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jueves, 6 de noviembre de 2014

ARQUITECTURA Y PINTURA DEL SIGLO XIX. TRABAJO DE LA TERCERA EVALUACIÓN.

Os presento el trabajo que debéis preparar para la 3ª evaluación. Como habíamos quedado esta vez se tratará de investigar sobre el arte del siglo XIX preferentemente en la arquitectura y en la pintura. A continuación os ofrezco una introducción que deberá ser parte integrante del trabajo. He enlazado aquellos artículos del blog que están relacionados con estas ideas por si os sirven de ayuda.

Detrás está el documento con el esquema del trabajo y la lista de imágenes que debe tener obligatoriamente (no quiere decir que no podáis añadir más).



El arte del siglo XIX.

El proceso industrializador transformó la sociedad de la Europa del siglo XIX.

Arquitectura.

A lo largo del siglo se asistió a la búsqueda de una nueva arquitectura adaptada a las necesidades y posibilidades de la nueva sociedad. De ahí que:
1. En primer lugar, se hiciera necesario un nuevo urbanismo para canalizar la intensa actividad constructiva de las crecientes ciudades. Desde mediados de siglo, se tiran las murallas medievales que constriñen el centro y se diseñan nuevos barrios racionales y modernos (Ensanches) que se adaptan a los progresos tecnológicos.
2. En segundo lugar, los arquitectos se debaten estilísticamente a lo largo del siglo entre:
  • recurrir a la recuperación de estilos del pasado o de arquitectura exótica de otras civilizaciones recién conquistadas(historicismo: neoclasicismo, neogótico, neobarroco...);
  • revalorizar la arquitectura popular (Movimiento Arts & Crafts);
  • y explorar las posibilidades de los nuevos materiales  (arquitectura en hierro y cristal), que se aplicaron primero a los edificios de ingeniería, luego a los de los nuevos tiempos y finalmente a todos;
3. Finalmente, como resultado de estos esfuerzos, a finales del siglo, surgieron dos tendencias arquitectónicas que respondían ya a las necesidades estéticas y funcionales de la sociedad contemporánea y que enlazarán con el siglo XX:

Escultura y Pintura.

Desde el punto de vista de las artes figurativas, el arte se entrega a una búsqueda constante de formas nuevas.

1. A comienzos de siglo la nueva clase dirigente (burguesa o aristocrática) se identifica con el neoclasicismo del que admiran el orden frente a los excesos del barroco.

2. Luego, la burguesía más progresista se inclina hacia corrientes románticas. El pensamiento liberal había aportado el descubrimiento del individuo. En su soledad los espíritus encuentran en el espectáculo de la naturaleza el reflejo de emociones y sentimientos. De ahí surgirá una corriente de artistas que reivindicarán su libertad creadora en las siguientes décadas y de donde se producirán las rupturas estilísticas.

3. Al mismo tiempo, las Academias, creadas con la Ilustración y el neoclasicismo, intentan fijar los criterios del buen gusto y la belleza que son seguidos  por la mayoría de escultores y pintores. Pero a lo largo del siglo se ve que este monopolio artístico se va rompiendo en favor de la libertad de creación larvado en el Romanticismo  y hay cada vez más artistas que buscan poner al espectador frente a nuevos conceptos estéticos.
  • A mediados de siglo, la conciencia de los graves problemas sociales impulsa la corriente realista. Influido por las corrientes positivistas, el realismo trata con despiadada objetividad los temas tradicionales y eleva a categoría artística la vida cotidiana de las clases trabajadoras, ante el escándalo y la incomodidad de las clases dirigentes.
  • En el último tercio de siglo, los artistas  intentan romper con la tradición totalmente y se abrir un proceso de búsqueda de un nuevo lenguaje para la nueva sociedad. Buscan una nueva pintura y escultura para el nuevo tiempo. En esta época, los espíritus más inquietos acuden a París, convertida en la nueva capital del arte. Allí, La existencia de una burguesía que ejerce mecenazgo sobre las artes, así como la extensión de los marchantes con sus salas de exposiciones, permiten a los artistas experimentar con mayor libertad. Estos cuestionan la validez y la función de la figuración en un mundo cada vez más científico y donde la fotografía ya permite captar la realidad con precisión.
  • 1. El grupo de los impresionistas serán los primeros en explorar nuevas formas de representación de la realidad. Encuentran su identidad estética en la exaltación de la luz y el color y en la acentuación del punto de vista subjetivo.
  • 2. Los artistas postimpresionistas posteriores trataran de hallar el modo de lograr mayor rigor científico, inundando el lienzo de diminutas pinceladas de colores puros, o de ir más allá de los presupuestos impresionistas abriendo los caminos por los que se desarrollará la creación pictórica del siglo XX.

Sobre el documento:

- No es obligatorio presentar el trabajo formalmente, pero sí examinarse del contenido el viernes 25 de abril.

- Os animo a que realicéis el trabajo, ya sea por escrito (a mano o en word) o por soporte  Power Point. Si lo hacéis seguid el esquema y el número de folios orientativos y las instrucciones sobre los comentarios de imágenes. Los folios no equivalen necesariamente a diapositivas de power point.

- Hacer este trabajo extra tiene ventajas.
  • 1.- Es la forma de llevar bien preparada esta materia.
  • 2.- El trabajo se evaluará como una nota de clase más. La puntuación se obtendrá de la siguiente manera: el contenido (40 %), el trabajo personal (40%) y la presentación (20%). Además, su correcta presentación supondrá una nota positiva de actitud para la evaluación final.
  • 3.- Obligatoriamente caerá en el examen de evaluación, bien como tema o bien como comentario de imagen.

domingo, 26 de octubre de 2014

LA MUJER BURGUESA SEGÚN DEGAS. RETRATOS FAMILIARES Y DE AMIGAS.

