lunes, 8 de diciembre de 2014

TURNER, PINTOR ROMÁNTICO DE LA LUZ Y DEL COLOR. CARACTERÍSTICAS. LA PELÍCULA, LA EXPOSICIÓN Y LA SUBASTA.

Joseph Mallord William Turner (1775-1851) fue posiblemente el primer pintor moderno que inspiró directamente el impresionismo del siglo XIX y, a la vez, el que presagió el expresionismo abstracto del siglo XX.  Él fue, en muchos sentidos, un artista muy personal que aparentemente se mantuvo contra la corriente del gusto artístico de su época. La realidad es que su obra revolucionó la manera en que percibimos la imagen pintada y en que pensamos acerca de lo que una pintura debería ser, sobre todo, por su aplicación audaz del color, el tratamiento mágico de la luz y la deconstrucción a la que sometió a las formas.

Escena de MR. Turner, la película a estrenar el 19 de Diciembre. Vemos en el caballete su famoso cuadro de 1844, Lluvia, vapor y velocidad


Hoy hablo de Turner porque tres noticias nos lo acercan desde los medios de comunicación en este mes.


El cuadro tal y como que se pouso a subasta en Sotheby´s.



La  película "Mr. Turner".

La película se estrenará en España el próximo 19 de diciembre y promete ser muy interesante. El director de la película, Mike Leigh, y su director de fotografía, Dick Pope, han hecho un homenaje al pintor que no es ni académico ni convencional. Turner y su época son tratados con realismo, sin ningún tipo de maquillaje que trate de embellecer o hacer cálida la historia. Es un retrato a lo Charles Dickens, pero sin nombrar nunca a este escritor, que nos animará a ver los cuadros del pintor en un nuevo contexto. Es una esmerada reconstrucción de época, del principio de la era victoriana, cuyos aspectos más sombríos sirven como elemento de contraste con la sublimación por el arte del famoso pintor.


El argumento de la película es el de la la vida de un hombre hecho a sí mismo, un ser de aspecto tosco pero dotado de un gran genio. Maestro a la hora de fijar la luz de los paisajes en la tela; en cambio, en la vida cotidiana, se expresa a menudo mediante un gruñido casi animal. El film combina la intimidad doméstica con la dulzura lírica. Cada escena se impregna de la dualidad de la vida, de lo trágico y de lo cómico.


Mr Turner queda profundamente afectado por la muerte de su padre con el que vivía junto con un ama de llaves a quien subestima y de quien ocasionalmente se aprovecha sexualmente. Cuando pinta en la costa conoce a la dueña de una casa de huéspedes con la que acabará viviendo de forma secreta en Chelsea para el resto de sus días. Durante los 25 últimos años de su vida, Turner se dedica a viajar, pintar, pasar temporadas con la aristocracia en la campiña inglesa y frecuentar burdeles. En una ocasión, se hace atar al mástil de un barco para que sus sentidos capten con absoluta fidelidad una tormenta de nieve que después recreará en sus cuadros. Como miembro anárquico de la Real Academia de las Artes es celebrado por sus pares, pero también es objeto de burlas y críticas, incluyendo las de los propios reyes Victoria y Alberto.

En el trailer podemos apreciar lo divertida e magníficamente visual que es la película.




La exposición 

La exposición The EY Exhibition: Late Turner – Painting Set Free o, en español, El último Turner: La pintura liberada, se exhibe hasta el 25 de enero de 2015 en la Tate Britain. Se exponen una excelente colección de 150 obras del pintor realizadas entre los años 1835 y 1850. En las pinturas exhibidas se ven plasmados el afán experimentador y la energía de un Turner anciano, a partir de los 60 años hasta su muerte.


La exposición desmonta la idea preconcebida sobre la pérdida de frescura y originalidad del trabajo de los artistas cuando se hacen mayores. Todo lo contrario, cuando se llega a cierta edad, los artistas no tienen que demostrar nada ni someterse a los deseos de los mecenas y, por tanto, investigan y se permiten todas las licencias que antes coartaron. Con frecuencia, ese afán revolucionario se ha confundido o se ha explicado como una degeneración física, cuando las verdaderas razones tras esas obras distintas es que buscaban una nueva forma expresiva. El Greco, Tiziano, Miguel Ángel, Rembrandt, Goya, Picasso o Matisse son artistas a los que les achacó de alguna manera ésto y que en realidad en su última etapa pictórica consiguieron ser más interesantes de lo que ya eran. De Turner también se dijo desde los años 40 que pintaba ya con cierta torpeza, cuando el estilo abstracto y atmosférico con el que ejecuta sus telas maestras en esos años se debía a su creatividad constante, no a la decrepitud.

Turner. Pescadores en el lago, luz de luna, 1840. Acuarela sobre papel,  192 x 280 mm.


