lunes, 27 de abril de 2020

RELIEVES FUNERARIOS ROMANOS DE GLADIADORES. EN MEMORIAM.


Los munera gladiatoria son, sin duda, el espectáculo por excelencia en el mundo romano. Se originaron durante la República como un rito funerario de homenaje por parte de las familias nobles a sus difuntos. Se creía que la sangre del vencido favorecería al espíritu del fallecido en la otra vida. Pero, a su vez, era un recordatorio solemne a través de combates reales entre guerreros de la dignitas del fallecido y de su familia. Estas razones nos explican porqué los relieves con el tema de combates de gladiadores se hicieron tan frecuente en estelas y sarcófagos.

Detalle del friso superior con figuras de gladiadores, de la segunda mitad del siglo II d. C., necrópolis de Kibyra, Museo Burdur. Son relieves arquitectónicos que pertenecieron a tres tumbas monumentales diferentes de munerarii, conmemorando juegos específicos patrocinados por ellos. Fueron encontrados entre 2002-09. La imagen de abajo muestra tres fases de una pelea entre gladiadores. En la primera escena (a la izquierda), los combatientes tratan de asestar golpes alrededor y debajo de los escudos de sus oponentes. En la segunda fase (centro), los luchadores han perdido sus escudos y han entrado en combate cuerpo a cuerpo. El resultado natural es que el gladiador de la derecha cae sobre su espalda. El vencido se ha quitado el casco sugiriendo una apelación y el ganador se mueve para matarlo.


Sin embargo, a partir del siglo II a. C., coincidiendo con el fin de la segunda guerra púnica, la función funeraria y de sacrificio religioso de los primeros combates de gladiadores romanos fue poco a poco soslayándose y la representación de los juegos fueron adquiriendo una connotación más política y lúdica. Eso ocurre cuando los herederos se dan cuanta que organizar el munus demostraba ante el resto de los miembros de la sociedad que aquel pariente que lo ofrecía tenían una capacidad económica y organizativa que les habilitaba para ocupar en la sociedad el hueco vacante del difunto. Así, paulatinamente el poder de un personaje se midió por la capacidad de patrocinar combates que podían durar hasta meses e involucrar en la matanza cada vez más a decenas de hombres y animales salvajes.

Detalle del friso superior con figuras de gladiadores, del siglo II al III d. C., necrópolis de Kibyra, Museo Burdur. Son relieves arquitectónicos que pertenecieron a tres tumbas monumentales diferentes de munerarii, conmemorando juegos específicos patrocinados por ellos. Fueron encontrados en 2002. 


La primera vez que estos juegos los patrocinó el Estado fue el año 105 a. C., cuando los cónsules entrantes ofrecieron a Roma luchas de gladiadores provenientes de Capua, como parte de un programa de entrenamiento para los militares. El acontecimiento resultó ser inmensamente popular. A partir de entonces, los torneos de gladiadores antes restringidos a los munera privados se incluyeron en los juegos estatales (ludi)​ que acompañaban a los principales festivales religiosos. Así la lucha de gladiadores podía ser parte de los ludi dedicados a una deidad, como Júpiter, o de los munera que se dedicaban a un ancestro divino o heroico de un patrocinador aristócrata.

Detalle del friso superior con figuras de gladiadores, del siglo II al III d. C., necrópolis de Kibyra, Museo Burdur. Son relieves arquitectónicos que pertenecieron a tres tumbas monumentales diferentes de munerarii, conmemorando juegos específicos patrocinados por ellos. 


A medida que se extendió el imperio, se fue transmitiendo esta costumbre, convertida en espectáculo, de los juegos de gladiadores y se hizo necesario el edificio exclusivo para esta función, conocido como anfiteatro. La extensión de la vida urbana y la romanización lo llevó hasta los últimos rincones del Imperio a través de los patrocinadores que querían prosperar en su comunidad. Así pues, las luchas se desacralizaron casi totalmente y adquirieron funciones exclusivamente políticas y de espectáculo público necesarias para las élites locales y para un público ávido de emociones. La importancia de los gladiadores en la sociedad romana provincial se manifestará no sólo en la aparición de anfiteatros, sino en la representación de los juegos que se daban en él. Nos han llegado ejemplos de representaciones en todo tipo de formatos que nos hablan de la popularidad de estos juegos, sobre todo, mosaicos y frescos que decoraban las estancias de la viviendas y lucernarios y ornatos de objetos múltiples (vasos, joyas, armaduras, marfiles...), pero las mejores representaciones las encontramos en relieves de contexto funerarios en la necrópolis que rodean las ciudades a través de dos modalidades:

