viernes, 3 de octubre de 2014

EL IMPERIO BIZANTINO. TRASCENDENCIA DE ESTA CIVILIZACIÓN Y BREVE CONTEXTO HISTÓRICO-GEOGRÁFICO.

El 11 de mayo de 330 Constantino inauguró a orillas del Bósforo la "Nueva Roma", Constantinopla, asentada sobre la antigua ciudad  griega de Bizancio. Cuando a la muerte del emperador Teodosio (395), el Imperio Romano se divide en dos, Occidente y Oriente, esta nueva ciudad será la capital de la parte oriental, un territorio que abarcaba las penínsulas Balcánica y Anatólica, Siria, Palestina, Egipto y Cirenaica.

El Imperio de Occidente y de Oriente a la muerte de Teodosio en el año 395.

Se iniciaba así la historia de una ciudad y de un Imperio que duraría más de mil años, hasta la caída de Constantinopla ante los turcos otomanos en 1453, y que voy a intentar resumir en este artículo.


Trascendencia de la civilización bizantina.

La civilización bizantina constituye la parte más brillante del pasado medieval europeo. Es imposible comprender la historia de Europa sin tener en cuenta lo mucho que debemos a Bizancio entre otras cosas:
  1. Haber conservado celosamente lo mejor de la cultura greco-latina, de la que se convirtió en  heredera y difusora. Y no sólo del arte, sino también de la literatura, el pensamiento, las instituciones y la mentalidad. Ello permitió que Europa conociese la expansión cultural que llamamos Renacimiento a partir del siglo XV.
  2. Pero Bizancio no fue sólo el heredero de la tradición clásica, sino también el puntal del cristianismo durante muchos siglos. Allí  se generaba doctrina religiosa en competencia con el Papa romano al menos hasta 1054 en que se produjo el cisma definitivo entre cristianos latinos y ortodoxos. Pero, por encima de estas diferencias religiosas, no cesaron de influir sobre Europa  a través de modelos arquitectónicos y figurativos.
  3. Debemos a  esta civilización también que durante varios siglos contuviese la expansión islámica en Europa oriental.
  4. Mérito histórico notable es la expansión que hizo del cristianismo entre los pueblos eslavos.
Díptico Barberini. El emperador ¿Anastasio o Justiniano? victorioso. Museo del Louvre.

Breve historia de Bizancio. Contexto histórico y geográfico.

Esta civilización atravesó durante sus mil años de historia varias fases que voy a sintetizar en tres palabras: romanismo (siglos V y VI), helenismo (siglos VII a XI) y agotamiento (siglos XII a XV). Señalaré en estas etapas su extensión y algunos de los hitos históricos más importantes que tuvieron repercusión directa sobre las artes.

Eje general.

Los primeros siglos.

Del siglo X al siglo XV.


I.- La etapa romanista (siglos V y VI).

Pese a recibir las primeras envestida de los visigodos en el cuarto final del siglo IV (Adrianópolis, 378), el Imperio de Oriente supo resistir éstas y las del siglo siguiente, al contrario de lo que pasó con la parte occidental que acabó desmoronándose. ¿A qué se debe esta capacidad de supervivencia en este  y en otros momentos críticos que vendrán en siglos posteriores ante persas, árabes, eslavos y turcos? Pues a varias razones: a su riqueza económica y demográfica; a su cohesión territorial en torno a una misma cultura y religión; a su carácter urbano; y a la habilidad política de sus dirigentes.

No olvidemos tampoco otro factor clave: el carácter inexpugnable de la capital, Constantinopla. Situada en una pequeña península, controlaba los estrechos que comunicaban el Mediterráneo con el mar Negro. Una gran cadena cerraba el paso en caso de guerra al puerto militar del Cuerno de Oro. Por tierra la protegían tres murallas escalonadas, de las que se conservan todavía trozos importantes.

La ciudad de Constantinopla. Mapa arqueológico. Si pinchas sobre la imagen podrás verlo ampliado.

En principio, los emperadores romanos de Oriente se preocuparon por reconstruir la unidad del Imperio y aparecer como continuadores de Roma. Así, en el siglo VI, Justiniano (527-565) convirtió de nuevo el Mediterráneo en el Mare Nostrum de antaño, conquistando gran parte de Italia a los ostrogodos, el sur y sureste de Hispania a los visigodos, las grandes islas (Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia) y el Norte de África a los vándalos. En este reinado también se recuperará el esplendor cultural del antiguo imperio con la erección de edificios únicos (Santa Sofía entre otros) y el impulso de las letras y de las leyes.

Detalle del mosaico de Justiniano y su corte en la iglesia de San Vital de Rávena.

II.- Etapa helenista (siglos VII a XI).

En este periodo Bizancio se debilita  al tener que hacer frente a persas y musulmanes. La expansión islámica (s. VII y VIII) significó un retroceso para el Imperio, que perdió los territorios africanos y del mediterráneo oriental, sin embargo, supo rehacerse constituyendo un imperio más reducido, pero más coherente y unido en torno a su sustrato griego. En Italia también se fueron perdiendo territorios.

El Imperio de Justiniano. Mediados del siglo VI.

Del Imperio de Justiniano hasta el siglo XV.


En el siglo IX tuvo lugar una guerra civil por cuestiones religiosas entre el bando de los que querían destruir las imágenes (iconoclastas) por considerarlas objetos de idolatría y aquellos que las querían conservar (iconódulos). Esta guerra fue una catástrofe para las artes figurativas, dado el nivel de destrucción que asoló el imperio, de las que se salvaron las iglesias italianas que ya no pertenecían al imperio.

Mosaicos de la iglesia de San vital en Rávena.

Durante los siglos X y XI hubo de hacer frente al peligro que suponían la expansión de los pueblos eslavos. La fractura con Occidente se formaliza con el cisma de la iglesia ortodoxa el año 1054, provocada por el patriarca Miguel Celulario.

3.- Etapa de agotamiento o de decadencia (siglos XII a XV)

La decadencia bizantina se inicia en la segunda mitad del siglo XI. La aparición de la amenaza turca, primero, y los trastornos producidos en el interior del Imperio por la presencia de los cruzados, hacen que a partir de este momento comience un recorte progresivo del territorio a favor de turcos, venecianos, genoveses,  la Corona de Aragón... Aún así sobrevivirá hasta mediados del siglo XV (1453), en que la capital, Constantinopla, lo único que quedaba del gran Imperio heredero de Roma, cayó en manos de los turcos otomanos tras un largo y penoso asedio.

El sitio de Constantinopla. Jean Chartier, Crónica. "Chronique" (s. XV). Bibliothèque Nationale de France.

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