lunes, 26 de enero de 2015

EL SANTUARIO DE HERA EN SAMOS, OFRENDAS VOTIVAS DE ÉPOCA ARCAICA. EL KOUROS BAILANDO DE MARFIL.

Hay muchas islas del Egeo que merecen mi atención, pero esta vez voy a poner el foco sobre la de Samos, porque creo que es, desde el punto de vista arqueológico, una auténtica desconocida. 

El Egeo y la localización de la isla de Samos, frente a la costa de Asia Menor, y del santuario de la diosa Hera o Heraion.



La estatuaria monumental de Samos.

Tal vez nos suene que procede de esa isla la Kore o Hera de Samos porque se encuentra en el museo del Louvre de París y es un magnífico ejemplo de estatua votiva de época arcaica. Es esa monumental imagen de una mujer embutida en una túnica de lino plisada, que revelan sutilmente la forma humana por debajo de la prenda.

Koré o Hera de Samos, Heraion de Samos, 570-560 a.C. Mármol, 1,92 m. Museo del Louvre.




Esta figura femenina sin cabeza entró en la colección del Louvre en 1881 y formaba parte del santuario de Hera en la isla de Samos, el Herarion. Se descubrió cerca del templo en 1875, en la Vía Sacra que unía el santuario con la ciudad cercana a 6 kilómetros. Una inscripción describe la estatua como una ofrenda a Hera hecha por Cheramyes, un aristócrata jónico del este de Grecia. Otras estatuas fueron dispuestas en un mismo zócalo como parte de una gran exvoto familiar creado para honrar a la diosa. Muchas décadas más tarde se encontró otro grupo escultórico firmado por Geneleos que se creó diez o veinte años después del grupo de Cheramyes (560-550 a.C.) y que se puede ver medio reconstruido en la isla. 

Santuario de Hera en Samos. Grupo de Geneleos tal y como se cree se disponían las figuras. Museo arqueológico de Vathy, Samos.





La riqueza que reunieron los comerciantes de Samos se tradujo en las renovaciones de un santuario, que se hizo cada vez más grande, y en ofrendas monumentales para honrar a Hera. En cuanto a estatuas monumentales ofrecidas como exvotos destacan por su tamaño las dos enormes figuras de  kouroi de mármol de 4,80 m. de altura, que se erigieron en torno al año 570 a.C. Una de estas estatuas descubiertas en 1980 ha sido recientemente restaurada y se expone en el Museo Arqueológico de Samos para disfrute de todos los turistas que se fotografían como muñecos diminutos bajo ella.  En el muslo izquierdo está tallada una inscripción que nos informa que fue mandada erigir por Ischis, hijo Risios. Nuestro hombre pertenecía a una de las más ricas familias samias de su tiempo.

Impresiona el tamaño del Kouros expuesto en el Museo de Valthy. Su canon recuerda el de la estatuaria egipcia, que es realmente el que le inspira, aunque el desnudo integral y el modelo humano es puramente griego.




El suave modelado de la superficie del mármol y el volumen carnoso del cuerpo crean un efecto táctil de piel y es típico del arte jónico. Bien diferente de otros kuroi de estética dórica como los gemelos de Argos encontrados en Delfos, de cuerpo robusto y cabeza cúbica. 

Cuatro vistas del Kouros de Samos.




Por la importante estatuaria que hemos podido ver en estas fotos del blog y de otras que podemos comprobar en el museo de Valthy, no queda duda de que el Heraion de Samos fue uno de los santuarios religiosos más importantes de todo el Egeo en época arcaica, fundamentalmente entre los siglos VII a VI a. C. 


El santuario de Hera en Samos.

Pero no hemos comentado nada de lo arquitectónico y es hora que destaquemos su singularidad también. Considerado como el lugar de nacimiento de la diosa Hera, el Heraion fue uno de los primeros santuarios griegos en tener un templo construido, ya desde el siglo octavo antes de Cristo. Originalmente se erigió de madera, para más tarde ser reemplazado por versiones de piedra cada vez más elaboradas, que culminaron con la construcción de uno de los más famosos y más monumentales templos jónicos del siglo VI antes de Cristo. 

El Heraion de Samos. Plano de los principales edificios del santuario desde el siglo VI a, C. El templo principal fue construido entre los años 570-560 a. C. , bajo la supervisión del arquitecto Rhoecus. Las dimensiones eran únicas, 105 x 52,5 metros, con dos filas de columnas rodeando la cella (díptico), octástilo (ocho columnas en fachada) y jónico.



De aquel edificio y de los construidos en siglos anteriores apenas quedan los cimientos. Sin embargo las excavaciones arqueológicas en el santuario durante más de un siglo han proporcionado miles de objetos que formaron parte de las ofrendas que miles de visitantes dejaron allí durante siglos. La cantidad de los hallado es comparable con llo encontrado en los principales centros religiosos del momento como Olimpia en el Peloponeso, Delfos en Grecia central, Samotracia en el Egeo y, por supuesto, la Acrópolis de Atenas.

Ruinas del santuario de Hera en Samos. Se podía acceder desde la ciudad a través de una gran avenida o incluso directamente desde el mar.



Los exvotos de pequeño formato.