A partir de mediados del siglo XIX, la burguesía se impone definitivamente en la sociedad europea y con ella un nuevo modelo de códigos en las relaciones sociales y familiares tanto en el ámbito público como en la vida privada. La burguesía quiere dejar a la posteridad la imagen de su éxito económico y social a través de la pintura y de la fotografía, pero también quiere plasmar gráfica o visualmente los comportamientos sociales. Es el momento en que se populariza la fotografía, aunque los retratos pictóricos todavía son muestra de buen gusto y estatus social. Ante el pintor o ante el fotógrafo, los sujetos retratados adoptan una serie de poses, vestimentas y adornos que son los signos de aquella imagen con la que como individuos quieren ser conocidos por el resto del mundo. Estas representaciones visuales pretenden además delimitar las funciones y áreas de ambos sexos en la sociedad burguesa: al hombre le corresponde la gestión de los negocios y la vida pública; a la mujer la administración del hogar y la esfera privada.

Edgar Degas. Retratos en la Bolsa, 1878-79. Óleo sobre lienzo, 100 x 82 cm. Musee d'Orsay (París). La Bolsa es uno de los ámbitos de la nueva sociedad capitalista burguesa. Aquí contemplamos su actividad, reservada sólo a los hombres.

La mayor parte de los pintores se muestran muy convencionales a la hora de representar a la mujer burguesa. Responden a un patrón propio de una cultura patriarcal en la que la mujer debía ser, de soltera, buena hija y novia bella e inaccesible y, de casada, buena madre y esposa. Salirse de estos estereotipos de representación y de lo que debe ser su papel en la sociedad es transgredir el sistema y entrar en el oscuro mundo de la mujer marginada, de la prostitución o de las clases bajas, que también atrae a los pintores.

Edgar Degas. Mujeres en la terraza de un café por la noche, 1877. Pastel sobre monotipo, 41 x 60 cm. Musée d'Orsay, París. Se trata de unas prostitutas que esperan a sus posibles clientes sentadas en un café. La composición se estructura a través de las columnas de la terraza que dividen la escena en varias franjas verticales y rompen el espacio para crear sensación de movimiento. De esta manera se muestra la influencia de los grabados japoneses, que solían disponerse similarmente. La perspectiva empleada es algo elevada, como si se tratara de una figura que avanza hacia el grupo - el camarero o un cliente - lo que crea un maravilloso efecto de inmediatez. Al ser un pastel sobre monotipo las masas de blancos y negros abundan en la escena, animada por las tonalidades malvas, rojas y grises. La luz artificial del local, de las farolas y de los escaparates es un gran logro del artista que refuerza así la comentada sensación de realismo.

Edgar Degás (1834-1917) es uno de los pintores más sensible por el mundo femenino. Conocido por especializarse temáticamente en la representación de bailarinas de ballet, sus pinceles también hacen protagonista a la mujer en muchos otros cuadros: a obreras trabajando (planchadoras); a mujeres anónimas y desnudas que realizan tareas íntimas en el cuarto de baño; a mujeres de la "noche" en cafés y locales de espectáculos; y, por supuesto, a mujeres concretas de su clase social a las que retrata.

Edgar Degas. Las planchadoras, entre 1884 y 1886. Óleo sobre lienzo, 76 x 81 cm. Musée d'Orsay, París. Es un cuadro en la estética realista de Courbet o Daumier. Nos presenta a las planchadoras en su duro trabajo, ajenas a los buenos modales o a la belleza refinada. Su trabajo es duro bajo temperaturas de más de 30º y teniendo que realizar mucha fuerza para que la ropa quede bien. Una de ella se duele del esfuerzo y se toma un reposo con una botella de vino. Resulta sorprendente la factura, casi de manchas, aunque existe una excelente base de dibujo como podemos apreciar en los brazos o en los rostros. El resultado consigue un efecto vaporoso motivado por el calor de las rudimentarias planchas.

A mi juicio, Degas es uno de los pocos pintores que en el género del retrato femenino burgués es capaz de captar con naturalidad a la mujer rompiendo convenciones y trasmitiendo sentimientos reales de las retratadas y del pintor a cerca de ellas. Esto es posible, tal vez, porque sus modelos son, con frecuencia, mujeres de su propia familia o amistades muy cercanas, lo que le libera en cierta medida del convencionalismo social. Esta actitud ante el retrato femenino es constante tanto en su etapa como pintor realista como cuando ya se decide por la ruptura vanguardista del impresionismo. A continuación hago un repaso de algunas de sus mejores obras en este tema.

Edgar Degas. La familia Bellelli. 1858. Óleo sobre lienzo, 200 x 250 cm. Musée d'Orsay (París).

En uno de sus primeros grandes retratos, el de la familia Bellelli, ya vemos cuán importante es para Degas dejar bien claro lo que siente ante las mujeres del cuadro. Es un cuadro de 1858, cuando el pintor completaba su formación como pintor en Italia. Los retratados son sus tíos, en concreto, su tía Laure, hermana de su padre, que había casado con el barón Gennaro Bellelli, junto a sus dos hijas, Guilia y Giovanna. La imagen nos muestra el salón de una familia burguesa no carente de cierto lujo en el mobiliario y en el alegre papel pintado azul celeste que domina la composición. Sin embargo, las figuras aparecen tristes y desconectadas de la realidad. Precisamente cuando Degas llegó a Florencia, donde vivían, Laure había tenido que marchar a Nápoles para cuidar de su padre, que fallecería poco tiempo después.

Domina el cuadro el grupo de la madre con sus hijas. Las mujeres aparecen vestidas de riguroso luto por la muerte del abuelo. En la pared se contempla un dibujo a tiza roja en la que se vislumbra el rostro del finado. Su tía. Laure, es todavía joven, pero tiene una mirada triste y su actitud es muy rígida. Su prima mayor, Giovanna, mira fijamente al espectador y mantiene la seriedad propia de la convención del momento y del mundo de los adultos.

