miércoles, 10 de agosto de 2016

VELÁZQUEZ Y LAS SIBILAS

Este artículo veraniego surge de una consulta hecha por una lectora de este blog que me preguntaba por dos obras de Velázquez a raíz del post sobre Velázquez y la mitología. Debo reconocer que cuando lo estudié apenas había reparado en ellas. Se trata de los dos óleos que la crítica y los historiadores del arte han llamado Sibilas y que, al ser obras menores, han pasado muy desapercibidas. Lo que expongo es el debate en extenso e ilustrado con imágenes de lo que hemos comentado por si sirviera para alguien más.

Las obras a debate son las siguientes (la datación es la que ofrecen los museos en donde residen):


Diego Velázquez. Sibila, hacia 1632. Óleo sobre lienzo, 62 x 50 cm. Museo del Prado.


Diego Velázquez. Sibila con tabula rasa, entre 1644-48. Óleo sobre lienzo, 64 x 58 cm. Meadows Museum of Art, Dallas, Estados Unidos.



En primer lugar, he de decir que la historiografía no se pone de acuerdo en dos cosas fundamentales: el tema y la cronología

Sibilas.


Con respecto al tema, puesto que Velázquez no puso título a estas obras, se abre la polémica sobre qué representan estas medias figuras femeninas de perfil, que miran hacia la derecha y que sostienen una tablilla (¿?) con su brazo izquierdo. La opinión más generalizada es que se trata de sibilas, aunque hay quien las considera alegorías de la Pintura o de la Historia. Lo más probable es que sea acertado el considerarlas sibilas puesto que desde que Miguel Ángel las utilizara como recurso iconológico en la bóveda de la capilla Sixtina se convirtieron en un tema recurrente de los manieristas y de los primeros pintores barrocos italianos.


Miguel Ángel. Sibila Délfica, 1509, detalle del fresco de la capilla Sixtina.



Las sibilas fueron personajes de la mitología grecorromana a los que se adjudicaban poderes adivinatorios, y que fueron adoptados por el pensamiento cristiano, que consideraba que habían anticipado la llegada de Cristo. El objeto que portaban (tabla, libro, lienzo o pergamino) estaría destinado a servir de soporte donde escribir sus premoniciones. 

La sibila fue un tema común entre los pintores clasicistas italianos del siglo XVII, que admiraba Velázquez, por lo que pudo haber hecho su aportación al mismo a raíz de su primer viaje a Italia. Existen magníficos ejemplares de mano de Domenichino, Orazio Gentileschi, Guido Reni o Guercino. Las sibilas italianas de la primera mitad del siglo XIX generalmente tienen en común la recreación idealizada de la figura femenina, unos ropajes suntuosos siendo casi perenne un exótico turbante y una expresión bucólicamente pensativa. Veamos algunas de ellas para compararlas con las de nuestro pintor.


Domenichino. Izquierda: Sibila Pérsica, (1620-1624). Óleo sobre lienzo, 77.4 x 68.2 cm. Wallace Collection, Londres. Derecha: Sibila de Cumas (detalle), (1616-17). Óleo sobre lienzo, 123 x 89 cm. Gallería Borghese, Roma.




Orazio Gentileschi. Izquierda: Sibila, (1635-1638). Óleo sobre lienzo, 59.9 x 68.7 cm. Royal Collection Trust (UK), Hampton Court Palace Painting, Londres. Derecha: Sibila, (1620-26). Óleo sobre lienzo, 81 x 73 cm . Museum of Fine Arts, Houston, EE.UU. 



Guido Reni. Izquierda:Sibila, (1636). Óleo sobre lienzo, 74,2 x 58,3 cm. Pinacoteca Nacional de Bolonia, Italia. Derecha:Sibila. Óleo sobre lienzo. Palazzo Rosso, Genova.



Guercino. Izquierda arriba: Sibila Líbica, (1651). Óleo sobre lienzo, 116.3 x 96.5 cm. Royal Collection Trust (UK), Buckingham Palace, Londres, Reino Unido. Derecha arriba: Sabina Helespóntica. Óleo sobre lienzo, 116.3 x 96.5 cm. National Trust, Ickworth, Reino Unido. Izquierda debajo: Sibilla Persica, 1647. Óleo sobre lienzo, Pinacoteca Capitolina, Roma. Derecha debajo: Sibila Samia, 1651. Óleo sobre tela, 137 x 116 cm. Fondazione Carisbo, Bolonia, Italia
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Vistas estas sibilas italianas, salta en seguida que Velázquez de nuevo se puede apoyar en el género pero aporta su especial visión de la pintura y de la figuración. Es un estilo muy distinto: frente a la idealización femenina, rostros reales de pelo rebelde; frente al ropaje lujoso, sencillas ropas y como mucho un collar en una de ellas; frente a expresiones pensativas, serenidad.


