lunes, 20 de octubre de 2014

LA CUEVA DE CHAUVET. LOS ORÍGENES DEL ARTE. CARACTERÍSTICAS ORIGINALES.

En 1994 un grupo de espeleólogos franceses descubrió una gruta, conocida hoy en día como de Chauvet en honor a uno de ellos, que albergaba un conjunto de pinturas rupestres que desde el mismo momento causó sensación entre la comunidad científica por su espectacularidad.

Sala Hillaire. Panel de los Caballos, detalle.

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La cueva, un antiguo cauce subterráneo de un afluente del río Ardeche, tributario del Ródano (Francia), había estado ocupada por el hombre y había permanecido sellada desde hacía más de 20.000 años por un derrumbamiento de su entrada.

A Cuevas descubiertas en los valles del Ibie y del Ardeche.  C las salas y galerías donde se encuentran las pinturas.

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La importancia de esta caverna de Chauvet es de tal calibre que, incluso en su estado preliminar de estudio, puede asegurarse que los conocimientos obtenidos en ella sobre las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad rivalizan en importancia con los encontrados en los dos santuarios "clasicos" de Altamira o Lascaux. De hecho, en ella encontramos elementos originales que no poseen las cuevas anteriores y que podemos enumerar:

1. La localización de la cueva.

La localización de la cueva Chauvet en Ardèche modifica la óptica sobre la ubicación de las cuevas con pinturas rupestres. Hasta su descubrimiento, se consideraba que existían tres regiones mayores del arte de las cavernas que corresponderían con el Périgord-Quercy, los Pirineos y la costa Cantábrica. La Ardèche, la Meseta y el sur de España, el sur de Italia así como algunas cuevas dispersas constituían regiones menores. El descubrimiento ardechense, que sigue al de la Cueva Cosquer en 1985, cerca de Marsella, refleja que pueden todavía surgir cuevas originales de máxima importancia en otras regiones distintas de esos grandes centros ya definidos.

    2. La antigüedad de las pinturas.

    Sobre la base incuestionable de la datación por radiocarbono, la cueva parece haber sido ocupado por los seres humanos durante dos períodos distintos del Paleolítico: el Auriñaciense y el Gravetiense. La mayor parte de la obra de arte se remonta a la más antigua de las dos eras, el Auriñaciense (30 000 a 32 000 a.C.). Una datación que sorprendió a todos los prehistoriadores, dada la cantidad, la calidad y el realismo de las representaciones que sólo se suponía se habían alcanzado en el periodo final del Paleolítico, el Magdaleniense. Sin duda, estamos ante el conjunto más antiguo de pintura rupestre hasta ahora descubierto.

    Sala Hillaire. Paneles de los Caballos, pared norte.

    Ha habido quien ha argumentado que aunque los pigmentos de carbón con los que se realizaron las mediciones de carbono 14 fueron de entre 32.000 a 30.000, pudiera ser que hubieran sido reutilizados por hombres de época magdaleniense. Tal teoría ha sido totalmente descartada al comprobar que algunas pinturas están recubiertas por concreciones calcíticas que sólo se han podido formar con una antigüedad semejante.

    3. Las huellas humanas.

    La posterior ocupación gravetiense, que se produjo entre los años 25 000 y 27 000 a. C., dejó poco más que los restos carbonizados de hogares antiguos, las manchas de humo de las antorchas con las que el ser humano se iluminaba y, lo más importante, las huellas de un pie de un niño impresas en el barro petrificado. El rastro de pisadas que se puede seguir durante 50 metros nos han permitido reconocer a un niño de entre ocho y diez años, que medía alrededor de 1,30 metros y que se iluminaba con una antorcha. El carbón de la antorcha dejó sus marcas regulares a lo largo de la pared y gracias a ello ha sido posible datarlas. Puede que éstas sean las huellas humanas más antiguas que se pueden fechar con precisión. Luego de este momento la cueva dejó de estar ocupada por el ser humano y pasó a ser osera, como demuestran numerosos vestigios del paso de estos animales (esqueletos, afiladeros de uñas, camastros), hasta el derrumbe de la entrada hacia el año 20.000 a. C.

    Huella de pie izquierdo, junto al cartel de centímetros.

    4. Lo representado.

    El bestiario representado en Chauvet se reparte entre los habituales animales de caza mayor como uros, caballos, megaceros (ciervos gigantes) y bisontes, pero, sobre todo, esta cueva posee el conjunto de animales potencialmente peligrosos o enemigos del hombre más importante que hasta ahora se ha encontrado.Rinocerontesleones y osos son raramente representados en otras grutas y aquí suponen, incluyendo al mamut, hasta el 60 por ciento de los animales contabilizados. Pero también hay presencia de figuras humanas y de símbolos.

    Hagamos un repaso a lo que podemos encontrar en la cueva y ayudémonos para ello de este plano. También podemos remitirnos al detalle que ofrece la página oficial que ofrece una visita aquí.