La menor, Giulia, se distrae y rompe la pose tal vez atraída por un perro que se sale del cuadro por el margen inferior izquierdo. No puede estarse quieta y recoge una pierna para sentarse sobre ella. Un suave foco de luz ilumina estas figuras, mostrando la cercanía del artista hacia los miembros de su familia directa. No sólo la luz une a las mujeres sino que apreciamos un contacto físico entre ellas: la mano de la madre posándose en el hombro de Giovanna y la fusión entre las faldas de Laura y Giulia.

La frialdad que reina en esta familia no radica sólo en la muerte del abuelo. En el cuadro hay un drama escondido ante el que el pintor se pronuncia, dejando claro por quién toma partido y también su audacia como pintor que viene a romper con los convencionalismos de representación de una familia burguesa. Su tía Laure aparece de pie en la postura que debería corresponder al estereotipo masculino, su rostro es impresionantemente digno. Mientras que el barón Bellelli, el padre de la familia, aparece sentado, casi de espaldas y semioculto por la oscuridad. Su boda con Laure Degas es fruto de uno de los numerosos matrimonios de conveniencia que se daban en la época, existiendo una total falta de cariño entre los cónyuges. La figura de Gennaro ni siquiera  establece contacto visual con las mujeres, confirmando lo que piensa el pintor ante la indiferente de aquél por su familia.

Las imponentes dimensiones, los colores y los juegos estructurados de perspectivas abiertas (puertas y espejos) fortalecen el clima de opresión o de tensión que se vive entre el matrimonio.

Edgar Degas. Thérèse Degas, 1863. Óleo sobre lienzo 89 cm x 67 cm.  Musée d'Orsay, Paris.


En el retrato de Therese Degas, el pintor pidió a una de sus hermanas más jóvenes que posara ante él poco antes de su matrimonio. Este retrato es buen ejemplo de lo que debe ser una señorita de la buena sociedad burguesa. Es un retrato clásico que rivaliza con los de Ingres en su composición, iluminación y detallismo. Therese porta sus mejores galas dentro de una armonía entre grises, blancos y negros, que contrasta con la larga cinta de raso rosa atada bajo la barbilla, que le da el toque alegría y brillantez. Pero bajo esta aparente rigidez, aparece la sutileza psicológica. Muy sutilmente, Degas traduce la tensión interna que afecta a su hermana. Por debajo de su chal asoma tímidamente la mano izquierda en la que lleva el anillo de compromiso.

Edgar Degas. Thérèse Degas, 1863. Óleo sobre lienzo 89 cm x 67 cm.  Musée d'Orsay, Paris. Detalle.


El contraste entre el vacío del interior, anunciando la partida, y la luz del paisaje, símbolo de un futuro optimista, que asoma por la ventana (la bahía de Nápoles, hogar de su prometido) habla de su futura vida matrimonial y sus sentimientos ambivalentes. Esta dualidad también se ve reforzada por las dos técnicas pictóricas usadas juntas: la mano del anillo está pintada con gran cuidado, mientras que la otra, apenas está definida.

Edgar Degas. Retratos de Edmondo y Thérèse Morbilli, 1865. Óleo sobre lienzo, 116.5 x 88.3 cm. Museum of Fine Arts, Boston.


En 1865 Therese y su marido, Edmondo Morbili visitaron París y Degas pudo retratarlos. Therese se sienta, literal y figurativamente, a la sombra de su marido. Contrasta la expresión de su hermana, preocupada y triste por la pérdida reciente de un hijo que esperaba, con el aire de autosuficiencia de su marido. Therese era la hermana favorita de Degas y de la que más retratos realizó. Quizá por eso nos muestre con cierto rencor a quien se llevó a su modelo. El marido adopta una postura rígida y un rostro aburrido y desdeñoso. Sin embargo, en su hermana encontramos una mirad penetrante y cálida. Su gesto de llevarse la mano derecha a la cara es una postura de pose que indica ingenuidad, mientras que la otra mano apoyada en el hombro de su esposo confirma el sometimiento por entero a su voluntad. De nuevo, el pintor  juega con la pincelada para centrar nuestra atención en rostros y manos con un buen detalle de dibujo y, en cambio, apenas insinúa con pinceladas sueltas los ropajes, objetos y fondo.

Edgar Degas (1834-1917). Madame Jeantaud delante de un espejo, 1875. Óleo sobre lienzo 70 cm x 84 cm. Musée d'Orsay, Paris.


La Sra. Jeantaud, la esposa de un amigo del pintor, comprueba su apariencia en el espejo de un armario antes de salir. Degas describe con detalle el comportamiento de la elegante modelo y su reflejo en el espejo. La variedad de materiales y colores armoniosos de sombrero, capa y la funda de piel del regazo están trazados en muy pocas pinceladas. La composición es muy original. La mujer aparece vista de tres cuartos, con la cabeza vuelta para contemplarse en el espejo, pero a la vez para mirar directamente al espectador en un cruce de miradas. La figura como las ropas que porta ofrecen una vista  muy distinta de la realidad en el reflejo del cristal, un desenfoque en la pincelada y una esquematización que parece presagiar los retratos precubistas de Braque y Picasso.

Edgar Degas (1834-1917). Madame Jeantaud delante de un espejo, 1875. Óleo sobre lienzo 70 cm x 84 cm. Musée d'Orsay, Paris. Detalle, reflejo en el espejo.


La modelo de la mujer del florero es su prima y cuñada, Estelle Musson de Degas (casada con su hermano René Degas). Posa con un vestido sencillo, casi una bata beige de andar por casa. A su lado, una mesa sobre la que hay joyas y guantes, en la que se encuentra un jarrón multicolor que contiene un hermoso ramo de flores de color púrpura con hojas grandes exóticas. De nuevo Degas capta momentos de la vida de una mujer como si fuera un encuadre fotográfico. Tan es así que el jarrón acapara el primer plano y deja a Estelle en segundo plano. La sensación de indefensión que nos provoca la retratada no es casual. El desconcierto asoma en su mirada porque sufre una enfermedad ocular que la está dejando ciega. En otro cuadro, también con un florero como protagonista principal, la podemos ver deambulando por la casa  y palpando las flores a las que debía ser muy aficionada.

