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viernes, 10 de octubre de 2014

JUEGO DEL TRABAJO "TRES GENIOS DE LA PINTURA ESPAÑOLA DE TODOS LOS TIEMPOS": VELÁZQUEZ, GOYA Y PICASSO.

Posiblemente has descubierto al estudiar la obra de estos tres genios que hay elementos en ella que comparten: que Francisco de Goya buscaba a menudo su inspiración en Diego Velázquez y que Pablo Picasso, pese a su rupturismo con la pintura anterior también consideraba como sus maestros a Velázquez y a Goya. Aprovechando esta conexión evidente, hagamos un ejercicio de comentario algo más profundo de lo que hemos hecho hasta ahora.



¿En qué consiste esta vez el juego?

El juego consiste en lo siguiente:

1.- Elige una de las 10 imágenes propuestas con un número en la presentación, reconócela y comenta la obra : autor(Velázquez, Goya o Picasso) pon el título, etapa y cronología, rasgos propios…

2. Compárala con la obra propuesta por el profesor de otro de los grandes genios. Intenta obtener la relación lógica que me ha llevado a pensar en esa propuesta. Deberás dar al menos una razón  argumentada. La relación puede ser muy evidente o algo más compleja. Me importa el razonamiento de porqué se emparejan ambas obras, por lo que no daré por correctas aquellas contestaciones que, aunque relacionen correctamente las imágenes, luego no den una razón convincente.Esta segunda obra también se comenta como la primera.


3. Atrévete a proponer e introducir en el comentario otra u otras obras del tercer pintor que no está mencionado y establece relaciones con las anteriores.

Ejemplo.

Suponed que  apareciera esta imagen  como imagen 11.

Y que la propuesta del profesor  fuera la siguiente: Velázquez. Cristo crucificado,1632.

Un posible comentario sería.
"1. La Imagen "11" representa la obra de Pablo Picasso. La crucifixión, de su etapa etapa surrealista (1930). Se trata de una obra de temática religiosa donde Picasso, pese a ser agnóstico declarado,  nos muestra cómo la religión cristiana todavía tiene un fuerte influjo en España y en su obra. De hecho el tema cristológico aparece en la obra de Picasso en momentos especialmente críticos de su vida como metáfora de la muerte y del dolor y convierte a Cristo en símbolo del propio sufrimiento del artista. Así, La Crucifixión de 1930 viene a coincidir con un periodo de desasosiego en la vida del artista, de separación de su mujer Olga Koklova.
2. La imagen propuesta por el profesor es una de  Velázquez. Cristo crucificado (etapa madrileña, 1632), por lo que relación temática es más que evidente. En Velázquez encontramos otra forma de sentir la religión, más profunda, pero también más idealizada: el cuerpo de Cristo resulta hasta bello pese a su muerte. El tenebrismo de la escena resalta la bella anatomía y en absoluto el dolor sufrido.
3. La imagen propuesta por el alumno: Goya. Cristo crucificado, 1780. La conexión es evidente con la obra de Velázquez del que tomó la idea del fondo oscuro y del cuerpo luminosos y bello. Lo realizó como obra maestra para ser admitido como miembro de la Academia de Bellas Artes."



COMIENZA EL JUEGO.

Sergio (1) responde el primero, soluciona la Imagen 10 y gana un comodín.


1. Se trata de Las Meninas de Picasso, correspondiente a la etapa posterior a la II Guerra Mundial, concretamente a 1957, donde lleva a cabo varias interpretaciones de obras de los grandes maestros de la historia del arte, en este caso de Las Meninas de Velázquez. Picasso no realiza esto por agotamiento creativo, sino como una forma de medirse estilísticamente con los gigantes artísticos del pasado aportando su interpretación personal. Es como un diálogo entre artistas que se miden de igual a igual. La interpretación que hace de esta pintura constituye un estudio exhaustivo de ritmo, color y movimiento, así como un constante juego de imaginación. Aunque el respeto a la atmósfera de Velázquez se mantiene.
2. La imagen propuesta por el profesor es una de Velázquez, Las Meninas, que corresponde con la etapa final del pintor (1656). Este cuadro sirve de inspiración para el anterior, por lo que la relación es evidente. En la composición, el maestro nos presenta a once personas. Pero el verdadero misterio está en lo que no se ve, en el cuadro que está pintando Velázquez. Algunos autores piensan que el pintor sevillano está haciendo un retrato del Rey y de su esposa a gran formato, por lo que los monarcas reflejan sus rostros en el espejo. Otros consideran que nos encontramos ante una instantánea de la vida en palacio, una fotografía de cómo se vivía en la corte de Felipe IV. La pincelada empleada por Velázquez no puede ser más suelta, trabajando cada uno de los detalles de los vestidos y adornos a base de pinceladas empastadas, que anticipan la pintura impresionista. Predominan las tonalidades plateadas de los vestidos. Pero lo que verdaderamente nos impacta es la sensación atmosférica creada por el pintor, la llamada perspectiva aérea, que otorga profundidad a la escena a través del aire que rodea a cada uno de los personajes y difumina sus contornos, especialmente las figuras del fondo, que se aprecian con unos perfiles más imprecisos y colores menos intensos. También es interesante la forma de conseguir el efecto espacial, creando la sensación de que la sala se continúa en el lienzo, como si los personajes compartieran el espacio con los espectadores.



