viernes, 3 de octubre de 2014

HOWARD CARTER Y EL RELATO DEL DESCUBRIMIENTO DEL HIPOGEO DE TUTANKAMÓN (KV62).

Egipto. Tebas. Año 1336 A. C. Tutankamón, el joven faraón, ha muerto tras ocupar apenas nueve años el trono. Hay que darse prisa, los complicados preparativos de su viaje hacia la eternidad deben concluir a los 70 días exactos. Arquitectos y artesanos trabajan día y noche para rematar los detalles de una tumba en el Valle de los Reyes que por su tamaño y falta de decoración no había sido hecha para albergar a un faraón. El espacio es reducido y hay que amontonar los objetos y terminar de pintar la cámara funeraria al menos. La tumba debe quedar sellada para la eternidad.

Un hipogeo de dimensiones muy pequeñas: un pasillo de 13,60 m. de longitud; la antecámara de 28,8 metros cuadrados; el anexo lateral de 11,6 metros cuadrados y la cámara principal del sepulcro, de unos 26 metros cuadrados con su habitación del Tesoro de 14 metros.

3259 años después, en el Valle de los Reyes, viernes 17 de febrero de 1923. Dos de la tarde, un inglés, egiptólogo y pobre, de nombre Howard Carter, que desde hacía seis años vagaba por el desierto en busca de la tumba, en compañía de otro inglés, lord Carnarvon, también arqueólogo pero rico, está a punto de ver convertido su sueño en realidad: el mayor descubrimiento arqueológico de la historia de la Egiptología.

La historia entre estos dos ingleses había comenzado en 1909. En aquel año formaron una sociedad para excavar en Egipto. Lord Carnarvon ponía el dinero para las campañas  y  Howard Carter la labor científica sobre el terreno.  La sociedad no había dado todos los frutos deseados y Carnarvon había otorgado una última campaña para encontrar algún resto interesante. Howard Carter rebusca desesperado en el Valle de los Reyes la tumba de un faraón casi desconocido, llamado Tutankamón. Es noviembre de 1922.

Howard Carter (izquierda) y lord Carnarvon (derecha) ante el muro derribado de la cámara sepulcral.

El 3 de noviembre de 1922 Carter empezó a derrumbar los restos de las chozas de los obreros que trabajaron en la tumba de Ramses VI de la XX dinastía. Seis años antes los habían descubierto y no continuaron con una excavación más en profundidad para no entorpecer las visitas turísticas que se hacían a las otras tumbas. Ahora era casi el único sitio que le quedaba por explorar de un hipotético triángulo en donde suponía podría encontrar la tumba. La expectación se dispara cuando debajo de una de estas cabañas se halló un escalón de piedra. En la tarde del día 5 se habían quitado tantos escombros que a Carter no le cabía duda de que había encontrado la entrada a un hipogeo no identificado. Pero, ¿no sería acaso  una tumba inacabada? ¿o no habría sido saqueada como tantas otras? Al llegar a la duodécima grada se empezó a percibir la parte superior de... ¡una puerta cerrada, cubierta con argamasa y sellada! Se había descubierto la tumba KV62 (King Valley nº 62).

La tumba de Tutankamón cegada por los escombros.

A la mañana siguiente Carter envía este telegrama a su mecenas que estaba en Gran Bretaña: "Realizado en Valle descubrimiento maravilloso. Tumba sorprendente con sellos intactos. He cubierto todo hasta su llegada. ¡Mi felicitación!". En un viaje relámpago, el día 23 lord Carnavon y su hija  llegaban a Luxor y al día siguiente los obreros desescombraron de nuevo toda la escalera. Esta vez desenterraron hasta el último escalón encontrando el sello del propietario, Tutankamón, pero también descubrieron... que alguien se les había adelantado. Se podía ver que los saqueadores de tumbas habían penetrado haciendo una galería de ancho de una espalda y la habían cubierto de nuevo. Diez días tardaron en desalojar los escombros del pasillo de unos trece metros que había tras la puerta, hasta llegar a una segunda puerta. También esta presentaba los sellos de Tutankamón y se podía reconocer por donde los visitantes inoportunos habían penetrado.

Sellos de las puertas de la tumba.

Sus esperanzas eran modestas, a pesar de lo cual la tensión aumentaba a medida que se quitaban escombros y más escombros de la segunda puerta. Con manos temblorosas practicaron una pequeña abertura en el ángulo superior izquierdo de la misma hasta dar con una cámara de aire. Carter encendió una vela, la asomó por el agujero y echó una mirada en el interior de la nueva sala. Quedó mudo, ni una sola palabra o exclamación. Todos los que le acompañaban estaban ansiosos. Lord Carnavon, que no podía soportar por más tiempo la ansiedad le preguntó.