Edgar Degas. La mujer del jarrón. Retrato de Mlle. Estelle Musson Degas, 1872. Óleo sobre lienzo, 65 x 54 cm. Musée d'Orsay (París).


Para el retrato de una de sus amigas, la señorita DihauDegas eligió para representarla en el momento en que toca una pieza en el piano, de la que es una consumada concertista . La joven pianista lleva muy lindamente un sombrero con flores y parece mirar complacida al público que escucha su obra. El encuadre resulta totalmente novedoso y espontáneo.

Edgar Degas. Mademoiselle Dihau al piano, 1869. Óleo sobre lienzo 45 x 32.5 cm. Musée d'Orsay (París).


Con estas y otras muchas obras en las que Degas retrata a la mujer burguesa creo que queda totalmente desmontada la acusación de misoginia que ya en vida del pintor se le hizo por mantenerse soltero. El pinta a la mujer de verdad, no la belleza ideal académica.

viernes, 17 de octubre de 2014

RAMÓN CASAS Y CARBÓ (primer parte). LA FORMACIÓN: PINTOR ENTRE EL ACADEMICISMO REALISTA Y EL IMPRESIONISMO (de 1883 a 1890).

En cuatro artículos voy a intentar transmitir la obra de uno de nuestros pintores contemporáneos más notables, el barcelonés Ramón Casas i Carbó (1866-1932).
  1. En esta primera entrega trataré de su formación académica y de sus primeros pasos hasta desembocar en el impresionismo.
  2. Aunque, como veremos en el siguiente capítulo, su afiliación en el impresionismo (Segundo capítulo) sólo será pasajera y como todos los pintores evolucionará, en su caso,
  3. hacia postulados que le llevarán entre el realismo social (tercer capítulo)y el modernismo primero
  4. y en su etapa final volverá a un academicismo contracorriente con la tendencia dominante de la pintura. En el último artículo trataré también de su faceta como dibujante y cartelista de éxito.
Autorretrato de Ramón Casas. 1908.


Ramón Casas, Formación.

Ramón Casas nació el año 1866 en el seno de una familia acomodada catalana. Una familia que nunca puso pegas a la vocación de Ramón. Y es que Casas fue un artista precoz. A los 12 años dejó la escuela para entrar en el taller de Joan Vicens. Pero como no le satisfacía las enseñanzas de este pintor, se trasladó a París en 1881, con sólo 15 años, para ingresar en la academia del pintor Charles August Émile Duran, conocido como "Carolus Duran", un pintor realista, especializado en el retrato y gran admirador de la obra de VelázquezEn su academia aprenderá anatomía, perspectiva y, por supuesto, el retrato. Desde 1884 cambia de academia y asiste a la Acadèmia Gervex donde coincide con los pintores RusiñolBarrauCarrièrePuvis de Chavannes entre otros.

Carolus Duran. La dama del guante, 1869. Óleo sobre lienzo, 228 x 164 cm. Museo d´Orsay. Este es el mejor ejemplo de retrato a lo Velázquez de este pintor que tanto influyó en Casas para desarrollar este género.


Casas le sorprendió el interés que despertaba en el círculo que frecuentaba en París todo lo que tuviera sabor hispano. Es evidente que se dejó influir no sólo por el apasionado hispanista Carolus, sino también por otros miembros de estos estudios como John Singer Sargent, que en 1882, tras un viaje por España expuso su obra El Jaleo. También pudo ejercer su influencia sobre el joven pintor, la consideración que se tenía en todos los talleres de la obra realista de Edouard Manet, otro admirador de lo español, con conocidísimas obras inspiradas en pintores y tipos españoles.

John Singer Sargent, El Jaleo. 1882. 232 × 348 cm. Colección Isabella Stewart Gardner Museum.


El caso es que desde su primer viaje a París en 1881, alternó los inviernos  en esta ciudad con estancias en España y fue creando un estilo muy propio, mezcla de lo que aprendía en Francia y de lo que observaba en España. En 1883, con sólo 17 años, ya se consagró como joven promesa de la pintura cuando participó en el Salón de Artistas Franceses junto a autores consagrados con su Autorretrato vestido de torero. La arrogancia con la que posa sorprende como carta de presentación ante el gran público, cuando a un pintor tan joven se le supondría una actitud de más humildad. A mayor atrevimiento el día de la inauguración se presenta al Grand Palais con el mismo vestido del autorretrato. En otro autorretrato hecho en 1885 se pintará chulescamente vestido de bandolero. La composición  es muy efectista por el clarosocuro tenebrista que ilumina rostro y manos.

Ramón Casas. Autorretrato vestido de torero, 1883. Óleo sobre lienzo. 115 x 96.5 cm. Museu Nacional d'Art de Catalunya. Barcelona.


En un punto muy opuesto de luz y color y con unas ganas manifiesta de seguir ahondando en el tópico hispano nos encontramos con la otra gran producción de estos años entre 1884 y 1887: la serie de cuadros de tema taurino pintadas entre Barcelona, Madrid, Granada y Sevilla. En ellos el pintor nos demuestra sus sentimientos y su manera de entender la fiesta de los toros y se introduce por primera vez en la representación de masas humanas, cuadros que años después le darán un gran reconocimiento. La luz en las plazas es vibrante, muy fuerte, y la masa es abocetada, pero muy efectista. Parte de la crítica precisamente censuró que no fuera más realista, que para pintar a la gente en la masa sólo utilizara manchas cromáticas. Una Corrida de toros en la Barceloneta de 1884 es el mejor ejemplo de cómo es capaz de captar y expresar la pasión de una psicología colectiva y plural con sólo unas cuantas pinceladas.