3. La familia de Carlos IV de Francisco de Goya (1800) es mi propuesta. Hay que destacar que ambos cuadros muestran un retrato colectivo de la familia real contemporánea a los autores, dispuestos en forma de friso. Este cuadro lo realizan los dos artistas desde su posición de pintor de cámara. Goya concibe un juego de luces y perspectivas tan complejo como el de Las Meninas. Aunque Goya concibió la escena en esta ocasión de un modo más moderno, al representar al infante de perfil, sentado ante una mesa cubierta, rodeado por los miembros de su familia junto con algunos amigos y sirvientes en amigable tertulia. Pero al mismo tiempo supo mantener las distancias, retratándose a sí mismo (como lo hiciera Velázquez). Otros rasgos que recuerdan a Las Meninas son la presencia de dos cuadros en la pared del fondo Pero Goya se distanció de la obra maestra de Velázquez, a la que sólo en estos detalles circunstanciales se asemeja, por la escasa profundidad de la habitación y la ausencia de alusiones conceptuales barrocas. El aragonés sitúa a sus personajes en un espacio hermético y con poca iluminación que no les favorece.


La propuesta me parece bien, pero creo que mezclas dos cuadros. El de la familia del infante Don Luis y el de la Familia de Carlos IV, los dos de Goya.

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Joel (2) ha dejado resuelta la imagen 7 y se lleva el segundo comodín.

IMAGEN Nº 7 
1. Es una pintura de Pablo Picasso por el título Masacre en Corea. Esta obra, que pertenece a su última etapa donde trata el tema del antibelicismo militante, data de 1952.
Este cuadro expresionista presenta un paisaje desolado (recuerdo de Hiroshima) del que forma parte un río que separa las dos Coreas, así como a los civiles y soldados. Mientras que los civiles (todos ellos niños y mujeres) aparecen dibujados de frente, desnudos y de forma curvilínea, los soldados aparecen en oposición, con el rostro oculto y trazados con líneas rectas y más geométricas como forma de evocar la agresividad y la violencia. Este cuadro de alto contenido político pretendía culpar de la guerra de Corea solo y exclusivamente a EEUU, así como criticar el poder en occidente. Esto también se aprecia en los cascos de los soldados, que por la forma intentan reflejar la obcecación ideológica y una manipulación de su conciencia por parte de un líder político. Dicho líder aparece en escena, a la derecha del todo, disociado del resto, influyendo a los demás sin correr riesgos y con los pies girados, preparados para huir de la guerra.


2. Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808: Esta obra fue una influencia para Picasso a la hora de pintar la obra anterior de forma que ambas siguen esquemas muy similares. La disposición de ejecutores y ejecutados se dispone de la misma manera: los civiles aparecen a la izquierda de la imagen y su rostro, el cuál podemos ver sin problemas, refleja el miedo; y en cuanto a los soldados, aparecen dando la espalda al espectador y en oposición a los civiles, esto es, a la derecha de la imagen. También se puede observar, al fondo, un paisaje desolador, de una ciudad ocupada y destruida. Además, en la otra escena aparece la figura de un líder listo para huir, en esta obra, a pesar de ser sabido que los fusilamientos fueron directamente ordenados por Joaquín Murta (cuñado de Napoleón), éste no aparece por ninguna parte. En esta obra la pincelada de Goya es totalmente suelta, creando una estética tétrica a través de las luces, colores y humos.

3. La rendición de Breda: Escojo esta obra no sólo por las similitudes que pueda guardar con las obras anteriores, sino por otros rasgos que aparecen en perfecta oposición permitiendo, pues, la relación con dichas obras. Las tres obras representan un momento producido tras unconflicto bélico (ya sea un levantamiento o una batalla) que tiene un claro vencedor sobre otro. Rasgos similares son, por ejemplo, la disposición de los personajes: a la derecha el bando vencedor y en la izquierda los vencidos. Un fondo desolador, donde podemos ver un paisaje de ciudades destruidas de donde salen largas columnas de humo. Además Velázquez ya introdujo la presencia de un río de forma sepenteante que aparecería años después en la obra de Picasso aunque con más protagonismo. Aunque, tal vez, sea más interesante ver como contrasta la obra de Velázquez con la de los autores anteriores y para ello tendríamos que destacar la función de dicha obra: mientras Picasso y Goya pintaron para criticar la guerra y al vencedor (EEUU y Francia, respectivamente), Velázquez intentó ensalzar los tercios españoles así como su victoria. Ello explica por qué si aparece el líder y en el centro de la escena además, ganando un gran protagonismo.
Se podría decir, como conclusión de todo, que mientras Picasso y Goya pintaron una obra para los vencidos, Velázquez lo hizo para los vencedores y de ahí que los rostros de los soldados españoles sean los que se pueden apreciar sobre el resto.


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Rubén (3) comentó la Imagen 9.