El Turner de 1835 a 1850 demuestra un excepcional vigor. Mientras sus contemporáneos se ocupaban de otros mundos estéticos, Turner se entregaba a su apasionada relación con la naturaleza y se dejaba fascinar por los nuevos paisajes propiciados por los avances tecnológicos de la vida moderna. Experimentó con las técnicas más radicales y su capacidad imaginativa era mayor. Realizó investigaciones científicas sobre el color, sobre el poder de la naturaleza, los fenómenos meteorológicos, el fuego y sobre la velocidad, como buen hijo de la Revolución Industrial. Pero a la vez se mostró arrebatadoramente romántico reproduciendo lo sublime, las escenas de grandeza y a la vez de tragedia del hombre ante la naturaleza.

Turner. Tormenta de nieve. Barco de vapor en Harbour's Mouth, 1842. Óleo sobre lienzo, 914 x 1219 mm. Turner pintó muchos cuadros que exploran los efectos de un vórtice elemental. Aquí, hay un barco de vapor en el centro del vórtice. En este contexto, el buque puede ser interpretado como un símbolo de los esfuerzos inútiles de la humanidad para luchar contra las fuerzas de la naturaleza. Es famoso que Turner concibió esta imagen mientras estaba atado al mástil de un barco, el Ariel, durante una tormenta real en el mar para experimentar las emociones que se desatan en los seres humanos ante estos momentos en los que la naturaleza supera al insignificante individuo. 



Turner. Lluvia, vapor y velocidad. El gran ferrocarril del Oeste, 1844. Óleo sobre lienzo, 91 cm × 121,8 cm. National Gallery de Londres.


Continuador de la tradición inglesa de la acuarela, Turner intenta conseguir los mismos efectos en la pintura al óleo. Así el color sustituye al dibujo como elemento esencial de composición y las formas acaban de diluirse en un juego de luces, aspecto admirado por los impresionistas. Sus paisajes evolucionan hacia casi una total abstracción, con un fuerte interés por el color y la luz que parece evaporen los objetos sólidos.

Turner. Norham Castle, Amanecer, 1845. Óleo sobre lienzo, 908 x 1219 mm. La desintegración de las formas es evidente. Todavía se distinguen la bruma, el sol, un castillo, un río y un animal bebiendo, pero todo parece reabsorbido en una confusión de cielo y reflejo del agua.


Quizás las obras más sorprendentes sean aquellas que durante mucho tiempo se dieron por inacabadas, cuando en realidad habían sido perfectamente rematadas por el pintor. La confusión procedía de quienes no asimilaban esas técnicas revolucionarias que inspirarían a posteriores generaciones de artistas.

Turner Peace.  Paz, entierro en el mar, 1842. Óleo sobre lienzo, 870 x 867 mm. Muestra el entierro en el mar del amigo de Turner, el artista David Wilkie. La paleta de colores negros saturados transmite la calma de la muerte digna. Esta obra fue muy criticada en su momento de su aparente falta de acabado.



Turner en la subasta de Sotheby´s

El óleo Rome, from Mount Aventine o, en español, Roma desde el Aventino de J.M.W. Turner fue subastado el pasado 3 de diciembre en la casa londinense Sotheby's por 38,60 millones de euros, el precio más alto logrado en una subasta por una obra del controvertido artista. El lienzo se conserva en perfecto estado, lo que nos permite apreciar cada pincelada del artista(incluso sus huellas digitales pueden aún verse a lo largo de los bordes del lienzo), y era guardado en la misma colección privada desde los últimos 136 años. No hay discusión sobre la valía del mismo, al que se considera tal vez una de las mejores 10 grandes obras maestras del pintor británico.

William Turner. Roma, desde el monte Aventino, 1835.  Óleo sobre lienzo, 91,6 x 124,6 cm.


Este cuadro es la vista de Roma más grande e importante que pintó Turner. Roma, en la época del pintor todavía era el centro del universo del arte, desde que el Cinquecento albergara a Miguel Ángel y a Rafael; o Caravaggio  impusiera su nuevo estilo en el Barroco; o la Ilustración y el neoclasicismo repararan en sus gloriosas ruinas. Para los artistas de los siglos XVII, XVIII e incluso par los de los dos primeros tercios del XIX la ciudad era visita obligada y, a menudo se convertía en un tema o fuente de inspiración. Bien es verdad que estaba en decadencia, porque sus edificios apenas recibían mantenimiento y sus calles eran sucias. Sin embargo, incluso en su decrepitud, Roma seguía siendo uno de los lugares más bellos del mundo: una ciudad todavía de villas, jardines, iglesias, conventos y ruinas: una Roma barroca hecha en cálida piedra de travertino.


La relación de Turner con la ciudad arranca en la década de 1790, cuando con poco más de veinte años, había copiado vistas de Roma que había realizado John Robert Cozens. Su interés por el paisaje de Italia se había originado por el estudio y admiración que sentía por la obra de Claudio Lorena, pintor del que había muchos cuadros en las colecciones británicas.