  • 1.- En frisos  de monumentos funerarios de particulares, donde se representaba combatiendo a los gladiadores. El difunto se acompañaba con estas representaciones, no tanto por una cuestión religiosa como por ser símbolos del poder o éxito personal que había alcanzado en vida. En este caso, lo gladiadores aparecían dando todo el espectáculo posible. No importaba el individuo o el nombre de cada uno, sino representar la acción y la variedad de los distintos combatientes.

Friso de gladiadores  en el museo arqueológico de Patrás, probablemente del monumento de un patrocinador. Finales del siglo I o principios del  II d. C. Placa de mármol que representa a tres parejas gladiadores luchando. A la izquierda, dos gladiadores que portan grandes escudos ovales y usan un "subligaculum" con un cinturón de una sola banda. Tienen cascos con bordes elevados y curvos y una visera con una abertura para los ojos. La pareja central representa dos "tracios" o gladiadores tracios con su típica daga curva y su casco con cresta y pico hacia adelante. Y a la derecha, un "retiarius" con tridente y red entrenando, probablemente, según su armadura pesada, con un "murmillo".


  •  2.- En las estelas funerarias de los propios gladiadores, que por su fama alcanzan una consideración social y sus familiares poseen la capacidad económica para encargarlos un estela o placa conmemorativa. En este caso es el individuo lo que importa. Normalmente se conserva su nombre y quién encarga el epitafio y se representa al difunto en acto de combate propio de su estilo como gladiador o triunfante. Le suelen acompañar símbolos de sus combates victoriosos como coronas y palmas.

Estela memorial del gladiador Penelao. Mármol 60 x 36 cm. Siglo III d.C. Probablemente de  Eubea. Museo Arqueológico Nacional de AtenasEl nombre del difunto, el gladiador ΠΕΝΕΛΑΕϹ - Πηγελάης, está inscrito en la cornisa horizontal del frontón. La inscripción tallada a derecha e izquierda de la cabeza de la figura, en el suelo de la estela, dice: ἐκ τῶν ἰδίων / αὑτὸν μνίας / χάριν - a su cargo, para sí mismo, en recuerdo. Penélao está representado mirando a la derecha, con la vestimenta y el equipo característicos de un gladiador, incluyendo un casco especial, el escudo que protege su cuerpo, y sosteniendo una espada en su mano derecha. La rama de laurel y tres coronas delante de él y la cuarta corona detrás de él simbolizan sus victorias.



Monumentos funerarios con relieves de juegos de gladiadores.

Voy a destacar los que a mi juicio son los tres grandes conjuntos de relieves funerarios que hoy en día se conservan.

  • 1.- Los del monumento de Lusius Storax en Chieti.
  • 2.- Los del monumento de la puerta de Stabiae en Pompeya.
  • 3.- Los de un posible conjunto de monumentos en la ciudad de Cibyra.

1.- Los relieves del monumento de Lusius Storax en Chieti. Es uno de los monumentos funerarios que mejor representan el paso de la representación de los gladiadores de un contexto todavía funerario a uno de un claro componente político que se ha datado en la primera mitad del siglo I d. C. El monumento venía a ser un edificio con forma de pequeño templo con una cámara funeraria precedida por un hall de entrada.  Arqueológicamente no se ha conservado casi nada del edificio salvo sus ornamentos escultóricos y epigráficos, aún así podemos hacernos una idea por la reconstrucción de la fachada que se ha hecho en el museo de Chieti. Los restos se encontraron cerca de la via Claudia Valeria al entrar en la ciudad de Teate (Chieti), posiblemente estaba en el lugar más codiciado para los enterramientos de los ciudadanos más ricos. Por razones epigráficas y estilísticas (como el tipo de armadura que usan los gladiadores) se ha datado la tumba entre los años 30 y 50 d.C.

