domingo, 26 de octubre de 2014

LAS TORRES DE LA PLAZA DE COLÓN EN MADRID. HISTORIA Y POLÉMICA DEL SÍMBOLO DEL "DESARROLLISMO ARQUITECTÓNICO".

Con el siguiente artículo voy a dar comienzo a una serie de artículos sobre edificios y espacios  emblemáticos de mi ciudad, Madrid. Construcciones que no tienen porqué ser ni las más bellas ni las más antiguas, ni si quiera que todavía existan, sino aquellas que a lo largo de la historia han sido significativas de una época o forman parte sustancial del paisaje urbano actual.

La Plaza de Colón con las torres como protagonistas. Uno de los centros vitales de Madrid.

Las Torres de Colón, emblema de Madrid y polémicas.

Empiezo con las llamadas Torres de Colón, dos rascacielos gemelos de hormigón, acero y vidrio ubicados en la Plaza de Colón de Madrid (España). Se encuentran en un lugar estratégico de la ciudad: en el centro del eje Paseo del Prado-Recoletos- Castellana, que cruza Madrid de sur a norte, y donde convergen el noreste del casco histórico con el barrio de Salamanca, el ensanche más "nobiliario" de Madrid. El situarse en este cruce de caminos las ha convertido en uno de los emblemas más reconocibles de la ciudad y por ello motivo para mi estudio.

Vista aérea en Google maps de la plaza de Colón de Madrid antes de la actual ubicación de la estatua de Colón en el centro de la glorieta. En círculo con línea intermitente roja las dos torres que se levantan en la esquina con la calle Génova.

En la elección de las torres como objeto de este artículo han pesado tres razones más. Las enumero ahora en esta introducción para pasar a explicarlas con más detenimiento en capítulos aparte:
  • 1.-En primer lugar, me ha llamado la atención la intrahistoria de cómo se gestaron, puesto que es muy significativa de una época. Las torres de Colón pueden considerarse el símbolo de la construcción especulativa de los años 60-70 y de la implantación de unas ordenanzas nuevas para una ciudad en expansión como era el Madrid receptor del éxodo rural, que a su vez, quería ser la vanguardia de la modernidad y del desarrollismo. Disputas internas dentro del Ayuntamiento de Madrid hicieron que se paralizaran las obras durante años, que incluso se llegara a ordenar la demolición parcial de las mismas y que finalmente se tardaran más de diez años en verlas acabadas.
Así se promocionaban las recién acabadas torres en 1977. Por entonces, pertenecían al holding de Ruíz Mateos (RUMASA) y se denominaban Torres de Jerez, en homenaje a la ciudad natal del empresario.

  • 2.- El sistema constructivo de las Torres de Colón es otra razón para elegir este edificio. Ya en su momento a nadie se le escapó su singularidad. Los madrileños vieron y sufrieron durante muchos años la erección de estos edificios. Primero, fueron dos esbeltísimos pilares de hormigón que se alzaron hasta casi cien metros de altura. Nadie entendía muy bien cómo se había permitido levantar un edificio tan alto y esbelto. Pero ahí no quedó la cosa, éstos espigones sólo eran los soportes o esqueletos de las torres a los que se añadiría en sus cimas una plataforma cuadrada. Y así se quedó, presidiendo la plaza durante varios años, debido a los conflictos judiciales presentados por el Ayuntamiento. Superados éstos y reanudadas las obras, se pudo observar que se cumplía un dicho que parecía imposible, “comenzar la casa por el tejado”, puesto que el edificio se fue rematando sorprendentemente de la parte superior a la inferior, es decir de arriba a abajo.
Los espigones de hormigón interno que sirven de soporte a toda la estructura en 1968. Europa Press. Archivo Fotográfico del Diario Madrid. En esos momentos de la construcción todavía no se había rematado el edificio con la plataforma.

  • 3.- La polémica estético-artístico tampoco es ajena a mi elección como obra a comentar. Las torres son unos de los edificios más criticados por unos y alabados por otros. A nadie en Madrid les dejan indiferentes cuando se contemplan: hay quien defiende que las torres embellecen una plaza no muy afortunada y hay otros que desearían verlas derribadas por lo que afean el conjunto. La polémica ha trascendido nuestras fronteras y recientemente se las incluía, a mi juicio injustamente, en la web de viajes "Virtual Tourist" dentro de la lista de los diez edificios más feos del mundo. Sobre este aspecto no insistiré más, dejándolo a la opinión de cada uno.
La torre contrasta enormemente con los edificios historicistas del arranque de la Castellana.

Ficha técnica de la Torres de Colón.

Arquitecto. Antonio Lamela

Obra. 1964, proyecto de los planos. 1967, comienzo de las obras. La construcción fue interrumpida por orden judicial de 1970 a 1973. Fin de la construcción, 1976. Remodelación entre 1989 y 1992 por el mismo arquitecto.