Más allá de los números absolutos, lo que es más llamativo del conjunto de los hallazgos del Heraion es su inusualmente amplia gama de orígenes geográficos de donde proceden. Se puede decir realmente que se trataba de una santuario "internacional" fruto de la posición de la isla en varias importantes rutas comerciales. Se han encontrado ofrendas procedentes de Mesopotamia, Egipto, Chipre, Creta, Fenicia, Anatolia y, por supuesto, Grecia continental.

Estatuilla de bronce de procedencia mesopotámica. Representa a un devoto babilónico de la diosa Hera con un perro o un león. s. VIII a. C. Museo de Valthy, Samos. Hay otra figura parecida pero de inferior calidad

Estatuilla de bronce de un hombre procedente de Egipto encontrado en el Heraion de Samos. S IX a VI a. C.



Como hemos podido comprobar por estos ejemplos anteriores, fieles en tránsito entre el Mediterráneo oriental y occidental dejaron en Samos multitud de ricas ofrendas. Muchas figurillas depositadas representaban a los mismos fieles en actitud votiva; otras a animales (principalmente a caballos y pájaros) u objetos. Con esta acción o donación se quería honrar a la diosa y buscar el favor de la misma. Desgraciadamente, los objetos de oro y plata han desaparecido por la codicia humana que durante siglos los ha reciclado. Quedan, no obstante, bastantes objetos cerámicos y pequeñas figurillas de bronce que nos permiten hacer una idea de la importancia del santuario.

Exvotos cerámicos con forma de animal. Siglo VII a. C.



Kuros de bronce del santuario de Hera en Samos. s. VI a. C.




Los materiales perecederos como la madera y el marfil, que en otros lugares se hubieran desintegrado por el paso del tiempo, en el santuario de Hera de la isla de Samos se han conservado en buena parte. El suelo pantanoso, sin entrada de aire, ha hecho posible la conservación de muchas de estas piezas, lo que nos permite conocer mucho mejor este tipo de exvotos que en otros santuarios. En las vitrinas del museo de Valthy podemos encontrar muchos artículos maravillosos entre los que voy a destacar algunos.

Estatuillas de madera representando mujeres. Las dos primera por sus vestidos, peinados y pose rígida son claramente griegas. Recuerdan las korai en piedra dóricas como la Dama de Auxerre y por tanto podrían ser exvotos. En cambio, la tercera que aparece de rodillas y con el cuerpo desnudo podría formar parte de la decoración de algún mueble y su origen no está tan claro. 






Pero las obras de mayor belleza que se conservan son las de marfil. Hay tres que me gustaría destacar.

 Es espectacular por su naturalismo es este león que se abalanza sobre su presa. Objeto proviene de Egipto y probablemente formara parte de algún mueble. Debió realizarse en el  Imperio Nuevo y, seis siglos después de haber sido hecho, sería depositado como ofrenda en el santuario de Hera por algún devoto.



Hay otra pieza escénica que merece ser mencionada es el relieve narrando el momento del mito de Teseo en que éste decapita a Medusa con ayuda de Atenea.




Pero, a mi juicio, la obra más espectacular es la pequeña estatuilla, tn solo 14,5 cms de un varón que parece danzar. El kouros se conserva en muy buen estado. A pesar de su pequeño formato, el artista apoyándose en un trabajo esmerado y en su amor al detalle, ha sabido dotar de efectos monumentales a esta obra maestra, una de los cimas, sin duda alguna, del arte de la talla de principios de la época arcaica, en concreto se le data en torno al 625 a. C.



La única prenda de vestir que lleva el joven es un cinturón ancho y muy adornado -significativo indicio de una ropa distinguida- y unas botas cuidadosamente atadas de cuero fino. El joven no parece arrodillado sino saltando. Precisamente las botas es un distintivo de su actuación: baila una " danza de primavera " durante la cual los participantes masculinos debían realizar saltos en el aire, lo más alto posible, al compás de las flautas. Había competiciones de esta disciplina, conocidas también a través de la pintura de los vasos. Este tipo de representación era frecuente de la isla de Creta hacia mediados del siglo VII a. C.



En el rostro alargado y estrecho, se imponen las cuencas oculares, cuyos ojos eran originariamente de otro material, como las cejas, los adornos de las orejas y el vello púbico. El pelo, tratado con un fino dibujo en espiga se recoge en cuatro trenzas, dos de las cuales caen por delante sobre los hombros y las otras dos por la espalda: la cinta doble anudada en la nuca sirve a la vez de adorno y de sujeción. El pelo de la frente forma cuatro rizos en espiral, con una minúscula flor de ámbar en el centro de cada uno de ellos. 

Reconstrucción de cómo actuaría siendo mango de una lira.


La ejecución técnica de la estatuilla indica que formaba parte de unos enseres de gran valor. En épocas pasadas se pensó que podría estar destinada a una lira, pero los investigadores actuales hablan de un soporte de vaso, en cuyo caso tal vez se muestra arrodillado en actitud de súplica. 

Fuera cual fuera su contexto, lo cierto es que el joven de Samos refleja la gran destreza de tallista en marfil arcaíco y nos permite adentrarnos en el mundo de la aristocracia que podía permitir este tipo de objetos de gran valor y que llevaba el espíritu competitivo incluso a la danza.

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