Tumba y relieves de Gaius Lusius Storax, Museo Archeologico Nazionale d'Abruzzo en Chieti, Italia, 30-50 AD.


En la puerta de entrada se ubicaba una inscripción que atestiguaba que el propietario del sepulcro era Lusio Storax. Por encima, debía correr un friso con escenas de duelos entre gladiadores que el difunto había patrocinado para sus vecinos el día en que fue nombrado sevir augustalis (sacerdote asignado al culto del emperador) de Teate, el cargo más alto al que un liberto podía aspirar. Por encima del friso, había un frontón triangular, en donde se destacaba a la figura del difunto. En el interior, apoyado contra la pared del fondo, debía haber un retrato en mármol de Lusius Storax, representado en una posición sedente, de la que solo se ha conservado la cabeza.


El friso, que es lo que fundamentalmente nos interesa, representa unas luchas de gladiadores. Los gladiadores aparecen en varias poses (saludando, preparándose, luchando, victoriosos y derrotados), como si fuera parte de una sola escena, aunque en realidad las diversas etapas sucederían secuencialmente. El objetivo del donante debió ser documentar ante sus vecinos y la posteridad la suntuosidad de los juegos que ofreció, cuyo costo fue proporcional al número de combatientes involucrados. Artísticamente, el relieve está compuesto con un cuidadoso equilibrio y un patrón de movimiento rítmico. El fondo es neutro y los detalles de las figuras se desarrollan con cuidado, especialmente la musculatura y las telas. Se ha pensado que el estilo está inspirado directamente en modelos de la ciudad de Roma.

Tumba de Gaius Lusius Storax en Chieti, Italia, 30-50 AD. Fragmento izquierdo del friso de los gladiadores.


El frontón está incompleto, puesto que falta el vértice superior, probablemente sería el frontón de un templo, como elemento arquitectónico que contextualiza espacialmente la escena. Esta parece representar un evento único y real: la investidura de Lusius Storax como sevir Augustalis en el foro de Teate. Estilísticamente, es un relieve mucho más tosco que el anterior de los gladiadores, más en la línea del relieve provincial y plebeyo. La composición es abigarrada y estática, ya que todo está dispuesto para que Lusius sea el centro. La perspectiva se resuelve de forma muy primitiva colocando en dos filas superpuestas a los personajes y ubicando en los laterales los elementos anecdóticos.




Si empezamos a describir, en las esquinas vemos dos grupos de músicos tocando, cornicinas a la derecha y tubicinas a la izquierda, que probablemente aluden a la presentación del espectáculo que el difunto ofreció a los ciudadanos en el anfiteatro de Teate y que se representa en el friso inferior.

En el centro tenemos al colegio de seviri Augustales que están en pleno acto de traspaso de la magistratura, los seis que dejan el cargo al final de su mandato y cinco que ingresan. El sexto es Storax que aparece sedente justo en el centro, más sobresaliente y con mayor tamaño, rodeado de otros cuatro togados sedentes que son los quattorviris de Teate, los cuatro magistrados principales de la ciudad, flanqueados por un lictor. Por encima de las cabezas de los personajes de la segunda fila asoman columnas, por ella entendemos que probablemente estemos celebrando el acto en el foro de Teate. La única ruptura de la frontalidad y el estatismo es que uno de los seviri se inclina para comentar algo al oído de Storax. Parece que otros dos de los sedentes están a la derecha contando dinero en una caja, tal vez simbolizando el pago del summa honoraria que ha realizado Storax por los juegos,.

En el extremo izquierdo del nivel superior, hay una escena que se ha interpretado como una anécdota del día de la celebración de los juegos. Parece que una mujer chilla y levanta los brazos mientras que por debajo de ella un hombre golpea a otro en la cara. Se ha interpreta como un tumulto que tal vez ocurriera entre los espectadores durante los juegos y que se introduce, como ocurre en otros releives plebeyos, para recordar no sólo lo solemne sino también lo cotidiano.


2.- Los relieves del monumento de la puerta de Stabiae en Pompeya.

