lunes, 20 de octubre de 2014

VILHELM HAMMERSHØI. EL POETA DEL SILENCIO O LA DANZA DEL POLVO EN LOS RAYOS DEL SOL HASTA TOCAR EL SUELO.

En este artículo voy a hablar de Vilhelm Hammershøi (Copenhague, 1864-1916), pintor danés inclasificable, uno de esos "francotiradores del arte", que trabajó en el creativo tránsito entre el siglo XIX y el XX y que, por no encajar en ningún "ismo", suele quedar en el olvido de los libros de arte. Algunos críticos, por introducirle en uno de esos cajones que son los estilos, lo han clasificado como simbolista y lo relacionan con el estilo, del americano James McNeill Whistler, del noruego Edvard Munch y del belga Xavier Mellery, pero es tan especial que ni entre ellos encontraría acomodo.

Fotos de Ida y Vilhelm Hammershøi en su vivienda. La soledad del matrimonio, la luz indirecta del ventanal, la atmósfera de higiénica paz y las puertas de rectángulos blancos.

Su producción no es espectacular, es más, podría describirse como repetitiva, porque trabajó sobre un número muy reducido de motivos a lo largo de su vida: unos cuantos retratos y paisajes, pero, sobre todo, vistas de interiores con o sin figura femenina de su propia vivienda. Que no nos engañe la aparente simplicidad de su obra porque en la elección de estos temas sencillos radica una filosofía de vida, que no aspiró nunca a la estridencia ni a la belleza, pero sí a hacer trascendente lo cotidiano. Se podría decir, que sus cuadros están pintados para captar lo intangible: el silencio y el tiempo en complicidad con la luz.

Vilhelm Hammershøi. Interior con mujer y piano, 1901. Óleo sobre lienzo, 60 x 45 cm. Colección privada.

Vamos a centrarnos en algunos óleos que nos permitan comentar y comprender su estilo.

La danza del polvo en los rayos del sol, 1900.

La danza del polvo en los rayos del sol (1900) es una de las obras más conocidas de este pintor. Para intentar dar una dimensión humana al cuadro y hacerlo aceptable para el público, algún crítico añadió al simple título que inicialmente le dio el pintor, Rayos de sol, el desarrollo de una acción. Porque había que hacer "comprensible" qué representaba este cuadro de una habitación vacía, un cuadro de ausencias, tanto de personas como de mobiliario. Una obra dura, en el sentido de que nos obliga como espectador a examinar la imagen desamparado de cualquier estructura interpretativa de la iconografía, la historia o la religión. ¡Un cuadro figurativo, pero de concepción abstracta en 1900! Con el elemento descriptivo de una acción, aunque fuera metafórica, la de las motas de polvo descubiertas por la luz de la tarde bailando en la sala, el cuadro adquiría una explicación, un significado.

Vilhelm Hammershøi.  Motas de polvo bailando en los rayos del sol, 1900. Óleo sobre lienzo, 70 x 59 cm. Ordrupgaard Collection, Copenhague.

El lienzo fue pintado en la vivienda donde residió Hammershøi, un edificio situado en el número 30 de la calle Strandgade de Christianshavn (hoy parte de Copenhague) al que se mudó en 1898 y que resultaría clave para su desarrollo pictórico. Hasta ese momento sus representaciones de interiores no habían sido más importantes que sus retratos, las pinturas arquitectónicas o los paisajes. Pero una vez establecido en Strandgade y arreglados y reordenados los distintos espacios, éstos se convirtieron en el motivo central de su obra. El cuadro escogido es el motivo concreto de una ventana y una puerta que daba a un patio interior. Es un rincón de su casa que repitió obsesivamente, una y otra vez, entre 1900 y 1909. A partir de ese año se mudó a la dirección vecina de Strangade 25. La fascinación de Hammershøi por aquel lugar le llevó a pintarlo decenas de veces: con y sin muebles, con y sin figuras, y en distintos momentos del día o de la noche. Sin lugar a dudas lo convirtió en su imagen más icónica. Pero es la versión de 1900 -la que podemos ver arriba- sobre la que vamos a reflexionar, puesto que a mi gusto es el ejemplo mejor, por su minimalismo, para desentrañar lo que buscaba expresar. Por no sobrecargar el artículo de imágenes con este motivo, selecciono dos cuadros pintados aquí, pero en otro momento del día y estación del año y con figura y mobiliario, de esta manera tendremos la referencia para comprender y comparar.

Vilhelm Hammershøi. 1906 interior del 30 de Strandgade. Óleo sobre lienzo, 51,8 x 44 cm. Tate Britain.

Vilhelm Hammershøi. Habitación en la casa del artista, 1901. Óleo sobre lienzo, 46,5 cm x 52 cm. Statens Museum for Kunst.

El cuadro que nos ocupa constituye una especie de enigma. No representa la vida vivida en esta casa ni siquiera el retrato fotográfico del espacio, puesto que como podemos comprobar por las instantáneas que se tomaron en el interior de la vivienda o en otros cuadros, ésta estaba llena de objetos cotidianos -alfombras, cortinas, muebles, vasijas, flores y cuadros-, que en esta representación desterró para centrarse en la luz.

