domingo, 5 de octubre de 2014

EL TEMPLO DE ATENEA NIKÉ ÁPTERA EN LA ACRÓPOLIS ATENIENSE.

En la acrópolis de Atenas se levantaron en el siglo V a. C., bajo el mandato de Pericles, los edificios más afamados de la civilización griega. En este artículo voy a centrarme en uno de los más pequeños, el que se elevó para la diosa Atenea sobre uno de los bastiones que flanqueaban los propíleos de entrada, el templo que es conocido como de Atenea Niké Áptera.

El gracioso templete es un paradigma del orden jónico clásico con sus columnas de basa, fuste acanalado y capitel con volutas y el friso corrido que le rodea. Desde el punto de vista de la forma y el tamaño se le puede definir con otras dos palabras: anfipróstilo (dos pórticos) y  tetrástilo (cuatro columnas en el pórtico). El material utilizado es el mármol pentélico y se recoge en él todas las reglas de las armonía y de las proporciones, creando un edificio de gran belleza pese a su tamaño (su cella sólo mide 4 x 4 metros) y a haber perdido los frontones, el tejado y parte de friso. En esta imagen le podemos ver los elementos esenciales.

Descansa sobre el  antiguo espacio suroeste que ocupaba un antiguo torreón (pyrgos) que controlaba el acceso a la acrópolis. Se levantó para conmemorar las victorias sobre los persas de la primera mitad del siglo V, en concreto se decía que se orientaba en dirección hacia Salamina, pero también para rendir homenaje a los caídos en la primera fase de la Guerra del Peloponeso. El edificio albergaba una pequeña estatua de la diosa protectora de la ciudad caracterizada como victoriosa (Niké), pero a la que se le había quitado las alas (áptera) con la vana esperanza de que la victoria no abandonase nunca a Atenas. Las ceremonias rituales se desarrollaban al aire libre sobre un altar.

La historia del templo es muy curiosa. Fue proyectado por Calícrates, el arquitecto del Partenón hacia el año 449 a. C., aunque no fue terminado hasta el 425 ó 421 a. C., después de continuos aplazamientos y pausas. La causa de este retraso se debió al boicot que Pericles ejerció sobre él  por la rivalidad que existía entre éste y su promotor, el general Cimón. De hecho la edificación no fue posible hasta la muerte del primero.

Se conservaba en muy buen estado hasta que a finales del siglo XVII fue desarmado pieza a pieza para utilizar sus bloques de mármol en la fortificación de la acrópolis e instalar en su lugar un cañón.

Fue reconstruido hasta la altura de la cornisa en la década de los 30 del siglo XIX, después de conseguir la independencia Grecia, siguiendo la técnica arqueológica de la anastilosis. Pero debió ser restaurado un siglo después entre 1935-40. En 1999 volvió a ser desmantelado como la totalidad de los edificios de la acrópolis para realizar un trabajo de recuperación más moderno y profundo. En concreto, se retiraron las grapas de unión de los sillares que al ser de hierro se habían oxidado para cambiarlas por unas de titanio y se sustituyó el hormigón que se utilizó en 1935 para suplir los sillares que faltaban por mármoles nuevos que contrastan por su pátina blanca con la piedra antigua. El resultado es la polémica restauración que finalizó en 2009 y que podemos ver en una de sus fases en la imagen que tenemos debajo.

El friso jónico está muy arruinado, pero aún se pueden ver cualidades de un clasicismo ático. Se atribuye al taller de Agocrático y narraba escenas de las guerras entre griegos y persas en los lados norte y sur y entre atenienses y griegos filopersas por el lado oeste. Estos relieves se encuentran parte in situ y parte en el British Museum, al igual que los mármoles de Partenón.

Alrededor del templo se colocó un elegante parapeto de  mármol para delimitar el témenos y para protección de los fieles. Éste estaba decorado con bajorrelieves que representaban una procesión, personificando a la Victoria, Atenea Niké, mientras la diosa asiste a un sacrificio o en acciones más simples como abrochándose una sandalia. Este relieve se fecha sobre el 410 a. C, ya que se supone que conmemoraban las victorias logradas por Alcibíades, y se le atribuye a Calímaco, refinadísimo escultor de la escuela de Fidias.

Las más perfectas de estas figuras, al menos de las pocas que están bien conservadas, recuerdan el modelo de Afrodita Genitrix  o de una ninfa por la elegancia del gesto, por la gracia de las líneas y, sobre todo, por el virtuosismo en el trabajo de los ropajes transparentes. El bellísimo relieve que se encuentra en el Museo de la Acrópolis, que podemos ver debajo, es una buena muestra de este trabajo.

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