Ramón Casas. Plaza de toros de Barcelona, 1884. Óleo sobre lienzo, 53,7 x 72,4 cm. Barcelona, Museu de Montserrat.


En 1886 se recupera de una tuberculosis en Barcelona. Ese mismo año expone en la colectiva de la Sala Parés los óleos de temática taurina. En 1887 culminará este tipo de cuadros con los realizados en la Maestranza de Sevilla. Estos son cuadros en los que aún se muestra más arrebatado y deslumbrado por el ambiente que se vivía  en la Maestranza, mostrándolo con una fuerza inigualable a través de pìnceladas abocetadas expresivas y planos más cercanos que acentúan el dramatismo. También ese año conoce a Ignacio Zuloaga, otro pintor español amante de la fiesta de los toros, que tratará esta iconografía a lo largo de toda su carrera artística.

Ramón Casas. Toros (caballos muertos), escena taurina, 1886. Óleo sobre lienzo, 73,7 x 64,8 cm. Museu Nacional d´Art de Catalunya.


Las visitas que realiza en 1885 al museo del Prado de Madrid para estudiar directamente la pintura de Velázquez  y de Goya repercutirán en un avance notable en los retratos de Casas. Como Velázquez, utilizará una gama limitada de colores, basada en tonos ocres, un foco de luz frontal y una fluidez en la pincelada que sorprenden en un artista tan joven. Del tenebrismo de los primeros retratos, pasará gradualmente a valorar cada vez más el color y la luz del entorno.

Ramón Casas. Retrato de Elisa Casas, 1885. Colección particular. Este cuadro todavía mantiene el tenebrismo inicial y se concentra en la figura y en la expresión.


Los retratados son sus familiares y amigos más cercanos que posan con naturalidad, sin la elegancia o la sensualidad que trasmiten los cuadros de Sargent o Duran. Como ellos, y como su admirado Velázquez, situaron a sus figuras en espacios conseguidos únicamente mediante gradaciones de luz.

Ramón Casas. Retrato de Monserrat Carbó, 1888. Óleo sobre lienzo, 202 x 92 cm. Fundación Banco Santander. Sus retratadas no son sofisticadas ni sensuales bellezas parisinas, son sus hermanas, unas jóvenes normales de la burguesía catalana.


Su habilidad para el retrato se pone a prueba cuando entre 1888 y 1889 decide trasladar sus retratos al exterior, utilizando la técnica impresionista de plein air. Por otro lado, nuestro pintor se sintió atraído por los elementos cotidianos y más íntimos. Por ese motivo, cambió el modelo de retrato e intentó captar casualmente a sus hermanas y primas en diferentes puntos del patio trasero de la casa familiar de la calle Nou de Sant Francesc, de Barcelona. La técnica es rápida y muy veraz, trasmitiendo en cada personaje su vida interior y encontrando la belleza en lo cercano y cotidiano. Varios son los retratos que me gustarían destacar, porque a mi juicio, algunos de ellos son de las obras mejores del pintor.

Ramón Casas. Retrato de Elisa Casa y Carbo 1889, detalle. Óleo sobre lienzo, 200 x 100 cm. Colección particular.

  • En primer lugar, destacaría el Retrato de Elisa Casas, una muestra de cómo el pintor conseguía singularizar a sus personajes, el aspecto y la expresión de la retratada, sin olvidar los sutiles efectos pictóricos. En esta obra Elisa, pintada a tamaño natural, está situada en medio de la terraza. La figura es inmejorable gracias a un talentoso dibujo y a un modelado de suaves transiciones. Con graduales efectos de sombra, Casas consiguió dar a conocer tanto la impresión de volumen como el valor táctil del rostro de tono claro. El vestido, el sombrero y los guantes  son espléndidos toques de luz muy bien entonados. La figura aparece perfectamente integrada en la patio por el uso en la composición de macetas con plantas que no rompiesen la armonía con su color verde grisáceo. El cuadro mereció elogios de los críticos de arte, aunque no faltaron algunas voces discrepantes que criticaban la utilización de gamas de colores fríos, que consideraban más propias de los pintores nórdicos.
Ramón Casas. Retrato de Elisa Casas y Carbó, 1889, detalle. Óleo sobre lienzo, 200 x 100 cm. Colección particular.

  • El Retrato de las señoritas N.N., es el de sus dos primas Ángeles y Antonia, paseando del brazo por la terraza entre los maceteros. El título se debió a que las jóvenes prefirieron mantenerse en un discreto anonimato. Las dos figuras destacan tanto por la precisión casi fotográfica de sus rostros como por la elegancia que trasmiten y el realismo del ambiente. Técnicamente, Casas se muestra muy valiente al utilizar el intenso blanco de los vestidos, matizados en rosa y azul respectivamente.
Ramón Casas. Retrato de las señoritas N.N. (1890). Óleo sobre lienzo. 220 x 160 cm. Colección particular.

  • En Mujer cosiendo en la terraza el artista se planteó el reto de retratar a su hermana de forma más impresionista, anunciando sus nuevos intereses pictóricos. Si en las otras composiciones Casasbuscó que en la obra dominara una gama tonal más armoniosa, aquí se basó como un impresionista en el contraste entre el rojo del vestido y su complementario, el verde de la planta en primer término. Con esta pilistra además consigue que nuestra mirada se dirija hacia la figura de la joven, consiguiendo crear la primera impresión de profundidad a la manera los grabados japoneses de Ukiyo-e que tanto imitaban y utilizaban como recurso los impresionistas. Las persianas echadas, que protegían aquel rincón de la terraza en los días calurosos del verano, le sirven para captar la sensación ambiente de día de calor. Las sombras se dibujan suavemente en el suelo, marcando, según su intensidad, diferentes parcelas dentro del espacio; zonas que, a su vez, sirven para armonizar la figura con el ambiente. El rostro de la mujer absorta en su trabajo también está situado en la penumbra, que queda acentuada por el rectángulo de luz del fondo del cuadro, que el pintor situó voluntariamente sobre la misma cabeza. Este reto no fue muy bien entendido, y la publicación La Renaixensa (29 de diciembre de 1889) consideró que la zona de sombra resultaba demasiado oscura. Por lo que se refiere a sus cualidades cromáticas, cabe destacar el color dominante, un rojo tan atrevido como cálido, una mancha valiente pero no estridente.
Ramón Casas. Mujer con vestido rojo cosiendo en el patio, 1889. Óleo sobre lienzo, 90,5 x 110,5 cm. Colección particular.