Vilhelm Hammershøi. Fotos de su casa.

El protagonista aquí es el espacio atemporal y la luz. Ésta es fundamental en la obra de Hammershøi, pero en contraste con los impresionistas y los pintores daneses de principios del siglo XIX, no se trata de una luz que revele, sino más bien, que inquieta. La luz en este cuadro adquiere una tangibilidad casi física, mientras que, en comparación, el suelo parece extrañamente etéreo e insustancial. La luz se representa como un fenómeno científico: ésta es la luz del sol, una luz que, tras atravesar el cosmos, ha llegado al fin a esta casa de Copenhague, donde su viaje concluye abruptamente en el suelo. Es una luz generada hace millones de años por la estrella "Sol", lo que convierte al momento en algo atemporal, algo que podría suceder tanto hace un millón de años como hoy, en este momento. Es una luz que existe, independientemente de la conciencia que tenga de ella el ser humano. Es una luz "celestial" eterna, pero que en nada se parece a la luz divina de las escenas de la Anunciación de Botticelli o de Piero della Francesca. La luz del cuadro de Hammershøi, crea la sensación de duda, duda sobre el mundo creado a imagen y semejanza del ser humano, pero también sobre la providencia, sobre la existencia de Dios.

Rayos de sol evoca una inquietante atmósfera donde el ego está solo. El cuadro representa una estancia física y también un espacio mental: la soledad existencial del hombre moderno.

Pero a lo mejor toda esta explicación sobre un cuadro tan sencillo es demasiado elaborada y simplemente el artista quiso jugar con las formas y el color. De hecho, el propio Hammershøi dijo: "Lo que me lleva a escoger un motivo son, en gran medida, las líneas que contiene, lo que yo llamaría la actitud arquitectónica de la imagen. Y después la luz, claro está. Es evidente que también tiene mucho que decir, pero las líneas son casi lo que más me gusta". La simplificación de muchos de sus "Interiores", raya en la abstracción, con títulos como, "Puertas blancas" o "Puertas abiertas" o "Las cuatro habitaciones". Variaciones de un mismo motivo espacial básico en las que predominan los juegos geométricos de los cuarterones de las puertas, sus marcos, las mesas, las sillas, los cuadros, las molduras estucadas de la pared, una estufa y un cuenco.

Vilhelm Hammershøi.  Puertas blancas y puertas abiertas, 1905. Den Hirschsprungske Samling. Copenhagen. 1905. Óleo sobre lienzo, 52 x 60 cm.

Vilhelm Hammershøi. Interior, también llamado Las cuatro habitaciones (Strandgade 25), 1914. Óleo sobre lienzo, 85 x 70,5 cm. Ordrupgaard. Copenhagen.

Ida leyendo una carta, 1899.

En 1891, Hammershøi se casó con Ida Ilsted, con quien vivió en Copenhague hasta su muerte. Ida es un tema frecuente en sus cuadros. La retrata en algunas ocasiones ex profeso, pero lo más frecuente es que aparezca de espaldas o aparentando ser una modelo anónima captada en los distintos ambientes de la casa.

Vilhelm Hammershøi.  Mujer joven vista desde detrás, 1904. Óleo sobre lienzo, 61 x 50,5 cm. Randers Kuntsmuseum.

Pintado en 1899, Ida leyendo una carta, fue una de las primeras obras pintadas por Hammershøi en las habitaciones de su casa en el 30 de Strandgade de Copenhague. También repitió el tema con más color variando en la postura y los objetos en años posteriores. El elemento más definitorio de la composición es la calidad de la luz, que actúa creando un paisaje interior y melancólico de lo cotidiano, sin calor ni alegría. Frío, muy frío, pero evocador y de nuevo atemporal.

Vilhelm Hammershøi. Ida leyendo una carta, 1899. Óleo sobre lienzo, 66 x 59 cm. Strandgade 30. Esta obra ha sido vendida recientemente (Junio de 2012) en Sotheby´s a un coleccionista privado por 1,72 millones de libras o lo que es lo mismo 2,13 millones de euros.

En este cuadro es donde mejor se puede apreciar lo deudor que es de los pintores intimistas holandeses del siglo XVII como Johannes Vermeer de Delf Pieter De Hooch que retrataron el mundo femenino dentro de la casa. Del primero, en concreto, se muestra especialmente deudor al tomar el uso sutil de tonos claros y apagados y, sobre todo, la idea temática principal de representar modelos femeninos en una habitación sencilla con una fuente de luz indirecta inundando la escena. Hammershøi viajó a Holanda en 1887, donde habría visto obras de Vermeer de primera mano. Al comparar este trabajo con Mujer leyendo una carta de Vermeer (abajo), parecen imágenes vistas en un espejo con una postura similar, aunque separadas por más de doscientos años. Donde se respira quietud y silencio. Son escenas de una memoria.

