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miércoles, 27 de noviembre de 2024

LOS MONUMENTOS FUNERARIOS IBÉRICOS DE PILAR-ESTELA. LA ESTELA DE LOS JINETES DE COIMBRA DEL BARRANCO ANCHO, JUMILLA.

Una imagen de escultura ibérica que desconocía y que vi en internet desató mi curiosidad y me impulsó a investigar sobre la obra misteriosa. Se trataba de los relieves del cipo del pilar-estela de Coimbra de Barranco Ancho (Jumilla, Murcia) que podéis ver a continuación.

Bajo estas líneas podemos ver una imagen con las cuatro caras del cipo de Coimbra de Barranco Ancho (Jumilla, Murcia), que me pusieron sobre la pista de este artículo. Pertenece al monumento de tipo Pilar-estela de los Jinetes, de la primera mitad del s. IV a. C. (350-320 a.C.). 

El monumento funerario de piedra caliza coronaría alguna de las dos tumbas principescas, número 22 ó 70, de la necrópolis del Poblado del yacimiento ibérico de Coimbra del Barranco Ancho en Jumilla. El cipo fue descubierto volcado entre ellas durante las excavaciones de julio del año 1981.

Foto de 1981 pocos días después del descubrimiento. Podemos distinguir tumbada la cara del cipo que representa la gran figura sedente. La fotografía es significativa porque nos podemos hacer perfectamente la idea del tamaño de la gran pieza labrada en sus cuatro caras largas y del peso de la misma, 305 kilos. Esto dificultó la extracción del lugar donde se encontró a los arqueólogos, que en la foto parecen sopesar cómo trasladarla. También debió ser un problema para aquellos que la colocaron en el monumento, que tuvieron que recurrir a horadar el sillar para ayudarse de cuerdas o puntos de apoyo. El encontrarse volcada en esta posición determinó el grado de conservación de los relieves de cada cara: el peor conservado es el que quedó boca arriba, por estar más expuesto a la erosión y el mejor fue el que quedó boca abajo, contra el suelo; los de los laterales tienen un deterioro medio.

Esta pieza encontrada en una de las necrópolis de Coimbra nos corrobora que una de las señas de identidad de los pueblos ibéricos del sureste peninsular -oretanos, contestanos y bastetanos- fue el uso, en contextos religioso-funerarios, de monumentos en los que se combinaba la escultura y la arquitectura. En otros artículos de este blog ya hemos destacado  la importancia que tuvo la representación escultórica entre las élites ibéricas de la zona:
  • - A través del estudio que hice sobre el Heroon de Obulco (Porcuna, Jaén), vimos como desde el siglo V la escultura ya fue utilizada como una forma de exaltación de un grupo dominante que quería imponerse sobre el resto de la sociedad a través de un monumento funerario. Tal ostentación de poder pudo ser la causa de la destrucción de estos monumentos en algún momento.
  • - Cuando analicé los exvotos escultóricos, en piedra o bronce que se depositaban en los santuarios, vimos cómo estas pequeñas obras se utilizaron para expresar la religiosidad y para contactar con las fuerzas divinas. Por su tamaño y su carácter mágico han sido las esculturas que en mayor número nos han llegado. Entre Jaén, Albacete, Granada, Murcia  y Alicante encontramos decenas de santuarios con miles de exvotos en terracota o bronce.
  • - Y, por último, también hemos visto en este blog, cómo las obras más bellas y mejor conservadas, como es el caso de las damas de Elche (Alicante) o de Baza (Grananda), fueron concebidas para ser acompañantes del difunto y protectoras en el más allá en algunos enterramientos de la aristocracia. 
Ejemplos de esculturas ibéricas analizadas en este blog; una de las escenas de combate entre guerreros de Porcuna (izq.); figurillas de bronce de santuarios de Sierra Morena (centr.); y la gran Dama de Baza (der.).

En este artículo, vuelvo sobre la escultura ibérica con el objetivo de divulgar la obra de Coimbra del Barranco Ancho de Jumilla, que a mi juicio es excepcional, por su calidad y porque nos permite hacer nuevas reflexiones sobre la escultura ibérica.


El poblado de Coimbra de Barranco Ancho en Jumilla.

A 4,5 kms  al sur-suroeste de la ciudad de Jumilla y a una altitud entre los 700 y 825 metros se levantó el poblado ibérico del que se desconoce su nombre. Su ubicación le permitía controlar el paso entre la cuenca del Segura y del Vinalopó y el suroeste de la Meseta Sur. Lo que hasta ahora se sabe de su historia es que fue ocupado entre los siglos V y II a. C. y que presumiblemente fue destruido por la ocupación romana en torno al año 190 a. C.

Mapa de la zona de presencia segura de los contestanos (naranja oscuro) y de influencia (naranja). El yacimiento de Coimbra de Jumilla (Murcia) estaría a medio camino entre las zonas de influencia de oretanos, bastetanos y contestanos.


    Del poblado, parcialmente excavado, se conserva un amplio recinto fortificado con murallas y puerta con torres, que delimita una extensión de 54 hectáreas. Las viviendas excavadas nos muestran edificios de planta rectangular que se disponen aterrazadas en una ladera bastante pronunciada. Se han descubierto hasta ahora tres necrópolis de cremación (Barranco, Senda y Poblado), siendo la más importante la conocida como del Poblado, por la cercanía al asentamiento urbano.


    Por la cantidad de exvotos y objetos de culto hallados, se sospecha que debió ser también un santuario local o regional. Los pebeteros de terracota y las pequeñas mascarillas de oro y plata encontradas nos indican que posiblemente estaría relacionado con una divinidad indígena de la naturaleza, la fecundidad y la agricultura, asimilada con Deméter.

    Este es un ejemplo de pebetero, posiblemente una imitación de artesanos locales de pebeteros helénicos.


    De los materiales procedentes de sus tres necrópolis destacan los ricos ajuares de algunas tumbas, donde se han encontrado distintos objetos de hierro y cerámicas locales y de importación griega muy bellas.


    Son de especial importancia los ajuares principescos encontrados en las tumbas 70 y 22 de la necrópolis del Poblado, donde además podría haberse levantado el monumento tipo pilar-estela, conocido como de los Jinetes, que hoy se puede ver en el Museo Arqueológico Municipal Jerónimo Molina de Jumilla. Este excepcional monumento empezó a sacarse a la luz en 1981 con el descubrimiento del cipo con relieves y desde entonces hasta acá han ido apareciendo nuevas partes que han  permitido hacer una reconstrucción del conjunto (véase fotografía inferior).

    Reconstrucción hipotética del monumento de Coimbra del Barranco Ancho de Jumilla, Murcia. Según García Cano.



    Los monumentos funerarios ibéricos de pilar-estela. 

    Contextualicemos la obra.

    El modelo. Inspiración en el mundo mediterráneo. 

    El monumento de Coimbra no es original como arquetipo, pues se trata de un modelo que proviene de una tradición del mundo griego y oriental, en donde era frecuente distinguir los enterramientos de los notables con una piedra grabada o estela e incluso, si la categoría del personaje enterrado lo exigía, con una construcción turriforme. En ambos casos, era frecuente que la estructura se rematara con un animal exento. Veamos algunos ejemplos griegos.

    Estela ática turriforme posiblemente coronada con una esfinge, procede de Lamptrae, Grecia. Reconstrucción según Boardmann y Winter. Mármol pentélico, hacia el 500 a. C. Altura, sin pódium ni esfinge, de 73,5 cm. Con el pódium de tres escalones alcanzaría aproximadamente el metro.  Museo arqueológico de Atenas. La estela representa a un jinete en la parte ancha y la despedida de un hoplita con la bendición, posiblemente de su padre, en los lados cortos. El capitel posee un equino con un motivo decorativo que recuerda una gola egipcia y un ábaco rectangular con motivos de rosetas. Destacamos esta estela especialmente por la semejanza de la temática de la estela.

    El monumento sería la coronación del enterramiento sobre el lugar donde se había practicado la incineración. En este caso el monumento no sobresaldría gran cosa en altura puesto que estamos ante el espíritu griego de medidas humanas, sin embargo, en el caso de Coimbra resaltaría más porque su tamaño sería mayor y además se elevaría sobre un túmulo cuadrado encachado con piedra perimetral y rellenado con tierra, piedra y adobe. Esta circunstancia nos indica que hay una intención muy evidente de hacer resaltar la obra sobre todas las de su entorno y, por tanto, que estamos ante una tumba principesca de un personaje sobresaliente en su comunidad.

    Salvando las distancias geográficas y de tamaño, al otro lado del Mediterráneo tenemos un ejemplo colosal, único y de descubrimiento muy reciente, de este tipo de enterramiento con túmulo (circular en este caso) y monumento/torre en su ápice en la tumba de Anfípolis. El muro delimita un perímetro de casi 500 metros y estaría coronado por una estructura turriforme sobre cuyo ápice aparecería la figura de un león. Evidentemente las dimensiones nos indican que estamos ante la tumba de un soberano que destacó sobre todos y que merecería pasar a la eternidad histórica, por lo que se especula que pudiera ser hecha para el mismo Alejandro Magno.