1º Isabel de Borbón a caballo (1635/36), Velázquez. La reina Isabel de Borbón sería la pareja del retrato ecuestre de Felipe IV en una de las paredes menores del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Sobre la puerta que separaba ambos cuadros se situaba el retrato ecuestre de su hijo Baltasar Carlos. El vestido de su majestad y la gualdrapa del caballo están realizados tan minuciosamente que no corresponden con el estilo que hace gala Velázquez por esos años. Se piensa que la obra la iniciaría el maestro antes de irse a Italia en 1629, la continuaría otro autor en un estilo diferente y la finalizaría el sevillano en 1635, especialmente la cabeza de la reina y la del caballo. Precisamente en ambas zonas se aprecia la soltura característica de Velázquez en la década de 1630, destacando el mechón de pelo que cae sobre la cabeza del animal. El fondo de paisaje también podría ser de mano del maestro, al haberse conseguido el efecto de profundidad típico del Cinquecento Italiano.

2º Goya, Retrato ecuestre de la reina Maria Luisa de Parma (1799).
Goya continúa la estela del retrato ecuestre español que Velázquez puso de moda para el Palacio del Buen Retiro. Goya se inspiró en el retrato de Isabel de Borbón, aunque el caballo goyesco quizá sea más verosimil al adquirir mayor volumen. En la composición de la obra se puede observar la influencia que Velázquez tuvo en la producción de Goya, con la disposición de la figura en primer plano sobre un fondo de paisaje.
3º Muchacho conduciendo un caballo (1906), perteneciente a la etapa rosa de Picasso. Las tres obras, son ecuestres y muestran dos figuras sobre un fondo, aunque este cuadro de Picasso no tiene un lugar real ni un sentido del tiempo. El personaje de la pintura tampoco tiene identidad verdadera alguna, a diferencia de las pinturas de Goya y Velázquez. El rostro del niño no posee personalidad ni muestra alguna emoción.

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Alejandra (4) ha apostado por el detalle de la Imagen número 3.

1.Es “La Fragua de Vulcano” de Diego Velázquez. Fue pintado hacia 1630 en su primer viaje a Italia, fue posteriormente comprado por Felipe IV en 1634. Esta obra está inspirada en las Metamorfosis de Ovidio: Apolo se acerca a la fragua de Vulcano para contarle la infidelidad de su esposa, Venus, con Marte. En esta obra Velázquez demuestra su dominio con las figuras, ya que representa a los ayudantes de Vulcano en diferentes formas y posiciones. Muestra y consigue el efecto espacial, recurriendo a colocar figuras en diferentes planos, ocupando todo el espacio. La luz ayuda a modelar los cuerpos, dándose a mostrar los músculos y huesos bajo la piel.

2.La propuesta por el profesor es “ Las señoritas de Avignon” (1907) de Picasso. Como podemos observar en este cuadro aparecen cuerpos desnudos. La gran similitud de ambos cuadros, es la representación de cuerpos desnudos. Son dos cuadros con una gran carga de sensualidad, donde los pintores juegan con la luz para modelar los cuerpos, aunque Picasso es cubista y los cuerpos representados son más lineales. Ambos consiguen ocupar todo el espacio, sin apenas dejar ver el fondo de la escena, colocando las figuras en diferentes planos.
3. Por citar otro pintor, citaremos a Goya con su gran obra “La maja desnuda”, que fue pintada entre 1790-1800. En esta obra, podemos observar una vez más, la representación de un cuerpo desnudo. Esta sería la gran similitud con las dos obras anteriores, que son obras donde se puede apreciar la representación de cuerpos desnudos. Lo que le diferencia a esta obra del resto, es que en esta obra solo aparece una mujer desnuda y no un colectivo como anteriormente. También hay que decir, que es un retrato, se dice que puede ser de la Duquesa de Alba. Y además, Goya no ocupa tanto el espacio con figuras como las obras anteriores.


Tu imagen propuesta no tiene apenas comentario. Creía que te darías cuenta de cómo la postura de la maja, con las manos detrás de la cabeza, inspiró a las dos señoritas centrales de Picasso.

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Cristina R. (5) ha indagado sobre la propuesta de la Imagen 2.

1.Es una pintura de Francisco de Goya el titulo de la obra es Dos Viejos Comiendo sopas esta obra pertenece a las llamadas “pinturas negras “ que realiza en la Quinta del sordo hacia 1819- 1823 nos muestra una alucinante deformación de la figura humana para expresar la esencia de la vejez, la pobreza, la soledad y la decrepitud. La escena representa a dos ancianos de los que su sexo no está claro, con aspecto, sobre todo el de la derecha, de calavera, simbolizando lo poco que le queda por vivir, reflejando tal vez la visión que el pintor tenía de la vejez que ya lo acompañaba, con el consiguiente deterioro que ésta trae consigo. La obra puede sin duda considerarse como un claro precedente del expresionismo del siglo XX, tanto por su asunto, como por su técnica.
En las pinturas negras, muestra un mundo de seres extraños, grotescos, fantásticos, con brujas, procesiones siniestras, viejos repugnantes, visiones, en definitiva en las que triunfa lo expresivo sobre la belleza de las formas. Lo Feo, el Mal y adquieren un carácter convulsivo. Salen a la luz las feroces y desencantadas visiones que el artista había ido acumulando a lo largo de su vida, puesto que hay que tener en cuenta que cuando Goya inicia esta serie cuenta ya con más de setenta años, en los que sobre todo su sordera ha ido acumulando recelos, resentimientos y sospechas de todo lo que le rodeaba. Técnicamente, estas pinturas suponen un dominio total de la materia plástica con una audacia asombrosa que anuncia la libertad del arte contemporáneo, puesto que la mancha negra hace desaparecer la línea y gran parte de los colores y los símbolos desplazan a las formas concretas y reales. Las pinceladas se hacen pastosas, gruesas, largas, rápidas y expresionistas, llegando a utilizar la espátula para aplicar el color crea una atmósfera de crítica social.