A la salida de Pompeya por la puerta que conducía a Stabiae se encontró a  mediados del siglo XIX un imponente relieve en dos placas. El conjunto tiene aproximadamente cuatro metros y medio de largo con una altura de ciento cincuenta centímetros. Se desconocía el contexto arqueológico del relieve, pero recientes excavaciones en la zona (2016) han descubierto la base de un monumento funerario que podría pertenecer (no llega poner el nombre en la inscripción) a Gneo Aleii Nigidio Mayo. Nigidio fue el empresario de gladiadores más conocido de la ciudad. Hijo de esclavo  liberto fue adoptado por parte de la importante familia Alleii y ascendió entre la nueva clase dominante de las últimas décadas de vida en la ciudad de  Pompeya. 


El epitafio, que es el más largo hallado jamás en la ciudad, presenta los elogios del difunto. Cuenta que cuando el dueño de esta tumba, adoptó la toga viril -se hizo mayor de edad- dio un gran banquete para todos los pompeyanos, disponiendo 456 triclinios para que miles de personas celebraran con él y su familia su nueva condición social. Esa misma fiesta también llevó asociado un espectáculo de gladiadores con 416 combatientes, un derroche solo al alcance de unos pocos en la propia Roma. La inscripción también habla de su boda en la también se celebraron combates gladiatorios y cacerías de fieras -venationes- y otros actos de munificencia como donaciones de dinero y plata a los magistrados de las asociaciones. Todo para adquirir prestigio y promover su carrera política y  conseguir finalmente ser duoviro de la ciudad. Incluso la inscripción menciona la famosa y monumental trifulca entre nocerinos y pompeyanos en el año 59 d.C. que obligó a clausurar el anfiteatro de Pompeya durante 10 años, hasta que el emperador Nerón por intercesión de su mujer Popea, decidió perdonar a los ciudadanos y se reabrió el edificio.


El relieve se compone de dos losas perfectamente coincidentes y se distribuye en tres registros, de diferentes alturas. En las tres secciones se representan tres momentos de los juegos: arriba, apertura de los juego; y en la sección central a gladiadores de diferentes especialidades; en el friso de la base  se representan la lucha entre humanos y animales y de animales entre ellos.  




El espectáculo comenzaba con la pompa, un desfile que salía de la Porta Triumphalis y en el que se combinan elementos políticos junto con los propios del combate. En cabeza del desfile estaban los lictores (con toga), que anunciaban que tras de ellos venía el editor, y que portaban los símbolos del cargo de este. Detrás los trompeteros o tubicines, cuya fanfarria atrae la atención de los espectadores hacia el desfile. Siguiéndoles cuatro hombres portando sobre sus hombros una plataforma (ferculum) sobre la cual vemos dos estatuillas de herreros, sentados cara a cara ante un yunque, sobre el que están forjando armas. Esto se interpreta que quería simbolizar la garantía de que las armas estaban bien hechas. El individuo que lleva un cartel (titulus) anunciaba el programa del espectáculo.Detrás el que llevaba la palma de la victoria y los que llevan las armas que van  a servir en el combate.



 Momentos de los combates.





Una escena curiosa es la que muestra a un oso que agarra a su bestiario (el gladiador que lucha con los animales) y le clava los dientes en la espalda, mientras los asistentes acuden desesperados por salvar a su compañero.


3.- Los de un posible conjunto de monumentos en la ciudad de Cibyra.
Friso con figuras de gladiadores, de la segunda mitad del siglo II d. C. Caliza, 90 cms de altura. Necrópolis de Kibyra, Museo Burdur. Encontrados entre 2002-09. Se discute si pudieron pertenecer a uno o varios monumentos funerarios o un friso a manera de balaustrada del teatro o del stadium de la ciudad, ambos cercanos a la necrópolis donde se encontraron, y cuyas piezas fueron reaprovechadas  en la necrópolis en algún siglo posterior.




Estelas y lápidas funerarias de gladiadores.

Las lápidas y estelas de gladiadores con sus epitafios revelan sus orígenes, vidas, carreras y actitudes hacia su profesión. Las estelas eran monumentos caros para comprar y erigir, y los inscritos con textos elaborados e incluso imágenes eran aún más caros.  Dan una idea de cómo los gladiadores se veían a sí mismos, a sus camaradas de armas y a su profesión, así como a los que los conmemoraban pensaban que debían ser recordados por la posteridad. Las lápidas a menudo están adornadas con imágenes del difunto, junto con su equipo y sus hojas de palma y/o coronas de victoria. Es la muestra del orgullo profesional de estos luchadores de élite. En los epitafios se refuerza este mensaje donde sus familiares destacan además rasgos de destreza como coraje, habilidad, velocidad, ser zurdo...  Son también honrados por sus compañeros y por los patrocinadores de los juegos. Veamos algunos ejemplos.