    Reconstrucción ideal de la tumba de Anfípolis. Muros y torre con león hechos en mármol de Tasos, hacia el último cuarto del siglo IV a. C.

    Se ha comprobado que las necrópolis más importantes de los poblados ibéricos de la zona del sureste peninsular podían tener más de uno de estos monumentos pertenecientes a las élites locales, con distintas variantes, sobre todo en la figura del remate, animal o ser mitológico ("bichas", en el lenguaje popular de la zona). Estos debían actuar como protectores de las tumbas, aunque algunos investigadores opinan que también podía tratarse de los emblemas de linajes familiares o que simplemente fueran símbolos de fuerza, prestigio y poder personal.

    Reconstrucción ideal de una necrópolis de Corral del Saus de Mogente (Valencia) a comienzos del siglo IV a. C., según Miquel Herero. Distintos tipos de estela y de remates (grifo, sirena, esfinge, toro...). La imagen no es muy veraz desde el punto de vista arqueológico, aunque sí muy didáctica de cómo serían estos monumentos. El principal problema para conocer la realidad de estos pilares es que la mayor parte de ellos han aparecido muy destruidos, descontextualizados y reutilizados en estructuras posteriores.

    Ejemplos de construcción funeraria turriforme, sólo tenemos en nuestra zona la de Pozo Moro (Albacete), siendo más abundantes, las monumentos funerarios de pilar-estela. Como podemos ver en la representación superior, existen distintos modelos que, al menos, poseían las siguientes partes comunes: un pódium escalonado; un pilar de distinta anchura y altura que podía estar decorado con relieves (estela) o ser liso; un capitel o estructura que remataba el pilar con decoración vegetal o figurativa; y una estatua animal o de ser mitológico como remate.

    Esquema ideal de monumento ibérico de tipo pilar-estela turriforme.

    Centrémonos en la escultura exenta que culminaba el monumento porque era el nexo común a este modelo.

    El animal exento de remate. Aunque el toro era un motivo típico en la región de la Contestania, no era el único animal que protagonizaba los pilares y las torres funerarias, también era frecuente el león. Veamos los principales ejemplos que se han podido reconstruir de esta zona y dejamos para otro momento el torito de Porcuna (Jaén) o el león de Nueva Carteya (Córdoba) y de Pozo Moro (Albacete).

    Toro sobre pilar-estela de Monforte del Cid, Alicante. Siglo V a. C. En el Museo Arqueológico de Elche se ha reconstruido cómo sería alguno de los monumentos principescos de la antigua ciudad ibérica.  En Monforte han aparecido unos doce toros desde 1974 hasta 2010, todos ellos elaborados en piedra, erguidos o tumbados. Parece, según las últimas mediciones, que el toro que correspondería exactamente con la estela-pilar no se encontraría en la reconstrucción del museo de Elche, sino en el museo arqueológico de Monforte. El toro mide 65 cm de altura, 127 cm de longitud y 30 cm de grosor (mediciones máximas de lo conservado). Su estilo es detallado y claramente inspirado en la estatuaria griega arcaica. El capitel, en cambio, recuerda una gola egipcia con remate en ovas. Mide 46 cm de altura, 170 cm de longitud y 82 cm de grosor. El pilar tiene un relieve rehundido que imita una falsa puerta egipcia. Mide 74 cm de altura y 88 cm de longitud. Esta clara influencia de estilo oriental vendría a través de su contacto con fenicios y cartagineses.  

    León de Coy de Lorca, Murcia. Monumento funerario del tipo pilar estela, formado por un capitel con pequeñas volutas y una escultura que remataría el monumento, que representaba a un león con rasgos de influencia de la estatuaria griega arcaica. Se data a finales del siglo V o comienzos del siglo IV a. C. Se conserva en el Museo Arqueológico de Murcia (MAM). El león tiene 72 cm de largo, por 62 cm de alto y 25 cm de grosor

    También los seres fantásticos o mitológicos eran representaciones habituales de escultura en bulto redondo que se utilizaban para coronar los pilares-estelas. Veamos algunos de los más conocidos en la zona de la Contestania.

    En Corral de Saus de Mogente (Valencia) tenemos atestiguados grifos y sirenas como remates de algunos monumentos.

    Reconstrucción del pilar-estela de la "Damitas" de Corral de Saus de Mogente, Valencia, según Almagro (1987). Mediados del siglo VI a. C. Museo arqueológico de Valencia. Dimensiones teóricas calculadas: altura del animal de remate con su pedestal ca. 50-100 cm (no es seguro que la sirena encontrada perteneciera al mismo conjunto); gola de las "Damitas" 52 cm; pilar ca. 150-200 cm; base escalonada ca. 50 cm. Altura total ca. 300-400 cm.

    Cuerpo de la sirena de Corral de Saus, Mogente. La sirena (ave con cabeza femenina) era un ser híbrido que se asociaba a  los espacios funerarios en el Mediterráneo oriental, penetrando en la Península en el siglo VII, importado por los fenicios y más tarde por los griegos. Se interpretaba como un vehículo encargado de trasportar el alma al más allá. 

    La esfinge, animal híbrido con cuerpo de león, alas y cabeza femenina, es una figura mitológica de amplia tradición desde Egipto hasta Grecia, pasando por el mundo fenicio, que servía de protector del difunto y de su tumba. Los ejemplos más admirables se han encontrado en Agost (Alicante).

    Las dos esfinges de Agost fueron encontradas en 1893 y hoy se encuentran separadas por cientos de kilómetros, la primera en Saint Germain en Laye de Francia y la segunda en el MAN de Madrid. Se les atribuye una datación de finales del siglo VI a. C. Altura de la que posee la cabeza de 80 cms.





    El pilar-estela de Coimbra de Barranco Ancho de Jumilla, Murcia.

    Dibujo en el que se reconstruye el pilar-estela de Coimbra. Se calcula que desde la base del pódium hasta la nacela podría alcanzar una altura de 1,74 cm y que llegaría hasta los 3,06 con la escultura del toro. Además recibiría una sobreelevación por el túmulo sobre el que descansaría la estructura.

    Nuestro monumento se componía de estos cuatro elementos dispuestos verticalmente uno sobre otro:
    • Poseería una basa cuadrangular de piedra escalonada, terminada en un pequeño resalte en su parte superior. Sólo se conservan una cuarta parte de los sillares que la componían. Estos sillares son de caliza-arenisca y estarían unidos con grapas de plomo entre sí.
    • Por encima del pedestal se levantaría el cipo o pilar, de 45 cm en su base por 90 de alto, con relieves narrativos de los jinetes y una escena con dos personajes que a continuación trataremos con más detenimiento.
    Esta es la cara del cipo mejor conservada. Fuera de la descripción artística e iconográfica, en la imagen podemos observar dos elementos formales que tienen que ver con el mecanismo de transporte y colocación en el monumento de una pieza tan pesada. Por un lado, una enmarcación cuadrangular que deja parte del relieve rehundido y que no formaría parte de la composición de la obra, puesto que es sobrepasada por los personajes Y, por otro, unos agujeros en todas las caras del cipo. Los de la parte superior e inferior servirían para el encaje con las otras piezas del monumento y los de las caras laterales, sin afectar a las figuras, para transportar y elevar la pieza. En la foto vemos que debajo del vientre del caballo hay un boquete que los mismos escultores taponaron con yeso.  En las otras caras, el tapón de yeso se ha perdido.
    • El pilar se remataría con un capitel dividido en dos partes: una moldura vegetal y una especie de gola o nacela, que sería el capitel propiamente dicho. La moldura sirve de nexo entre el cipo y la nacela. Es de forma troncopiramidal y está decorada con motivos vegetales esquemáticos de los que se distingue una granada de la que parten tallos vegetales terminados en caulículos espirales. Únicamente se conserva un fragmento de un ángulo. Sobre ella aparecería una especia de capitel de gran tamaño (90 centímetros de lado, actualmente, pero que podría llegar hasta 140), muy deteriorado, donde estarían representadas cuatro figuras yacentes. Dos de ellas pertenecen con seguridad a guerreros, la tercera es una figura yacente con túnica larga de sexo indeterminado y la última falta en su totalidad. Del guerrero mejor conservado se puede apreciar la parte inferior del torso hasta la cintura, ceñida con ancho cinturón atado con un gran broche típicamente ibérico.

    La nacela recuerda por los relieves en altorrelieve de figuras humanas al del pilar estela que ya hemos mencionado conocido como de las "Damitas" en Corral de Saus de Mogente.

    Damitas de Corral de Saus  de mogente, Valencia. El capital con las figuras recuperadas de las "damitas ibéricas" se ha interpretado por las largas trenzas que les llegan a la cintura como las plañideras que acompañaban en el ritual de despedida del difunto.
    • Coronando el monumento se levantaría una escultura zoomorfa en bulto redondo, posiblemente un toro, del que han llegado sólo cuatro trozos. Su posición sería erguida y su parte más detallada sería la de la cabeza con morro redondeado. 


