domingo, 2 de noviembre de 2014

ESCULTURA Y MARFILES BIZANTINOS. DEL SIGLO V AL SIGLO XI.

Cuando antes pasaba de largo por las salas de marfiles y otros objetos decorativos medievales de los museos, lo hacía con la idea de que eran obras menores, que sólo merecían un vistazo rápido. Pero, de un tiempo a esta parte, he ido cambiando esta mentalidad y ahora me recreo en el detalle y en el virtuosismo de los artistas que trabajaron en estos materiales. La fascinación que siento en la actualidad por ellos partió de las maravillas que he visto recientemente en las colecciones de marfiles bizantinos que se exponen en algunos museos centroeuropeos como el Bode Museum de Berlín o el Museo de Historia del Arte de Viena. La existencia de tantas y de tan preciosas tallas en marfil del Imperio Romano de Oriente atestigua el alto nivel alcanzado por el arte bizantino. La variedad de estilos que apreciamos en estos museos es posible verla también en otros museos de Londres como el British o el Albert & Victoria, el Louvre de París, algunas colecciones de museos americanas y, por supuesto, el  Museo Arqueológico” de Estambul (la antigua Constantinopla o Bizancio).

Algunos de los objetos de marfil expuestos en las salas del Bode Museum de Berlín.


La escultura. Del Imperio Romano de Oriente al Imperio Bizantino. Siglos V y VI.

Aunque las plazas y los palacios de Constantinopla estuviesen adornados con obras maestras del arte griego y aunque Teodosio trasladara allí el año 394 el Júpiter Olímpico de Fidias, no renació en esta ciudad la gran escultura de la tradición grecorromana pagana. Es cierto que algunos emperadores siguieron encargando sus retratos para coronar edificios conmemorativos y que en Rávena aún se fundieron grandes bronces y se esculpieron retratos imperiales y sarcófagos hasta finales del siglo VI en mármol o pórfido. Pero la estatuaria monumental tal y como se conoció en el Imperio romano fue desapareciendo y dejando paso a otras manifestaciones figurativas.

El Coloso de Barletta, Italia. La gigantesca estatua de bronce, 4,50 m de altura es el último coletazo del arte colosal del Bajo Imperio que todavía se engarza en la tradición constantiniana de un siglo anterior. Probablemente representa al emperador Teodosio II o a su sucesor Marciano, emperadores del Imperio de Oriente, pero fue levantada probablemente por Valentiniano III en Rávena hacia mediados de siglo. Lacabeza y el torso de la estatua son todavía las originales, mientras que las piernas fueron rehechas en el siglo XV después de que en la Edad Media se fundieran unas campanas con ellas. Esta anécdota nos sirve para comprender porqué han desaparecido a lo largo de la historia otras estatuas que se hicieron con idéntico material.


Desde el punto de vista artístico, sabemos que desde el Bajo Imperio la figura humana en bulto redondo se esquematiza y, al entrar en el siglo V, el realismo del retrato romano queda ya muy lejano. La indumentaria de los emperadores y de los personajes masculinos pueden seguir llevando armadura como el coloso de Barletta, pero si portan atuendos civiles vestirán la clámide, amplio vestido que cae recto, sin pliegues y que se sujeta sobre el hombro derecho con una fíbula; o la toga trábea, especie de manteo, que da varias vueltas al cuerpo y que se suele recoger sobre un brazo. Los emperadores además llevan "coronas" hechas con grandes placas metálicas, símbolos de la realeza, mientras que las mujeres se cubren con una diadema de piedras y motivos de orfebrería. Los rostros no trasmiten más que una absoluta inexpresión y carecen de rasgos personales. Los ojos se agrandan desproporcionadamente en la cara y, para intentar suplir la vida en ellos, se horadan y rellenan la pupila y el iris con pasta vítrea.

Busto  del emperador bizantino Teodosio II (reinó del 408-50). Mármol, 25 cm. Museo del Louvre.



Las representaciones en bulto redondo en el siglo VI son aún más escasas y de peor calidad. La estereotipación y esquematismo de los rostros imperiales nos confirman que definitivamente ha desaparecido el género del retrato romano.

Presunto retrato de la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano. Siglo VI. Museo d'arte antica en el Castello sforzesco de Milán.



El relieve decorativo de los edificios tampoco admite en piedra la narración de pasajes históricos o religiosos tan típicos del antiguo arte romano, si acaso sobre sus muros se desarrolla en placas decorativas un encaje vegetal de follajes o de animales simbólicos muy estilizados que armoniza con los mosaicos y las tapicerías. A lo más que podemos aspirar es a ver capiteles tallados profundamente a bisel para lograr bellos efectos de luces y sombras.