Estela del "secutor" (gladiador) Urbico, siglo III. Antiquarium de Milán. Este gladiador aparece con su perro fiel y un larga dedicatoria. El epitafio nos cuenta que Urbico era de origen florentino y que murió en Mediolanum (Milán), a los veintidós años, después de haber peleado trece veces. Fue muerto por un rival que previamente había salvado. Dedica la estela su mujer, Lauricia, que pasó siete años con él, y sus dos hijas  Olimpia y Fortunense. La inscripción concluye amenazando al hombre que le había matado. Y concluye pidiendo a los seguidores del gladiador (amatores) que sigan recordándole. 


Estela funeraria con gladiador, 150 -200 d.C. Thessaloniki, Museo Arqueológico Nacional. El relieve muestra al fallecido Lupercus, ΛΟΥΡΕΡΚΩ. Probablemente era un "Thraex", un tipo de gladiador romano armado al estilo tracio. Parece estar a punto de comenzar una nueva pelea. Su cabello es muy voluminoso. Exhibe una barba corta y peluda. Lleva un "subligáculo" y un "balteus", una "manica" acolchada en el brazo derecho, y grebas. En su mano izquierda tiene un pequeño escudo rectangular curvado adornado con una cabeza de Medusa, y en la derecha, la "sica", daga característica de los Tracios. A su izquierda, un niño, quizás un sirviente, con su casco decorado con una cimera de grifo, completa la escena. El nombre del chico era Apollonis, ΑΠΟΛΛΟΝΙϹ, como dice la inscripción sobre su cabeza. Además, un perro casi en miniatura salta sobre la pierna izquierda de Lupercus.






Estela del gladiador Eupithanos. Mármol, 88 x 64 x 21 cm. Siglos II - III d.C. Afrodisias, Museo Arqueológico, Turquía. El relieve es de un gladiador desnudo, que todavía lleva protectores de brazo en la parte superior derecha del brazo, y espinilleras. Sostiene una palma con su brazo derecho, que está parcialmente perdido. Su brazo izquierdo está estirado horizontalmente, y la mano descansa en un casco colocado en lo que es una columna lisa o un escudo alto. Abajo hay dos figuras pequeñas: la de la derecha del hombre tiene espinilleras y un largo escudo, y le mira; la de la izquierda es alada y desnuda. Tiene un texto inscrito en las molduras superior e inferior. El de abajo es el que nos rebela el nombre de a quien conmemora la estela puesto que dice: [?Ε]ὐπιθανὸς πάλου πάλου' // [-- ? --]φ̣ιλυς vac - "Eupitanos de la brigada 1; [ ? ]philos



Estela funeraria de Quintus Sossius Albus. Primera mitad del siglo II d.C. Mármol. Museo Arqueológico Nacional de Aquileia. Según la inscripción latina D(is) M(anibus) // Q(uinti) Sossi / Albi / myrmillonis / Sossia Iusta / lib(erta) patron(o) / bene merenti, esta estela fue dedicada por Sossia Iusta, liberta del mirmillo Quintus Sossius Albus, a su meritorio propietario. Q. Sossius Albus, aquí representado como un gladiador completamente armado, era ciertamente un hombre libre: su condición social está atestiguada por su identificación "tria nomina" (tres nombres) tallada en la estela. Típicamente los gladiadores eran esclavos identificados por inscripciones que informaban de sus apodos. Un hombre libre, un ciudadano romano como lo fue Q. Sossius Albus, podía participar en los juegos de gladiadores sólo por su libre elección o por una invitación imperial especial. Nuestro personaje está representado en alto relieve como un murmullo. Lleva un taparrabos (subligáculo) y, según el equipamiento previsto para esta clase de gladiadores, está dotado de un casco con cresta, una espada corta (gladius), un escudo (scutum), una manga protectora en el brazo derecho y una greba (ocre) en la pierna izquierda. Aunque el rostro del difunto está cubierto por la visera de rejilla del casco, el modelado de la figura es muy preciso. Es evidente que Sossia Iusta quería destacar la función de su difunto propietario como gladiador.





