domingo, 19 de octubre de 2014

LA CACERÍA DE LEONES DE ASURBANIPAL EN SU PALACIO DE NÍNIVE.

Más de 2600 años después de su creación, los relieves asirios conservan su poder de asombrar. Cualquier visitante del Museo Británico que recorre las salas donde se exponen en la planta baja (salas 7 a 10) no queda indiferente ante su contemplación.

Impacta su escala, ya que cubren los muros con grandes escenas o con narraciones en franjas que discurren de izquierda a derecha y de arriba a abajo; impresiona también la cantidad de ellos que hay, procedentes de todos los grandes palacios asirios; emociona losa exquisitez de los detalles ornamentales y el diseño dibujístico de sus formas; sorprende la excelencia de su talla pulimentada y plana; y, sobre todo, conmociona la solemnidad de sus ceremonias o el drama que viven hombres y animales en las escenas narrativas. Todas estas sensaciones nos aseguran que estamos ante unas de las grandes obras de arte de todos los tiempos.

Asurbanipal. Detalle del rey blandiendo la lanza desde su carro para matar un león. De la sala C del conjunto del palacio del noroeste de Nínive, Irak. Actualmente en el British Museum (room 10c).

De entre todas  las representaciones, tal vez las del rey como cazador sean las más inquietantes para un público moderno. El dolor que expresaban los animales cazados ya conmocionó a la sociedad londinense cuando estos relieves fueron recibidos en Londres hacia finales de la década de 1850. El público de la época victoriana, como el actual, estaba educado en una actitud sentimental hacia los animales salvajes y recibió con horror y compasión el dolor ejercido sobre los "pobres leones". Para la mayor parte del público, los emperadores asirios se convirtieron en el estereotipo de la brutalidad y los animales moribundos en el de las víctimas trágicas y perseguidas.

Paradójicamente, escandalizó mucho más esta crueldad que las innumerables representaciones de la guerra o de prisioneros ejecutados o torturados. Esto es algo que también compartimos hoy en día cuando la televisión, el cine, la fotografía o los videojuegos nos han acostumbrado a convivir con estas imágenes del horror. Sin embargo, deberíamos deshacer nuestros prejuicios y entender estos relieves como los interpretaría un asirio. Para ellos, estas representaciones no transmitían un mensaje negativo. El rey no era un cruel maltratador de animales sino un héroe, un instrumento o sumo sacerdote de los dioses que a través del rito de la caza destruía a las fuerzas del mal, que simbolizaban los leones. Con su acto de sacrifico y valentía traía a sus tierras la abundancia y el orden divino.

Estas magníficos relieves fueron esculpidos en grandes paneles de alabastro y piedra caliza, aproximadamente, entre el 875 y el 620 a. C. Durante este período varios reyes asirios emprendieron vastos programas de construcción de palacios reales en las ciudades asirias del altoTigris (norte de Irak actual) de Nínive, Nimrud, Khorsabad o Asur. Aunque construidos con pobres ladrillos, los edificios se hicieron majestuosos porque las salas principales se forraron con estas losas. Estos relieves tenían como misión principal glorificar a los soberanos, pero también constituir el principal elemento decorativo de salas y pasillos. Para contextualizarlos en su verdadero esplendor no bastaría verlos en los museos habría que restablecerles la policromía con la que estaban pintados, o recuperar los ladrillos vidriados, los frescos, los tapices, las estatuas y el mobiliario que completaban el lujo palaciego.

Uno de los conjuntos más atractivos -y el último en importancia de los realizados por los reyes asirios- es el que nos va a servir para ilustrar este artículo.

En 646 a. C., el rey asirio Asurbanipal encargó la construcción en Nínive de un nuevo palacio para su gran capital, el conocido por los arqueólogos como palacio norte. El palacio reales existente en la ciudad (palacio sur), construido por su abuelo Senaquerib, comenzaba a deteriorarse y Asurbanipal tenía al menos un motivo adicional para erigir uno nuevo: el deseo de conmemorar sus propios logros tras haber concluido dos guerras victoriosas. Una de ellas había vuelto a poner a Babilonia bajo control asirio, y la otra había culminado con el saqueo de Susa, una antigua potencia rival situada en el sur del actual Irán. Por eso muchas de las salas se dedicarán a narrar en bajorrelieve estas victorias militares, pero en algunas estancias se ilustrará otra faceta de la personalidad del rey: su papel de Gran Cazador ante la divinidad, matando leones.

El lugar arqueológico de Nínive frente a la actual ciudad de Mosul, Irak. Entremedias el río Tigris. Los palacios de Senaquerib y Asurbanipal se levantaban en el tell o colina Kuyunjik constituyendo una de las dos ciudadelas. Planos de las excavaciones de la segunda mitad del siglo XIX.

La cacería de los leones. Las salas "S" y "C" del palacio norte de Nínive.

He elaborado un vídeo con los relieves de cacería de leones que se pueden contemplar en la sala 10 del Museo Británico. Para no perderse ni un solo detalle recomiendo verlo a pantalla completa y en el grado de resolución HD.