2. La imagen propuesta por el profesor es el Almuerzo 1617-19 (Velázquez) perteneciente a su Etapa Sevillana (1599-1623) Este cuadro sirve de inspiración para el anterior por lo que la relación es evidente. En la composición el autor nos muestra una escena de vida cotidiana que era una de las escenas más comunes. Aparecen tres hombres que representan las tres edades del hombre: adolescente, adulto y anciano. Están sentados alrededor de una mesa que tiene alimentos y bebida encima de un mantel blanco: un plato de mejillones, un vaso de vino y pan. En cuanto a la expresión de las figuras se aprecia que los dos hombres situados a la derecha presentan alegría en sus rostros y dirigen su mirada hacia el espectador, mientras que el anciano que está en la parte izquierda se muestra alejado de la interacción con el espectador y atento a la comida que esta sobre la mesa.
Los colores oscuros que emplea Velázquez en El almuerzo es una característica que le acompañara en su etapa sevillana.
3. Mi propuesta es La Comida Frugal (Picasso) realizada en 1904 (hay que destacar que ambos cuadros muestran lo feo y miserable de la pobreza) perteneciente a la etapa azul donde temas elegidos en esta etapa son personajes alegóricos famélicos y desolados, mendigos, prostitutas… en este cuadro se aprecia a una pareja flaca, casi demacrada, está sentada a una desolada mesa donde sólo quedan restos de pan y un poco de vino. Aunque sus largos dedos la abrazan tiernamente, el hombre, que parece ser ciego, aparta de la mujer su rostro angustiado, entreabriendo los labios con expresión afligida. Ella apoya la barbilla en una mano, al parecer más resignada y abstraída en sus pensamientos. Revela su atención a la humanidad, y sobre todo, a los pobres y otros marginados sociales. Personajes obscenos y solitarios, a menudo gentes de los circos ambulantes.


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Silvia (6) se atreve con la imagen 4.

1- representa la obra de Pablo Picasso. Mujer con el pelo amarillo, pertenece a la etapa surrealista del autor 1925-1935. Se trata de un retrato de Marie-Thérèse Walter, amante y modelo de Pablo Picasso desde 1927 hasta aproximadamente 1935. Marie-Thérèse Walter, aparece retratada dormida, puesto que al autor le pareció una de las más íntimas representaciones. Se la reproduce como una mujer elegante, que descansa todo su cuerpo junto con su melena amarilla sobre una especie de camilla, que aparece coloreada de tonos verdosos, rojizos y negros. Que crean un contraste de color, con el cuerpo de Marie-Thérese ya que aparece sombreado con un tono rosado, más templado que los tonos de la mesa. El cuerpo de Marie Thérese, aparece desnudo provoca un tanto de sensualidad acompañado de esas líneas curvilíneas que rodean su cuerpo.Su organismo, está plasmado con un gran volumen, algo macizo y por último el fondo sobre el que aparece es imparcial, dado que está teñido por un color cálido. Así, la Mujer con el pelo amarillo viene a coincidir con un periodo de alegría en la vida del artista, debido a que su situación personal es inmejorable porque está al lado de la mujer que quiere en ese momento.

2- La imagen propuesta por el profesor es una de Goya, retrato de Jovellanos (retrato de la Corte y sus amistades, 1798). En Goya, observamos un retrato más íntimo del personaje, sorprende que Jovellanos aparece vestido sencillo con una elegante casaca gris, puesto que a Goya no le interesa destacar la categoría social de su retratado. Jovellanos aparece posado, sobre una mesa la cual tiene encima una estatua de Minerva que le protege con su mano. Y lo más elemental de este cuadro, es que el ministro Jovellanos está caracterizado por una postura melancólica y soñadora.
3- La imagen propuesta por el alumno es el Príncipe Baltasar Carlos, Velázquez pintor de cámara, 1639. La conexión es evidente con la obra de Goya, puesto que ambos representan personajes de la nobleza cortesana. Emplea fondos oscuros, como Goya, además de tonos cálidos como los rojizos, ocres y negros. La obra de Picasso, se diferencia de la de Velázquez y la de Goya porque en ese cuadro, el personaje que aparece retratado está desnudo y forma parte de la familia del artista, mientras que los personajes de los otros cuadros son un aristócrata y un hijo de un rey, protagonistas relacionados con la Casa Real. Además, de que los personajes retratados tanto por Goya como por Velázquez, muestran un mayor realismo que el retratado un tanto abstracto que originó Picasso de la que fuese su amante en ese momento de su vida Marie Thérese. Por último, tanto Picasso como Goya dotan a sus retratados de una postura melancólica.
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Sergio C. (7) hace uso del comodín para enfrentarse ante la propuesta de la Imagen 5.