Estela funeraria de HIppolitos A ΙΠΠΟΛΥΤΟΣ. Siglo III d.C. Museo de Éfeso, Turquía. El relieve representa a un gladiador "thraex" (pl. thraeces), o tracio, era un tipo de gladiador romano, armado al estilo tracio con un pequeño escudo rectangular, cuadrado o circular llamado "parmula" (unos 60 x 65 cm) y una espada muy corta con una hoja ligeramente curvada llamada "sica" destinada a mutilar la espalda sin armadura de un oponente.



Fragmento de un friso que representa la lucha de dos gladiadores ΑΓΟΡΑΚΙΤΟΣ y ΜΑΡΙΣΚΟΣ. Alrededor del siglo  II o III d .C. Procede de Turquía pero está en el Museo Arqueológico de Trieste. Es un combate muy popular en los anfiteatros romanos: la lucha entre "secutores" y "retiarii". Los nombres de los gladiadores se encuentran cerca de las figuras talladas: Αγορ]άκριτος, Agorakritos, el "retiarius", y Μάρισκος, Mariskos, el "secutor". Bajo la tribuna donde está Agorakritos, una inscripción ἀπελύθη ἓξω λούδου, nos recuerda que el "retiarius" fue liberado de los juegos de gladiadores; probablemente, su liberación fue una consecuencia de una extraordinaria victoria en la arena.





Tumba estela de Mentor, un Secutor de Tralles (Aydin), Turquía. Siglo II d.C. Museo Arqueológico de Estambul. La inscripción dice " Mentor fue el vencedor de todos los estadios famosos, y murió de acuerdo con su destino. El poderoso Moïra [divinidad del destino] me ha llevado al Hades, y ahora yazco en esta tumba. Mi vida terminó en el manos ensangrentadas de Amarantos". Mentor probablemente no era su verdadero nombre, ya que era frecuente que los gladiadores tomaran seudónimos de héroes famosos. En Homero, Mentor es compañero de Ulises, tutor de su hijo Telémaco. Las seis coronas que se muestran indican que fue seis veces victorioso. Su casco, su espada corta y su escudo rectangular nos confirman que Mentor era un "secutor".


Estela de gladiador de Tralles, siglo II d. C. Museo Arqueológico de Estambul.




Estela funeraria de gladiador. Principios del siglo III d.C. Museo Arqueológico Nacional de Tesalónica. Inscripción. Φιλουμένη Λευκάσπιδι τῷ ἰδίῳ μνήμης χάριν. De Philumena para Leukaspis, su propio marido, en su memoria. Esta estela data de principios del siglo III d.C. El relieve muestra al gladiador Leukaspis de pie frontalmente. Lleva un taparrabos protector, un cinturón y zapatos como botas. Su cabeza está erguida, y los pequeños rizos de su pelo forman una corona. A su izquierda están su “scutum” -escudo- y su casco. Este último tiene una forma redonda, y, en lugar de una visera, sólo dos agujeros para los ojos. Según su armadura, el gladiador Leukaspis pertenece a la categoría de "secutores". Su mano izquierda toca la cresta del casco mientras que su brazo derecho está levantado, sosteniendo la punta de una rama de palma. Cerca del gladiador un pequeño perro se para sobre su pie derecho. Además de la rama de palma, 13 coronas en la esquina superior derecha hacen referencia a sus victorias.





