sábado, 4 de octubre de 2014

GIL DE SILOE Y EL RETABLO DE LA CARTUJA DE MIRAFLORES, BURGOS. EJEMPLO ICONOGRÁFICO DE RETABLO GÓTICO ISABELINO.

Entre 1496 y 1499 Gil de Siloe realizó el retablo mayor de la Cartuja de Miraflores completando así el conjunto del panteón real encargado por la reina Isabel I de Castilla para dar reposo a sus padres, Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, y a su hermano, el infante Alfonso.  El resultado final convierte a la Cartuja en uno de los máximos puntos de referencia escultórico del último gótico europeo.

Gil de Siloe. Conjunto escultórico de la Cartuja de Miraflores. Sepulcros (1486-93) y retablos (1496-99). 



La obra es tan preciosista que parece trabajo de orfebrería. Nunca se había visto nada igual en Castilla hasta ese momento por la cantidad de madera empleada, por la complejidad estructural y por la calidad de tallas y relieves que incluía. De nuevo, se puede decir que la reina Isabel quería una obra única que le permitiera sobresalir sobre lo existente y lo consiguió. El retablo se convertirá inmediatamente en modelo a imitar en el siglo XVI (Francisco de Colonia en San Nicolás de Burgos, 1505).

Francisco Colonia. Retablo de San Nicolás de Bari, Burgos, 1505.



Dado el tamaño de la obra, trabajaron con el maestro Gil de Siloe un gran número de escultores menores de su taller, de los que desconocemos sus nombres. Sí conocemos, en cambio, el nombre del pintor que lo policromó y que posiblemente llegó a esculpir alguna obra en bulto redondo, su amigo Diego de la Cruz.

Gil de Siloe. Parte central del retablo de la Cartuja de Miraflores.


A nadie que entre en la iglesia le deja indiferente la obra. El impacto visual es brutal. La primera impresión que recibes es de deslumbramiento, mucho más desde la magnífica restauración terminada en 2007 que ha dejado limpias de polvo las tallas y ha descubierto la policromía original. El oro y el azul del fondo crean un bello contraste muy al gusto de la estética del gótico. Cuando nuestros ojos se acostumbran al brillo nos llega el segundo impacto, el de la confusión ante el universo de formas que se representan. Delante de nosotros se despliega un mundo de imágenes aparentemente caótico y sometido por las formas circulares como a un torbellino en movimiento. Sin embargo, cuando nos sosegamos y aplicamos nuestra atención, nos damos cuenta de que, lo que creíamos ser un caos, mantiene un orden basado en la rigurosa geometría. Despliega la presentación de abajo para ver en profundidad cada uno de los detalles.



El retablo. Algunos datos técnicos.

La madera utilizada es pino para la estructura y los doseles y nogal par las esculturas.
La policromía contiene bellos estofados de pan de oro, fondos de azurita y profusión de brocados aplicados.

El modelo original de retablo.

Gil de Siloe creó un modelo de retablo que, una vez más, parece no tener precedentes claros en la escultura. Su original disposición en la que las escenas no se hallan repartidas por calles, sino dentro de círculos, sin duda emulan los rosarios alemanes, dato que habla en pro del germanismo de Siloe. Esquemas parciales como los círculos inscritos en otro mayor, que es la rueda de los ángeles que rodean al crucificado, pueden encontrarse también en los miniados de ciertos devocionarios. Pero la idea general se asemeja más a gran tapiz. Ideas semejantes también se pueden ver en la escultura que decora fachadas de edificios de la época en Castilla.

Parte central del rectángulo superior.



El gran rectángulo vertical que conforma el retablo se divide en otros dos muy claramente diferenciados.

El superior se centra en la Crucifixión, donde Cristo es el eje de simetría principal. La rueda de los ángeles mayor es tangente arriba y abajo y otras cuatro menores se sitúan en los ángulos, ocupados por los evangelistas. La cruz divide en cuatro partes la central de modo que cada una de éstas sea ocupada por nuevos círculos.

Rectángulo inferior. En el centro el tabernáculo y sobre él el expositor de imágenes rotatorio.


-En el rectángulo de la zona inferior predominan las líneas verticales, potenciadas por cuatro figuras de santos de considerable tamaño. La zona limitada por ellas se divide en dos pisos, con círculos en el superior y rectángulo en el inferior. En el centro se encuentra un tabernáculo añadido en el siglo XVII, que modificó la estructura original y ocultó en parte el original expositor de imágenes giratorio. Éste también es único y con el se pueden cambiar hasta seis escenas que corresponden a ciertas fiestas religiosas.

El Retablo. Iconografía y rasgos artísticos.