    A pocos metros de la antigua entrada de la cueva se abre la primera sala de gran tamaño, la sala Brunel, que tiene cerca de cincuenta metros de largo. En ella lo más notable que encontramos son dos conjuntos de "puntillado" rojo. En realidad, se trata de huellas de la palma de la mano derecha que han sido estampadas con pigmentos ocres. Ciertos detalles anatómicos son visibles, como la separación del pulgar sobre el lado izquierdo, pequeñas manchas circulares en la parte superior de la huella, el rastro dejado por la primera falange del medio y el perfil ligeramente cuadrangular de la prominencia tenarLas huellas del conjunto más pequeño, dada la modesta dimensión de la mano, son probablemente fruto de una mujer o de un adolescente, mientras que el otro panel, fue relleno por un individuo de mayor tamaño. La talla y posición de las huellas más altas podrían corresponder a un hombre de aproximadamente de 1,80 metros de alltura. En ambos casos, el colorante de consistencia pastosa, debía ser aplicado en capas suficientemente espesas sobre la palma. Los trazos dejados por los dedos permiten orientar cada huella así como imaginar la posición del artista. Esta técnica original, que no había sido encontrada hasta ahora en el arte parietal, confiere una dimensión simbólica al puntillado por ser a la vez, punto y mano parcial positiva.

    Sala Brunel. Panel llamado del Sagrado Corazón. Concentra decenas de marcas rojas hechas con la palma de la mano en apenas seis metros de largo.

    En un lateral de la sala Brunel se abre una estrecha entrada hacia un vestíbulo que conduce a un panel donde están dibujados tres magníficos osos de las cavernas pintados en rojo. Uno de ellos ha sido realizado casi al completo con trazo seguro. El contorno está animado con llenos y diluidos y, en algunas zonas, el difuminado proporciona volumen.

    Sala Brunel. Vestíbulo de los osos rojos.

    En la siguiente sala, conocida como de los Revolcaderos porque allí se han encontrado trazas de la estancia de reposo de los osos, pese al gran tamaño de la misma (otros 50 metros de largo) no se han encontrado rastros de expresión parietal más que en sus extremos finales donde da acceso a otras pequeñas salas. Destacan la cabeza de un oso de perfil parecido a los de la sala anterior y un panel que se ha venido a denominar de la hiena por el moteado, aunque el perfil del hocico es el de un oso, y una pantera? de rabo largo bajo la figura principal.

    En el pasillo que comunica con la siguiente gran sala encontramos representados en la bóveda rinocerontes, felinos y mamuts, orientados en todos los sentidos. Se puede ver además manos en positivo y en negativo como la de la foto de abajo. Los pigmentos se han esparcido al soplarlos sobre la mano que se apoyaba en la pared. Se aprecia una línea negra dibujada por encima y, por tanto, posterior que se identifica con la silueta de un mamut (de izquierda a derecha: trompa, cabeza e inicio del dorso).

    Al entrar en la Sala Hillaire las representaciones están basadas en el color negro y son más monumentales y abundantes. Al comienzo encontramos  unos paneles con grabados de caballos, un mamut y hasta un búho.

    Al fondo de la Sala Hillaire, se abren  las magníficas composiciones de los Caballos. En una de ellas se representan a la izquierda, uros marchando y rinocerontes realizados bajo la técnica del difuminado. Cuatro cabezas de caballo se superponen con gran realismo, al que contribuye el difuminado e incluso que algunos de los contornos hayan sido trazados previamente con un buril de sílex.

    Al lado una se halla otros tres caballos realizados bajo la técnica del difuminado. Una capa de calcita coloreada debido al óxido de hierro sella el dibujo atestiguando su antigüedad. Se puede observar el entrelazado existente entre los caballos y el gran león (A. alrededor de 1,60 m). Las cabezas de los felinos son muy expresivas.

    A la derecha de la salida de la sala Hilaire hacia la galería de los megaceros aparecen esbozos de trazo rápido de uros, bisontes, caballos y cérvidos. La variedad de las especies  animales (catorce en toda la cueva) resulta impresionante y fuera de lo común.

    Por una estrecha galería, llamada de los Megaceros por la representación abundante de estos ciervos gigantes aunque también hay íbices, caballos y rinocerontes llegamos a la Sala del Fondo. Aquí es donde encontramos concentrados en la pared oeste numerosos perfiles de felinos, rinocerontes y otros animales. El suelo estaba sembrado de grandes trozos de madera quemada, indicio de hogueras cuya probable finalidad fue obtener carbón para dibujar.