    La iconografía del cipo. Descripción 

    El cipo es el elemento principal del monumento funerario. Consta de cuatro caras, en tres de ellas se representa a jinetes y en la cuarta, una escena de despedida. Esta última debía ser la escena principal. Representa una figura sedente, quizás un dios/a o quizá el difunto, sobre esto los investigadores discrepan, que posa su mano sobre la frente de un hombre (en un tamaño muy inferior) que está de pie en actitud de despedida. Hay historiadores que lo interpreta como el último adiós dado por la divinidad al difunto o, si la figura principal se tratara de un hombre, de la despedida del difunto de su hijo. Hay otra versión alternativa, aportada por Juan Blanquez, en la que la imagen masculina de exagerado mayor tamaño sería la de un dios, que recibe o bendice con su gesto al jinete (hombre pequeño). en este sentido sería la heroización o acogida entre los dioses del difunto.

    El protagonista está sentado sobre un taburete de tijera muy común en las representaciones de vasos griegos y etruscos de la segunda mitad del siglo IV a. C. Este dato comparativo y el ajuar de las tumbas han permitido datar la obra. Se sienta sobre un gran almohadón y reposa sus pies sobre un escabel.

    A mi juicio, la imagen deja pocas dudas de que la figura sedente es la de un varón adulto y que la figura de pie y de menor tamaño es la de un joven. Esta segunda figura no es necesariamente la de un niño, sino la aplicación de la jerarquía de tamaño para destacar un rango inferior de autoridad de éste frente al que bendice o acoge (un dios, su padre o el genio familiar).  

    Las otras tres caras serían: o bien el personaje enterrado en tres momentos; o bien los compañeros del difunto que participan en el cortejo fúnebre que acompañó el cadáver hasta el lugar de incineración (ustrintim) o del banquete funerario en su honor.
    • La primera posibilidad responde a la representación de un personaje heroizado sin sus armas, lo que recuerda a los jinetes encontrado exentos en otras necrópolis como los de Los Villares (Hoya Gonzalo, Albacete).
    Jinete de Los Villares, Albacete. Museo arqueológico de Albacete.

    • La segunda posibilidad nos remite a una ceremonia común entre los griegos y otros pueblos mediterráneos, que hemos podido ver en este blog en los frescos de la tumba de Agios Athanasios. Los caballos y los jinetes van ataviados con sus mejores galas y realizan una procesión de caballeros, tal vez miembros de una misma familia, que muestran su poder y solidaridad ante la muerte. Los caballos van lujosamente enjaezados con pretal y collera decorados, gamarra de doble correa, crines, testero, trenza y un gran bocado. Los jinetes con túnicas, brazaletes y pendientes. 

    En la cara mejor conservada destacamos un caballo que sobrepasa el marco de encuadre. Las dos patas derechas se adelantan y pisan con sus cascos una cabeza humana, la delantera, y una figura de ave, la trasera. El jinete se sienta sobre una manta plegada y viste una túnica de escote triangular y mangas cortas y sobre ella lleva un pesado manto terciado, que se sujeta sobre en el hombro derecho y pasa por debajo del brazo izquierdo, cubriéndole hasta los tobillos formando amplios y bien estudiados pliegues. La mano izquierda sujeta las riendas, mientras que la derecha sostiene un báculo de cabeza bífida. La cabeza, en escorzo, es de cara ancha y algo grande en proporción al cuerpo, con las facciones cuidadosamente tratadas. El peinado parece como si se hubiera tonsurado.


    En otra de las caras el caballo, enjaezado de forma idéntica a la anterior, se encuentra pisando un conejo con su pata trasera. El jinete también es semejante al primero. Y en la cara peor conservada se muestra al jinete con la mano derecha en la frente en señal de dolor, acción típica de lamento funerario.


    La iconografía del cipo. El contexto y valoración final.

    Estos elementos iconográficos sirven para reflejar determinados aspectos religiosos y  creencias en la vida de ultratumba de los que aún se nos escapan muchos datos. También era una forma de que, a través de mantener vivo el recuerdo del difunto como un héroe, la familia o el grupo al que perteneció reforzase su papel dominante en esa sociedad. Por tanto, un pilar-estela era un elemento propagandístico de primer orden para reflejar aspectos religiosos, de rango social y de ideología del poder en una sociedad fuertemente jerarquizada como la ibérica. No hemos sido capaces de descifrar todavía ciertos símbolos como la evidente la ausencia de armas y el significado de pisar con el casco de los caballos un conejo, un pájaro y una cabeza cortada.

    El reducido número de ejemplares de cipos/estelas que hemos encontrado y el breve periodo de tiempo en el que se erigieron —desde fines del siglo V hasta mediados del siglo IV a.C.— hace pensar que estuvieron relacionadas con el dominio de unos grupos aristocráticos que decayeron. La razón de porqué no se erigieron más desde entonces o incluso de porque fueron destruidos los existentes, tal vez tiene que ver con revueltas contra los poderosos... ; o quizás con que pasaron de moda estos monumento o, simplemente, se extinguieron los artesanos itinerantes que pasarían por los poblados de la zona ofreciendo sus servicios a las mencionadas élites sin que fueran reemplazados por otra generación de escultores.

    Pero, sea cual fuere la razón, la realidad patente es que hacia finales del siglo IV a. C, este modelo de monumento funerario, o el de las figuras exentas, desaparece definitivamente del paisaje de las necrópolis ibéricas del sureste peninsular y, por tanto, también de Coimbra del Barranco Ancho.


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    Para más información sobre los monumentos funerarios ibéricos de pilar-estela el monográfíco de Isabel Izquierdo Peraile.

    También sería muy útil seguir profundizando en la arquitectura funeraria ibérica y, en concreto, en el monumento de Coimbra del Barranco a través del ciclo de conferencias (enlace al canal de Youtube) que tuvo lugar en octubre de 2021 aprovechando el 40 aniversario del descubrimiento de este pilar-estela.

    LA DAMA DE ELCHE, LA OBRA MÁS EMBLEMÁTICA DE LA ESCULTURA IBÉRICA. HISTORIA DE LA OBRA, CARACTERÍSTICAS Y COMENTARIO ARTÍSTICO.

    La Dama de Elche fue la primera obra descubierta de gran tamaño y de calidad  de la escultura ibérica. Su hallazgo y adquisición por el museo del Louvre potenció el estudio del pueblo ibérico y puso de moda su arte desde finales del siglo XIX, siendo un factor determinante en la generación  a comienzos del siglo XX, por ejemplo, del cubismo de Picasso.

    Sepamos algunas cosas mas sobre ella.

    Historia de su descubrimiento.

    La Dama fue descubierta casualmente el día 4 de agosto de 1897 en un campo de cultivo de la Alcudia cercano a Elche (Alicante), el lugar fue el antiguo asentamiento de la ciudad ibérica -y  luego romana- de Ilici. La escultura fue hallada en un escondrijo hecho con losas, adosado a la muralla, al este de la ciudad; no era el lugar donde hubo de estar originariamente, sino una ocultación para librarla de algún peligro.



    La imagen fue vendida a Pierre Paris, comisionado del Museo del Louvre, donde se expuso hasta que fue devuelta a España en 1941. Desde entonces se encuentra en España, primero en el Museo del Prado y desde el año 1971 en el Museo Arqueológico Nacional.

    Ficha técnica.

    - Escultura en bulto redondo hecha en caliza de tonos ocres, propia de las canteras de la zona.



    - Mide 56 centímetros de altura, aunque probablemente, por la irregularidad de su base y por comparación con otras  damas existentes, sería una estatua sedente o una erguida de cuerpo entero.



    - Conserva restos de policromía en los labios y en algunas zonas del ropaje, gracias a la cual se ha podido hacer reconstrucciones de cómo estaría decorada en sus orígenes y, sobre todo, ha permitido datar y autentificar la obra sin discusión (aunque algunos siguen con la polémica de que es un fraude hecho a finales del siglo XIX).

    - Su antigüedad según los últimos estudios se sitúa en el siglo IV a. C.

    Rasgos artísticos.

    La Dama de Elche es, sin duda, la mejor creación hasta la fecha de la estatuaria ibérica. Su factura todavía reflejan ciertas características arcaicas, que comparte con obras ibéricas coetáneas y con la fase más primitiva de otras sociedades mediterráneas como fenicios, etruscos o griegos. Sin embargo, también se puede apreciar en ella unos rasgos modernos en la figuración y un espíritu ibérico propio que la convierten en la obra clave para entender la escultura de este pueblo.



    - Rasgos arcaicos:
    • Geometrismo, que se aprecia fundamentalmente en la forma cúbica y cerrada de la pieza y en los pliegues de sus mantos en zigzag. Compositivamente la obra se traza teniendo como referencia los triángulos y los círculos.

