viernes, 3 de octubre de 2014

LA IGLESIA DE SAN MINIATO AL MONTE DE FLORENCIA. EL ROMÁNICO TOSCANO.

Una de las vistas más bellas de la ciudad de Florencia es la que se puede contemplar desde el promontorio que domina la iglesia de San Miniato al Monte, al otro lado del río Arno. Pincha sobre la imagen para ver la panorámica con mayor detalle.

La vista inversa también es una postal inolvidable, ya que como su nombre indica el edificio fue fundado sobre la colina que domina la ribera del río, donde supuestamente fue martirizado y enterrado San Miniato durante el reinado del emperador Decio (s. III).

Del oratorio prerrománico no tenemos restos. Lo que conocemos es la construcción levantada entre los siglos XI y XIII al más puro estilo románico toscano, como el baptisterio de San Giovanni. La factura de ambos es de un estilo tan clásico que durante el Renacimiento se creía que era una construcción antigua.

La fachada.
Las características principales de la fachada de San Miniato al Monte y del románico toscano, por tanto, son:
  • La policromía y el uso como material de recubrimiento del mármol blanco de Carrara y del verde oscuro de Prato. Los  muros y los suelos del interior se revisten con planchas o incrustaciones que hacen muy suntuoso el edificio.
  • Con el mármol se crean formas geométricas básicas (círculo, cuadrado, rectángulo y triángulo) que armonizan con las líneas arquitectónicas a la manera romana (véase el Panteón de Roma).
  • Los elementos decorativos arquitectónicos son todos de inspiración clásica: columnas de fuste liso y pilastras acanaladas adosadas de orden corintio; arquerías ciegas de medio punto; cornisas separando los pisos; ventanas y puertas adinteladas; y un amago de frontón coronando la nave central.
  • Un mosaico de fondo dorado con Cristo entre la Virgen y San Miniato, de claro estilo bizantino, es el detalle más medieval de esta fachada.
Planta y sección.

El equilibrio entre las líneas verticales y horizontales se basa en buena medida en precisos cálculos matemáticos y geométricos.

Si observamos, la sección y la planta de arriba el edificio es un rectángulo dividido en tres partes iguales por dos arcos fajones.

La planta es de una pureza y sencillez basilical tal que ni siquiera tiene transepto. Tres naves longitudinales, la central más ancha y más alta que las laterales y acabando en un ábside semicircular. Podemos distinguir en la sección tres pisos: en el tramo de  la cabecera, la cripta (piso inferior) y el coro/presbiterio elevado a los que se acceden por dos escaleras laterales;  en los dos tramos longitudinales el pavimento de las naves.

El interior.

El interior ofrece uno de los ambientes más recogidos y serenos de toda Florencia. Incluso con las puertas abiertas de par en par la iluminación es suave, como si la armazón de madera, el pavimento y los grandes frescos del siglo XV  pintados en las naves laterales tamizaran la intensidad de la luz.

El conjunto resulta amplio, sencillo y hasta majestuoso, pese a la nota insólita que pone el coro elevado o la pequeña capilla decorada con terracotas esmaltadas que hay en mitad de la nave central.

El número tres también se repite en el ritmo de los arcos formeros que dividen la nave central de la lateral. Cuatro pilares compuestos recogen los arcos fajones. La única nota desigual son las columnas  y sus capiteles, que fueron reutilizados de edificios romanos y bizantinos antiguos.

El techo es de madera, con un bello artesonado, lo que indica la antigüedad de la obra. La incrustación de la fachada continúa el juego de ritmos geométricos en  las paredes. La semicúpula del ábside recoge un bello mosaico de Cristo Pantocrátor con fondos dorados a la manera bizantina.

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