Estela del gladiador Trypheros de Patrás, Grecia. Siglo II o III. La inscripción dice Τρυφερός πρ (ωτόπαλος) πυ (γμών) ια '. «Αλέξανδρος τω ίδίω πατρί μνείας χάριν. (Trypheros, primera categoría (ganada) once peleas. Alexandros a su padre, como recuerdo). Mármol, dim: 52.8 x 30.4 x 2.7 cm. Estela de mármol blanco con frontón, en cuyo tímpano hay un pequeño escudo redondo o una phiale.  En el campo hueco está representado en relieve un gladiador pesado, girado a la derecha; usa un casco que cubre toda su cara y hombros, perforado con quince agujeros delante de la cara; tórax bandas entrelazadas que cubren el brazo derecho; en su mano derecha sostiene una daga; cinturón compuesto de eslabones; Gran escudo rectangular de cuero, colgado con un arnés de cuero por el cuello. La pierna derecha está protegida por una cnemida con una rodillera arriba. La pierna izquierda está desnuda y solo tiene bandas en la rodilla y arriba del tobillo. A la derecha, su hijo, en Eros alado, extiende una gran palma con su mano derecha mientras que, con su mano izquierda, sostiene una corona; a la izquierda del gladiador, once coronas de victorias dispuestas en dos líneas. La inscripción está grabada debajo de la representación en una pancarta lisa.





Relieve del sarcófago que representa a un "Retiarius" contra un "Secutor". Siglo III d.C. Museo de Éfeso, Turquía. La losa describe la fase final de una lucha entre dos gladiadores. En el lado derecho hay un gladiador equipado como un "retiarius",que lucha contra un "secutor". El equipo de defensa del retiarius es mínimo: sólo un "galerus", un alto protector de hombro, protege su hombro izquierdo. Ataca con un tridente o "fuscina" sostenido con ambas manos, y sostiene una daga en su mano izquierda. El secutor lleva un casco con visera cerrada, un taparrabos (subligáculo); un "ocrea" protege su espinilla izquierda; su mano derecha sostiene una espada corta. Ha perdido su gran escudo rectangular, y ahora es muy vulnerable bajo los golpes del tridente del "retiarius". A la izquierda, un árbitro con un bastón mira la batalla entre estos gladiadores.




lunes, 6 de enero de 2020

PICASSO Y MARIA THÉRÈSE, LOS RETRATOS MÁS SENSUALES. 14 AÑOS DE RETRATOS


Las mujeres de la vida de Picasso fueron el punto de apoyo de su genio creativo. Los retratos de sus musas representan unos de los trabajos más expresivos del arte del siglo XX. Desde los retratos cubistas de Fernande Olivier y Eva Gouel o las representaciones neoclásicas de Olga Khokhlova, hasta las pinturas de Dora Maar o las grandes obras finales que representan a Françoise Gillot, Sylvette y Jacqueline Roque, pasando por los más sensuales, los de su joven amante desde 1927, Marie-Thérèse, que expondré en este artículo.

Olga y el taller del pintor en 1921. Fontainebleau.


Las pinturas sensuales de Picasso de su amante Marie-Thérèse reinan como emblemas del amor, el sexo y el deseo en el arte del siglo XX. La serie de retratos más importante fue realizada en 1932, año en que desveló a su joven amante dando un nuevo impulso tanto a su vida como a su arte. Poco se sabía sobre ella y del importante papel que desempeñó en la vida y el arte de Picasso, hasta 1964, cuando Françoise Gilot, la compañera del artista a fines de la década de 1940 y principios de la década de 1950 le dedicó varios pasajes en sus memorias de los años que pasó con Picasso, "Vivre avec Picasso". Luego, en los años 70, la protagonista de esta historia concedió algunas entrevistas y su nieta, Diana Widmaier Picasso, ha dirigido varias exposiciones y escrito algunos libros sobre ella, que son la base para recomponer este romance. Desvelemos la importancia de esta musa para el pintor.


Picasso y Olga  Khokhlova.

Picasso vio por primera vez a Marie-Thérèse en las calles de París en 1927, cuando solo tenía diecisiete años. Él, de 46 años, vivía enredado en un matrimonio infeliz con Olga Khokhlova, la que había sido su musa desde 1917. Picasso había conocido a Olga en Italia y su aire refinado de bailarina le había conquistado, tanto que al año siguiente se casó con ella y tuvieron un hijo, Paulo, en 1921.  

Fotógrafo desconocido. Pablo Picasso y Olga Khokhlova con su hijo Paulo en la terraza de un café de Pourville, Normandía, agosto de 1932. 


El matrimonio conoció una ascensión social fulgurante que respondía al creciente reconocimiento de la obra de Pablo Picasso. Desde el principio, Olga aburguesó la vida y el estilo artístico de Picasso. Amuebló su piso de París, contrató un chófer y sirvientes, compró costosas joyas y entró en el círculo de la élite de la sociedad francesa. Pablo Picasso dejó la bohemia de su juventud y no dudaba en satisfacer los deseos de su mujer.