  • Para completar esta serie de cuadros que tienen como centro la terraza de su casa, en 1892, el pintor volvió a crear una nueva escena de intimidad, Interior al aire libre. En esta ocasión, representó a su hermana Montserrat y su cuñado Eduardo Nieto, tomando café en una tranquila sobremesa. En el acierto de la composición se une un tratamiento excepcional de la luz y el color. Las gamas cromáticas están sabiamente armonizadas bajo el reflejo de la luz de la primera hora de la tarde, que resplandece al fondo del patio, mientras que las figuras quedan en la suave penumbra que proporcionan las persianas.
Ramón Casas, interior al aire libre, 1892. Óleo sobre lienzo 160,5 cm × 121 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Barcelona.


Casas muestra en estos cuadros su interés por captar lo inmediato, lo sencillo, lo cotidiano, lo íntimo con plena exquisitez y finura. Una gran lección compositiva y plástica dentro de un realismo que se renueva ante los estímulos pictóricos de Velázquez y de Goya y los nuevos aportes del impresionismo. Estos retratos femeninos serán bien acogidos cuando se expongan en octubre de 1890 en la Sala Parés de Barcelona. Por primera vez, la Sala que siempre había mostrado a Casas en exposición conjunta con otros muchos artistas, restringirá la muestra a su persona y al trabajo de sus dos amigos inseparables, el pintor Santiago Rusiñol y el escultor Enric Clarasó.

Ramón Casas. Retrato de Santiago Rusiñol, 1889. Óleo sobre lienzo, 166 x 96 cm. Colección particular.


Para entonces, la amistad con Rusiñol, al que conoció en los talleres parisinos al comienzo de la década, ya está consolida. Mucho más después de la separación de éste de su esposa en 1888 y de que en el verano de 1889 realizaran juntos un viaje en carro por Cataluña. Rusiñol escribe la crónica de esta aventura -Por Cataluña (desde mi carro)- Casas dibuja y toma apuntes. Los dos amigos se retrataron recíprocamente y los cuadros también fueron presentados en la Sala Parés. El de Casas presenta a un Rusiñol ante una pared decorada con dos lienzos superpuestos: un paisaje de su amigo y debajo asoma el detalle de la infanta Margarita de Las Meninas de Velázquez. Seguramente, Ramón quiso hacer alusión a los dos temas que consideraba esenciales pictóricamente para Rusiñol, su admiración por el pintor barroco y la naturaleza. Por su parte, Rusiñol retrata modernamente a Ramón con su bicicleta y fumando.

Santiago Rusiñol. Retrato de Ramon Casas con su bicicleta fumando, 1889. Óleo/lienzo. 165 x 96 cm.


Ese mismo año partirán en diciembre hacia París, donde compartirán vivienda con el crítico de arte Miguel Utrillo en el Moulin de la Galette. Pero esa es una historia que nos sumerge en la última década del siglo XIX y en el contagio del impresionismo y del postimpresionismo y eso será parte del siguiente artículo.

Y si queréis pasar a conocer sus cuadros de realismo social pinchad aquí.

sábado, 11 de octubre de 2014

RECONOCE Y COMENTA ESTOS DIEZ CUADROS DE PINTORES DEL IMPRESIONISMO Y DEL POSTIMPRESIONISMO.

De nuevo te ofrezco 10 cuadros para que investigues y comentes. Algunos los hemos visto en clase estos días, pero los que no, tienen un estilo tan reconocible que no dudo que sabréis atribuirle autor y hasta título como hicimos jugando en clase. Puedes consultar en los siguientes enlaces las presentaciones de Javier y los artículos de este blog.


Como ejercicio os propongo dos actividades:
  1. 1.- El comentario de la obra, resolviendo:
a) el título,
b) el autor y su nacionalidad,
c) el estilo y
d) dos características temáticas o artísticas propias del autor o del estilo que se reflejen en el cuadro.
Sólo permitiré un comentario por persona, por lo tanto pensad bien que foto vais a escoger y responded con corrección, porque si falláis o no contestáis de forma completa no habrá segunda oportunidad. Pero tampoco os retraséis mucho porque cada vez que haya un acierto, esa imagen ya estará resuelta y, por tanto,  ya no se podrá comentar sobre ella, quedando retirada del juego. Sigue vigente lo del comodín para las tres primeras respuestas correctas.

Ejemplo.


Imagen nº X
a) Estación de San Lázaro.
d) Razones: El pintor busca captar el instante y se pone como reto cómo representar la luz y las formas a través del vapor y del humo. Los impresionistas pintan su vida cotidiana, en este caso una estación de tren de París. Realizó numerosas versiones del mismo cuadro.
  1. 2.- A los más trabajadores les ofrezco la posibilidad de contestar en una lista las diez obras con título y autor, pero, sobre todo, ordenándolas cronológicamente. El que primero acierte todas y las ofrezca en el orden pedido ganará dos puntos para el control, el segundo un punto y el tercero medio punto.  La lista con todos los cuadros debe ir en un comentario aparte, es decir si contestáis a la primera actividad no escribáis la lista en el mismo comentario
Se abre el juego. Podéis participar a través del apartado de comentarios que viene al final del artículo.

IMÁGENES YA DESVELADAS

Silvia (1) se ha adelantado a todos y ha contestado a la primera imagen, IMAGEN 6, ganándose el comodín correspondiente.