    • Frontalidad y rigidez. Es una obra hecha para ser vista de frente, de hecho la parte posterior apenas está trabajada. Su postura resulta carente de movimiento e incluso algo forzada al sostener la barbilla alta y mantener los brazos, cubiertos por el manto, extremadamente pegados al cuerpo.
    • Hieratismo. Las facciones y la mirada carecen de expresión. Con ello el escultor quiere expresar  cualidad divina, que la representada está por encima de las pasiones y de los sentimientos humanos.
    - Rasgos helenizantes:
    • Proporcionalidad del rostro. Es indudable que se ha aplicado un canon proporcional al conjunto, pero sobre todo al rostro. Su concepción ha superado los arcaísmos más rígidos.
    • Acabado delicado. La obra refleja calidades táctiles de la tela y de la epidermis.

    - Rasgos propios:
    • Modelo étnico que refleja. Su vestimenta y adornos, pese a lo que se empeñan en argumentar muchos estudiosos, es única, sólo tiene verdadera relación con otras obras ibéricas. Sus rasgos físicos reflejan elementos comunes a otros rostros ibéricos (v.g. los de Porcuna): forma oval de la cara, nariz recta y fina, ojos ligeramente almendrados de disposición horizontal, cejas marcadas, labios finos...
    • Gusto por el recargamiento de detalles, lo aleja mucho tanto de la estatuaria primitiva como la búsqueda de la esencia griega. La obra está repleta de pequeños objetos decorativos: collares, rodetes, pendientes, mantos... Este abigarramiento decorativo recuerda el de nuestras vírgenes barrocas.
    • No le importa romper leyes matemáticas como la simetría, como se puede apreciar en el collar de lengüetas o anforillas que se disponen asimétricas en torno a la gran pieza central. Esto, que puede parecer una pequeña anécdota, demuestra, a mi juicio, lo alejado que está el escultor que hizo la obra de los presupuestos estéticos helénicos.


    Temática y función.

    El busto representa a una dama ricamente ataviada, bajo cuyos ropajes y abalorios asoma un rostro de rasgos finos y expresión serena. Destaca su llamativo tocado de roquetes y cofia, aunque no es inusual, ya que está documentado también en otras damas y exvotos.

    Su función hipotética sería inicialmente una imagen de culto de una diosa, posiblemente relacionada con la fecundidad o con el otro mundo. Cuando, como suponemos, fue partida pudo reutilizarse la parte conservada para utilizarla como urna funeraria de cenizas, dado que tiene un agujero en su parte dorsal.



    Influencias  de la escultura griega.

    Según el arqueólogo alemán Ernest Langlotz, sus facciones recuerdan los de las figuras femeninas de estilo severo del templo de Hera en Selinunte (Sicilia), en particular los de la misma Hera de una de las metopas. Por ello A. Blanco ha supuesto que pudiera ser obra de un escultor griego o de uno ibero formado en los talleres sicilianos. Aún así tal atribución no es concluyente como podemos ver en la imagen inferior, teniendo en cuenta además el desfase cronológico entre la datación de las obras griegas (mediados del S. V) y nuestra obra (s. IV).

    Rostro de la Dama de Elche y de las diosa Hera en las metopas de Selinunte.



    Más sobre sobre La Dama.

    Para un conocimiento más detallado de la obra os recomiendo el blog monográfico que sobre la misma tiene Francisco Vives, un gran estudioso de esta escultura.  El blog se llama "La Dama de Elche".


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    EJERCICIO DE INVESTIGACIÓN  Y AMPLIACIÓN

    Tomando como referencia el comentario  anterior realiza una breve investigación sobre lo que se sabe acerca de las esculturas guerreros de Cerrillo Blanco de Porcuna  (Jaén). Sigue  los epígrafes:

    -Historia de su descubrimiento.
    -Ficha técnica.
    -Rasgos artísticos.
    -Temática y función.
    -Influencias.
    -Para saber más.

    Grifomaquia. Cerrillo Blanco. Porcuna, Jaén.






    martes, 26 de noviembre de 2024

    LA DAMA DE GALERA. EL MEDITERRÁNEO ORIENTAL EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

    La Dama de Galera, descubierta en 1916 en la tumba 20 de Tútugi (Galera, Granada), es una de las piezas más destacadas de la arqueología de la península ibérica durante la Edad del Hierro. Se trata de un vaso litúrgico de alabastro que representa a una diosa entronizada entre dos esfinges. No era una estatua de culto, sino una estatua funcional, ya que estaba diseñada para que el líquido derramado sobre su cabeza fluyera por sus pechos y se depositara en el recipiente que sostiene en su regazo.


    Su descubrimiento es tan intrigante como su autoríaiconografía


    Descubrimiento e historia de la Dama.

    La estatuilla fue hallada en una tumba de una de las necrópolis de la ciudad ibero-romana de Tútugi (actual Galera, Granada). Formaba parte del ajuar funerario de un príncipe ibérico de finales del siglo V a.C. El conjunto incluía objetos como vasos griegos, cerámica pintada y ungüentarios de pasta vítrea. 

    Ajuar de la tumba 20 de Galera. En la imagen se puede apreciar la pequeña dama entre las vasijas de barro. A sus pies, 2 ungüentarios vítreos.

    La tumba no apareció en una excavación arqueológica regular, sino que en 1916 fue saqueada por buscadoras de tesoros. La escultura y otros objetos relacionados con la tumba fueron vendidos a un colaborador del arqueólogo Enrique Siret, ingresando posteriormente en el Museo Arqueológico Nacional tras la donación de la colección Siret. En 1918, el arqueólogo Juan Cabré Aguiló dirigió unas excavaciones en Galera, pero sin que aportaran mucho más al contexto de los hallazgos. Entre 2006 y 2007 la arqueóloga M.ª Oliva Rodríguez Ariza volvió a reexcavar la tumba y los secretos de ésta fueron desvelados. Hoy se puede visitar el yacimiento en Galera y ver la tumba reconstruida.

    Mapa topográfico con la localización de la ciudad ibero-romana de Tútugi (Cerro del Real), junto al actual pueblo de Galera, y sus tres necrópolis. La Tumba 20, donde se encontró la Dama de Galera, se encuentra al otro lado del río Orce (Rodríguez Ariza).

    Los hallazgos publicados en 2008 revelaron que la tumba era muy singular, ya que tenía un corredor de entrada y una cámara cuadrangular excavada en roca, con un pilar-altar central. Estuvo cubierta por un túmulo y posiblemente fue la sepultura fundacional de la necrópolis. Se supone que además tuvo un carácter cultual específico desde su origen y tal vez para esa función se utilizó a la dama.

    Tumba 20 de la necrópolis zona I. Reconstrucción y planta (Rodríguez Ariza).


    Autoría y datación. Escultura fenicia en torno a los siglos VIII y VII a. C.

    La Dama de Galera es un objeto fascinante que se cree fue fabricado en talleres fenicios o de la costa norte de Siria entre los siglos VIII a VII a. C. Esta atribución se fundamenta en aspectos técnicos, epigráficos y estilísticos.

    1. Sobre el material y la habilidad técnica. 

    La calidad de la Dama revela un alto nivel de destreza artesanal, que no se daba en la península ibérica de la época. La atención al detalle refleja una tradición artística refinada, únicamente posible en los talleres fenicios. Aunque en esta cultura eran más común el trabajo en marfil, también sus talleres también tenían la capacidad de trabajar el alabastro y otras rocas. 

    Respecto el alabastro, es importante señalar que era una roca muy apreciada en Egipto por su belleza y facilidad para ser horadada, lo que la hacía ideal para crear vasos canopos y recipientes ceremoniales destinados a almacenar vino o ungüentos de alta calidad. Los fenicios pronto los comenzaron a comercializar y a imitarlos para exportarlos por todo el Mediterráneo. En la Península Ibérica, se han hallado muchos objetos de alabastro tanto en yacimientos fenicios como indígenas. Aquí, los recipientes que llegaron obtuvieron otra función: convertirse en urnas para cenizas de individuos de alto status social. Usados de este modo, destacan por su cantidad y calidad los 22 recipientes encontrados en la necrópolis fenicia de Laurita (Sexi, Almuñécar, Granada). Las urnas cinerarias de este yacimiento son manufacturas genuinamente egipcias, fabricadas probablemente en el propio Menfis en el siglo IX a. C. Sin embargo, las tumbas donde se encontraron datan de mediados del siglo VII a. C., lo que indica que estos objetos fueron considerados de prestigio social y que se amortizaron con al menos un siglo de diferencia. 

    Dos vasijas de alabastro de calcita, alto 45/51 cm x diámetro 32,5/25,5 cm. necrópolis de Laurita, tumba 17 Siglo VIII a.C., Dinastía 22, reinado de Osorkon II (874-850 в.с.) Museo Arqueológico de Granada.

