lunes, 20 de octubre de 2014

PIETER BRUEGHEL, EL VIEJO. PROVERBIOS FLAMENCOS. LA SÁTIRA DEL MUNDO.

Reina el bullicio en esta aldea, donde incontables figuras llenan hasta los rincones más oscuros de la calle y de las casas. Los personajes están absortos en sus tareas, la mayoría de las cuales, examinadas de cerca, resultan más bien peculiares: hay un hombre que se da de cabezazos contra un muro de ladrillos; otro que echa rosas a los cerdos; uno más atronado que saca la luz del día de su casa en una cesta; una mujer que se empeña en atar al Diablo con una almohada; y, por poner un ejemplo más, un mendigo que se arrastra para meterse dentro de una esfera de cristal rematada con una cruz. En este vídeo podéis ver animadas algunas de estas actividades.



Pieter Brueghel (1525/30- 1569), el pintor que realizó este cuadro en 1559, no se había vuelto loco. Este pintor flamenco sólo recogía una idea ya antigua en Flandes, la de servirse de los dichos populares o proverbios para denunciar satíricamente la locura del mundo en que vivía. Ésta, junto con el paisajismo, será su aportación más importante a la pintura flamenca y universal.

Pieter Brueghel, El Viejo. Proverbios flamencos, 1559. Óleo sobre madera, 117 cm × 163 cm. Staatliche Museen, Berlín.

El género costumbrista y moralizante en Flandes. De El Bosco a Brueghel.

Como género literario, las recopilaciones de proverbios gozaron de gran popularidad en los círculos humanísticos desde finales del siglo XV. Un ejemplo notorio fue Adagio, escrito por Erasmo de Rótterdam y publicado en 1500, que reunía unos 800. A éstos siguieron otras antologías en latín y en lengua vernácula. También el tema de la locura y de la estupidez humana había sido tratado literariamente en La nave de los locos de Sebastián Brandt, publicado en 1494 en Basilea, y en Elogio de la locura del mismo Erasmo, de 1508, ambas obras ya clásicas en tiempos de Brueghel.

El Bosco recreó La nave de los locos de Brandt en este cuadro de 1503-1504. Óleo sobre tabla, 58 cm × 33 cm. Museo del Louvre, París.

El tema de los proverbios y de la locura del mundo también se inscribía en una tradición artística. La idea de interpretar los refranes ya era plasmada en grabados individuales y pinturas desde el siglo XV y, como hemos visto en el cuadro superior, El Bosco fue el principal azote satírico de su sociedad y el principal creador de mundos minuciosos donde todo era posible. Tomando como ejemplo uno de sus cuadros más conocidos, El carro de Heno pintado en 1516, vemos cual era el sentido en el que recreaba un conocido proverbio flamenco: "El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede". El pintor se servía del refrán para transmitir un mensaje plenamente religioso y moral, un mensaje muy medieval. El carro, la tabla central entre el Paraíso y el Infierno (es el tríptico de abajo), era la metáfora de la vida y de lo efímero que es lo que ésta nos puede ofrecer. La vida, o sea, el carro, es un tránsito hacia la salvación o la condena. Los diversos personajes que pululan en torno al carro son ejemplos de vida moral o pecaminosa que pueden llevar a una de las dos situaciones eternas pintadas en los extremos.

El Bosco. El carro del heno, 1500–1502? 1516? Óleo sobre tabla, 135 cm × 100 cm. Museo del Prado, Madrid, España.

A Brueghel, más de cuarenta años después, no le interesaba incidir como objetivo prioritario sobre el mensaje religioso, sino, que conforme a los ideales clásicos del Renacimiento, pretendía sobre todo instruir y entretener. El mensaje de la salvación o de la condena no está presente. En cambio, el cuadro ofrece al público contemporáneo y al por venir (nosotros) el divertido reto de desentrañar cada una de las escenas. Tampoco es, como algunos se empeñan en explicar, un estudio sociológico del campesinado y sus costumbres, lo que sin duda pretendió hacer en otros cuadros como Kermese campesina o Boda campesina. Éste es un óleo que se dirigía a un público culto, que dominaba tanto lo común de la sabiduría popular como lo erudito de la literatura, puesto que una parte de los refranes existían en en flamenco, pero otros no eran de uso común y provenían del latín.

Distintas escenas de Proverbios flamencos.

Para tener definitivamente claro que Brueghel sólo trataba de representar refranes, hay un precedente más directo de nuestra obra que nos permite atestiguar cómo este "género" de representar sentencias se había impuesto en el Amberes de mediados de siglo XVI. En 1558, sólo un año antes del cuadro que nos ocupa, Frans Hogenberg realizó el grabado que tenemos en la foto de debajo, que representaba 43 proverbios mediante figuras sobre un paisaje. La imagen no tenía mucha gracia plástica, con personajes sin relación y cartelas identificativas de lo que representaba cada escena, pero fue, sin duda, el estímulo directo para la obra que analizamos.