1. “La rendición de Breda” de Velázquez es el que aparece en la imagen número 5. Pintado después de su primer viaje a Italia, en su etapa como pintor de cámara y madurez en Madrid (1635). Las tropas españolas aparecen a la derecha, tras el caballo, representadas como hombres experimentados, con sus picas ascendentes. A la izquierda se sitúan los holandeses, hombres jóvenes e inexpertos, cuyo grupo cierra el otro caballo. Al fondo aparecen las humaredas de la batalla y una vista en perspectiva de la zona de Breda. La composición está estructurada a través de dos rectángulos: uno para las figuras y otro para el paisaje. Los hombres se articulan a su vez a lo largo de un aspa en profundidad, cerrando dicho rectángulo con los caballos de los generales. La técnica pictórica que utiliza aquí el artista no es siempre la misma sino que se adapta a la calidad de los materiales que representa, pudiendo ser bien compacta, como en la capa de la figura de la izquierda, bien suelta, como en la banda y armadura de Spínola.

2. “El Guernika”, de Picasso, pintado durante la Guerra Civil española (1937) es la propuesta del profesor, que se relaciona con el anterior por su temática de guerra, mostrando ambos distintos momentos de un conflicto bélico. En la parte superior del lienzo cuelga una bombilla eléctrica que arroja una fría luz aserrada. Como si esta luz eléctrica no fuera suficiente, una mujer porta en su largo brazo un candil de petróleo, iluminando así hasta el último escondrijo del cuadro. En el lienzo aparecen otras tres mujeres: bajo el toro, posible símbolo de la República, una que porta un niño muerto; en el extremo derecho, otra que levanta los brazos ante el fuego de su hogar; en primer plano, una tercera mujer arrodillada, presumiblemente embarazada, con los pechos desnudos y unos llamativos pezones en forma de chupete. Bajo la luz eléctrica se encuentra el caballo malherido que relincha y a sus pies se hallan los restos descuartizados de un hombre-estatua, en cuya espada rota renace una flor como símbolo de esperanza.Guernika es un manifiesto contra la guerra y cualquier tipo de brutalidad humana. 
3. Mi propuesta es “La carga de los mamelucos” (1814) de Goya. La Guerra de la Independencia supone para Goya, igual que para Picasso con el ataque de Guernika, y a Velázquez con el asedio de Breda, una profunda reflexión sobre la guerra, que pretenden plasmar en sus cuadros. Goya ha querido representar aquí un episodio de ira popular: el ataque del pueblo madrileño, mal armado, contra la más poderosa máquina militar del momento, el ejército francés. En el centro de la composición, un mameluco, cae muerto del caballo mientras un madrileño continúa apuñalándole y otro hiere mortalmente al caballo, recogiéndose así la destrucción por sistema, lo ilógico de la guerra. Al fondo, las figuras de los madrileños, con los ojos desorbitados por la rabia, la ira y la indignación acuchillan con sus armas blancas a jinetes y caballos mientras los franceses rechazan el ataque e intentan huir La ejecución es totalmente violenta, con rápidas pinceladas y grandes manchas, como si la propia violencia de la acción hubiera invadido al pintor. El colorido es vibrante. Pero lo más destacable del cuadro es el movimiento y la expresividad de las figuras, que consiguen un conjunto impactante para el espectador.


La actitud ante la guerra. Goya y Picasso son paradójicamente más realistas porque se horrorizan ante ella, mientras que Velázquez muestra la escena como algo caballeroso y hasta bello.

jueves, 9 de octubre de 2014

EL RETRATO NEOCLÁSICO. FRANCISCO DE GOYA, DEL RETRATO DE FLORIDABLANCA AL RETRATO DE LA FAMILIA DE CARLOS IV.

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, con el neoclasicismo, el género del retrato empezó a dominar en la producción pictórica. El hacerse retratar se hizo imprescindible tanto para los reyes como para los grandes señores e incluso para la alta burguesía. Se pintaba expresamente para adorno de las habitaciones de los palacios y de las casas, pero, sobre todo, como seña de identidad y espejo de la personalidad y del gusto del retratado.
Del retrato neoclásico se esperaba que cumpliera dos objetivos:
  1. 1.- Que reflejara, con la aplicación técnica de un correcto dibujo y un atinado color (sin exageraciones ni estridencias), una semejanza con los rasgos físicos de la persona pintada. Sin embargo, el "decoro" imponía que se idealizara o embelleciera algo a las personas a las que les faltara hermosura para que su dignidad no se viera perjudicada. La pose debía ser apropiada y, a ser posible, sin afectación ni violencia. En el retrato del diplomático holandés Gaspar Mayer Jacques Louis David nos muestra un bello ejemplo de retrato simple y comedido, pero donde además introduce un matiz psicológico para adentrarse en la realidad del personaje: su apostura distante pero auotoconsciente de su propio valor.
David, Gaspar Mayer. 1795.