Turner, copia de John Robert Cozens. Roma, El Tíber con el Aventino a la izquierda. Tal vez la idea de escoger en su visita a Roma el punto de vista contrario vino de este trabajo escolar en el que Cozens había plasmado el río y la ciudad desde, posiblemente, la colina Capitolina.


Turner sólo pudo visitar la ciudad dos veces durante el curso de su vida. La primera fue en 1819 creando un cuaderno de bocetos de este viaje  titulado 'Ruta a Roma'. A su regreso a Inglaterra, con la base de muchos de estos bocetos, pintó una serie de acuarelas topográficas de la ciudad.

Turner. Vista de Roma desde Villa Madama en el Monte Mario, 1819. Grafito sobre papel, 229 x 368 mm. Algunos de las más famosas vistas de Roma se obtenían desde las alturas del Monte Mario, una colina al norte de la ciudad. Este dibujo representa la vista hacia el sur desde un punto cerca de la Villa Madama, una finca del siglo XVI construido para la familia Medici en la vertiente oriental, famoso por su logia jardín diseñada por Rafael. La composición comprende un barrido de aproximadamente noventa grados desde la colina del Esquilino a la izquierda, a la basílica de San Pedro a la derecha. Hitos identificables visibles en el horizonte incluyen, de izquierda a derecha: el obelisco de la Plaza del Esquilino enmarcada por la Iglesia de Santa María la Mayor; la larga extensión del Palacio Quirinal; el Coliseo; la Colina Capitolina; el Castel Sant'Angelo; San Giovanni dei Fiorentini, con la colina del Aventino allá; San Pietro in Montorio en la colina del Janículo; y en el extremo derecho; San Pedro y el Vaticano. 


Sin embargo, el cuadro que nos ocupa es fruto del segundo viaje, el que realizó en 1828. La vista representa la ciudad como se ve desde la colina del Aventino, mirando hacia el norte hacia el distante Vaticano. El resultado es muy evocador. Con sutiles veladuras, consigue una imagen atemporal, como si fuese un sueño, en la que los primeros rayos de luz de la mañana disipan la niebla del Tíber y bañan de un suave resplandor dorado los edificios. .


El cuadro fue encargado por uno de los amigos y clientes más importantes de Turner, Hugh Andrew Johnstone Munro de Novar. Artista aficionado y coleccionista, Munro pidió específicamente a Turner que le hiciera un cuadro de la "Roma moderna" para añadir a su colección. Turner ejecutó este cuadro en 1835 a partir de las decenas de bocetos que recopiló durante su segunda visita a Roma, en 1828.

Turner, cuaderno de Roma entre 1828-29. Algunos de los apuntes que utilizó para este cuadro. 



Todos los detalles de la ciudad se retratan meticulosamente y con precisión. En primer plano, la vista está dominada a la izquierda por la ribera del Trastevere (la Ripa Grande), animada por las bulliciosas idas y venidas del puerto por la mañana. Respalda estas escenas la imponente fachada de la Ospizio di San Michele, que reluce por el sol.


Detrás del hospicio se alza la colina del Janículo y la masa colosal de la Basílica de San Pedro en silueta contra el horizonte; un símbolo monumental de la cristiandad proyectando su sombra sobre las ruinas de la antigüedad pagana.

A medida que nuestra mirada se desplaza hacia la derecha distinguimos la Villa Madama, con su logia de Rafael. Al fondo asoman las cúpulas de la Basílica de Santa Maria del Popolo tras el denso caserío. El centro de la composición está dominada por el Ponte Emilio.


A la derecha del puente vemos iluminada por el sol mañanero la Colina Capitolina con el Campidoglio. Mientras que las sombras de la alborada todavía permanecen en las ruinas del antiguo Foro Romano. Asoma el campanario románico de Santa Francesca Romana para anunciar la colina del Palatino y el Circo Máximo. Cerca de la orilla se distingue el templo circular de Hércules Victor.


Desde la parte inferior derecha, se eleva un altísimo pino piñonero. El árbol rompe el horizonte, dotando a la composición de más altura, y guía al ojo del espectador para que aprecie los matices de color de la perspectiva aérea. El árbol también le sirve para contrarrestar la larga línea de la fachada del hospicio.
La inclusión en primer plano  de Turner de pequeñas figuras añade humanidad y acción al paisaje.


Técnicamente, aplicó como un acuarelista, sucesivas capas de veladuras de óleo translúcidas lo que generaba la luz brumosa y la intensidad.

Otro cuadro de la misma época y con el mismo tema ya había provocado otra subasta de vértigo en el 2010. Entonces se llegaron a pagar 37,43 millones de euros por el cuadro Roma moderna. El Campo Vaccino.

Turner, Roma Moderna: Campo Vaccino, 1839. Óleo sobre lienzo 91.8 x 122.6 cm.


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