domingo, 28 de septiembre de 2014

ARQUITECTURA ROMANA. PRINCIPALES MONUMENTOS PÚBLICOS DE LA ROMA REPUBLICANA: LOS EDIFICIOS DE LA URBS Y LOS SANTUARIOS DEL LACIO (PALESTRINA, TERRACINA Y TÍVOLI).

Se han conservado pocos edificios que daten de la República en Roma. Casi todos los edificios públicos fueron eliminados o remplazados por Augusto y sus sucesores. Hoy en gran parte los conocemos, principalmente, a través de la literatura, de los relieves de las monedas y de la arqueología. Aún así nos han llegado algunas obras que merece la pena destacar.




Conjunto sagrado de Largo Argentina, Roma. (s. III y II a. C.)

Se conoce bastante bien el conjunto de templo denominado "área sagrada de la glorieta (largo) Argentina", que fue excavado entre 1926-28, en el antiguo Campo de Marte de Roma. Allí aparecieron los cimientos de cuatro templos (A, B, C y D) situados uno al lado de otro y datados entre los siglo III y II a. C, lo que nos permiten reconstruir la historia de los templos romanos para estos dos siglos. Tres de ellos son rectangulares y el otro es un tholos, lo que demuestra que este modelo hizo su aparición en Roma muy pronto. De los templos rectangulares dos carecían de columnas en la parte trasera. Todos ellos se levantaban sobre un podium y estaban construidos en toba y travertino.Las influencias etruscas y griegas conviven en Roma.

Plantas de los cuatro templos y estado actual de lo que se puede ver.




Santuarios latinos. Palestrina, Terracina y Tívoli (s. II y I a. C.)

Estos tres santuarios sorprenden por su espectacularidad y atrevimiento arquitectónico y, tal vez, son poco conocidos.

El gran santuario de la Fortuna Primigenia en Praeneste (Palestrina) se levantó entre la segunda mitad del siglo II y los primeros años del siglo I a. C. A su escala debió ser un monumento impresionante mezcla de la inspiración helenística (santuario de Atenea en Lindos)  y de la tradición romana. El complejo se construyó de forma aterrazada en una colina  con más de cien metros de desnivel entre la parte inferior y la superior, por la que los peregrinos debían ascender entre rampas y escalinatas que dominaban el valle. Hoy en día la ciudad medieval y renacentista ocultan parcialmente el proyecto inicial. La parte superior es donde el arquitecto tuvo mayor libertad para desplegar su fantasía y emplear elementos novedosos como las bóvedas de cañón y las bóvedas anulares construidas con un nuevo material en una obra religiosa, el hormigón. Todavía sorprende el graderío de su teatro utilizado como escalinata  de acceso al Palazzo Barberini.

Palestrina. Reconstrucción del santuario. Abajo el pueblo actualmente.




El santuario en honor de Júpiter Anxur en Tarracina (Terracina) se situaba magníficamente en un promontorio rocoso que domina la costa en varios kilómetros a la redonda. El arquitecto supo aprovechar esta circunstancia para levantar un templo sobre una terraza artificial que permitía percibirlo desde la propia ciudad y desde el camino que llevaba a Roma: la vía Apia. La terraza es lo que hoy queda. Construido en opus incertum o mampostería incrustada a la argamasa. Para contener la terraza se le puso  un contrafuerte formado por una arcada de doce entrantes muy sencillos, unidos por arcos de medio punto y una sala cubierta con bóveda de cañón muy alargada, que supuso toda una novedad en un ámbito de arquitectura religiosa monumental.

Terracina. Reconstrucción santuario. Abajo lo que se ve desde la ciudad.




El templo de Hércules Víctor en Tibur (Tívoli), de mediados del siglo I a. C, también buscó el impacto armonioso con el paisaje e innovar técnicas de edificación. Su planta lo componía, una explanada con el  templo axial flanqueado por tres porticos y frente a él un hemiciclo escalonado como un teatro por el que se ascendía al santuario. Del conjunto sólo quedan  las arcadas, que ya impresionaron a Piranesi, que sostenían la terraza.

Tivoli. Santuario reconstrucción. Debajo los restos del mismo.




Construcciones republicanas del s. I  a. C. en Roma.

Los monumentos republicanos de la capital en el siglo I a. C. comparativamente a los anteriores fueron menos audaces y han desaparecido casi todos. Nos queda la curiosidad de saber hasta que punto consiguió el teatro de Pompeyo (55. a. C., el primer teatro en piedra de Roma) o la Basílica Emilia (restaurado el 80-78 a. C.) captar algo del espíritu innovador de los santuarios del Lacio. Razones para esa actitud conservadora son que, en primer lugar, las condiciones topográficas no eran tan espectaculares para crear la escenografía fantasiosa de los anteriores; pero, sobre todo, que existía una clase dominante en Roma muy conservadora que debieron poner muchos obstáculos a las corrientes innovadoras, sobre todo en edificios religiosos.

Teatro de Pompeyo. Reconstrucción.



El único monumento público importante de ese periodo que nos ha llegado hasta nosotros es el Tabularium, o archivo público, que fue construido ex novo el 78 a. C., y donde por primera vez, había cierta intencionalidad paisajística, convirtiendo las escarpaduras rocosas de la colina del Capitolio en telón de fondo para el desordenado conjunto de edificios, antiguos y modernos, que se habían alzado en torno al extremo occidental del Foro. La solución adoptada era sencilla y, a la vez, grandiosa un corredor abovedado de argamasa revestido de toba, iluminado por sencillas aberturas rectangulares y, sobre esa plataforma, dos plantas con galerías de fachada de piedra. La galería superior ya no existe, pero la fachada y la planta inferior siguen en pie, con tres arcos mirando al foro decorados con columnas adosadas toscanas. A partir de entonces, el principio de las arcadas y de las bóvedas -principal característica de la arquitectura romana- no dejará de desarrollarse en edificios públicos, santuarios y palacios.

Tabularium, visto desde el foro republicano. Roma.



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