  1. 2.- El segundo objetivo es que representara la categoría social, su carrera o la significación de algún acto o las inclinaciones del personaje retratado. El vestido, las joyas, el uniforme, los signos de poder... eran elementos que determinaban la posición social. Sus aficiones y oficios también tenían cabida en la representación, por ejemplo: el pintor con sus pinceles; el coleccionista con sus tesoros; el amante de la música con un instrumento o una partitura; el pensador con sus libros....  Si era un personaje público, además, debía mostrar elementos simbólicos de su carácter o de su jerarquía social: columnas, cortinas y mesas daban importancia al personaje; fondos tempestuosos o movidos o de rocas se asociaban con la guerra y con el oficio militar; fondos con parques o paisajes naturales bellos servían para realzar la belleza femenina... Véase los ejemplos de abajo.
David, Napoleón como primer Cónsul. 1804. Sirva este retrato para compararlo con la de hombres de Estado realizados por Goya y ver sus semejanzas.

Sir Joshua Reynolds, ejemplo de retratista de la aristocracia inglesa de la segunda mitad del siglo XVIII. Retrato de Lady Sunderland, 1787. La dama luce sus mejores galas en un entorno natural idealizado.

El retrato neoclásico en Goya.

En este artículo me interesa destacar la obra de Francisco de Goya como retratista, un género insuficientemente  ponderado pese a ser parte fundamental de su producción y del éxito social que tuvo en su momento. Además, gracias a Goya conocemos la efigie de muchos de los personajes de la historia de España entre 1780 y 1830 e incluso podemos adentrarnos por medio de ellos en su personalidad. Las razones de este menor aprecio de la crítica al retrato tal vez se deba a que, injustamente, no se le han atribuido ni la modernidad ni las aportaciones geniales que no se le discute en otros géneros. Espero que este artículo sirva de desagravio.

Aunque se puede hablar de una evolución en los retratos de Goya, se aprecia también que desde los años 80 el pintor pugna entre los convencionalismos neoclásicos y un estilo muy personal, más sicológico y rupturista. Sirvan de ejemplo los siguientes cuadros que, además de ser magistrales, tienen en común algunos de ellos, la aparición del propio artista entre los retratados, como otro rasgo de la modernidad de un pintor consciente de su genialidad.

Retrato del conde de Floridablanca, 1783. El retrato oficial.

En 1783 Francisco de Goya llevaba ocho años en Madrid como pintor de la Real Fábrica de Tapices al amparo de su cuñado Francisco Bayeu. Había cumplido la edad de 35 y probablemente se sentía coartado en su proyección como artista entre los cartones para tapices y los frescos religiosos. Pero ese año recibió dos importantísimos encargos, nada menos que los retratos del primer ministro de Carlos III,  José Moñino, conde de Floridablanca y los de La familia del Infante don Luis. Con estas obras el destino de Goya cambió: se introdujo definitivamente en los ambientes de palacio y se convirtió en el retratista de moda.

Comienzo analizando el siguiente retrato de Floridablanca por ser paradigmático de lo que debía ser un retrato neoclásico y cortesano al uso, que se puede comparar muy bien con el de Napoleón como primer cónsul de David.

En este cuadro el atrevimiento de Goya sólo es grande al incluirse personalmente presentando, con un gesto muy respetuoso, un cuadro al conde, que se haya rodeado de planos y libros en pleno trabajo burocrático.Floridablanca es el centro de la composición y es iluminado bajo una luz intensa que realza el tono escarlata, muy subido, de su traje. Parece que los trajes rojos gustaban de verdad al ministro, lo que es un rasgo realista que además le sirve para realzar la jerarquía del personaje, ya que lo contrasta con el vulgarísimo marrón de las chaquetas de Goya y del ingeniero Sabatini en segundo término. La estatura de los personajes es otro recurso para realzar la categoría: el conde es más alto que Sabatini y éste más alto que Goya. Su mirada es directa y muestra voluntad e inteligencia, aunque tal vez sea más acertada la del otro retrato que realizó del ministro, que  podemos ver debajo.

El fin del retrato no es sólo captar su semblanza, sino, sobre todo, subrayar la eficacia del conde y su actividad. Los objetos del cuadro deben demostrar el activo interés de Floridablanca por las artes. En el suelo hay un tomo de Palomino, lo que da indicio de que el ministro lo está leyendo, y la presencia de Goya con su lienzo demuestra que además protege a los artistas jóvenes. Pero también en la mesa se amontona un mapa con el canal Imperial de Aragón, y hay cálculos para un presupuesto en uno de los papeles sobre la alfombra. El arte, la ingeniería y la economía se entremezclan en esta pintura y, por tanto, en la labor y el fomento del ministro ilustrado de Carlos III. Recalcar que es fiel servidor del rey es la finalidad del retrato oval que está por encima de todas las cabezas. El reloj es el símbolo de la precisión y de la meticulosidad  del ministro.

Francisco de Goya. Retrato de Jovellanos, 1798.