Diego Velázquez. Izquierda: Sibila, hacia 1632. Óleo sobre lienzo, 62 x 50 cm. Museo del Prado. Derecha: Sibila con tabula rasa, entre 1644-48. Óleo sobre lienzo, 64 x 58 cm. Meadows Museum of Art, Dallas, Estados Unidos.




Los retratos femeninos.


Que al menos la primera es un retrato es evidente, ya que refleja un rostro muy real, donde asoman unos rasgos muy singulares de una joven que no son en absoluto idealizados. Lo que no es seguro es que sea el retrato de su mujer, aunque hay quien lo sostiene sin argumentar ninguna prueba. Podría ser, porque era frecuente que los pintores tomaran como modelos a sus personajes cercanos. Y esto sucedió con Velázquez desde bien joven, todavía en Sevilla el pintor utilizó a su mujer, Juana Pacheco, y a su propia hija recién nacida, Francisca, en el cuadro de la Adoración de los Reyes Magos de 1619, como Virgen María y niño Jesús respectivamente.


Diego Velázquez. Adoración de los Reyes Magos (detalle), 1619. Óleo sobre lienzo, 2,04 m x 1,26 m. Museo del Prado, Madrid. La edad de Juana, si es la imagen de la Virgen, sería de 17 años.





¿Es Juana Pacheco la imagen de la primera Sibila? Durante mucho tiempo se ha afirmado que sí, aunque el parecido no es tan evidente entre las dos obras, pero, sobre todo, si la obra fuera de las décadas de los 30, tampoco coincidiría por la edad, ya que la muchacha retratada parece adolescente y Juana ya estaría por estas fechas en la treintena. Sin embargo, sería la edad propicia para que Velázquez retratara a alguna de sus dos hijas, Francisca e Ignacia, nacidas respectivamente en 1619 y 1621. De hecho, el rostro de la sibila se parece más a la figura femenina de otro cuadro de Velázquez datado en los comienzos de los años 30, Santa Rufina.

Diego Velázquez. Santa Rufina, 1629-32. Óleo sobre lienzo, 79 x 64 cm. Centro Velázquez, Fundación Focus-Abengoa, Sevilla, España. Santa Rufina aparece en solitario como niña con una hoja de palma, símbolo del martirio que sufrió, y unas piezas de loza puesto que su familia era alfarera. Sin embargo, ¿Dónde están su hermana Justa y la Giralda, habitualmente presente en las representaciones de estas santas sevillanas? Seguro que debió existir un cuadro parejo.





Si nos fijamos con atención coinciden en guedejas acaracoladas de las patillas y por encima de la frente y, yo diría, que el pañuelo enroscado que recoge el pelo de la santa y de la adivinadora es el mismo. Pero si ahondamos aún más en la fisonomía hay elementos comunes muy singulares, haciendo la salvedad de las edades de las modelos (unos 8-10 años para la primera y 13-15 para la segunda) como son los labios pequeños pero abultados, carrillos rollizos y barbilla ligeramente retraída.



Si a esto añadimos que las dos se encuentran delante de un fondo beige degradado. Para mi son las dos hijas de Velázquez o es una de ellas representada en dos edades distintas.




La segunda sibila también mantiene un "aire", similitudes físicas, pero al moverse y volver la cabeza deja en una intuición el reconocimiento de sus rasgos faciales.




Esta reflexión nos lleva al segundo misterio sobre las obras: su cronología.

La cronología y el estilo.

No se sabe con exactitud la datación de las sibilas. La atribución de una fecha u otra se hace por comparación estilística con otras perfectamente datadas. En la que hay más consenso es con la primera que como mucho se le da una horquilla que va desde 1629 a 1635. Sin embargo, los expertos no se ponen de acuerdo con la segunda dando cada uno una posible fecha y dejando abierta una franja muy amplia que las sitúa entre las décadas de los 30 y de los 50. Mi impresión es que no hay tanta distancia entre ellas. Observo que en ambas todavía hay algo del estilo naturalista caravagiesco del que Velázquez no se desprendió hasta la segunda mitad de los años 30. Predominan: los tonos terrosos; la importancia de la luz sobre el color; la no ubicación en un espacio concreto; y el tratamiento sencillo y realista de la modelo, sobre todo del animado cabello. Los fondos oscuros, característicos del tenebrismo puro de sus años sevillanos, han dejado paso a tonos grisáceos que van aclarando la superficie, lo que prueba la transformación de su técnica al contacto con lo que Madrid y las colecciones reales le ofrecían. El suave modelado de la piel, aún en las sombras, indica el uso de pinceladas con una imprimación muy ligera, que producen realistas efectos entre las zonas iluminadas y las sombras