Estilo artístico. Funcional.

Ubicación. Génova, 31. (Plaza de Colón).

Función. Originalmente fueron viviendas. Función actual de oficinas.

Altura: 110 metros (con la remodelación de 1989), 23 plantas a ras de suelo, más estructura superior y cubierta. Seis sótanos.

Superficie. 27.200 m2 construidos.

1.- La intrahistoria.

La historia de la gestación del edificio. Del proyecto inicial a sus modificaciones.

A comienzos de la década de los 60 el Ayuntamiento de Madrid decide remodelar la Plaza de Colón.

Este era el aspecto de la plaza de Colón en los años 50. Una plaza de edificios decimonónicos con la estatua de Cristóbal Colón en el centro formando una glorieta ajardinada, en el mismo sitio que ha quedado tras la última remodelación. Presidiendo su lado recto estaba la mole del edificio de la Casa de la Moneda y Timbre con un patio de entrada entre dos torres. Desembocando en ella desde el sur, el paseo de Recoletos; desde el norte la avenida de la Castellana; y desde el oeste, la calle Génova. En la esquina entre Recoletos y Génova se encontraba el palacio de Medinaceli con sus jardines y en la esquina entre Génova y la Castellana, el de D. Luís de Silva y Fernández de Córdoba.

La causa real, no declarada, para "reordenar" la plaza sería, seguramente, que alguien vio la oportunidad para realizar un "pelotazo" urbanístico en una de las arterias principales de la ciudad. La causa argumentada por el Ayuntamiento es que ante el inmediato traslado de la Casa de la Moneda a su nueva y actual sede (1964) y su posterior demolición (1970), se abría la oportunidad de dar de nuevo a Madrid una imagen cosmopolita y moderna. Así, además de  agrandar la plaza para convertirla en nudo de comunicaciones del tráfico de vehículos, ya importante en el Madrid de los sesenta, se levantarían edificios modernos de altura y cristal, construidos bajos los presupuestos del funcionalismo imperante. Es decir, había que crear al otro extremo de la ciudad y una década después una nueva Plaza de España que fuera el nuevo símbolo del Madrid del "desarrollismo".

Dos momentos de la remodelación de la plaza en 1969 y 1970 respectivamente. El Centro Colón de apartamentos, oficinas y comercios (también el museo de Cera) fue lo primero en ser levantado. El edificio de la Casa de la Moneda se mantenía en pie en la primera imagen todavía, aunque ya estaba abandonado; en la segunda se había convertido en un solar donde se construiría la actual plaza de los jardines del Descubrimiento y bajo ella un parking y el Centro cultural Fernán Gómez. Las torres de Colón durante estos años serán tan sólo los pilares centrales erectos que esperaban impávidos una decisión política para reanudar las obras.

En el lado de la plaza en que se levantarán las torres, el Ayuntamiento decidió expropiar el palacio de D. Luis de Silva y Fernández de Córdoba, que dejaría su solar pequeño e irregular para nuestras torres (1.710 m2) y para ampliar la plaza de Colón (469,10 m2).

La plaza de Colón a mediados de los sesenta. Lo más llamativo es el gran edificio de la Casa de la Moneda con los dos bloques flanqueando su entrada. Nuestro solar todavía estaba ocupado por el palacio, pero en frente ya se estaban llevando a cabo las obras del Centro Colón.

En el proyecto municipal también debería ser demolido el edificio colindante (Paseo de la Castellana 1, hoy sede del Crédit Agricole) para regularizar la plaza, cosa que no llegó a producirse. De hecho, durante más de 30 años la Torre que daba a la Castellana tuvo de “compañera” una pared medianera; tema que se resolvió recientemente al remodelar el lado izquierda del edificio y abrir ventanas en la pared y convertirla en fachada.

Foto del año 1974 en que se ve el arranque de las obras, desde la estructura superior hacia abajo. Al lado el edificio de Credit Agricole con su pared medianera.

El Ayuntamiento otorgó la licencia de obras en 1964 al estudio del arquitecto Antonio Lamela. La condición municipal para actuar en el solar fue que “la edificabilidad debía ser una unidad arquitectónica de marcada verticalidad” con objeto de compensar los costes de la expropiación. El Estudio dando respuesta a esta exigencia elaboró un proyecto de 1964 a 1967. Lamela constató que de realizarse una sola torre, la imagen urbana se habría visto impactada por la implantación de un edificio descomunal, por lo que  propuso el desdoble del volumen para rebajar altura. Tras largas negociaciones consiguió que el Ayuntamiento aceptara que se levantasen dos torres de 20 plantas, que , una vez iniciadas las obras en 1967, sufrirían varias modificaciones significativas sobre la marcha, por cambio de las Ordenanzas Municipales.