Frans Hogenberg. 43 proverbios, 1558. Grabado.  Rijksmuseum, Amsterdam.

El propio Brueghel, posiblemente como preparación de esta tabla, había pintado una colección de Doce proverbios en tablas individuales en 1558 (ver en foto).  La mayor parte de los motivos los vemos repetidos en el cuadro que hará al año siguiente. También se posee un grabado de 1556 con el tema El pez grande se come al chico, que también tiene cabida en el cuadro de Proverbios.

Pieter Brueghel. 12 proverbios, 1558. Óleo sobre tabla, 74,5 x 98,4 cm. Museo Mayer van den Bergh, Amberes, Bélgica. Algunos de los refranes repetidos: Echar rosas a los cerdos (segundo piso, segundo empezando por la izquierda), poner el cascabel al gato (segundo piso, tercero por la izquierda); por dudar en sentarse caerse entre dos sillas (piso primero, cuarto); llevar agua y fuego (primer piso, tercero por la izquierda)...

Pero Proverbios flamencos es realmente la primera pintura a gran escala sobre el tema. Es decir, Brueghel monumentalizó el tema, no sólo al pasar del papel al óleo como medio, sino también al dotarle de grandes dimensiones (la tabla mide 117 x 163 cm) y de ser capaz de unir las escenas individuales en un todo convincente. Porque lo difícil era hacer coherente nada menos que entre 85 y 120 proverbios y dichos. La diferencia en el número es porque cada estudioso quiere ver en cada detalle una referencia a algunos más velados o sencillamente porque algunas escenas pueden ser la encarnación de varios a la vez.

Por ejemplo, la escena de unos cerdos en estampida por un campo de cereales con un hombre detrás de ellos corriendo, se interpreta de muy diversas maneras, según se aplique un refrán u otro: 1. "Si se dejan las puerta abiertas, los cerdos correrán al trigo" o, lo que es lo mismo, la negligencia costará un desastre. 2. "Donde mengua el trigo, abundan los cerdos" o donde uno gana, otro pierde. 3. "Correr con si te ardiera el culo" o correr angustiado, como alma que lleva el diablo. 4. "el que traga fuegos, caga chispas" o las malas acciones traen consecuencias peores.

Características técnicas de la obra.
  • La composición de Brueghel no resulta caótica, pese a la cantidad de detalles que ofrece, porque utiliza un recurso compositivo muy efectista. Sin darse cuenta, al contemplar la obra, el ojo del espectador recorre una diagonal ancha y ligeramente curva que conduce desde la esquina inferior izquierda hasta la esquina superior derecha, desde los detalles próximos del primer plano hasta el lejano horizonte.
  • Pese al aparente aislamiento de unas figuras respecto a otras, todas ellas se combinan de forma bastante natural para componer las escenas. La observación minuciosa de gestos, posturas y expresiones confiere vida a la composición. Incluso se puede entender que hay proverbios relacionados a modo de tesis y antítesis. Es decir, representaciones de refranes que afirman una cosa, pero también la de otros que afirman lo contrario.
Así, la mujer que "es capaz de atar con una almohada hasta al mismo diablo" significa, que es obstinada hasta conseguir lo que parece imposible; esa imagen tiene su opuesto en el hombre que "intenta derribar  un muro de ladrillo a cabezazos", que significaría que su obstinación le lleva  a hacer algo que no logrará y le causará dolor.

    • El detallismo minucioso es uno de los rasgos más determinantes para unirle a la tradición de la pintura flamenca iniciada con Van Eyck. A poco que nos acerquemos descubrimos detalles de sorprendente calidad, casi imperceptibles para el ojo humano, que buscan la sorpresa y la complicidad con el espectador. Hasta en la lejanía se siguen añadiendo escenas y detalles de calidad. Hasta el paisaje resulta bello.
    En los centímetros superiores, donde la lejanía impediría a otro pintor concentrar detalles, podemos apreciar escenas sorprendentes. La silueta de los tres ciegos que se recorta en el horizonte volverá a utilizarla en el cuadro de gran formato "Parábola de los ciegos o Ciego guiando a otros ciegos", lo que se interpreta como que es necedad dejarse guiar por otro tan ignorante como tú porque el resultado te llevará al desastre.