- ¿Ve usted algo?

Carter, volviéndose lentamente, dijo con voz débil.

- ¡Sí, algo maravilloso!

Uno tras otro pudieron acercarse para ver lo que había dentro: fantásticas cabezas de animales proyectaban sus sombras sobre las paredes, dos estatuas rígidas, como centinelas, presentaban la maza y la vara como símbolo del poder faraónico sobre cofres, camas, carros, jarros... ¡cuántas enseñanzas encerraba todo aquello para la investigación! Utensilios de uso común, junto con otros suntuosos. El saqueo se había producido, pero debió ser abortado por los sacerdotes. Tarros volcados y un hatillo con joyas eran los testigos mudos del robo.

Objetos amontonados que se encontraron en la antecámara. Reconstrucción según las fotografías de la época.

Durante días examinaron sistemáticamente todas las paredes y descubrieron que, entre los dos centinelas del rey, había una tercera puerta sellada sin signos de expolio. Además comprobaron, abriendo un agujerito por debajo de uno de los catafalcos, que había otra cámara lateral completamente atestada de objetos de todas las clases... Sólo en la antecámara había depositadas de seiscientas a setecientas piezas. Todos quedaron embriagados por los descubrimientos, pero también fueron conscientes desde el primer momento que les quedaban jornadas y jornadas de catalogación, conservación, restauración  y trabajo científico por delante. Sólo con lo que habían visto necesitarían para sacarlo a la luz de varios inviernos de excavaciones. Por ello,  los arqueólogos decidieron cubrir de nuevo la tumba el 3 de diciembre hasta no estar preparados para hacer un trabajo científico.

El 16 de diciembre se volvió a abrir la tumba con la ayuda de un  equipo de expertos conservadores y egiptólogos. El objetivo era inventariar y desmantelar por completo la antecámara. El  día 18 el fotógrafo Harry Burton, del Metropolitan Museum of Art, hizo las primeras fotografías del interior. Sus fotos nos ilustran a partir de entonces sobre la excavación y han servido de base para hacer este pequeño vídeo.



A mediados de febrero de 1923 la antecámara quedó desalojada. Se había logrado espacio suficiente para el trabajo que todos esperaban con el mayor interés. Ahora sería posible abrir la puerta sellada entre los dos centinelas y se sabría con seguridad si la cámara siguiente contendría la momia. Con mucha formalidad y ante un selecto grupo de veinte personas Carter y Carnarvon empezaron a retirar los primeros cascotes de la tercera puerta el 17 de febrero.
La sorpresa de Carter fue que se encontró ante lo que creyó una pared de oro macizo. Tardó tiempo en comprender que tal pared era un gigantesco féretro de madera dorada, cuyo interior contenía otros tres ataúdes o capillas más y el sarcófago de cuarcita propiamente dicho con otros tres sarcófagos y la momia del faraón.Carnarvon moriría en abril de 1923, generándose a continuación la leyenda de la maldición del faraón, que recaería sobre aquellos que osaron molestarle. Carter continuó con las labores.

El catafalco funerario de Tutankamón con las cuatro capillas sepulcrales  y los sarcófagos de piedra, oro y madera.

Los primeros féretros fueron desmontados meticulosamente y retirados. Los sellos estaban intactos, lo que quería decir que esta vez sería el primero en descubrir la momia colocada hacía más de tres mil años antes. Sobre el monolito de cuarcita reposaba una losa de granito. Cuando la retiró en febrero de 1924 dejó al descubierto la máscara del faraón niño de oro e incrustaciones de piedras semipreciosas. 

En el otro extremo de la cámara encontraron una puerta baja que conducía a otro depósito de riquezas. Los mayores tesoros de la tumba se encontraban allí. Anubis protegía la estancia. En un monumento chapado en oro, , custodiado por cuatro diosas, se encontraban los vasos canopos, los recipientes de las vísceras del faraón.

La cámara del Tesoro.

Todavía se tardarían casi diez años más en dar por finalizados los trabajos arqueológicos en la tumba. Los objetos allí encontrados, más de 5900 finalmente, se encuentran en el Museo Egipcio de El Cairo.

Para saber algo más.

La Historia del descubrimiento en un documental de Discovery Chanel
Las fotos de lo encontrado en el Archivo fotográfico de Howard Carter, fotografías de Harry Burton
Para hacerse una idea muy veraz de todo lo encontrado hay una exposición itinerante con réplicas de sus tesoros (actualmente puede visitarse en Madrid) o ver a través de este vídeo de Ushebtis sobre la Exposición Tutankamón y los tesoros de su tumba en Barcelona.

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