Capitel de San Vital en Rávena, siglo VI. Capitel con elementos vegetales y juego geométrico y cimacio con símbolos paleocristianos, ovejas que simbolizan a los fieles cristianos y la cruz en medio que simboliza a Cristo. El relieve es plano o trepanado.


En definitiva, en estos dos siglos, la plástica de Bizancio huye del gran formato exento y del relieve de los edificios.

Nuevos modelos iconográficos profanos.

Sin embargo, la escultura persiste en los talleres en que se labraban pequeños objetos realizados en marfil. Este material pasa a ser el principal de la escultura, tal vez porque por su carestía, constituye un símbolo de distinción y porque su pequeño tamaño permitía transportarlo y comerciar con él como objeto de lujo por toda la Europa occidental. Alejandría, Antioquía y Constantinopla concentran los principales talleres.

Las piezas más usuales en marfil son los dípticos consulares, un objeto que se puso de moda a comienzos del siglo V y que se siguió realizando hasta mediados del siglo VI. Se trata de una nueva forma artística de presentar o recordar a los cónsules que administraron el Imperio de Oriente y de Occidente (hasta que sucumbió) o a aquellas personas encumbradas de la época. La forma más propia, al llamarse díptico (dos piezas), se compone de dos hojas que se pliegan a modo de libro.

Díptico del cónsul Anicio Probo, 406. Tesoro de la catedral de Aosta, Italia. Se trata del díptico más antiguo que se conoce. El representado no es el cónsul sino el emperador de Occidente, Honorio. Todos los dípticos consulares posteriores, sin embargo, llevarán la imagen del conmemorado, que en este caso sólo se inscribe bajo los pies de las figuras. El emperador viste con armadura y atributos monárquicos como la corona. En una de las tablas lleva en su mano derecha el lábaro de Constantino con el lema "En nombre de Cristo triunfarás siempre" y en su mano izquierda una nike alada pagana sobre el orbe (lo creado) que ofrece al emperador la corona de la victoria. El mensaje no puede ser más claro, el emperador se convierte en el defensor de la única religión bajo el nuevo estado, el cristianismo.


A menudo los dípticos que se realizaran a continuación representarían al cónsul sedente, con tan rígida frontalidad que los pies se disponen casi verticales. El protagonista puede ir acompañado por otras figuras pero se distingue con claridad quién es el principal. La acción que suelen realizar en ellos es la de presidir e inaugurar los juegos circenses que conmemoran su acceso al poder.

Díptico de Flavius Anastasius Probus, 517. Marfil, 36 x 12 cm. Bibliothèque Nationale de France, Département des Monnaies, Médailles et Antiques. En su mano izquierda porta un bastón con el águila de Júpiter como símbolo de poder temporal y en la derecha el pañuelo con el que da la señal para que comiencen los espectáculos de carreras, cacerías, luchas de animales y demás espectáculos circenses que podemos ver debajo. El cónsul lleva un extraño halo en forma de concha sobre su cabeza. Sobre el frontón además de las victorias aladas se representan las personificaciones de las ciudades de Roma y Constantinopla, así como, en las dos hojas los retratos de la pareja reinante, el emperador Anastasio  y la emperatriz Ariadna. La inspiración clasicista en la pose y en el modelo humano que todavía tenía el díptico de Anicio Probo queda definitivamente abandonada en éste de Flavius Anatasius.





Variantes de estos dípticos es la pieza que ensalza a un emperador, como el marfil Barberini, del que se conserva sólo una hoja compuesta por cinco tablillas, cuatro conservadas hoy en el Louvre. El soberano (Justiniano o Anastasio I o Zenón) se retrata a caballo siguiendo el modelo de la estatuaria ecuestre imperial entre la Victoria que sostienen una palma, un bárbaro sometido y la tierra portadora de frutos. Una figura de un militar le ofrece la victoria alada y posiblemente habría otra figura similar en la tablilla opuesta desaparecida, En la parte inferior, los pueblos de Asia y África le presentan sus ofrendas. Encima, un Cristo imberbe con el pelo rizado, bendice al emperador que reina en la tierra. Esta sacralización de la escena puede tener su significado simbólico y entonces tendríamos al emperador victorioso como defensor de la fe. En todo caso es una obra claramente política diseñada para servir como propaganda imperial.