Paseo a orillas del mar, 1909
Joaquín Sorolla - España 
Impresionismo español 
Razones: El pintor retrata a dos mujeres paseando por la orilla del mar de Valencia. La mujer del velo de gasa, es su esposa Clotilde, que aparece con el rostro difuminado, oculto bajo una tela que mueve el viento y por su propio sombrero. En cambio, su hija María se presenta con el rostro más visible (en primer plano) tan sólo distorsionado por la luz del sol, los rayos perpendiculares del astro que no sólo sirven para iluminar la escena, sino para delimitar los contornos, para crear sombras y brillos e inclusive movimiento. Las dos mujeres, a las que acaricia la suave brisa marina (reflejada en el agitarse de los paños), son iluminadas por la luz que resalta aún más el color blanco de sus vestidos y se colocan frente al espectador en lo que podríamos denominar, desde el punto de vista de la perspectiva, en el centro del cuadro. Las características esenciales de la pintura de Sorolla son: su luminosidad, su colorido, la captación de la luz del sol, sus juegos entre luces y sombras, su afición al mar y a los paisajes marítimos y valencianos; además de la captación del volumen de los objetos. Los impresionistas pintan su vida cotidiana, en este caso un retrato familiar de un día de playa. Este cuadro también puede conocerse con el título de Paseo por la playa.


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Anabel C. (2) descubre la imagen 1 y obtiene comodín.


Se trata de La Olympia, cuadro pintado por Eduard Manet, de origen francés, pintor a caballo entre el Realismo y el Impresionismo.
Este cuadro está inspirado en la Venus de Urbino de Tiziano. Contrasta el negro con el blanco y representa el desnudo de una prostituta. A los pies de Olympia se encuentra un gato negro que simboliza a menudo la ambigüedad y la inquietud, estando implicado en relaciones veladamente eróticas. Este felino negro impresionó tanto al público que durante años Manet sería recordado aún como «El pintor de los gatos».


Comentario algo corto. Deberías haber insistido en qué se aproxima al realismo y en qué al impresionismo.

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Anabel (3) no ha esperado y responde la  Imagen nº 3, inutilizando el tercer comodín.

Tarde de domingo en la Grande Jatte. 
Cuadro realizado por Seurat, pintor perteneciente al neo-impresionismo. 
Representa una tarde de ocio, sus figuras muestran hieratismo. Se interesa por la representación de la luz, puso especial cuidado en el uso del color, luz y formas. Basado en el estudio de la teoría óptica del color. Muestra puntillismo, que es la fragmentación de la línea en puntos de color extremadamente pequeños. No se mezclan los colores en el cuadro, sino que se aplican unos junto a otros con pinceladas muy cortas, es decir, pequeñas manchas de colores puros, tan próximos que reproducen en el ojo del espectador la unidad del tono (luz-color). Sólo usan los colores primarios para que el ojo mezcle los colores. El espacio tiende a expandirse. En las partes bañadas directamente por el sol el color dominante se entremezcla con puntos de pigmento amarillo y naranja. En las zonas de sombra se combinan los azules. Unos cuantos puntos de naranja y amarillo plasman las partículas filtradas de la luz solar. A fin de producir el efecto óptico deseado, Seurat prescinde del marco convencional. Representa un día de sol y de fiesta en la orilla del Sena. Plasma la mentalidad científico-tecnológica del hombre moderno.


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Víctor Fer. (4) llega a tiempo para responder a la Imagen nº 4

"El Moulin de la Galette" obra de Renoir hecha en el año 1876 y es perteneciente al estilo del Impresionismo francés. Nos encontramos ante una representación del paraíso de la bohemia parisina habitado por artistas, literatos, obreros... etc. El deseo de Renoir era representar la vida moderna y en este cuadro lo consiguió de una forma espectacular. Su principal interés es representar a las diferentes figuras en un espacio ensombrecido con toques de luz, recurriendo a las tonalidades malvas para las sombras. El efecto de multitud ha sido perfectamente logrado, recurriendo Renoir a dos perspectivas para la escena: el grupo del primer plano ha sido captado desde arriba mientras que las figuras que bailan al fondo se ven en una perspectiva frontal. La sensación de ambiente se logra al difuminar las figuras, creando un efecto de aire alrededor de los personajes. La alegría que inunda la composición hace de esta obra una de las más impactantes del siglo XIX.

No quedan muy claras las características de la obra de Renoir, cuando hay muchas muy evidentes.

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Ana (5) realiza el comentario de la IMAGEN 5.

Esta imagen es conocida como "Bañistas en la playa de Trouville 1866".
Su autor es Eugène Boudin, de nacionalidad francesa.
Es un pintor impresionista correspondiente a la etapa realista.
Boudin ejecutó esta obra al aire libre, como la mayoría de la que pintó durante la década de 1860, sobre un panel de madera preparado con una fina base de pintura blanca. Esta obra se caracteriza por el tema marino, algo que apasionaba a Boudin. El pintor realiza el cielo a base de suaves pinceladas de gris azulado. Además consigue el efecto de profundidad jugando con el tamaño relativo de los personajes.


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Cristina R. (6) resuelve la  Imagen 9

Los acantilados de Etretat cuyo cuadro fue pintado por Claude Monet de origen francés a quien a partir de la mitad de su carrera artística se incluye en el estilo impresionista. Monet es uno de los primeros en profundizar sobre la captación del instante, para él los momentos solo se pueden capturar pintando al aire libre también por ello suele escoger motivos acuáticos para jugar con los reflejos de la luz a lo largo del día. Pinta los paisajes de donde reside y uno de esos lugares están presentes los acantilados de Etretat que los pinta más de cuarenta veces. Casi todas las pinturas de paisajes marinos están inevitablemente dotadas de una marcada horizontalidad, interpretando el horizonte, el límite entre cielo y mar, como elemento clave en la composición. Muchas obras de Monet de este periodo resultan impactantes por su intención de dejar de lado esta imposición y, aprovechando los espectaculares acantilados de la costa normanda. Una de las mayores contribuciones de Claude Monet al Arte moderno fue la introducción de la idea de “serie”, esto es, un mismo tema o modelo representado en distintos momentos, de manera que el objeto material representado va perdiendo importancia en aras de otros elementos inmateriales como la luz y el color, y cómo estos últimos varían con el paso del tiempo. El reparto de pinceladas es mucho mas variable predominan los colores brillantes y vivos, de este cuadro lo realiza en el concepto en serie ya lo pinto una gran cantidad de veces pero en momentos distintos del día o incluso en la noche, las formas se van perdiendo cada vez más.

