribuyen por el espacio dan sensación de flotar al estar colocados no en una superficie, sino en una habitación en la que el suelo y la pared están realizados con perfecta perspectiva. Una ventana abierta al exterior nos muestra un paisaje típicamente mironiano. Sus figuras son alargadas y parecen que flotan en un espacio irreal de objetos y animales.
Usa colores primarios como el rojo, amarillo y azul. Es una obra muy simbolista, esto se ve en la representación de la escalera, que refleja la huída, algo que le obsesionaba mucho al autor y, que posteriormente plasmará en otras obras como "Una estrella que acaricia el pecho de una negra.

En esta obra plasma las alucinaciones que le ocasionaba el hambre que sufría en esta etapa. En esta obra predomina el grafismo, la recuperación perspectiva y las formas minuciosamente analizadas. Es muy expresiva y está realizada con un trazo espontáneo. Es muy imaginativa, nos llama la atención lo imposible, como son los objetos flotando, etc. El pintor observa elementos de la naturaleza y los plasma en el cuadro mediante un proceso de metamorfosis para crear formas diferentes, también pinta a los insectos que le fascinaban mucho. Respecto a los fondos, estos son neutros y planos con unas gamas limitadas de colores que dan lugar a un mosaico de figuras oníricas. Los objetos inanimados se presentan con vida propia y con formas abstractas.

IMAGEN 3 
TITULO: Dinamismo de un perro sujeto con correa 
AUTOR: Giacomo Balla
Estilo: Futurismo



Características: Los futuristas buscaban por todos los medios reflejar el movimiento, la dinámica, que un objeto nunca esta estático sino que hay movimiento en él, hay fuerza hay velocidad y sobre todo era buscar los medios para reflejar el movimiento, la fuerza interna de las cosas, usaron la multiplicación de líneas y detalles, semejantes a la sucesión de imágenes de un calidoscopio, Crearon ritmos mediante formas y colores. En consecuencia, pintan caballos, perros (obra de arriba) y figuras humanas con varias cabezas. El sonido lo representan con ondas. Este pintor trabajó sobre los aspectos ópticos del movimiento.

IMAGEN 4 
TITULO: ICARO 
AUTOR: Henri Matisse
ESTILO: fauvismo



Características: Matisse es el máximo representante de el fauvismo , que es un estilo que duró poco desde 1905 a 1910, busca la liberación de la forma mediante el color representado con un tono vitalista, no atiende a colores reales sino a colores estridentes se niega a ser una mera representación de la naturaleza quiere ir más allá otra caracteriza es como se adquieren los planteamientos simbolistas y sobre todo los postimpresionistas que destaco es utiliza un gesto espontáneo y un color puro. En los últimos años de Matisse incorpora una nueva técnica los papeles pintados con gouache y posteriormente recortados y pegados sobre el soporte (como es en el caso de Ícaro) juega con el color y las formas, se reduce a una mínima expresión plástica, y la temática mitológica es muy apreciada por el artista por último decir que hay una sensación de gravedad.

IMAGEN 5 
TITULO: Composición X 
AUTOR: Wassily Kandinsky
ESTILO: Expresionismo



Características: Kandinsky dice que el arte nuevo debe basarse en un lenguaje de color y establece las pautas sobre las propiedades emocionales de cada tono y de cada color, en una de sus etapas que es la composición introduce con gran maestría la abstracción son construcciones totalmente calculadas, que recogen lo intuitivo (cuyos colores y trazos habían sido tratados de forma instintiva) Utiliza una gran variedad de figuras geométricas aunque en esta ultima utiliza mas figuras orgánicas y biomórficas con una gama de colores intensos. Esta obra abstracta forma parte de la serie del autor Improvisaciones, composiciones e impresiones, para cuya realización se dejará llevar por la música. Destaca la importancia de la línea como limitadora de los planos.

IMAGEN 6 
TITULO: El Banco Central (actual Instituto Cervantes)
AUTOR: Antonio Palacios
ESTILO: Escuela de Chicago, arquitectura española de principios del siglo XX.



CARACTERISTICAS: En esta obra, Palacios lleva a cabo con gran maestría una síntesis entre la arquitectura de acero (en el esqueleto) y cristal (las paredes laterales), y la arquitectura clásica (columnas jónicas y cariátides de la entrada). Edificio muy monumentalista. En la entrada principal se hallan 4 cariátides esculpidas en piedra, este edificio está construido con estructuras metálicas para soportar la 1ª planta de acceso, esto es muy característico de A. Palacios. Es un monumental paralelepípedo construido alrededor de un patio central cubierto, distinguiéndose dos cuerpos al exterior, conformado por un colosal orden jónico -cubiertos de vidrios los intercolumnios- y rematado por un entablamento el cuerpo inferior, mientras que el superior es más pequeño y aparece retranqueado. La esquina de las dos calles a las que da el edificio sirve de acceso principal, es decir que la puerta principal da salida a dos calles, es el punto de partida de ambas.

IMAGEN 7 
TITULO: La casa de Batlló 
AUTOR: Gaudí 
ESTILO: Modernismo



CARACTERISTICAS: Esta obra arquitectónica pertenece al patrimonio de la humanidad, Gaudí se desarrolló sobre todo en la arquitectura en las artes decorativas, son característicos sus exteriores de piedra cerámica con sus insólitas y distinguidas paredes y superficies curvas, en su época la burguesía buscaba lo bello, lo ostentoso, lo estético y Gaudí explotó su fase más creativa, fina y exuberante, además tiene un gran juego de sombras y luces curvas y contracurvas; los mosaicos hechos con piezas de deshechos también se aprecia además de los vidrios, tenía un estilo muy personal basado en la naturaleza y sus obras maestras siempre nos recuerdan a ella en una cierta parte.