    • El cuadro presenta, además, un refinado e inteligente tratamiento del color. Entre las infinitas variaciones del verde y el marrón y las sutiles sombras, a veces turbias, destacan poderosamente el azul y el rojo, que sirven para enfatizar ciertas zonas y motivos. De esta manera en una rápida pasada de nuestra vista por el cuadro, nuestra mirada recae sobre cuatro o cinco temas fundamentales saturados con estos dos colores.
    • La vibrante y paciente pincelada del artista aplica la pintura en capas finas y transparentes, veladuras, que dotan a la obra de una calidad en el acabado insuperable.
    • Ajeno al ideal de belleza renacentista, su obra busca la realidad más cercana, la de la vida cotidiana. El cuadro emana sinceridad sobre la vida campesina a mediados del siglo XVI: los tipos populares, su forma de vestir, sus herramientas, sus casas... Todo representado con sentido del humor muy moderno. Podemos decir que esta obra puede ser considerada un precedente de la denuncia social y del humorismo gráfico de nuestros días. Se puede decir, que sus personajes tiene una expresividad caricaturesca.
    • También hay que destacar las ausencias. Pese a la cantidad de dichos que ilustra y personajes que aparecen, no introduce ni un solo desnudo en el cuadro, lo que es significativo. Nada le interesaba el continente, los cuerpos humanos le interesaban por lo que narraban o por las ideas que expresaban. En esto va claramente contracorriente del espíritu renacentista de la época.
    El humor en "No se puede a la vez nadar y guardar la ropa" porque viene alguien y se la lleva. Como tampoco "nadar contra corriente".

    La narración. El sentido moral.

    El bullicio de la aldea es el de la sociedad en general, pues la aldea representa al mundo entero. Sus habitantes se comportan de una manera insensata, entregados con entusiasmo a actividades dolorosas, sin sentido o ridículas. La moraleja de la obra va de la mano de un deliberado y humorístico distanciamiento, de una actitud irónica ante las locuras que en ella se retratan. Este mundo, simbolizado por la bola de cristal con una cruz que aparece hasta en tres ocasiones, está "patas arriba".

    Es un mundo donde "el pez grande se come al chico" o donde hay muchos que se "aprovechan de la pesca ajena" o donde "la grulla y la zorra comparten mesa".

    Brueghel deja perfectamente claro quién es el culpable de esta situación: el Diablo, que aparece sentado en una pequeña capilla con una delicada columna de mármol y un tejado azul, en el centro del cuadro. Un hombre le pone una vela, mientras otro acude a él para confesarse. Interpretados como proverbios, tales actos significan respectivamente jugar con el halago a dos bandas y la revelación de secretos al enemigo, pero a la vez son perversas parodias de la práctica religiosa cristiana.

    Justo debajo, también destacada en rojo y azul, hay una pareja que constituye una imagen clave del comportamiento humano: una voluptuosa joven le pone una capa azul a su viejo marido; en otras palabras, le está siendo infiel. El grabado de Hogenberg antes mencionado se titula La capa azul, y Constantin Huygen el Joven usó este título para describir el cuadro de Brueghel cuando lo vio en Amberes en 1676.

    Las clases altas también están representadas, destacando en particular tres figuras. No se suele comentar el hecho de que éstas visten de forma anticuada: las prendas del hombre que tira al agua su dinero (lo derrocha) son de inicios del siglo XVI; el joven noble que se halla en primer plano y a la derecha, que hace girar el mundo sobre le pulgar (a sus órdenes), viste al estilo de la Edad Media tardía; y el rico que echa rosas a los cerdos, lleva ropa de hacia 1440. Quizá Brueghel usó estos anacronismos para sugerir la atemporalidad de las imágenes; o quizá a sus clientes, gente acomodada, no les agradara ver ridiculizados a los de su clase vestidos a la moda de su tiempo, pero no tendrían inconveniente en reírse si la escena transcurría en un pasado indeterminado.

    En este sentido, es un libro abierto sobre la estupidez humana. en el vídeo podéis seguir descubriendo algunas otras sentencias.



    La historia del cuadro.

    No consta para quien pinto Brueghel el cuadro. Éste aparece documentado por primera vez en 1668, entre las propiedades del coleccionista de Amberes Peeter Stevens. Luego estuvo perdido durante siglos, hasta que en 1913 fue descubierto en una casa de campo inglesa, de donde pasó a la colección Gemäldegalerie de Berlín al año siguiente. Así se redescubría el original de una composición bien conocida gracias a una serie de copias del siglo XVII, de las cuales aún se conserva más de una veintena. Algunas son de Pieter Brueghel el Joven, quien trabajó a partir del cartón original de su padre, hoy perdido. El número de copias conservadas da fe de la fama de que gozó esta peculiar invención de Brueghel.
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    Dundes, A. y C. StibbeThe Art of Mixing Metaphors: a folkloristic interpretation of the netherlandish proverbs bya Pieter Bruegel the Elder (Helsinki, 1981)
    Fraenger, W.Der Bauern-Bruegel und das deutsche Sprichwort (Zurich, 1923)
    Grosshans, R.Pieter Bruegel d. A: die niedelandischen Sprichworter (Berlín, 2003)
    Meadow,M.A.Pieter Bruegel the Elder´s netherlandish proverbs and the practice of rethoric (2002)

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