Temáticamente, las ideas que priman por encima de cualquier otra son la exaltación de la eucaristía y de la redención. El círculo de ángeles viene a ser la representación simbólica de la forma de la hostia consagrada y la monumental Crucifixión con un pelícano sobre la cabeza de Cristo resalta el sentido sacrificial de la muerte como redención. En estos momentos la pintura gótica abunda en retablos y frescos donde la idea básica es la misma.


Por encima de todo el conjunto hay que destacar el Crucificado, uno de los más importantes y expresivos de la Edad Media hispana. Y esto es tanto más notable cuanto que sabemos en qué medida el arte de Siloe es de una solemnidad que no suele aceptar las efusiones sentimentales. La imagen es de un impresionante dramatismo, tanto en la tensión de un cuerpo monumental y lacerado, anatómicamente incorrecto, como en la cabeza doliente. Este tipo de imagen sufriente y patética es del gusto de la  tradición nórdica, pero también aquí dejó Siloe un modelo que utilizarán otros artistas posteriores en Castilla sobre todo en el Barroco. A los pies del Cristo aparecen San Juan y una llorosa virgen que tal vez sean las tallas del retablo más mediocres en bulto redondo.

Cuatro relieves narrativos inscritos en círculos vegetales dentro del gran círculo central cuentan aspectos de la pasión y muerte de Cristo. Su misión es reforzar la  imagen del crucificado. No tienen la calidad de la obra en bulto redondo y se suponen obras de taller.

Gil de Siloe. Escena del círculo central. Cristo camino del Calvario.



La presencia personificada en los extremos de los brazos de la cruz de Dios Padre y del Espíritu Santo conformando la Trinidad junto con el crucificado son iconográficamente muy originales.

Fuera del gran círculo se sitúan los personajes que testimonian el dogma cristiano a través de sus escritos revelados y son los pilares de la recta doctrina de la Iglesia: los cuatro evangelistas con sus formas o tetramorfos (San Juan, San Lucas, San Mateo y San Marcos) que aparecen como escribientes; los cuatro Padres de la Iglesia (San Gregorio, San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo); y San Pedro y San Pablo en bulto redondo en ambos extremos.

Lateral del rectángulo superior. Por fuera del círculo de ángeles dos patriarcas junto con San Juan  y San Marcos. Uniéndoles en vertical San Pedro con su gran llave del cielo. En el interior del círculo en relieve la Oración en el Huerto y El camino del Calvario. Sosteniendo el brazo de la cruz Dios Padre.



En el rectángulo inferior se entremezclan relieves de la Historia de la Pasión y de la vida de la Virgen: el Prendimiento y la Santa Cena junto con la Anunciación y la Epifanía. El de la Santa Cena evoca la dulzura de un Memling, mientras que la Anunciación es de gran belleza y elegancia. El detallismo de ropajes lo relacionan también con el estilo gótico flamenco. Ambas escenas son muy originales desde el punto de vista iconográfico.

Gil de Siloe. Anunciación en el rectángulo inferior del retablo. No sólo es de destacar la menuda imagen del Padre o el Niño que se desliza sobre los rayos hacia su madre, sino también la solemnidad de Gabriel y de la corte de ángeles que le acompañan. La virgen es captada en movimiento girándose hacia su sorprendente visita.


Marcan el sentido vertical de esta parte inferior del retablo cuatro santos en bulto redondo. Ellos pertenecen al mundo de la perfección distante de Siloe. Son los pilares y patronos de la monarquía de la reina Isabel: Santa Catalina de Alejandría, San Juan Bautista, Santa Magdalena y Santiago el Mayor. La elegante Catalina, vestida con ricas ropas, no demuestra el menor gesto emocional. El soberbio Santiago el Mayor centra su atención en la lectura, ajeno a los que han de contemplarle. No es una limitación del escultor, sino una voluntad de incomunicar a los seres con su entorno. Santa Catalina viene ser remedo de su propia persona: santa, culta y vencedora moral sobre su enemigo el emperador Maximiano que aparece con un cetro a sus pies. Porta en su mano la espada con la que fue decapitada y un libro como símbolo de su sabiduría. En un lateral la rueda con la que se le pretendió dar martirio.

Gil de Siloe. Santa Catalina de Alejandría.



Para reforzar aún más la exaltación de la monarquía en los dos laterales aparecen los retratos orantes de los mismos monarcas enterrados en los sepulcros que hay en frente del retablo: Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Por encima suyo se encuentran sus escudos de armas  sostenidos por ángeles y leones.

Gil de Siloe. Juan II orante, protegido por Santiago. Encima el escudo del reino de Castilla-León entre leones rampantes. Delante del rey la bella y monumental Santa Catalina.


El cuaderno de restauración de Iberdrola del retablo escrito por Joaquín Yarza Luaces.

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