lunes, 16 de mayo de 2016

VILLA MALAPARTE. LA CASA HECHA A LA MEDIDA DEL HOMBRE: "CASA COMO YO".


La vida de Curzio Erich Suckert (Prato 1898, Roma 1957), más conocido por su seudónimo Curzio Malaparte, resulta de verdad fascinante porque fue, como veremos en este artículo, una de esas personalidades poliédricas: diplomático, corresponsal de guerra, periodista, escritor y hasta arquitecto.


La polémica biografía política y literaria del escritor.

Desde el punto de vista ideológico también fue un hombre desconcertante, independiente y controvertido. Pasó de la militancia entusiasta en el fascismo, al antifascismo. Participó en la Marcha sobre Roma de Mussolini del año 1922 y fundó, entre otros periódicos, La Conquista dello Estato en 1924 donde propugnaba los principios del Partido Fascista Italiano. Sin embargo, desde 1931 su pensamiento cambió y empezó a atacar la ideología que hasta entonces defendía. En Técnica del colpo di Stato (1931) ya se oponía totalmente tanto a Adolf Hitler como a  Benito Mussolini, lo que le llevó a ser expulsado del Partido Nacional Fascista y condenado al destierro interno en la isla de Lipari, donde vivió desde 1933 hasta 1938. La condena fue relativamente blanda comparándola con la que recibieron otros opositores al fascismo y fue perdonado por la intervención personal de Galeazzo Ciano, el yerno de Mussolini.

Malaparte en marzo de 1934, durante su confinamiento forzoso en Lipari.


El régimen arrestó a Malaparte de nuevo en 1938, 1939 y 1941. Ese último año fue enviado a cubrir la guerra en Rusia como corresponsal del Corriere della Sera. Los artículos que envió desde el frente ucraniano fueron muchos de ellos censurados y le ganaron de nuevo la prisión en 1943. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial le proporcionó la base para sus dos libros más famosos y recomendables, Kaputt (1944) y La pelle (La piel, 1949). Después de la guerra, Malaparte se afilió al Partido Comunista Italiano y, tras la escisión chino-soviética, su filocomunismo le llevó al maoísmo, para volver al catolicismo cuando su vida se acababa por un cáncer. En este artículo nos interesa el hombre y también su casa. La que diseñó personalmente y llamó "Casa como yo".

Curzio Malaparte en Lipari frente a la escalinata de la iglesia de la Annunziata que le sirvió de inspiración para trazar el acceso a la terraza/solarium de su casa en Capri.


Villa Malaparte. "Casa Come Me" (Casa como yo).

Esta frase-nombre de su casa nos permite entender su obra literaria y, por su puesto, la vivienda que se construyó en la isla de Capri, que es lo que centra nuestro artículo. El nombre es como un manifiesto: esta casa pretende ser única y que refleje a quien la habita. Es su vivienda pero es, a la vez, él mismo y la naturaleza que le rodea.

Siendo así no nos debería extrañar que, aunque necesitara un arquitecto y unos albañiles para levantarla, el propio escritor la diseñara e impusiera sus criterios. Que la obra esté firmada por el arquitecto racionalista Adalberto Libera, uno de los arquitectos racionalistas más conocidos y promovidos por el régimen fascista, es puramente un formalismo, puesto que los planos que presentó éste para que se aprobara el proyecto de obra difieren totalmente del resultado final. Malaparte quería la casa para reflejar su propio carácter y convertirla en un lugar para la contemplación solitaria y la escritura. Una vez dijo: "Ahora vivo en una isla, en una casa austera y melancólica, que yo mismo construí en un acantilado solitario sobre el mar. [Es] la imagen de mi deseo.".

Planos originales de Adalberto Libera para el proyecto de obra de la Villa de Curzio Malaparte, 1938. La casa construida tiene poco que ver con la proyectada. El proyecto de Libera no había tenido en consideración la orografía, las exigencias de un promontorio tan escarpado. Pronto se pone en evidencia que no es posible ejecutar la propuesta de Libera y hay que modificarla. No hay planos de obra de Malaparte que pudieran haberle servido al constructor como guía o como proyecto.


Planos y alzados actuales de lo que se edificó finalmente desde 1938 hasta 1942.



Naturaleza. El mar y los escarpes acantilados.

Casa Malaparte surge en un enclave inhóspito de sobrehumana belleza, donde construir es temerario, si no es sagrado. Punta Massullo en la isla de Capri es uno de los pequeños cabos acantilados que se asoman al golfo de Salerno. Y allí, sobre las rocas, a 32 metros del mar, está la casa, una estructura de color teja con unas desconcertantes escaleras externas de acceso invertido a lo que recuerda un altar de sacrificio frente al mar.


En muchos sentidos, la casa Malaparte recuerda a la coetánea Casa de la Cascada, de Frank Lloyd Wright (1936),  las dos están arraigadas al terreno, sobre paisajes espectaculares. Donde la naturaleza está presente de manera imponente. Ambas plantean el desafío de establecer un lenguaje que establezca una relación armónica entre edificación y medio natural.