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Alejandra (7) nos comenta la IMAGEN Nº 7

a) Cristo amarillo 
b) Paul Gauguin, París. Francia 
c) Post-impresionista 
d) Los contornos están muy marcados y con ese color amarillo sigue la técnica del "cloisonné", inspirada en los esmaltes y vidrieras. El Cristo se convierte en el personaje de la escena. La figura del fondo intentando saltar, puede ser representada como la evasión. Predominan claramente los colores amarillos mezclados con naranjas y verdes.
Te he avisado en otras ocasiones sobre que le faltaba algo a tus comentarios y esta es la útlima vez que te lo digo. La próxima vez ante un comentario incompleto no te concederé los puntos, aunque aciertes la obra. Aquí falta señalar qué es lo que de Gaugin hay en este cuadro: el tema, el simbolismo, los colores ajenos a la realidad objetiva...

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Silvia (8) descubre la  IMAGEN 8 y consume su comodín.


Escarcha 1873
Camille Pisarro 
Impresionista 
Se representa a un campesino, caminando por unos surcos de tierra profundamente abiertos que aparecen recubiertos de escarcha. El pintor se siente atraído por el paisaje campestre, debido a la belleza y a la libertad de la naturaleza, por ello intenta captar el instante de una marcha invernal. Emplea las luces y las sombras para conseguir la sensación de volumen, a través de las diagonales ascendentes de los surcos que dividen la composición. El campesino aparece representado llevando una carga que parece aplastado por el peso de este paisaje de invierno. La pincelada es más amplia y al aire libre, puesto que el autor no puede dejar escapar el instante. Y el análisis de la luz es menos agudo, al captar un instante particular de una jornada invernal.


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Rubén (9) desvela la Imagen 2


Naturaleza muerta, de Paul Cézanne (pintor francés postimpresionista).
Esta obra pertenece a su etapa sintética (1888-1906).
En este bodegón destaca el uso libre del color (destacan los colores complementarios como el rojo y el verde) y la utilización de varios planos (los distintos elementos del cuadro, al estar representados bajo puntos de vista ligeramente diferentes, parecen distorsionados en cuanto a su forma). El color es el principal protagonista de esta obra, en la que los volúmenes tienen especial importancia. El color es aplicado a conciencia, resaltando la volumetría de cada uno de los elementos así como la autonomía de las diferentes piezas de fruta, avanzando así en su proceso de geometrización de la naturaleza.


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Nuria (10) cierra el juego y se lleva el punto final por contestar a la IMAGEN Nº 10

Título: Baile en el Moulin Rouge (Dance the Moulin Rouge).
Autor y nacionalidad: Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec. Francés.
Estilo: Postimpresionismo.
Rasgos: Representa la vida nocturna parisiense de finales del siglo XX. Su concepto de dibujo llega a deformar la figura. Es una obra a la vez fotográfica (efecto paparazzi) que se corresponde con la espontaneidad y la capacidad de captar el movimiento en la escena y personajes. A esto hay que añadir la originalidad de sus encuadres influencia del arte japonés, que se manifiesta en las líneas compositivas diagonales y el corte repentino de las figuras por los bordes. Emplea colores que contrastan para definir los planos y formas.
¡¡¡Bravo, Nuria!!! Todas las características muy atinadas y bien aplicadas. Aunque el título no es exactamente ese. No lo voy a revelar porque puede influir para elaborar la lista de autores y obras por orden cronológico.



Terminamos este post dando el resultado de la segunda parte del juego.

La ganadora de los dos puntos es Silvia que ya tenía elaborada la lista desde el día 11. Tiene un pequeño error que voy a considerar un lapsus: el primer cuadro se lo atribuye a un tal Edouard "Monet", donde quizás quiso decir "Manet", pero hay que tener en cuenta que por simplemente una letra estamos hablando de pintores distintos.
  1. IMAGEN 1 Olimpia 1863 Édouard Monet Impresionista querrás decir Manet
  2. IMAGEN 5 Bañistas en la playa de trouville 1866 Boudin Realismo
  3. IMAGEN 8 Escarcha 1873 Camille Pisarro Impresionista
  4. IMAGEN 4 El Moulin de la Galette 1876 Renoir Impresionista
  5. IMAGEN 2 Naturaleza muerta 1880 Paul Cézanne Impresionista
  6. IMAGEN 3 Tarde de domingo en la Grande Jatte 1884 G. Seurat Posimpresionista
  7. IMAGEN 9 Acantilados de Etreat 1885 Claude Monet Impresionista
  8. IMAGEN 7 El Cristo amarillo 1889 Paul Gauguin Fauvismo
  9. IMAGEN 10 M. Lender bailando el bolero 1897 Henry de Tolousse-Lautrec Posimpresionismo
  10. IMAGEN 6 Paseo a orillas del mar 1909 Joaquín Sorolla Impresionismo español
Cristina R. ha sido la segunda en realizar su lista, pero ha cometido un error y una omisión, por lo que no puedo darle el punto del segundo puesto. Joel ha sido el tercero y ha contestado correctamente, con la salvedad de atribuir el Paseo a orillas del mar a un tal "Soroya", ¡¡¡¡ Por Dios !!!!. Mi decisión es que compartan el punto entre los dos.