Lla cruz gaudiana de cuatro brazos tiene una cierta semejanza con la Pedrera o la casa Milá debido a los juegos de las curvas y contracurvas las sombras las luces, está fachada está realizada en piedra calcárea de Villafranca salvo la parte superior que está cubierta de azulejos blancos, cuya combinación recuerda a una montaña nevada. En la azotea sea encuentran grandes salidas de escalera rematada rematadas con la cruz gaudiniana de cuatro brazos, y chimeneas recubiertas de fragmentos de cerámica, con la apariencia de cabezas de guerreros protegidas con yelmos; también es importante destacar la belleza del hierro forjado de sus balcones, que simulan plantas trepadoras, posee un total de 5 plantas.

IMAGEN 8 
TITULO: Edificio de oficinas, Fábrica Fagus Shoe.
AUTOR: Walter Gropius y A. Meyer
ESTILO: Racionalismo Bahaus o Funcionalismo



CARACTERISTICAS: Construido entre 1911 y 1925, esta fábrica de zapatos fue el primer encargo del joven Gropius, que hasta entonces había trabajado como alumno de Behrens. Gropius adaptó el diseño del edificio a la funcionalidad de éste, relegando la estética a un segundo plano (y eliminando en su totalidad los elementos ornamentales). Destaca el “muro cortina” que sirve como elemento de cierre del edificio, en lugar del muro de piedra u otro material, y que abarca los tres pisos de altura. Esto último, además, permitía la entrada de luz en las horas de trabajo, lo que revela, una vez más, la funcionalidad del edificio. El techo es extenso y plano.Dicha funcionalidad también se ve en los grandes espacios diáfanos del interior, sin excesivos muros de cargas. Esto es posible gracias a la utilización de barras de hierro que sustenta la estructura metálica.



Esta obra se ve influenciada por la obra de su maestro, Peter Behrens, La fábrica de turbinas A.E.G. de Berlín (en la que también trabajaría el propio Gropius), en la utilización del vidrio como elemento de cierre del edificio, frente al muro de piedra o ladrillo. No obstante, la obra de Gropius introducirá un elemento nuevo que se verá repetido en su obra maestra, la escuela Bauhaus Se trata de la resolución de las esquinas, en las que convergen los grandes ventanales (dichas esquinas Behrens las cerró con un muro, mientras que Gropius creó un ángulo de cristal.) Mantiene un fuerte compromiso con las conquistas de la estética del cubismo.

IMAGEN 9
TITULO: Interior de la casa Schröeder
AUTOR: Gerrit Rietveld
ESTILO: Racionalismo y neoplasticismo



CARACTERISTICAS: Construida en acero, ladrillo y vidrio, es una composición asimétrica de planos horizontales y verticales que consigue al mismo tiempo el ideal de las relaciones equilibradas y puras preconizadas por los neoplasticistas y dos de los objetivos fundamentales de la arquitectura moderna: la planta libre y la separación formal entre estructura y cerramientos. El interior debía estar en consonancia con la obra arquitectónica, como se observa en la imagen. Apenas hay decoración, hay rasgos del Neoplasticismo en la combinación de espacios cuadrados y rectangulares y en los colores puros utilizados. El mobiliario va acorde con los principios racionales y el interior es espacioso.

IMAGEN 10 
TITULO: Premonición de la Guerra Civil 
AUTOR: Salvador Dalí
ESTILO: Surrealismo



CARACTERISTICAS: Una temática que refleja, una vez más, el mundo onírico de Dalí, cargado de significado y que, lejos de representar una realidad, huye del abstraccionismo total. Es una obra muy simbólica de carácter agresivo y dramático, para reflejar el horror de la Guerra Civil Española. Aparece un cuerpo desmembrado y roto, totalmente en tensión, con unas manos monstruosas, se puede apreciar la desmembración y el extremado enfrentamiento social y político que se vive en la España y también en la Europa del momento. Los pies esqueléticos y enormes, el rostro patético y descarnado vuelto hacia el cielo, recuerdan a alguna de las pinturas negras de Goya, pudiendo remitir al propio “Saturno devorando a sus hijos. A la izquierda, aparece una figura curiosa el farmacéutico de Figueras, mirando para el suelo. Las formas se alargan y dan una apariencia equívoca. La luz crea un patetismo y predominan los tonos ocres, los beige y marrones(los terrosos).



IMANGEN DE PORTADA: 
TITULO: Los funerales del poeta Oskar Panizza 
AUTOR: George Grosz
ESTILO: Expresionismo 


CARACTERISTICAS: Aunque esta obra se encuadra en el Expresionismo, lo cierto es que no es difícil encontrar influencias de muchos de los movimientos vanguardistas de la época: un uso del color fauvista, una composición de planos angulares cubista (o por influencia de la escuela Die Brucke, si se prefiere), o el gran simbolismo en muchas de las formas del fondo. Las muestras de las influencias de el futurismo esta presentes debido a la velocidad, la fabrica, los personajes del cuadro están como deshumanizados son como maquinas autómatas, los colores son intensos, una ciudad alienada, dominada por la velocidad y la prisa, ante la cual los ciudadanos se convierten en autómatas deformes. Todo ello en una cuidad retratada en picado, con colores ígneos y neones saturados. Es la masa berlinesa sometida a una visión apocalíptica, “como si hubieran sufrido los estragos de la guerra”. En definitiva se señala a la ciudad alienada, cuyos habitantes corren presurosos y borrados como autómatas en un mundo artificial. Su estado de ánimo ante la sociedad berlinesa es muy negativo.