    Las obras figurativas en alabastro, como la Dama de Galera, son objetos más excepcionales en los yacimientos peninsulares. Pero eran objetos aún más admirados por la destreza empleada en realizar una obra de tan excelente acabado y, evidentemente, exigía el talento de un escultor con mucha experiencia

    Pensemos en cómo podría haber sido el proceso de creación de nuestra Dama. En primer lugar, el escultor esbozaría un diseño propio de lo que quería realizar y luego lo trasladaría al bloque de alabastro, desbrozando la piedra y respetando las proporciones y la funcionalidad que se requería. A continuación, se pasaría al trabajo fino a través de incisiones de las que surgiría los precisos detalles del relieve. Para ello se usarían instrumentos como compases que trasladaran dimensiones hasta obtener una figura simétrica; plantillas para conseguir que los ornamentos repetitivos que se observan en toda la pieza tuvieran un ritmo exacto; y raspadores, punzones y buriles diversos para obtener las sutiles incisiones. 

    Detalle de las manos de la dama de Galera, pero también podemos apreciar las molduras del cuenco que portan. 

     

    Y, por último, la escultura se pulimentaría y, si acaso, ¿se pintaría y engalanaría con joyas? El acabado final revelaría, en una estatuilla de tan sólo 18,5 cm de altura, detalles tan asombrosos y minuciosos como unos primorosos plisados de apenas milímetros en el vestido de la dama; o delicadas borlas del velo que caen sobre los hombros; o las joyas y las plumas de las esfinges... 

    Los dedos delicados de las manos que sostienen la gran vasija. Los dedos-garras de las esfinges y el trenzado de su cola de león... son de una minuciosidad asombrosa. 

    El nivel de detalle y acabado plasmado en esta estatuilla de alabastro evidencia una calidad técnica propia sólo de un taller áulico y sólo comparable, en esta época, al trabajo de los talleres fenicios sobre el marfil. La principal diferencia entre el trabajo del alabastro y el del marfil, es el condicionante de la forma curva y las menores dimensiones del colmillo. Por eso, se destinaba el marfil a obtener objetos de menor tamaño (peines, agujas, cubiertos y esbeltas estatuillas) o placas decorativas con las que revestir muebles (asientos, camas, cofres y arcones).

    Esta esfinge de marfil que revestía, con otros, supuestamente un trono de madera es un buen ejemplo de calidad y minuciosidad. Placa fenicia encontrada en Nimrud (Irak). Siglos IX-VII a. C. Bagdad, Museo Nacional de Irak (Museo Arqueológico). He seleccionado este ejemplo entre los existentes con esta temática porque nos permite ver, además de la calidad y detallismo de la obra, que la esfinge porta una doble corona de cierto paralelismo con la de la dama de Galera.

    Es probable que algunos elementos de nuestra escultura se hayan perdido, restando opulencia a la obra. Por ejemplo, se ha descubierto que en una de las alas y en la parte inferior del recipiente se conservan pigmentos rojos, lo que indican que originalmente estuvo pintada. El color resaltaría y daría profundidad a los detalles, que hoy solo son percibidos si se hace un gran zoom sobre ellos. 

    Pequeños rastros de color en las alas.

    Además, es posible que estuviera adornada con decoraciones de oro como collares y pendientes, porque sorprende que una diosa esté extrañamente desprovista de ellos. También podría haber tenido asas metálicas, que partían del cuenco y que se insinúan en agujeros laterales. 

    En la imagen se puede ver detalles de la diadema y el velo de la Dama, así como los pequeños agujeros para aplicarle asas. 

    El mismo pedestal o peana con molduras descendentes, que se ve mejor al darle la vuelta a la figura,  nos indica que estaría apoyado sobre una peana en piedra u otro material, elevando a la escultura del suelo al menos hasta la altura de las manos de una persona. 

    Todo ello habría creado un impacto visual muy lujoso y llamativo. 


    Otra evidencia técnica notable que denota la habilidad de un artista de primer nivel esta oculta en el interior de la figura. El casquete de la cabeza de la Dama está horadado y la mitad de su cuerpo ha sido ahuecada para conseguir que los líquidos o aceites utilizados se recojan en su interior. 


    A través de sutiles perforaciones, las sustancias empleadas podrían brotar por sus pechos y llenar el cuenco. Este mecanismo formaba parte de un mensaje simbólico que enfatizaba el mito de la diosa como madre nutriente. En lo que no nos paramos a pensar es que el sistema para que esto funcionara requería una pericia técnica y una planificación de diseño sutil y delicada, sólo al alcance de muy pocos artesanos. 

    A la izquierda, la Dama desde un ángulo que revela el orificio superior en su cabeza y que resalta los agujeros de los pechos, justo por encima del borde de la vasija o ungüentario. En la radiografía de la derecha, se puede apreciar el canal vertical interior que conecta el interior de la figura con los pequeños agujeros de los pechos.

    2. La evidencia epigráfica.

    Recientemente se ha descubierto una letra fenicia incisa en la mejilla de la Dama: una aleph fenicia (𐤀‏), que equivale a nuestra "A" grecorromana, lo que refuerza la hipótesis de su origen. Esta inscripción podría ser la inicial de un propietario, lo que sugeriría que la escultura tenía un significado personal, o, más probablemente, el nombre de la diosa representada (la 𐤀‏ de Astartet o de Anat).

    La marca es apenas un rasguño de 2,5 mm y requiere para ser vista una observación muy cuidadosa. En la imagen de la izquierda se rotula en azul la letra, y en el detalle de la derecha se indica la zona del rostro donde está inscrita la aleph.

    3. El estilo artístico ecléctico.

    Tomemos como referencia cronológica el año 700 a. C. -más o menos- para nuestra Dama, y pensemos que en esa fecha las sociedades avanzadas del Mediterráneo estaban interconectadas a través de una red de puertos y ciudades fenicias, desde Tiro hasta el Estrecho de Gibraltar. Los avances en la navegación y en el comercio de los fenicios unieron a élites urbanas panmediterráneas y del Próximo Oriente, no sólo económicamente, sino también culturalmente a través de modelos visuales y estéticos que no eran específicamente suyos, sino de un sincretismo del Cercano Oriente.

    Relieve en el que se representa una expedición naval fenicia transportando madera a lo largo de la costa fenicia. Representación de un barco fenicio con una sola fila de remeros. Bajorrelieve de Khorsabad, siglo VIII a.C. Período neoasirio, Mesopotamia. Museo del Louvre.

    Si hay un sello distintivo del arte fenicio es el eclecticismo. Este se manifiesta en las inusuales combinaciones y adaptaciones de motivos y símbolos provenientes de diversos estilos del Mediterráneo Oriental (Egipto, Grecia, Siria, Asiria y Caldea). Se puede decir que los fenicios recogían ideas de todas estas culturas, las combinaban y fabricaban productos a gusto de sus clientes. Además, el enfoque ecléctico de los fenicios era singular porque, a diferencia de las otras culturas y tradiciones, eran libres de representar estos motivos fuera del contexto de una determinada religión o creencia política.

    Las regiones culturales de donde el pueblo fenicio se nutría de influjos culturales. Desde los más cercanos: estados sirio hititas al norte, Judea y Filistea al sur y la isla de Chipre. A los más lejanos y potentes de la Hélade continental y del Asia Menor; Cilicia y Frigia en Anatolia; Armenia y Urartu en el remoto Cáucaso; Asiria, Babilonia y Caldea en Mesopotamia; Elam y Media en Persia; y, por supuesto, Egipto.

    Los fenicios crearon la primera koiné del mediterráneo. Ellos exportaron e importaron junto, con sus productos materiales, otros inmateriales que dotaron a este mar con el primer marco cultural común:

    • Un alfabeto, al que poder transcribir los idiomas mediterráneos. 
    • Unas tecnologías en alfarería, en tallado en marfil, en esculpido en piedra y en orfebrería (grabado, filigrana y granulación).
    • Unas ideas-símbolos y estéticas decorativas que se hicieron comunes como: flores de loto, rosetones, el árbol de la vida, esfinges/grifos, leonas, figuras de Señora/Maestra de los animales... Y unas imágenes religiosas de uso votivo especialmente de figuras femeninas de tipo Ashtart/Astarté, que es lo que se considera más comúnmente representa esta estatuilla.


    La iconografía de la Dama.

    El hecho de que se la relacione con la diosa Astarté no está del todo demostrado. Se debate si la figura representa a ésta, o a Anat (diosa de Ugarit en la costa norte de Siria y de Chipre, relacionada con la fertilidad, de la caza y la guerra) o alguna otra deidad próximo-oriental relacionada con la fertilidad y la soberanía. El que no haya consenso se debe a que no hay un modelo iconográfico similar en todo el territorio de influencia fenicia, pese a que se ha querido forzadamente relacionarla con alguno.

    Lo que es cierto es que la escultura es una representación femenina sentada en un trono, flanqueada por esfinges con doble tiara egipcia que le sirven de reposa brazos. Analicemos los tres elementos esenciales de la obra -trono, esfinges y la propia diosa- para llegar a una conclusión sobre nuestra misteriosa Dama. 

    Vista derecha lateral derecha e izquierda de la Dama de Galera y sus esfinges.

