sábado, 27 de septiembre de 2014

PRECEDENTES DEL IMPRESIONISMO EN ESPAÑA. JENARO PÉREZ VILLAAMIL, CARLOS DE HAES, MARTÍN RICO ORTEGA, EDUARDO ROSALES Y MARIANO FORTUNY.

Que los cuadros se llenen de luz natural (luminismo), que la pincelada sea reconocible en el cuadro o que se trabaje a "pleinair" son rasgos que a menudo se suelen identificar como exclusivos de los pintores impresionistas, pero que no debe ser así. Tal hecho de modernidad ya tenía lugar entre ciertos artistas antes de que se desarrrollara el impresionismo, sin que por ello debamos atribuir a estos artístas tal calificativo.Si acaso podemos decir que son precedentes, pintores que compartieron algunas de las inquietudes que movieron al grupo francés a evolucionar entre los años 60 y 80 del siglo XIX hacia una ruptura con la pintura tradicional. En España podemos observar estos rasgos precursores en artistas que practican el género del paisaje y en ciertos pintores jóvenes que eclosionan a partir de los años 60.

Contempla esta presentación donde repasamos las características y las obras más importantes de cinco pintores españoles del siglo XIX en los que podemos apreciar en mayor o menor medida ideas que llevaron a cabo el impresionismo en Francia. Luego lee la nota biográfico-artística para terminar de comprender lo que aportan estos pintores.




EL PAISAJISMO EN ESPAÑA EN EL SIGLO XIX

El género del paisaje en España empezará a tener relevancia a partir de los años 30 con el romántico Jenaro Pérez de Villaamil (1807-1854), pero no será lo suficientemente valorado hasta el último tercio de siglo con los realistas Carlos de Haes (1829-1899)  o Martín Rico Ortega (1833-1908). A los tres pintores les une que practicaron la toma de apuntes directamente en el exterior, aunque luego recrearan las luces y las atmósferas en el taller.
  • Pérez Villamil desde niño estaba acostumbrado al dibujo topográfico puesto que ayudaba a su padre, topógrafo militar, a levantar vistas del terreno. En 1833 conoce al pintor romántico escocés David Roberts que se encontraba en España tomando apuntes del natural de diversas ciudades, monumentos y paisajes. Villaamil se unió a él y realizó un bello, fantasioso y poético libro de litografías titulado España artística y monumental, poniendo de moda la pintura de paisajes en España. Sus paisajes al óleo reflejan atmósferas  mágicas, cargadas de tonos dorados y vaporosos.
  • De Haes es pintor de origen belga que desde su cátedra de la Academia de Belllas Artes de San Fernando formará en el paisajismo a los principales pintores de la generación que asuman las novedades impresionistas. Su idea es que había que  acercarse a la realidad con sinceridad y respeto fidedigno, lo que supuso un abandono de la recreación fantástica del romanticismo, realizando excursiones por los parajes que quería pintar y recogiendo apuntes que luego recreaba en su estudio sin hacer modificaciones inventadas.Sus cuadros de paisajes naturales como los Picos de Europa resultan impresionantes por la capacidad para captar la luz natural.
  • Rico Ortega fue un alumno de Pérez Villaamil.  Desde 1854 realiza recorridos por toda España tomando notas para sus cuadros de paisaje, en los que se especializa. En 1859 viaja becado a París donde conoce a los pintores paisajistas de la escuela de Barbizon, le interesa sobre todo Daubigny. En 1870 vuelve a España donde durante unos años compartirá ideas con su amigo Fortuny sobre la intensidad lumínica e incluso realizarán juntos cuadros en Granada e Italia (1872). En ese viaje quedará prendado por la ciudad de Venecia a donde acudirá todos los veranos desde  1879 para tomar apuntes al natural de sus rincones y canales, que luego le servirán para concluirlos con primorosa factura en su taller de París en invierno. Aunque conoció el impresionismo no se vio tentado de ensayar en esa técnica.
 Martín Rico y Ortega,Desembocadura del Bidasoa Óleo sobre lienzo, 39,3 x 72 cm,  1872.


PINTORES PREIMPRESIONISTAS

Técnicamente también hay pintores en España dedicados a los grandes géneros que hacia la década de los 70 se muestran cercanos a las teorías impresionistas a cerca de la luz y de la pincelada. Entre ellos voy a destacar a Eduardo Rosales (1836-1873) y Mariano Fortuny (1838-1874), dos pintores que murieron jóvenes, truncando una prometedora evolución del realismo al impresionismo.
  • Rosales se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y desde 1857 en Roma, a donde fue becado y residió hasta 1868. Su obra es muy escueta, poco más de una docena de óleos totalmente acabados, por lo que sorprende la legendaria fama que hoy le rodea, que en buena parte proviene de su cuadro El testamento de Isabel La Católica (1864). En él ya se apuntan detalles en ciernes de pintor impresionista como la búsqueda de inspiración en  Velázquez y el bocetismo. Su obra abrió los ojos a los pintores jóvenes incorformistas por el trato naturalista del tema de la muerte de la reina, sin la retórica sentimental y teatral habitual de los cuadros de historia. No obstante, este supuesto atrevimiento temático está lejos del naturalismo escandaloso de Manet practicado un año antes en París con su Desayuno en la Hierba. Su otra gran obra La muerte de Lucrecia, presentada en la Exposición de 1871, generó aún más críticas entre los académicos por su excesivo abocetamiento. Rosales se defendía diciendo: "una obra del carácter de la presentada  por mi no es un cuadro de gabinete, que ha de ser primorosamente ejecutado para que seduzca a la vista, es una obra de impresión y de impresión vigorosa y enérgica que debe ante todo hablar al alma y no al sentido.(...) De ahí la vehemencia en el hacer, la ejecución desaliñada y brutal; yo creo que con una ejecución primorosa el cuadro no sería lo que debía ser...". Pese a estas palabras que parecen autocalificarle como impresionista,  la obra de Rosales no puede ser consederada tal; es más, en sus vistas que hizo a París no se sintió nada interesado por la obra de estos pintores.
  • Fortuny fue un pintor que alcanzó rápidamente reconocimiento internacional. Sus estancias en Roma y, sobre todo, el descubrimiento de la luz del norte de África, que conoció con motivo de la guerra hispano -marroquí de 1860 y a donde volvió de nuevo en 1862 y 1871, marcarán decisivamemente su estilo pictórico. Se especializó en un tipo de cuadro costumbrista o exótico, de pequeño tamaño, de carácter detallista y veraz y con un colorido muy  vivo como La Vicaría (1870). La muerte prematura a los 36 años cortó de raíz su prometedora carrera, e impidiió, problablemente, el desarrollo impresionista que ya se vislumbraba en sus últimos cuadros. El pintor desde su estancia en Granada en 1872 trabajaba al aire libre esforzándose en captar la impresión y la vibración de la luz en los objetos y en los cuerpos, como podemos observar en los cuadros de Viejo desnudo al sol (1873) o en el Desnudo en la playa de Portici.

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