El contrapunto a este cuadro es el que realiza para otro ministro años más tarde (1798), su amigo y ejemplo de intelectual ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos. Es un retrato menos formal, mucho más íntimo, que refleja además la evolución técnica y estilística del pintor y del retrato oficial.

1. Sorprende en primer lugar la austeridad y simplicidad en el vestir del ministro con una elegante casaca gris, sin las condecoraciones y las bandas de Floridablanca. Ni al ministro ni al pintor les interesan destacar la categoría social.

2. Un sólo elemento simbólico le acompaña, pero que ocupa gran parte de la mesa, la estatua de Minerva, la diosa de la sabiduría. El mensaje es claro, estamos ante una de las mentes más preclaras del reformismo ilustrado y la diosa le protege con su mano.

3. El motivo central del cuadro es fundamentalmente captar la hondura psicológica del ministro con su postura melancólica y soñadora. Incluso podríamos decir que trasmitir la sensación de encontrarse un tanto apesadumbrado por la dificultad del trabajo que le espera para hacer las reformas necesarias en España.

4. Técnicamente, la pincelada es agilísima y vibrante. Los toques pincel denotan la influencia de Velázquez, el pintor que más apreciaban tanto el retratado como el retratista.

La familia del Infante don Luis, 1784. El retrato familiar.

El retrato de La familia del Infante don Luis, pintado a la vez que los de Floridablanca, es un cuadro muy distinto. Lo destaco en este artículo por su gran calidad y por ser el preludio también de ese estilo personal y moderno de Goya que debe tanto a la influencia de Velázquez. También porque, a su manera, es el enlace necesario para comprender el camino que hay entre Las Meninas y el gran cuadro de La familia de Carlos lV compuesto dieciséis años después.

El lienzo recoge una escena familiar de don Luis, el hermano menor del rey de España Carlos III, apartado de la familia real en un seudo exilio en Arenas de San Pedro por su renuncia a la carrera eclesiástica y por su posterior matrimonio morganático con la joven María Teresa de Vallabriga. Don Luis aparece sentado a la mesa de perfil y jugando tranquilo con las cartas al solitario, mientras peinan a su esposa. Tras él aparecen sus hijos pequeños, María Teresa y  Luis María, que de mayores también retratará Goya como duquesa de Chinchón y arzobispo de Toledo respectivamente, y  la recién nacida María Josefa en brazos de una ama de cría. Completan el grupo algunas damas y caballeros de la pequeña corte del infante "descarriado".

Se trata de un momento de ocio donde se mezclan los señores de la casa, sus hijos que juguetean y los empleados o amigos. Sólo trabajan el barbero y el pintor, cuyos cuerpos inclinados dan vida al cuadro con un gesto velazqueño, que continúa la pequeña María Teresa de Borbón y Vallabriga que se ladea como una Menina. ¡Qué distinto este cuadro de los retratos oficiales que acaba de pintar Goya para Floridablanca! No hay lucimiento de joyas ni intención de mostrar jerarquía social, especialmente en doña María Teresa que viste solo un blanquísimo camisón.

Y, sin embargo, ciertos convencionalismos dominan en el cuadro.
  • La luz y el color subrayan de nuevo la categoría de los personajes representados. Se iluminan las caras de los miembros de la familia con luz intensa proveniente, sorprendentemente, de la única vela que hay sobre la mesa; las de los criados y demás personajes subordinados, menos.  
  • La composición se organiza a través de dos diagonales que se cruzan en el centro, lugar ocupado por doña María Teresa, lo que nos indica la importancia que tiene como eje de la familia y principal razón para el alejamiento del infante de la Corte. 
  • Los objetos que hay encima de la mesa están individualizados y tienen gran protagonismo, por lo que hay que entenderlos en clave simbólica. La vela encendida se puede interpretar como la presencia del amor entre los esposos o la luz de la verdad en esta relación tan desigual de años y de extracción social; y las cartas echadas como si a través de este acto el infante estuviera queriendo ver su futuro y el de su familia.
Francisco de Goya. Retrato de Don Luis de Borbón y María Teresa de Vallabriga, 1783. Estudios preparatorios para el retrato colectivo de La familia del infante don Luis, 1784.

Goya individualizó perfectamente a cada uno de los personajes gracias a los retratos preparatorios que realizó en la larga visita que realizó a la familia en 1783. Se nota en el cuadro el afecto que profesa a la pareja y a los niños. En el cuadro creó un ambiente relajado, simpático y distendido a través de la intimidad de la luz y de la cotidianeidad de los actos, demostrando que participaba en las veladas de don Luis y haciéndonos partícipes a los espectadores del momento. No llegará a tal grado de informalidad en su siguiente gran retrato familiar, el de la familia de  los Duques de Osuna (1788), donde no hay tanta implicación emocional. Tampoco hay gran modernidad en los retratos de las decenas de aristócratas para los que pintará retratos muy formales en las siguientes décadas. A lo sumo los representa más distendidos, menos envarados, como a su protector el Duque de Alba, melómano conocido que se apoya relajadamente en un clave mientras abre una partitura de Haydn, su músico preferido.

Francisco de Goya. Retrato de José Álvarez de Toledo, Duque de Alba, 1795.