El tema de la cacería real de leones estaba ya bien establecido en el antiguo Oriente Medio desde antes de 3000 a. C. En sellos y tablillas veíamos como el héroe Gilgamesh luchaba con las bestias, entre las que se encontraban los leones. El mensaje simbolizaba el mito del espíritu benéfico que domaba o ponía orden sobre las fuerzas malignas de la naturaleza o el caos. En época asiria el contenido mitológico se personaliza en la figura del monarca, que pasa a encarnar al héroe. El propio sello real asirio representaba al rey en combate singular con un león. Estas escenas eran por lo general relativamente simples y mostraban tan sólo un momento dramático de la lucha singular entre hombre y bestia.

Héroe luchando con un león 1ª mitad del II milenio. Es el combate simbólico entre el héroe Gilgamesh y las fuerzas del mal.

En el palacio norte de Asurbanipal el tema ocupa extensos tramos de muro, diseñado por uno de los artistas más imaginativos que trabajaron para la corte asiria. Es además el tema central de dos salas, las conocidas por los arqueólogos "S" y "C". La primera serie la del corredor "S", corredor a modo de vestíbulo, parecer un ensayo para el "C", puesto que las escenas se disponen en pequeño tamaño y en tres franjas. En la sala "C", amplio corredor que comunicaba las dependencias del servicio de palacio con una puerta de acceso privada, en cambio, las escenas cobran tamaño humano y el relato de la cacería se desarrolla como una película, a través del tiempo y del espacio.

Planta del palacio norte de Nínive. En naranja donde se sitúan las salas o corredores donde aparecen los relieves de cacería.

Descripción del relieve de la sala C.

En un primer episodio, el carro del rey se encuentra en un recinto cerrado. Los armeros se ocupan de las armas reales, comprobando el estado de los arcos y las flechas, y los mozos disponen los caballos en los carros. Un caballo permanece inmóvil con los ojos muy abiertos mientras le ajustan el arnés; a la vez, otro se aparta resoplando, consciente de los peligros que se avecinan. Es evidente el contraste entre el afanoso ajetreo de los sirvientes y la dignidad del propio Asurbanipal, erguido en su carro, con un enorme tocado y el brazo extendido para recibir sus armas. Esta contraposición de la desapasionada actitud del rey como héroe supremo y el caos del mundo que le rodea se ve acentuada cada vez más a medida que avanza el relato.

Palacio norte de Asurbanipal en Nínive, sala C. El rey en su carro atiende a los preparativos. Unos asistentes (hacia donde mira el rey) están revisando las armas. Los soldados calman a los nerviosos caballos. El ejército está formado rodeando al rey.

Mientras el rey se prepara para el combate, los leones son transportados en jaulas a una plaza rodeada por soldados, pues ésta no es una verdadera cacería en la que el soberano tenga que salir en busca de sus presas, sino un ritual en el que los leones simbolizan las fuerzas del mal de las que el rey se compromete a proteger a su pueblo. El rey parte a continuación con su carro, acompañado por un conductor, dos guardias armados con lanzas y varios jinetes que le asisten. Se suelta a los leones de las jaulas uno por uno, y una multitud de espectadores sube a una colina para tener una buena vista, o huye presa del pánico cuando el león logra escapar.

Palacio norte de Asurbanipal en Nínive, sala C. El rey en su carro empieza el rito de la caza. El pueblo se refugia en una montaña boscosa a contemplar el espectáculo. Uno de ellos lleva una bota, algunos miran temerosos por encima del hombro.

Hay tres episodios distintos de la actuación del rey: en uno de ellos tensa el arco y hiere imperturbable a los leones con sus flechas, que vuelan por el aire. Los leones caen, alcanzados una y otra vez; un león herido identifica a su adversario y se abalanza sobre la parte trasera del carro, pero es rechazado por los guardias. Luego el carro es atacado por otro león, que se agarra a una de las ruedas; el rey entrega el arco a un guardia, empuña una lanza y atraviesa con ella la cabeza de la fiera. Un tercer león consigue aferrarse a la parte trasera del carro, pero el rey y sus guardias se vuelven y lo rechazan.

Palacio norte de Asurbanipal en Nínive, sala C. El rey caza a un grupo de leones con arco desde su carro, mientras sus ayudantes repelen a un león herido que ha saltado hacia el carro. Caen los primeros leones.

El rey triunfa, como de costumbre. La divinidad ha logrado derrotar al maligno, y todo está en orden en el cosmos. Los escultores han creado una serie de imágenes que cumplen escrupulosamente los preceptos asirios al mostrar al rey con una serenidad suprema mientras los leones agonizan entre contorsiones. Así es como los asirios entenderían estas escenas y así lo seguirán haciendo hasta que las fuerzas enemigas tomaran y arrasaran Nínive en 612 a. C. Los paneles de alabastro fueron quedando enterrados bajo los muros de adobe desmoronados, y la pintura, de haberla, se borró por completo. El palacio de Asurbanipal se hundió en el olvido hasta 1853, cuando el arqueólogo Hormuzd Rassam descubrió los relieves de los leones y los envió al Museo Británico de Londres.

Palacio norte de Asurbanipal en Nínive, sala C. El grupo de leones de muerte más dramática entre los que se encuentra la famosa leona moribunda que, aunque no tiene fuerza para mover los cuartos traseros, aún puede rugir.

Para saber más de los palacios y relieves asirios.

El libro que se puede ver on line o descargar en pdf de R. D. Barnett: Scultures from the North Palace of Ashurbanipal at Nineveh, Londres, 1976.

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