Marfil Barberini, principios del siglo VI. Marfil, 34,2 x 26,8 cm. Museo del Louvre, París.


En esta época, pese al triunfo del cristianismo, poseemos todavía obras con un premeditado carácter pagano, preciosos símbolos de un tiempo mejor que mantiene la tradición de la cultura greco-romana y que sirven para reafirmar su conexión con el mundo clásico. Estas representaciones nos vienen a confirmar que los dioses y héroes de la Antigüedad son referentes que no se han olvidado entre aquellos que constituyen la élite del Imperio. Voy a destacar cuatro casos por su belleza y significado, los tres primeros son marfiles y el tercero un plato de plata.

El primero es  el Díptico Queriniano. Realizado supuestamente en el siglo V y que se puede contemplar en el Museo de Santa Julia en Brescia. Marfil, 25 cm × 28 cm × 2 cm. Representa en dos piezas a parejas mitológicas relacionadas con un tema amoroso.  En la izquierda Diana e Endimion y en la izquierda Fedra e Hipólito. La primera es posterior y de un escultor más en la tradición bizantina, sin embargo en la segunda encontramos rasgos estilísticos muy cercanos al clasicismo. Son los últimos coletazos del paganismo que se aferra a un mundo idílico perdido, como el destino trágico de los personajes representados.



Relieve de Ariadna, comienzos del siglo VI, posiblemente de la decoración de un sitial. Marfil 40 x 13,8 cm, Museo de Cluny, París. Ariadna, personaje mitológico, es representada con la cabeza velada como una novia y coronada por dos putti como símbolo de su matrimonio con Dionisos. Lleva el pecho descubierto para mostrar su belleza. Porta en sus manos el bastón o tirso del dios y un cuenco en su mano izquierda. Le acompañan dos figuras pequeñas, la de Pan y una ménade.  La imagen podría proceder de un taller de Alejandría.


El díptico de la personificación femenina de las ciudades de Roma y Constantinopla, finales del siglo V o comienzos del siglo VI. Marfil, cada hoja miden 27,4 x 11,5 cm. Museo de Historia del Arte de Viena. Plenos de símbolos, representan la continuidad de la tradición de la Roma victoriosa y militar (casco) y la floreciente (cornucopia) y bien defendida (corona con forma de muralla) Bizancio.


Plato con escena de David matando a un león. Del conjunto de una vajilla de plata procedente de Chipre cuyo conjunto (seis platos de distinto tamaño) representan la historia del rey David. Se data entre el 629-630. Plata, 14 cm de diámetro, Museo Metropolitano de Nueva York. En este caso, la imagen del joven David recuerda a la de Hércules en uno de sus trabajos frente al león de Nemea. La historia bíblica se identifica con la de la mitología y, a su vez, viene a conmemorar la victoria del emperador Heraclio frente a los persas. El estilo artístico con que se representa la escena es una referencia consciente del arte clásico.


Modelos iconográficos cristianos en marfil.

Obras de artistas griegos todavía muy apegados a las formas clásicas, los marfiles religiosos de este tiempo tienen las características del arte helénico. Aún se encuentra con frecuencia el Cristo imberbe de las catacumbas y persisten en los temas cristianos las abstracciones personificadas, tan queridas por la escuela alejandrina.

Díptico con cinco partes de relieves de marfil en cada hoja, posiblemente la cubierta de un Nuevo Testamento. Es una obra de finales del siglo V posiblemente de los talleres de Rávena que se puede ver en el Tesoro de  la catedral de Milán. Dimensiones,18 x 24 cm. En la primera tabla, centra la composición una gran cruz inscrita en una puerta arquitectónica corintia. La cruz enjoyada está hecha de plata, perlas y piedras preciosas. Alrededor se disponen distintas escenas de la vida de Jesús: Adoración de los Reyes Magos (en la parte superior), la Última Cena y milagros (a los lados y abajo). En las esquinas, en medallones creados por guirnaldas, los símbolos (león y águila) y los bustos de los evangelistas Marcos y Juan. Esta representación recuerda mucho la narración de los mosaicos de San Apolinar Nuovo. La Última cena tiene una disposición parecida, aunque la figura de Cristo ya no es imberbe ni juvenil. Sorprende que no exista la jerarquía de tamaño en la obra, siendo la figura de Cristo, a veces, incluso de menor tamaño que la de sus acompañantes.