La casa está completamente aislada de la civilización, ya que sólo se puede acceder a ella o a pie, por un sendero tortuoso y peligroso, o fondeando un barco al pie de la roca y luego ascendiendo la escalinata que llega a la plataforma donde se asienta el piso bajo. Desde el mar en movimiento al navegante se le antoja que la casa está mecida, que hace equilibrios en el borde del precipicio. Es engañosa: no hay ley óptica ni principio de la percepción que no se vea por ella deformado.

Casa Malaparte recoge también la tradición de las villas romanas, como la del mismo Tiberio en la isla de Capri, que priorizaban los miradores como elementos de conexión con el paisaje marino y el acantilado.


Construir en Capri no era fácil. Desde 1922 hay vigente en Italia una ley que protege determinados parajes naturales con el cometido de preservar «el carácter del lugar», su arquitectura y sus sistemas de construcción tradicionales.  Así, cuando Malaparte compra, los terrenos sólo podían destinarse a usos agrícolas, y en ellos, según la norma, no se podía construir más que una caseta para este fin. Esta condición, a la que está expresamente sujeta el permiso de obra, no será cumplida por el escritor. Su casa es resultado también de una transgresión voluntaria del canon, de una violación sistemática de la norma urbanística.



Malaparte no quería una casa cualquiera, quería una casa exclusiva: una «casa-manifiesto» de la arquitectura del siglo XX. Deseaba un edificio que pudiera ser interpretado como un híbrido entre la arquitectura clásica y moderna. Es clásico al aprovechar la naturaleza exterior para alcanzar su imponente monumentalidad. Vendría a ser un santuario con su altar de sacrificio, erigido sobre una acrópolis mágica. Pero a la vez, es un edificio moderno en sus líneas racionales, que se alejan de cualquier estilo historicista, y en su funcionalidad interna. En este sentido la casa tiene un doble cometido. Por un lado, sirve de refugio al hombre, de lugar para la creación del escritor, del habitáculo del hombre de letras que necesita enclaustrarse para crear. Y, por otro lado, con sus miradores, terraza y salón es un lugar de celebración y la fiesta desde donde disfrutar del paisaje más allá.


La sensibilidad en la construcción de  todo lo que tiene que ver con Villa Malaparte también se aprecia en la elección de materiales. Fue construido con piedra de la zona y con losetas y ladrillos de arcilla. Las paredes exteriores están enfoscadas y pintadas de rojo cercano al color pompeyano, las interiores y el semicírculo de la terraza de blanco.



Espacios

El edificio se divide en 3 niveles habitables. más la cubierta compuesta por una escalera monumental que lleva a un techo plano utilizado como solarium. Este espacio permanece completamente ajeno al resto de la casa y no se puede acceder desde los espacios interiores. Se presenta como un vuelo recto de escaleras sin barandas o paredes que podrían contaminar la pureza geométrica, o proteger contra la sensación de vértigo.

Secuencia de la película  Le Mépris, rodada en el edificio en 1961, que nos permite ver esta sensación de vértigo. Las gradas y el solarium, que forman un todo, carecen de pretil, sólo un reborde marca el perímetro sobre el precipicio. La relación con la naturaleza no edificable del lugar queda acentuada por este "olvido funcional": el carácter ritual prevalece sobre el doméstico y acogedor.

Los tres niveles del interior varían en superficie e importancia. La planta baja es la más pequeña y es donde se encuentra el área de servicio, la bodega y el cuarto de lavandería. La entrada a la casa, ganada al lateral suroccidental, se hace a través del piso intermedio, pero es irrelevante y se confunde con las aperturas de las ventanas.


En este piso intermedio se encuentra un hall y los lugares para la cocina y los dormitorios de invitados con una estufa de leña de estilo tirolés.


La planta superior es la vivienda propiamente de Malaparte. A él se accede por una escalera interna. Es el piso más grande. La mitad del mismo lo constituye un gran salón, rodeado de cuatro ventanas desde donde contemplar como enmarcado el paisaje exterior. La atención inmediatamente se va a las vistas de los acantilados de rocas.

El salón está pavimentado con losas de piedra gris dispuestas en opus incertum.


En las paredes laterales, cada ventana, levemente separada del suelo abarca una porción del paisaje exterior.



También hay una gran chimenea en el centro de la sala, como si fuera el comedor de un antiguo castillo.


La pared del fondo de la chimenea es de vidrio de Yena. En invierno, el sol bajo del atardecer mezcla su luz con la de las llamas.


La otra mitad del piso superior contiene los dos dormitorios principales con sus cuartos de baño de mármol de estilo pompeyano que se conectan a un estudio o biblioteca ubicada en la parte delantera de la casa, que se asoma a través de su ventanal directamente al mar. Es el sancta sanctorum de la casa.



Tras la muerte de Curzio Malaparte en 1957 -y como otras grandes obras modernas como la Ville Savoye de Le Corbusier o E-1027 de Eileen Gray- la casa fue abandonada y deteriorándose. En 1961, Jean-Luc Godard rodó en Villa Malaparte su aclamada película Le Mépris. En esta película, la arquitectura adquiere un papel protagonista y queda estrechamente vinculado con el guión de la película.



No fue hasta finales de 1980 y principios de los 90 cuando comenzó la restauración seria.

Planos del edificio con todo tipos de detalles técnicos por David Ibáñez Núñez (2013).









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