    En esta sala los artistas pensaron con mucho cuidado, de forma deliberada, dónde pintar. En el extremo, tres grandes bisontes ocupaban toda una pared, mientras que en las paredes contiguas a la entrada  se veían leones, mamuts y bisontes, además de extraños símbolos geométricos en forma de W. Sin embargo, lo más sobrecogedor es la pared oeste donde una hornacina sirve de punto central de una basta composición con muchísimos animales. En la concavidad tan sólo hay un caballo en su fondo, pero a la izquierda se despliegan  leones de tamaño natural y hasta 17 rinocerontes; y al otro lado 14 leones más en relieve y cabezas de bisonte vistas de frente. Es el conjunto más importante encontrado hasta este momento en el que aparecen representado estos animales que en absoluto eran objeto de caza de nuestros antepasados, más bien al contrario eran peligros potenciales para ellos.

    Leones y rinocerontes de la sala del Fondo.

    En el corazón de la Sala del Fondo y ocupando un lugar privilegiado frente al gran friso animalario, justo en el extremo de un colgante calcáreo que se queda a 1,10 metros del suelo, se encuentra una representación muy especial: una figura de una "Venus auriñaciense".

    Sala del Fondo con la foto centrándose sobre la estalactita de la Venus.

    Sobre la estalactita distinguimos el dibujo en negro de una venus vista de frente. Sin duda, la imagen está muy vinculada a la topografía concreta y ejerce una jerarquía de algún tipo (todavía no hay una explicación plausible) sobre las obras que la rodean. La figura femenina se limita al triángulo del pubis y a las piernas. Un trazo grabado, que destaca en blanco sobre la superficie difuminada, revela el surco vulvar. La parte superior del cuerpo está ausente, aunque posiblemente no haya sido así siempre. Las nalgas podrían haber sido nimiamente esbozadas para ser eliminadas posteriormente. Estas supresiones voluntarias están asociadas al diseño de representaciones contiguas: dos felinos, un bisonte y, un poco mas alejado, un mamut. Las proporciones de la figura femenina son las "clásicas" de las venus escultóricas auriñacienses o gravetienses, dónde se resaltan exageradamente las caderas y el aparato reproductor. Con la que más parecido tipológico comparte es con el relieve de la Venus de Laussel.

    5.- Las técnicas utilizadas.

    En Chauvet apreciamos pinturas hechas fundamentalmente con dos colores de pigmentos, rojos (hematites u óxido de hierro) y negros (carbón), y también gran cantidad de grabados. Los dibujos rojos se concentran cerca de la entrada antigua, los de color negro en la parte interior de la cueva. Existen algunas superposiciones que prueban que la serie roja es la más antigua, si bien el color en sí no es un criterio para distinguir entre lo viejo y joven porque ambos colores podrían haberse utilizado al mismo tiempo. Son más decisivos para agrupar estas representaciones en distintos momentos razones estilísticas o temáticas. De hecho, entre las pinturas hechas con pigmentos rojos se encuentran los grupos de puntos, las especies de signos y las huellas de manos, así como las siluetas de animales más estáticas. En cambio en las pinturas negras hay otros tipos de signos y la representación de los animales se caracterizan por el naturalismo y algunas veces por el movimiento.

    Un bisonte del Nicho de los Caballos, con sus proporciones, volumen y característica joroba magistralmente representados. También parece que corriera y mugiera como espantado.

    6. La calidad estética.

    La calidad estética, es decir la forma en la que los animales han sido representados, es también poco común. Son pinturas con gran detalle y expresividad, llenas de fuerza y vida, especialmente por el uso constante del difuminado para crear sensaciones volumétricas y el intento de representar escenas de animales en profundidad. También se aprovechan las protuberancias de la pared rocosa para sugerir el volumen o se orada la pared para crear los ojos o resaltar los contornos creando bajorrelieves. Las pinturas revelan una gran maestría en el trazo y un conocimiento asombroso de la anatomía y del movimiento de los animales. Hay que tener en cuenta la dificultad que tenía la persona que realizó estas pinturas que  trazaba en la semioscuridad y con sólo la ayuda de su memoria la síntesis realista de un animal. Es increíble la seguridad de las líneas con la que representa la cabeza y la joroba de un mamut, la testuz de un rinoceronte o el hocico de un león.

    Sala del Fondo. Detalle de leones.

    7. Otros elementos notables de Chauvet.

    Un estilo muy definido. Existen gran numero de pinturas negras de tal parecido que sin ninguna duda han sido realizadas por un único y gran artista animalista, maestro del trazado, a menos que éste, haya sido acompañado de ciertas personas (acólitos, ayudas) que compartieron sus convicciones y sus técnicas.

    La existencia de escenas. Muchos de los animales aparecen agrupados formando manadas que pastan, corren o por felinos que les acechan previos a iniciar la carrera de caza. Pero el ejemplo más claro de una composición narrativa es el de los rinocerontes que se encaran y se embisten en combate que se encuentran situados en la parte inferior de uno de los paneles más nutridos de imágenes de caballos.

    Por último como colofón os animo a que os adentréis en la cueva de mano de esta pelícual, rodada para difundir el descubrimiento, ya que no puede ser visitada de forma normal. Hay una película completa llamada La cueva de los sueños olvidados de Werner Herzog más difícil de conseguir.



    Enlaces importantes.

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