En el proyecto inicial se establecía que la finalidad de las torres sería el de ser edificios de vivienda de distinto tipo: en algunas plantas habría una o dos viviendas de lujo de gran tamaño (400 m2) y en otras entre cuatro o cinco apartamentos en régimen de aparta-hotel. La estructura de la base (primera planta, entreplanta y bajo) sería dedicada a oficinas o locales comerciales. Las seis sótanos se capacitarían para servir de garaje a más de 150 coches y para las instalaciones necesarias del edificio. Pero al iniciarse la construcción surgió un problema. Las Ordenanzas Municipales fueron modificadas respecto a la exigencia del número de plazas de aparcamiento por inquilino, debiéndose habilitar  más de 200 en vez de las 150 proyectadas. La única solución para ampliar la zona de parking sin modificar los planes estructurales, pasaba por trasladar el espacio de las instalaciones del edificio de los sótanos a la planta baja, con el consiguiente impacto económico negativo para los promotores que perderían gran parte de la zona comercial. Esto quedó descartado. La otra solución era que Lamela se decidiera a ensayar una nueva técnica de construcción que modificaría la estructura, pero que permitiera aprovechar al máximo el reducido solar: la técnica de las fachadas suspendidas.

Planta de las dos torres. Se observa la irregularidad del solar. Por otro lado, podemos ver la escasa superficie edificable. Una cuarta parte de cada planta la ocupan la estructura central de hormigón, reservada para ascensores y hall y las escaleras interiores.

En 1970, cuando ya se habían construidos las dos columnas huecas estructurales, la obra se interrumpió  por mandato municipal. Se dieron pretextos técnicos para la paralización, pero verdaderamente detrás había oscuras razones políticas. Teóricamente se excedía la altura permitida por 9 metros (el equivalente a 3 pisos). El alcalde, Carlos Arias Navarro, estaba decidido a que fueran derribados. Los metros discutidos eran las cabezas que organizarían el futuro sistema de suspensión, y que como elementos estructurales estaban permitidos según las OO.MM. Después de 3 años de paralización de las obras y de pleitos judiciales y recursos, las sentencias fueron favorables al Estudio Lamela. Por lo que en 1973 se reanudaron las obras.

Las obras de las torres estuvieron paralizadas de 1970 a 1973. Las siluetas de los obeliscos de hormigón, coronados por una plataforma, se hicieron elementos habituales del paisaje madrileño del final del franquismo y de los chascarrillos y chistes de los periódicos. Aquí la estatua de Colón de la plaza ironiza sobre los pleitos administrativos de ambos.

Al retomarse las obras en 1973 se recalificó la función del edificio, que pasó del régimen residencial al de oficinas. Aunque la superficie de cada planta no era mucha para hacer eficiente esta función, se entendió que serían un buen escaparate institucional en el centro de Madrid para muchas empresas. Hoy en día son marco promocional de la compañía de seguros "Mútua Madrileña" (torres) y el banco "Barclays" (basamento).

2.- El sistema novedoso constructivo. La técnica de fachadas suspendidas.

La técnica para levantar las plantas de las torres que aplicará Lamela ya se había llevado a cabo con anterioridad en 17 edificios en el mundo, pero no en uno que tuviese tanta altura y menos aún que estuviese dedicado a vivienda. La idea era realmente crear dos edificios independientes: por un lado, los sótanos y las plantas bajas del basamento, que se construirían siguiendo el modelo tradicional; por otro, las 20 plantas altas de las dos torres que se harían con el sistema innovador de suspender la fachada desde lo alto. Veamos en qué consistía el original método, ayudándonos de los planos del edificio.

Sección de la torre con las cuatro partes en altura de que constan las torres: sótanos, basamento comercial, plantas dedicadas a viviendas u oficinas y plataforma de soporte de la fachada.

Primero se construiría un núcleo o “columna” hueca de hormigón armado de 7,40 x 7,40 m que se clavaría profundamente en el subsuelo y que se levantaría hasta casi cien metros por encima de la superficie. Éste actuará de centro y soporte de cada torre (núcleo resistente). En el hueco del mismo se situarían los ascensores y vestíbulos a cada planta. A continuación, dichas columnas se rematarían con unos últimos tramos volados con una estructura de vigas (cabeza), también de hormigón armado., Desde allí se descolgarían las estructuras de cerramiento exterior y de solado de cada planta, actuando de "cimentación aérea". Este sistema obligaría a ir edificando las torres de arriba hacia abajo.

La fachada colgante se uniría con el núcleo central en cada piso con unas vigas de hormigón enhebrado, a modo de tirantes tensadores, sobre la que ir realizando la estructura de las plantas. El inconveniente de una torre con un único punto de apoyo central  es que podía tener una estabilidad mucho menor que una con los apoyos en los extremos. Para remediarlo había que contrarrestarlo con una mayor cantidad de materia en el gran pilar. Todo ello suponía encarecer un 15 % la construcción de la estructura.