La segunda hoja del díptico resulta tan interesante como la primera. Los evangelistas de las esquinas son San Mateo y San Lucas (ángel y buey), mientras que centra la composición el Agnus Dei o Cordero de Dios, Cristo como cordero del sacrificio por el que se redime la humanidad. Las escenas de la vida de Cristo arranca con la Natividad y se distinguen otras más como la Anunciación, la matanza de los Inocentes o el Bautismo de Cristo en el Jordán, pero no hay escenas con los momentos más crudos de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Encaja en la imagen gloriosa que se pretende dar de la figura de Cristo en los primeros tiempos del cristianismo.



Todavía en el siglo VI algunos marfiles conservan el estilo del arte clásico; por ejemplo, el monumental arcángel San Miguel del Museo Británico, una de las piezas de marfil más grandes que se conservan, rellena imponente toda una hoja: los pliegues de su túnica y cada uno de los detalles recuerdan los bajorrelieves altoimperiales.

Panel de marfil que muestra un arcángel, 525 a 550. 42,8 x 14,3 cm. Hecho en Constantinopla. Conservado en el Museo Británico, Londres. Sorprende el tamaño de la pieza, hecha de un sólo colmillo, lo que se aprecia en la curvatura de las esquinas izquierdas de la placa. La talla es de tal calidad que se cree pudiera ser una comisión imperial y que en la otra hoja que falta pudiera estar la imagen de Justiniano. En  este caso el arcángel estaría presentando el orbe que lleva en su mano al emperador. De nuevo, la confirmación y unión del poder temporal con el poder del Dios cristiano. El modelado del rostro, la pose y la delicadeza de cada detalle (las molduras vegetales del arco, las plumas de las alas, la caída natural de los pliegues de la túnica o los pies que se apoyan en los escalones), nos confirman que estamos ante un escultor que añora los ideales de belleza de un mundo que ya no volverá.



En las obras del tiempo de Justiniano se mezclan a veces las tradiciones griegas y asiáticas. El más célebre ejemplo es la cátedra de Maximiano de Rávena, labrada hacia el 553, de dimensiones: 1,50 m de alto por 0,60 m de ancho, que se conserva en el Museo Arzobispal de Rávena.  Se cree que fue un regalo de Justiniano al obispo Maximiano de Rávena. En la presentación de abajo podéis ver detalles de la misma.

Las 26 placas de marfil que conformaron originalmente la silla representan dos ciclos narrativos diferentes: los 16 episodios del respaldo (de los que se han perdido 9) estuvieron dedicados a la vida de Cristo. Los 10 paneles que aparecen en ambos reposabrazos representan escenas del ciclo de José en Egipto. Hay una considerable controversia en cuanto al lugar de origen de la obra: Antioquia, Alejandría, Rávena o Constantinopla. Algunas figuras poseen un sentido muy arcaico; pero hay detalles legendarios que proceden de Alejandría y los hermosos follajes decorativos recuerdan el arte sirio y los maravillosos encajes de piedra del arte musulmán, que todavía se realizan en esta región dos siglos después, en el palacio de Mshatta.

Cristo imberbe en el milagro del vino de las Bodas de Caná. Detalle de la Cátedra de Maximiano. En los zarcillos laterales se enhebran hojas de parra, racimos de uvas y distintos animales como conejos, patos, cabras y pavos reales.


Los diferentes paneles no fueron tallados por un solo escultor. Al menos cuatro intervinieron en mayor o medida en la cátedra. Uno de ellos debió trabajar la parte delantera en la que encontramos los paneles mejor tallados con los cuatro evangelistas y San Juan Bautista que tiene una representación del “cordero de Dios” (agnus dei) en un medallón. Los otros tres serían el del ciclo de José, el de las escenas de los Evangelios y, el tercero, el de los listones vegetales y animalísticos.

Cátedra de Maximiano, detalle de los evangelistas con San Juan Bautista.


Al gran siglo de Justiniano siguieron otros de desastres y discordias. En el siglo VII, el Islam arrebató al Imperio de Oriente, Palestina, Siria y Egipto con las grandes ciudades creadoras de Alejandría y Antioquía. En el siglo VIII y a principios del siguiente, la campaña contra las imágenes dividió las conciencias e hizo que corriese la sangre. Los emperadores iconoclastas, que se consideraban como los campeones de un culto depurado, destruyeron las obras de arte religiosos y persiguieron a los artistas. Italia acogió a un buen número de estos refugiados, que desplegaron allí sus aptitudes. Roma se convirtió entonces en el centro del arte cristiano. Siglo y medio de persecución trajo la ruina a muchas pinturas y esculturas.

El renacer de los marfiles bizantinos tras las guerras iconoclastas.