    - El trono, o más apropiadamente el asiento, puesto que realmente no tiene respaldo y responde más a una categoría de taburete. Esto es una anomalía para atribuir la iconografía a Astarté, puesto que en las representaciones habituales de esta diosa el trono adquiere un protagonismo tan destacado, que a veces se convierte en el símbolo de la diosa. Tradicionalmente, los tronos han de tener respaldo y apoyabrazos y son símbolos ceremoniales del poder de la diosa. En este caso, el taburete sólo se aprecia desde una vista posterior, ya que por delante está cubierto por el ropaje y piernas de la diosa y, por los lados, por las esfinges. Su forma casi cuadrada recuerda a los asientos simples egipcios con cojín y patas curvas. Tiene una decoración de molduras y travesaños que recuerda un dintel con gola e, incluso llevando la interpretación al extremo, podría parecerse a una puerta al otro mundo.

    Por lo descrito, este asiento difiere bastante de los llamados tronos de Astarté, encontrados en numerosos yacimientos de la costa fenicia, que son asientos con respaldo alto y esfinges como pasamanos. En ellos, la imagen física de la diosa no aparece, pero su presencia se hace evidente a través de la palmeta o de un betilo o una estela de piedra, que simbolizan la divinidad. Las esfinges suelen portar la doble corona egipcia. 

    Trono de Astarté, procedente de Ayn Baal, cerca de Tiro, Fenicia. Actualmente en el Museo Arqueológico de Beirut (Líbano).

    - Las esfinges son el segundo motivo a analizar. Estos seres híbridos fueron creados por la imaginería egipcia desde el III milenio a. C. y se popularizaron en la Edad del Hierro a lo largo del Mediterráneo y Oriente Próximo gracias a los fenicios. Las esfinges de nuestra diosa poseen cuerpo de león, alas de pájaro y cabeza humana. Se encuentran tumbadas y relajadas junto a la imagen femenina. Esta postura tan sumisa ayuda a identificar al personaje como una diosa, pues en la tradición oriental, este animal mitológico no podría ser dominado por un simple mortal. 

    Aún así también se han encontrado en la tradición cultural Fenicia, referencias en las que el trono con esfinges no sólo son símbolos de poder temporal, sino también de divinización de los soberanos que buscan asegurarse el paso a la otra vida. De hecho, una de las primeras obras en las que aparece escritura fenicia, el sarcófago del rey fenicio Ahiram de Biblos, tiene un relieve que puede responder a esta interpretación. Hay historiadores que dicen que Ahiram aparece divinizado en el otro mundo, sentado en su trono de respaldo alto y esfinges, ante una mesa repleta de banquetes. El rey Ahiram sostiene una flor de loto colgante, que simboliza la muerte, y recibe ofrendas de los miembros de su corte, encabezados por su hijo. Sin embargo, otras hipótesis descartan esta interpretación y plantean que el personaje sedente es el dios Moth, el dios cananeo de la muerte y el inframundo, lo que implicaría que Ahiram sería el primero de los oferentes. 

    Sarcófago del rey Ahiram, Biblos. Actualmente en el Museo Nacional de Beirut. Al igual que la interpretación del relieve, la fecha de su creación es muy discutida. El mayor consenso en su datación es alrededor del  1000 a. C., pero hay historiadores que lo retrotraen al siglo XIII a.C. y otros que lo acercan al siglo VIII a.C.  

    En nuestro caso, parece que las esfinges no tienen el significado de divinización de una reina o personaje aristocrático, pues su clara función de vasija dispensadora de líquidos rituales le aleja de ser una imagen de culto o de buscar este tipo de narrativa. Sin embargo, es más probable que las esfinges no sólo sean símbolos del poder de una diosa sino que, en contextos funerarios, también cumplan una función protectora para los difuntos. 

    En la península ibérica, a partir de la importación fenicia desde el siglo VIII a. C., esta iconografía comenzó a aparecer en objetos rituales vinculados a los muertos como símbolos de vida y resurrección. El mejor ejemplo encontrado en España es el de la esfinge en bronce hallada en la sepultura de la necrópolis de los Higuerones de Torrubia (Cástulo), que se data en el siglo VII a. C. y que se atribuye a un taller fenicio del sur de Hispania. También debió ser un objeto suntuoso y una reliquia exótica introducida en una tumba ibérica como parte del ajuar funerario de un noble íbero. La esfinge estaba apoyada sobre una placa rectangular y podía ser parte decorativa o simplemente asa de un cofre usado para incienso en los rituales funerarios. al comparar esta esfinge con las de la Dama, se observa que ambas presentan una postura tumbada y que las plumas de las alas están trabajadas con gran esmero. E incluso, se podría argumentar que las tres ciñen la doble corona de Egipto, el símbolo del poder de los faraones de la unidad territorial del reino del Nilo: la corona blanca o tiara apuntada del Alto Egipto y la corona roja del Bajo Egipto. 

    Esfinge en bronce de la necrópolis de los Higuerones de Torrubia (Cástulo), Jaén. Dimensiones, 11 cm de longitud por 5 cm de ancho.

    Ahora bien, si nos fijamos detenidamente, las esfinges de la Dama de Galera poseen unas dobles coronas extrañas; en realidad, estas coronas no son tal, sino un moño que recoge los cabellos del animal. El artesano que labró la pieza en alabastro no quiso representar exactamente el símbolo, sino crear una imagen reconocible, despojándola del significado político que podía tener en Egipto. Por tanto, lo que le interesó realmente es representar a ese ser híbrido, mezcla de humano y animal, por su carácter de monstruo dominado por la diosa y por el potencial decorativo que le ofrecía. Las alas, el cabello, la cola y los collares son de un detallismo de filigrana brillante, lo que convierte a la pieza en un artículo lujoso y deseable.

    Esfinge izquierda de la Dama de Galera. Alabastro. 12 centímetros de longitud.

    En período íbero (siglos VI y V a. C. en adelante), el motivo de la esfinge se utilizó más en el exterior como guardianes de tumbas, ya fuera como remates escultóricos exentos de una torre funeraria o como relieve de sillar esquinero de la misma. 

    Esfinges en piedra de Agost (Alicante) y Bogarra (Albacete) y reconstrucciones hipotéticas del contexto monumental funerario en el que podían situarse. Las dos datadas entre los siglos VI y V a. C.

    En definitiva, nuestras esfinges aportan este simbolismo de seres que protegen a la diosa-dama, pero que, a su vez, están sometidas a ella. Por lo que, en mi opinión, son figuras del séquito de la figura femenina y no del difunto. Es decir, nuestras esfinges tienen un valor más de símbolo identificativo de una diosa capaz de dominar a seres sobrenaturales.


    - La Dama. Como ya hemos ido diciendo, lo más probable es que la figura de Galera en cuestión sea la diosa Astarté. Pero, ¿Quién es Astarté? Astarté es una diosa fenicia-cananea que se asoció con deidades mesopotámicas como la sumeria Inanna, o la Isthar de los acadios y asirios. En el mediterráneo oriental, los israelitas la conocían como Astarot, los ugaritas de la costa Siria como Attart y los chipriotas desde el siglo IX a. C. como Astart. Los egipcios la identificaron con Hathor e Isis, mientras que los griegos la asimilaron con Afrodita y los cartagineses con Tanit. Era, en definitiva, la representación de un culto universal a la madre naturaleza, a la vida y a la fertilidad, así como la exaltación del amor y los placeres carnales. Pero también podía ser diosa de la guerra o de la navegación. Una diosa versátil y adaptable a cualquier otro culto previo y parecido que se diera allí donde llegaban los fenicios.

    Mapa de la expansión fenicia y sus áreas de influencia, desde el siglo XI al siglo VII a.C.

    Astarté en la península ibérica.

    Hay constancia arqueológica de que los fenicios introdujeron el culto de Astarté en el sur y este de la península ibérica a partir del siglo IX a. C. Y, desde entonces, Astarté se convirtió posiblemente en la diosa más icónica del mundo íbero, asimilándose a deidades indígenas con atributos similares relacionados con la feminidad y la fertilidad. Los arqueólogos de la protohistoria hispana han atestiguado varios santuarios que podrían haber estado dedicados a la misma diosa entre los siglos IX a VI a. C., tanto en el contexto tartésico del bajo Guadalquivir (Carambolo, Coria del Río, Setefilla o Carmona en Sevilla), como en las factorías costeras mediterráneas, especialmente, en la desembocadura del río Segura (El Oral o Guardamar del Segura, en Alicante). 

    Yacimientos fenicios en el sur y sureste de la península ibérica desde el siglo IX al siglo III a. C. Mapa de la revista Desperta Ferro.

    Además se han encontrado evidencias cerámicas y escultóricas, tanto en bronce como en terracota, de la diosa Astarté en la península en yacimientos de la Edad del Hierro, fundamentalmente en contextos de ajuares funerarios. Nos interesaremos por los más importantes para ver su relación con nuestra Dama. Los clasificaremos a través de modelos iconográficos que reflejan inspiraciones en distintas regiones. 

    - Se han encontrado algunas esculturas, que se han denominado como Astarté, que habían adoptado la iconografía de la diosa egipcia Hathor con matices fenicios. La identificación de Astarté con la diosa egipcia es muy evidente en las estatuillas de bronce de El Carambolo (Sevilla) o el timiaterio de la Quéjola (Albacete).