La familia de Carlos IV, 1800-01. El pintor de Cámara del nuevo siglo.

En 1789 llegó el reconocimiento para Francisco de Goya cuando consiguió su ansiado cargo de pintor de Cámara y en 1799 su consagración al ser nombrado Primer Pintor, la misma distinción que había obtenido Velázquez un siglo y medio antes. Por esta razón recibió inmediatamente el encargo de realizar varios retratos del rey y de los miembros de la familia real. Pero, sin duda, el más importante el que realizó entre 1800 y 1801 para congregar a todo el grupo familiar.

Los personajes retratados están presididos por los reyes en el centro, María Luisa de Parma y Carlos IV, junto a sus hijos menores, el infante don Francisco de Paula y la infanta doña María Isabel. En el grupo de la izquierda: se adelanta el joven príncipe de Asturias y futuro Fernando VII, vestido de azul; tras él el infante don Carlos María de Isidro, segundo en la sucesión al trono; la infanta doña María Josefa, hermana del Rey, asoma la cabeza y una mujer que vuelve la cabeza, posiblemente la esposa desconocida de Fernando; y, por supuesto, el propio pintor delante de un gran lienzo. En el grupo de la derecha: el infante don Antonio Pascual, hermano del Monarca; doña Carlota Joaquina de perfil, reina de Portugal e hija mayor de los Reyes; y los príncipes de Parma, la infanta doña María Luisa, que sostiene en brazos a su hijo el infante don Carlos Luis, y su marido don Luis de Borbón, futuro rey de Etruria.
Para tamaño cuadro el pintor hizo en 1800 diez bocetos preparatorios previos al natural sobre una imprimación rojiza de los que se conservan cinco en el Museo del Prado.

El retrato de La familia de Carlos IV parece captar una mezcla de informalidad, quizás unida a actitudes progresistas, y cierto tradicionalismo. Representa un día de gran gala en palacio, ya que el rey y algunos de los príncipes llevan uniforme y lucen las veneras de diversas órdenes militares y la banda de la orden de Carlos III. Y, sin embargo, algunos aspectos del cuadro realzan la falta de una formalidad excesiva en este grupo. No es un cuadro en que se subraye el poder del monarca con columnas y cortinajes o palio en el fondo, por ejemplo, como en los cuadros de La familia de Felipe V de Van Loo, o de la del mismo Carlos IV de Mariano Maella (1789) o deVicente López para la Universidad de Valencia (1802). Es una habitación casi a oscuras. Tampoco se acentúa el status especial del rey con un bastón de general, ni se hace sentar a la reina para realzar la autoridad del varón soberano.

Vicente López. Carlos IV y su familia. Homenaje de la Universidad de Valencia, 1802.

La fealdad de sus figuras no aparecen de ninguna forma idealizada como en el cuadro de Vicente López. Son rostros reales y parece que sus protagonistas se vieron fielmente representados y pudieron quedar complacidos. Del rey quiere destacar su carácter bondadoso y sereno y de la reina su importancia dentro de la familia y su actuación como madre protectora.

El ejemplo que los monarcas proponen en este caso es familiar: el de una familia unida y cariñosa, lo que el tiempo desmentirá. La reina da con sus manos igual importancia a su hija María Isabel y al hijo menor Francisco de Paula. No se trata aquí de dar más categoría al heredero o a los hijos varones, como en el caso de los cuadros mencionados de Maella y Vicente López. Otro gesto íntimo y cariñoso es el del infante Carlos María de Isidro, que se agarra con la mano derecha a la cintura del príncipe Fernando.

Francisco de Goya. Retrato de la familia de Carlos IV, 1800-01. Autorretrato de Goya, Carlos María de Isidro y el príncipe Fernando.

En el fondo, a la derecha, la infanta Maria Luisa tiene a su hijo Carlos Luis en sus brazos, como si fuese normal que lo llevase así y le diese el pecho. Con este detalle se acentúan las actitudes modernas e lustradas de la familia, con respecto a la crianza de los hijos muy en la línea del retrato de La familia del Infante Don Luis (1783).

Hay jerarquía en este cuadro, pero igualdad también. La luz es natural y simbólica a la vez, lo que permite al pintor graduar la respectiva importancia de sus personajes además de variar su talla. Les distingue y diferencia sabiamente también con la gama de colores. Y, naturalmente, la cara del mismo Goya está en sombra. Es de todas la que menos se ve y menos status tiene. Y, sin embargo, Goya descuella por su altura en esta zona del cuadro, y no siente ya la necesidad de agacharse como en La familia del infante don Luis (1784), ni achatarse como en el retrato de Floridablanca (1783). Parece tener la misma altura que el rey en este caso: su estatura, ya que no su status, es parecida, lo que no hubiera sido posible sin el consentimiento de los mismos reyes.

La simplicidad en cuanto al simbolismo es paradigmática. Los cuadros del fondo no reflejan el simbolismo tradicional: uno de ellos es un paisaje y el otro quizá un motivo religioso. La presencia del pintor pintando pone también de relieve la importancia de las Bellas Artes para la familia, pero, sobre todo, su guiño de nuevo al cuadro de Las Meninas.