La factura de la pintura en ambas es admirable, aunque bien distinta. La primera posee un dibujo prieto, más perfilado y rotundo, con pincelada cargada de materia pictórica, mientras que la segunda es de pincelada rápida más abocetada, lo que se aprecia mejor en el vestido sólido de la primera y el vaporoso de la segunda. Esta diferencia puede radicar en que son de épocas distintas o que el primero es un cuadro acabado y posiblemente retocado por el artista y que el segundo sea sólo un boceto que no llegó a completarse.



Precisamente esta diferencia es la que ha servido para situar esta segunda sibila,Sibila con tabula rasa”, en la década de los 40 o incluso en la de los 50. Aunque hay quien relaciona esta imagen con los dibujos preparatorios del Apolo de la Fragua de Vulcano que Velázquez pintó durante el primer viaje a Italia entre 1630-31.


Diego Velázquez. Estudio de cabeza de Apolo, 1630. Óleo sobre lienzo, 36 x 25 cm. Colección Wildenstein, Nueva York, Estados Unidos. El perfil definitivo de Apolo en la fragua es más varonil, aquí tiene más semejanza con nuestras figuras femeninas.




La semejanza entre este Apolo y la sibila es sorprendente.



Los argumentos para datar a la sibila de Dallas en la década de los 40 y de los 50 radican en que la técnica de Velázquez resulta muy suelta y trasparente. Hay algunos expertos que la relacionan, a mi parecer sin mucho criterio, con La venus del Espejo: "por sus facciones y ejecución" y otros con Las Hilanderas, pensando que la modelo para las figuras de las costureras fue usada para esta sibila. Juzgad por vosotros mismos.


Diego Velázquez. Venus del espejo (detalle), 1647-1651. Óleo sobre lienzo, 122 cm × 177 cm. National Gallery, Londres, Reino Unido.





Diego Velázquez. La fábula de Aracne o Las hilanderas (dos detalles de las costureras), c 1657. Óleo sobre lienzo, 222,5 cm × 293 cm. Museo del Prado, Madrid.


Mas cercanía encuentro entre nuestras sibilas y otros dos cuadros, también de la década de los 30 como La Costurera o la Dama del Abanico.


Diego Velázquez. La costurera, hacia 1635-1643. Óleo sobre lienzo, 74 cm × 60 cm. Galería Nacional de Arte, Washington, Estados Unidos.




Diego Velázquez. La Dama del abanico, c. 1635. Óleo sobre lienzo, 95 cm × 70 cm. Colección Wallace, Londres, Reino Unido.



Conclusiones.



1.- Creo que las dos obras tiene bien puesto el nombre cuando se las atribuye que sean sibilas.

2.- No creo, en cambio, que pertenezcan a un conjunto que ilustrara distintas sibilas identificables por su procedencia, del tipo de las que se pueden ver más arriba de distintos pintores italianos.


3.- Pese a que el tema es el de una sibila, creo que Velázquez utiliza el tema como recurso pictórico para pintar retratos de sus mujeres queridas, ya sean su mujer Juana o sus hijas Francisca e Ignacia. Es más, me decanto porque las representadas son sus hijas o una sólo de ellas. Al no ser nobles no tenían la categoría para ser retratadas singularmente y el pintor recurre a camuflarlas como personajes alegóricos, religiosos (Santa Rufina) o mitológicos. 


4.- Que la fecha de su realización estaría situada en la década de los 30.



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Otros artículos sobre Velázquez también en este blog.



Velázquez y la pintura mitológica.


Velázquez en su exilio londinense.


 Cuadros del pintor en las colecciones de Londres.



4 comentarios:

  1. ¡Buenas noches! No sé si me recuerdas, pero soy la chica que te preguntó por estos cuadros. Tan solo quería agradecerte una vez más la ayuda que me prestaste, porque me ha servido de mucho para mi trabajo de investigación. De hecho, gracias en parte a la información que obtuve de tu blog, he sacado un 9 ^^. Un abrazo =)

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    1. Enhorabuena, Carla. Me alegro mucho de la nota. Gracias por tus palabras de agradecimiento, fue un placer reflexionar contigo sobre estos cuadros.

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  2. genial tu trabajo. Pero sobretodo, gracias por compartirlo.

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    1. Gracias a ti, Palmira, por detenerte tan amablemente a comentar.

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