    • La estatuilla de Astarté de atribución más segura fue encontrada en el santuario de la diosa en El Carambolo (Sevilla). Realmente esta obra es la única que atestigua por si misma ser la diosa Astarté, pues posee una inscripción fenicia donde hace referencia a ser ella misma en su peana. Es una figura femenina sedente y desnuda que lleva una peluca de estilo egipcio recogida detrás de las orejas y que le cae hasta los hombros. El trono ha desaparecido. La desnudez es una característica ajena a la iconografía egipcia, pero sí encuentra paralelos en las representaciones del panteón siro-fenicio. Los rasgos faciales, con los ojos almendrados, también delatan su origen oriental.

    La diosa fenicia Astarté,  bronce, 16,5 x 4 x 11 cm. 16,60cm. Montada sobre un escabel de 3cm. Finales del siglo VIII-primera mitad del siglo VII a.C. El Carambolo, Camas (Sevilla). Presenta inscripción votiva (Este trono han hecho Ba`lyaton hijo de Dommilk y Abdba´l hijo de Dommilk hijo de Ysh´al para Astarte-Hor, nuestra señora, porque ha escuchado la voz de sus palabras). Museo Arqueológico de Sevilla.

    • El quemaperfumes (timiaterio) del poblado de La Quéjola (San Pedro, Albacete) es un objeto ritual fenicio de carácter regio amortizado como ajuar en una tumba de un príncipe ibérico, como nuestra Dama. Su presencia allí nos permite corroborar, que éstas reliquias fenicias eran empleadas como símbolos de status social y como artefacto litúrgico en un posible rito funerario. De nuevo, la peluca nos lo relaciona con el modelo egipcio de Hathor, así como el tímido paso ritual que da. Pero, la desnudez de la figura y los ojos almendrados nos acercan a la producción fenicia u oriental.

    Quemaperfumes (timiaterio) del poblado de La Quéjola (San Pedro, Albacete). Bronce, 26,2 cm. Finales del siglo VI a. C. Los rasgos de la imagen y el símbolo de la paloma que lleva en la mano hacen que se asocien con la diosa fenicia Astarté, aunque también hay interpretaciones de que se trataría de una hetera o sacerdotisa de Astarté.  Falta la parte inferior del quemaperfumes donde se apoyarían los pies.

    - Por otro lado, existen representaciones menos numerosas que adoptan la forma de la Astarté-Afrodita, la cual posee un marcado simbolismo sexual y se presenta como diosa de la fecundidad, caracterizándose por sujetarse o resaltar los senos. Estas imágenes han sido documentadas en sitios como Ibiza y Cabezo de San Pedro (Huelva). Asimismo, se han propuesto como representaciones de Astarté-Tanit las imágenes de diosas aladas que, acompañadas de signos astrales, animales y vegetales, aparecen con frecuencia en las cerámicas ibéricas del Levante, objetos funerarios de bronce y piedra en la meseta y en terracotas de Ibiza.

    Los bronces del Berrueco y el bronce Carriazo son contemporáneos de la Dama de Galera y atestiguan su contexto cultural.


    Astarté en el resto del Mediterráneo y comparación/contraste con nuestra Dama.

    La amalgama ecléctica de Astarté de diversas culturas desde el Oriente Próximo hasta el Mediterráneo Occidental hicieron que la iconografía de la diosa fuese muy diversa. Hemos encontrado en este periodo y contexto geográfico detalles en muchas obras relacionadas con esta diosa que pueden servirnos para entender a nuestra Dama.

    - Hay veces que a la diosa se la representa desnuda y sensual, porque se quería recalcar aspectos de su adoración como pueden ser la fertilidad y la sexualidad. En estas esculturas de Astarté se resaltan sus caderas, vientre, sexo y, sobre todo, pechos. La mayoría de las estatuillas hacen el ademán de exprimir  estos últimos como si amamantaran a un niño. He seleccionado, para comparar con nuestra Dama, tres estatuillas posiblemente de Astarté, que tienen en común el desnudo y el señalamiento de los atributos sexuales de la diosa. Las tres sostienen y exponen sus senos con una clara alusión a ser una diosa madre nutricia. Los rostros reflejan grandes ojos almendrados, mirada hierática y sonrisa arcaica.

    No hay consenso entre los historiadores de si este tipo de imágenes son representaciones de la misma diosa o de sacerdotisas o mujeres que simplemente a modo de exvoto le ofrecían la estatuilla para atraer sobres sí la concepción o la protección durante el embarazo y el parto. En los ejemplos expuestos debajo hay claras diferencias de estilos, desde las que portan un gorro cilíndrico, más o menos alto, a las que llevan peluca egipcia. La procedencia de donde fueron halladas es tan dispar como Iraq, Cerdeña o Turquía.

    Esta última característica de madre amamantadora es la que nos hace pensar en nuestra Dama, que fue diseñada para que de sus pechos manara el líquido de la ofrenda. También el rostro se asemeja a las estatuillas expuestas, aunque es realmente un estereotipo arcaico común. 

    - Pero también la diosa puede aparecer vestida y sedente. En un modelo claramente griego de representar a la diosa. En estos casos aparece con ropajes largos hasta los pies (peplo), más o menos sencillos, y gorro cilíndrico alto (Khalatos) o bajo (polo), cubierto por un velo o manto que cae sobre sus hombros (himation). Estos detalles de su vestidura enfatizan su dignidad como diosa. También hay representaciones de pie, pero son más frecuentes los modelos sedentes sobre trono, porque es un símbolo más para acentuar su autoridad y estatus divino. Este modelo majestuoso es el más extendido en muchos santuarios fenicios o con contacto directo con ellos a lo largo del Mediterráneo. Destaca por su parecido con nuestra Dama los hallados en las islas y costa del Asia Menor, Creta, Chipre, Sicilia y Cerdeña.

    El modelo sedente de Astarté-Afrodita, con gorro cilíndrico, se encuentra extendido en Asia Menor (Rodas, Cos, Mileto) y colonias del Mediterráneo central durante la época arcaica. Estilísticamente encontramos desde figurillas muy simples y con notables desproporciones corporales (Louvre y Mileto), a otras un tanto más elaboradas y detallistas (MET). Su función era servir de exvotos de los fieles de los santuarios de Afrodita-Astarté. 

    Esculturas de piedra caliza de diosas sentadas con gorro bajo (polo), que posiblemente formaban parte del dintel del Templo A de Prinias, isla de Creta. Siglo VII a.C. La dimensión de las diosas es de 82 cm. Las dos figuras son simétricas y están entronizadas una frente a otra con las manos en las rodillas y llevan tocados de polo, signo de su divinidad.. En la obra se pueden distinguir influencias estilísticas de Oriente Próximo, Egipto y el propio estilo griego arcaico (dedálico). Sus rostros son triangulares, con cejas almendradas y ojos en alto relieve como en Oriente. Lamirada hierática y la rigidez de la postura frontal y de la pose de los brazos que no exponen las extremidades a la rotura son propias de Egipto. Mientras sus prendas y trenzas junto con la concepción geométrica son rasgos típicos del estilo griego de la época dedálica (siglo VII) y que le asemejan a la conocida dama de Auxerre. 

    Sin embargo, desde mi punto de vista, la iconografía más cercana a la Dama de Galera son las representaciones chipriotas de Astarté. Especialmente las encontradas en los asentamientos y santuarios de Kition y Amathus en la isla de Chipre y datadas en el siglo VI a. C.

    Diosa entronizada (Astarté). 1ª mitad del siglo VI a.C.  Caliza, 81 x. 54 x 43 cm. santuario de Kition, Chipre. Museo Kunsthistorisches de Viena

    En el siglo IX a. C., Kition fue colonizada por inmigrantes fenicios que erigieron un lugar sagrado para Astarté, diosa de la abundancia, el amor y la muerte. En esta estatua de piedra caliza de tamaño menor al natural encontramos representada a una mujer sentada es que sería probablemente la imagen de culto de la diosa oriental. Las proporciones de su cuerpo y los rasgos de su rostro son los más cercanos a los de nuestra Dama. Pero lo que le hace más parecida son los brazos del trono, que están sostenidos por esfinges aladas, compañeras de Astarté. Los frentes de la esfinges, en cambio, son muy diferentes, pues se muestran que estas esfinges son figuras masculinas (barbas) y que están completamente vestidas y en pie. La diosa está adornada con trenzas en espiral y una túnica larga que en nada se parecen a nuestra Dama. La pesada cadena del cuello y los artísticos pendientes en forma de perchas forjadas son característicos de Chipre. La diosa entronizada representa una mezcla de estilos artísticos como su cuerpo con forma de bloque, el esquematismo, su frontalismo, su rigidez..., constituyen una buena mezcla de influencias egipcias, orientales y de arquetipos de la antigua Grecia oriental.

    Se han encontrado también estatuillas en caliza de menor tamaño y de peor calidad. Véase estas estatuas en la imagen inferior y de paso compárese con la Dama de Galera  que viene a continuación.