Vermeer de Delf, Johannes. Mujer leyendo una carta, 1662-1663. Óleo sobre lienzo, 46.5 x 39 cm. Rijksmuseum, Amsterdam.

Aún así, para mí, hay diferencias notables. La pintura de Vilhelm Hammershøi rebosa aún más silencio que la de Vermeer. En sus sucesivas variaciones sobre el mismo tema, su estilo apacible y neutro refleja tristeza contenida. Sus lugares blancos, vacíos y austeros transmiten un mundo interior que no puede ser visto, pero sí sentido. Demasiado orden, demasiada perfección geométrica en los objetos, demasiado frío. Sus mujeres silenciosas y pulcras, tan asépticas, no me transmiten serenidad sino gritos ahogados, tras los que tal vez haya traumas de infelicidad de un matrimonio marcado por la soledad y la ausencia de hijos. Pero es que hay más, cuando el pintor danés nos permite ver el rostro de Ida, no se ve en él ilusión o curiosidad por lo que lee, lo que se adivinan son los temores de una esposa que creía ser heredera de la locura de su madre.

Vilhelm Hammershøi. Interior con mujer leyendo, 1910. Óleo sobre lienzo, 61 x 73 cm. Stockholm, Nationalmuseum. El cuadro refleja los interiores del nuevo domicilio de Strandgade 25.

Vilhelm Hammershøi. Interior, Strandgade 25, 1911. Óleo sobre lienzo, 74 x 69 cm. ARoS Aarhus Kunstmuseum.
El pintor en la historia de la pintura.

Su trabajo es rico en resonancias de los artistas tanto de antes como de después de él. Ya hemos visto como influyeron en él los pintores holandeses. En sus visitas a a París, presumiblemente, vio las escenas domésticas del francés Jean Simeon Chardin y es indudable que conocía de la pintura de Caspar David Friedrich. Su cuadro Habitación de 1890 está estrechamente relacionado con el del pintor alemán Mujer mirando por la ventana, con la contemplación nostálgica y el recurso de colocar a personajes de espalda. El anonimato y el misterio de un rostro invisible.

Vilhelm Hammershøi, Habitación, 1890. Óleo sobre lienzo, 73 x 58 cm. Colección privada.

Caspar David Friedrich. Mujer en la ventana, 1822. Óleo sobre lienzo, 44 x 37 cm. Berlín, Nationalgalerie.

El gris plata en que entona y la ausencia de sentimentalismo de la escena recuerda la obra de James McNeill WhistlerHammershøi se dejó seducir profundamente por este artista americano con el que coincidió por primera vez en la Exposición Universal de París en 1889. Ambos artistas tenían en común a solitarias mujeres que ocupaban vacías habitaciones sólo con su presencia, sin necesidad de hacer nada más que estar presentes. El Retrato de la madre del pintor de Whistler (1871) está presente en los que realizó de su propia madre en los años 80, aunque en la obra de Hammershøi la abstracción es mayor por la eliminación de detalles superfluos.

James Abbott McNeill Whistler. La madre del pintor, 1871. Óleo sobre lienzo, 144,3 x 162,5 cm. Museo d'Orsay, París.

Vilhelm Hammershøi. Retrato de Frederikke Hammershøi, la madre del pintor, 1886. Óleo sobre lienzo, 34 x 37 cm. Colección privada.


Ya hemos mencionado a otros coetáneos con los que se puede relacionar la obra de Hammershøi como el noruego Edvard Munch y el belga Xavier Melleryaunque la relación no es tan evidente como con los anteriores pintores. También se puede señalar la huella que dejó en otros artistas posteriores, entre ellos destacaría al norteamericano Edward Hopper, al belga René Magritte y a la noruega Ida Lorentzen. Capítulo a parte es la evidente relación entre las figuras y ambientes de Hammershøi la cinematografía de su compatriota Carl Theodor Dreyer, que puso en evidencia una exposición celebrada en Barcelona en el CCCB (2007) y que se puede ver magníficamente ilustrada en el artículo del Blog De Aquí y de allá.



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Su trabajo parece un clásico. Sus escenas se sienten como algo soñado o que pertenece a nuestros recuerdos casi olvidados, sin detalles, pero con un par de cosas esenciales nítidas que podemos describir: las formas, la luz y el sentimiento creado.

Otros enlaces interesantes

-  Película documental de la BBC sobre el pintor y su obra en Gran Bretaña (en inglés)

- Buena colección de imágenes en The Athenaeum.


2 comentarios:

  1. Me encantó el artículo! Muy bueno en detalles, comparaciones y referencias, tal vez podría estar un poco más contextualizado, por ejemplo nombrando los estilos o corrientes de la época. No conocía este pintor.. también estuve interesada en pintar la luz, pero me ganó el silencio, como en estas obras. Saludos!

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Tienes razón, podría haberlo contextualizado. Sin embargo, no lo hice porque el artículo me pareció ya excesivamente largo para un artículo de un blog. Pero, sobre todo, pensé que es un pintor especial, que no encajaba en ningún movimiento y que aquellos pintores que influyeron sobre él servirían para entender su obra.

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