Este es el hueco de ese gran pilar de hormigón que sostenía cada torre. en él se encajarían los ascensores y los vestíbulos a cada planta.

Sin embargo, este sobrecoste se veía muy compensado por otro cúmulo de ventajas económicas y técnicas, además de ganar mucho espacio útil al existir un solo soporte central. Por ejemplo, en los sótanos, sin los grandes soportes que se necesitarían para levantar 23 pisos por encima suyo, se obtuvieron las plazas de estacionamiento necesarias en las cuatro plantas que se habían pensado al principio. Los soportes de la fachada del basamento, al ser independientes de las torres, se situaron según la mayor conveniencia de las plantas comerciales, y solamente las cargas de estas plantas, ganándose por tanto mucha superficie. Además, gracias a la transmisión de cargas por el núcleo se pudo volar una de las torres sobre la calle Génova, ya que no había soportes que interrumpiesen  el paso peatonal. Además, el espacio de todas las plantas quedó totalmente diáfano entre los tensores en las fachadas y el núcleo, permitiendo la máxima libertas en la distribución de fachadas.

En esta imagen podemos ver la estructura de cimentación de la azote desde la que se descolgaba la fachada. En la fotografía se puede apreciar perfectamente esta estructura y cómo se iba construyendo cada piso. Se utilizaba una plataforma de andamiaje que se bajaba de dos en dos pisos, permitiendo un trabajo más rápido y eficaz. en concreto se calcula que con este sistema se ahorró un 19 % de días de trabajo.

En la fachada de las Torres se podían ver los péndulos de hormigón y, por supuesto, los elementos prefabricados metálicos, en chapa de aluminio en color bronce-verde y con tratamiento de chorreo para evitar brillos, y los cristales oscuros. La carpintería es del mismo material y color, con líneas de color bronce claro.

Así quedaron las torres el año 1977 cuando acabaron las obras.

La remodelación de 1989.

En el proyecto original de 1967 Lamela no pensó en una solución acertada para el caso de desalojo del edificio. Su propuesta era una manga de tejido por la que las víctimas de un incendio se deslizarían directamente hacia la calle a modo de tobogán. A nadie se le ocurrió que esto suponía un riesgo muy grande para cualquiera que la utilizara, pongamos como ejemplo, desde el piso veinte. Una nueva ordenanza municipal vino a corregir este fallo de seguridad estipulando que este edificio, como todos los de altura, deberían tener unas escaleras exteriores de emergencia para facilitar la evacuación en caso de incendio.

Las torres antes de la escalera de emergencia exterior de 1898-92.

El estudio Lamela fue de nuevo el encargado de dar solución a la nueva norma municipal y, de paso, también de cambiar la imagen de las torres. La única manera que se vio para introducir las escaleras exteriores fue instalando una común entre ambas torres. Hasta entonces las torres sólo compartían basamento, pero desde que se adopta esta solución las torres se transforman en una sola.  Para ello tendió una gruesa viga de hormigón uniendo las cabeceras de las torres y desde allí colgó la escalera, a la que se puede acceder por una pasarela desde cada piso.

El famoso enchufe en cobre oxidado y las escaleras, que vistas desde lejos crean un efecto rítmico geométrico que no llega a desentonar con el resto del edificio. Foto del 2013.

Para enmascarar esta transformación tan sustancial del edificio se decidió dotarle de otro elemento de unión, el polémico "enchufe" o, para otros, remate "art decó" en bronce verde. Este "capuchón" cumpliría además la función de ocultar las abundantísimas antenas oficiales y no oficiales que se habían acumulado en los áticos de las torres y que afeaban el ático. El resultado transformó bastante el perfil del edificio, lo hizo más alto y muy reconocible a distancia. La controversia sobre su valor estético todavía perdura entre los madrileños.

El edificio se ha convertido en un hito reconocible desde cualquier punto alto de la ciudad.

Aprovechando las obras también se renovó el cristal granate de la fachada, añadiendo un segundo cristal coloreado que aislase más del ruido y de la temperatura de la ciudad.

Las reformas se acabaron en 1992.

Por último os dejo un vídeo muy didáctico sobre el edificio creado por Arquitectura Intrépida.

2 comentarios:

  1. Muy interesante la entrada. Además muy detallada y unas fotografías excelentes. Te invito a que visites este video, en el que ma traves de dibujos sencillos, esperamos que la gente se interese y conzco mejor la plaza y las torres de Colón.
    https://youtu.be/RJl5FN9W704
    Espero que os guste,

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    1. Gracias. Me ha parecido muy didáctico el vídeo y lo introducido en el artículo como colofón.

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