    Dama de Galera, alabastro. Dimensiones: altura , 18,50 cm; anchura, 12 cm; y grosor, 13 cm. Datación: producción fenicia del s. VII a.C.; amortización en la necrópolis de Tútigi (Galera, Granada) a finales del s. V a.C.

    Al volver a echar la mirada sobre la Dama, después de este recorrido por otras obras del ancho Mediterráneo con las que la hemos comparado, nos debería sorprender la calidad de nuestra obra y su reducido tamaño en el que se han plasmado detalles impresionantes. 

    Lo primero que me gustaría destacar es que es una verdadera escultura en bulto redondo, es decir, está trabajada en todas sus vistas (también por detrás). Es verdad que la trasera ha sufrido mayor desgaste por roce en las partes sobresalientes, pero aún son visibles los detalles de los ropajes de la diosa, de la esfinge y del asiento. Esto implicaría que su función inicial no fuera la de servir de imagen de culto y de exvoto, donde sólo sería relevante la vista frontal para un potencial fiel. Esta cualidad, de que esté trabajada en su totalidad, me hace concluir que se trataría de un objeto funcional, pero muy decorativo. Un objeto ritual al que se accedería tanto por detrás (para echar el líquido que manara por sus pechos), como por delante para utilizar ese líquido depositado en el cuenco para... ¿ungir una estatua, un fiel, un difunto...?
    He dejado para el final las vestiduras y adornos, pues para mi es lo más distintivo de nuestra diosa. En sus detalles se manifiesta no sólo el alto nivel de habilidad de los escultores fenicios, sino también el esmero que pusieron en el diseño de unos objetos muy sofisticados y realistas que merece la pena que analicemos. 

    En la cabeza, la figura luce un tocado con adornos. No es un gorro, khalatos o polos,  griego a la manera de la Astarté- Afrodita, ni tampoco es una peluca egipcia con tirabuzones a la manera de Astarté-Hathor. Es probablemente la recreación fiel de una diadema circular o corona de oro. Aunque esta parte de la escultura está algo deteriorada, se puede apreciar que al menos tendría dos aros con cabujones semicirculares. Uno de mayor ancho que el otro, están unidos por molduras sencillas. De esta estructura colgarían unos pétalos sólo sobre la frente y las sienes. Como sabemos que la imagen estaba policromada, es probable que en la escultura estos detalles fueran pintados para que resaltaran más, pero en la diadema que sirvió de modelo real seguramente estuvieran hechos en finas láminas de oro también o en materiales más perecederos como telas o flores. Los pétalos, amplios y redondeados, se asemejan a los de la flor del loto, lo que aportarían una evidencia más para asociar la imagen al culto de la diosa Astarté-Hathor. Los semicírculos y granulados recuerdan los trabajos de orfebrería fenicio-tartésicos de esta época, como son los brazaletes del tesoro de Carambolo, donde también podemos ver una figuración floral. 

    Elementos de comparación con la diadema de la dama de Galera.  el brazalete pertenece al Tesoro del Carambolo. Oro, 10,80 cm de alto x 11,10 cm de diámetro.  Finales s. VII a. C. a primera mitad s. VI a. C. El cuerpo cilíndrico está formado por una gruesa lámina de oro con nueve láminas soldadas en su cara externa. Se alternan láminas de hemiesferas o cabujones lisos y láminas con flores de once pétalos troqueladas, insertas en doble círculo sogueado. Debajo del brazalete hay una flor de loto, flor que en Egipto era símbolo de resurrección y vida eterna porque por la noche la flor se cierra y desaparece y al llegar el día sale del agua y se abre.

    La Dama porta también una especie de prenda a modo de tocado que oculta el pelo y que podría estar sostenida por la diadema. No llega ser del tamaño del velo del himantion griego, puesto que apenas al caer sobre sus hombros y espalda se abren sus tres picos en un acabado remate en borlas. El cuarto pico del mantito se ocultaría debajo de la corona (a la altura del agujero de la cabeza). El relieve de la prenda nos ofrece una textura tejida o de urdimbre, lo que sugiere un material distinto al delicado vestido talar que tiene un acanalado plisado uniforme. Bien podría ser de lana. Este material da la sensación de que pesa porque se tensa. La explicación a esa sensación podría ser el ribete contorneando los bordes que remite al mismo motivo decorativo hemisférico de corona y vestido y a la terminación en sus picos en pesadas borlas. Desgraciadamente, no he sabido encontrar una representación gráfica de esta prenda  en la iconografía entre los siglos VIII a VI a. C. que pueda utilizar como elemento comparativo, aunque sí de las borlas de los picos. Estas podrían ser joyas en oro, que actuarían como motivo decorativo y como tensor funcional del pañuelo al dotarle peso. Su forma se parece muchísimo a modelos de colgantes encontrados por todo el Mediterráneo en la Edad del Hierro. Un punto de anclaje de cordones trenzados que se abren a modo de racimo y de los que cuelgan una forma acampanada que podrían ser flores de papiro como los aretes del tesoro de Príamo, que añadimos a la composición fotográfica de abajo, o pequeñas anforitas como lleva la Dama de Elche.

    Por último, la diosa lleva una túnica larga plisada que le cubre todo el cuerpo. Parece una sola pieza, que bien se introduciría por la cabeza o más posiblemente que se abrocharía por delante (a la altura del ribete vertical). Los pliegues son muy ligeros y preciosistas para el tamaño de la escultura. Caen elegantemente verticales en espalda, pecho y piernas, pero se adaptan y toman la forma femenina de la cadera y senos o los brazos, proporcionando a la pieza la sensación de volumen. Los plisados son tan realistas que nos hacen identificar  hasta la tela de esta vestimenta. Es una túnica de lino plisada de manufactura egipcia. Los egipcios habían desarrollado la técnica compleja de plisar el tejido del lino y, desde el Imperio Nuevo, habían obtenido telas para vestidos femeninos muy elegantes, como podemos ver en las esculturas y pinturas funerarias de este periodo. El tejido obtenido era tan fino que casi transparentaba las formas del cuerpo de las mujeres egipcias de la aristocracia.

    Dos ejemplos de esculturas funerarias femeninas del Imperio Nuevo (dinastía XVIII) llevando vestidos lino plisado. A la izquierda, la estatua sedente de la cantora Nehy, c. 1250-1230 a. C. Procedente de Saqqara. Caliza, 132 x 45,1 x 87,8 cm  Actualmente se encuentra en el Museo de Arte Walters. A la derecha,  la estatua de la esposa de Nakhtmin, ca. 1332-1323 a. C. Museo de Sharm El Sheikh. Debajo, detalle del vestido de la Dama de Galera.

    Competir con el genial y sensual escultor que realizó la escultura de la esposa de Nakhtmin es difícil. Sin embargo, salvando las diferencias de tamaño, el artista que realizó los pliegues del vestido de nuestra Dama no se queda muy lejos de los pliegues realizados para otras obras, lo que nos demuestra que no es un aficionado y que puede compararse en habilidad técnica con los escultores egipcios. 

    Detalle de la estatua de de la esposa de Nakhtmin que denota hasta qué punto se podía hacer transparente la tela de lino.

    Si contrastamos los vestidos plisados de Egipto, como el de más arriba, y el de nuestra Dama encontramos algunas diferencias. Los egipcios claramente cruzaban la tela por delante del cuerpo para cerrarse creando un efecto diagonal a la altura del pecho. El de nuestra Dama no parece hacerlo así y, aunque crea un escote triangular donde hipotéticamente se juntaran los extremos de la tela, los pliegues caen verticales. Por otro lado, los vestidos de lino egipcios son simples, es decir, se limitan a usar únicamente esta tela liviana y, en cambio, el de la Dama la prenda es reforzada por una cinta decorativa que bordea toda la pieza. Este ribete ancho repite los motivos semicirculares de diadema y manto. No sería disparatado, por ello, creer que este motivo en el vestido real fuera cosido en un material diferente (¿finas láminas de oro?) y que sirviera para abrochar de alguna manera el vestido.


    Por otro lado, al indagar sobre la estatuaria egipcia con vestidos plisados de lino, no deja de llamarme la atención que casi todas las mujeres representadas sostiene en su mano izquierda un sistro o sonajero o objetos relacionados con el culto de la diosa Hathor. La diosa que se relaciona con Astarté.


    En resumen, la Dama de Galera no solo es una obra maestra de la escultura fenicia, sino también un puente entre culturas, un reflejo de la complejidad social y religiosa de su tiempo. Su estudio ofrece valiosas perspectivas sobre la interconexión entre las civilizaciones del Mediterráneo y la evolución de las creencias y prácticas funerarias en la península ibérica.

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    Agradezco  el magnífico trabajo realizado por el  CMPLab, el Laboratorio de Captura de Datos, Modelado Virtual y Producción (Centro Universitario de Mérida, Universidad de Extremadura) por obtener en 3d con fotografías de alta definición a nuestra Dama de Galera, puesto que me ha permitido acercarnos a la pieza de una forma que hubiera sido imposible de otra manera.


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