Después del periodo iconoclasta, la escultura bizantina adquiere su aspecto definitivo y es, a través de las exportaciones de los marfiles a Occidente, cuando más influye sobre el naciente románico. Los siglos X a XII marcan la época con un estilo paradigmático de lo que es la figuración bizantina.
Artísticamente
  • Las figuras alcanzan un gran alargamiento, desproporcionándose en beneficio de la estilización. El artista busca apartarse premeditamente de la naturaleza y pretende aumentar el efecto simbólico y espiritual de los personajes representados con una silueta alargada.
  • Este alejamiento del realismo también se manifiesta en el ropaje, que se disponen con liíneas rígidas y angulosas, conforme a un plan geométrico.
Teothokos con niño, ángeles y el mecenas haciendo proskynesis (beso de los pies en señal de sumisión y adoración) a los pies de la Virgen. Marfil de finales del siglo X. Bayerisches Nationalmuseum München.

  • El fondo de los relieves es generalmente plano, pero hay indicios de paisaje, aunque sin efecto pictórico.
  • Los dípticos quedan en desuso y se adopta el tríptico como formato. Una tabla de marfil central recibe las dos laterales para cerrar de forma articulada el pequeño altar portátil en el que se convierten. El Tríptico de Harbaville es la pieza más famosa.
El Tríptico Harbaville es un marfil bizantino de la mitad del siglo X.  Museo del Louvre, París. Dimensiones: 28 x 24 cm. Representa la Deesis y la corte de santos y apóstoles que interceden ante el Cristo juez.


Temáticamente, el repertorio de temas se ve aumentado.
  • La Virgen, que había sido tan escasamente representada en los primeros años del cristianismo, va adquiriendo cada vez un mayor protagonismo. Cubre su cabeza con el manto. Unas veces extiende los brazos hacia arriba, como el antiguo Orante, indicando su misión intercesora y suplicante (Blachernitissa); otras está con el Niño, que tiene en su mano el rollo de la ley, ya sentada en el trono como Madre de Dios (Theotokos), o de pie, como conductora (Hodegetria).
Virgen Hodegetria con medallones de ángeles y santos. Tríptico de marfil del siglo X. Dimensiones 18 x 22 cm. British Museum, Londres.

  • A Cristo ya se le representa siempre como un hombre barbado y adulto, lo que conocemos como el modelo siriaco. Puede seguir apareciendo como Juez del Juicio Final (Pantocrátor) o en una escena simbólica en la que aparece, bien sedente como juez en el trono o en la cruz, acompañado de la Virgen y San Juan, constituyendo el tema de la Deesis. Esta representación simboliza la intercesión de la madre de Cristo y de los santos por los hombres ante Dios. Si Cristo aparece flanqueado por los emperadores, la actitud es de bendición y protección.
Cristo bendice al emperador bizantino Romano II y a la emparatriz Eudoxia.  Medallas Gabinete Francia. París. siglo X.

  • Las escenas de la Pasión, que no vimos en épocas anteriores, se representan aunque sin incidir en lo más morbosos del martirio. Cristo puede aparecer crucificado pero su ademán es no no doliente. Tampoco se representa el tema de la Virgen en momento de morir como tal y se prefiere representar como una dormición.
Placa de tríptico de la Dormición y Asunción al cielo de la Virgen, Constantinople. Finales del siglo X. Mientras la Virgen duerme, su hijo coge su alma en forma de recién nacido y se la lleva consigo al cielo. Musée national du Moyen Âge, París.


El Tríptico Borradaile, s. X. Museo Británico. Dimensiones 27 x 35 cm. Representa la Deesis en la tabla central: Cristo en la cruz, flanqueado por la Virgen María y San Juan Evangelista. Los arcángeles Miguel y Gabriel están colocados a los lados. Una inscripción en griego por debajo de los brazos transversales se traduce "He ahí a tu Hijo: He aquí a tu Madre" (Jn 19, 26-7). Las parejas de santos, todos cuidadosamente identificados por inscripciones, ocupan los registros en las hojas a los lados.

2 comentarios:

  1. Me gustaría tener información sobre el busto de la dolorosa de Pedro Roldán de 1670 que se expone en el Bode Museum de Berlín. ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Si pertenece al gobierno alemán o forma parte de una colección privada? ¿Si se ha expuesto en otro museo antes de serlo en Bode? Gracias.

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    1. Pues siento no poder ayudarte. He buscado, pero lo único que encuentro es algunas páginas de foros o blogs en donde no se aporta esta información.

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