Izquierda. Pablo Picasso. Retrato de Olga en un sillón, primavera de 1918. Óleo sobre lienzo, 1300 x 888 mm. Musée National Picasso, París. 
Derecha. Fotografía atribuida a Picasso o a Émile Delétang de Olga en su estudio, posando como en el cuadro y con el mismo vestido, primavera de 1918.


Olga, hija de un coronel del ejército imperial ruso, estaba acostumbrada al arte clásico y le horrorizaba el cubismo de su marido. Picasso la complació y pintó retratos de Olga y de su hijo en estilo clásico, ya que su esposa quería reconocer su cara y no tener que buscarla entre extrañas figuras geométricas. La pintura del artista regresó a la figuración más clásica, aunque siguió también en paralelo con el cubismo y siguió buscando nuevas formas expresivas con el surrealismo.

En esta década Picasso experimentará diferentes estilos sin coherencia entre ellos. 
Detalles de tres cuadros entre los que apenas hay cuatro años.
Cubismo decorativo: Los Tres músicos, 1921 
Clasicismo: Los enamorados, 1923
Surrealismo: La danza, 1925


A mediados de la década de 1920, su relación matrimonial comenzó a deteriorarse. El ambiente entre ellos se hacía insoportable. Olga sufría, no sin razón, cada vez más celos de Picasso. En un viaje a Montecarlo para ver el ballet de Serguei Diáguilev, se sintió particularmente herida por la afición de su marido a pintar a bailarinas. Más, si cabe, cuando Olga había sacrificado su carrera de ballet por el bien de su marido.

La danza o Los tres bailarines (1925) fue el comienzo de una catarsis personal y artística. El cuadro se había esbozado en 1923 como una representación realista de bailarines de ballet ensayando. Volvió a retomar el cuadro a comienzos de 1925. Mientras Picasso estaba trabajando en ello, su viejo amigo Ramon Pichot murió. La mayoría de los historiadores aceptan que el trío representa su sentimiento por la muerte de su amigo. Sin embargo, otros escritores han interpretado la violencia en la pintura como una expresión de su ira cada vez más profunda con su esposa Olga y el mundo de la vida doméstica en el que ella lo había enjaulado. Ciertamente, las imágenes de danza en esta pintura de 1925 no podrían ser más diferentes del trabajo que Picasso estaba produciendo unos años antes, cuando se enamoró de Olga y del ballet. Recordar estos eventos transformó el enfoque de Picasso. Las figuras angulares distorsionadas, los colores ásperos y las superficies de pintura densamente trabajadas parecen expresar emociones violentas. Se inicia así el periodo expresionista y surrealista de la obra de Picasso

Pablo Picasso. La danza, 1925. Óleo sobre lienzo, 215  x 142 cm. Tate Gallery, Londres.



El encuentro y los primeros años de los amantes clandestinos (1927-1932).

El pintor se sentía atrapado por la vida tan reglada y aburrida y por las escenas de celos que le montaba su mujer. Estaba en un momento en que necesitaba emoción y cambios. Deseaba encontrar una nueva musa inspiradora. El encuentro del artista con Marie-Thérèse Walter en enero de 1927 acentúa la crisis del matrimonio. 


"Yo era una niña inocente", recordó Walter años después. “No sabía nada, ni de la vida ni de Picasso ... Había ido de compras a las Galerías Lafayette, y Picasso me vio salir del metro. Simplemente me tomó del brazo y dijo: '¡Soy Picasso! Tú y yo haremos grandes cosas juntos '”. A los pocos meses de su encuentro, Picasso le compró un apartamento en la rue La Boetie, cerca de la casa donde él vivía. Allí comenzó a pintarla y allí comenzó también una relación que duraría con intermitencias durante quince años.

Fotografía de Picasso de Marie-Thérèse Walter con el perro de su madre, Dolly, Alfortville, Francia, c. 1930.


La relación de la pareja se mantuvo en secreto durante muchos años, tanto por el matrimonio de Picasso con Olga como por la edad de Marie-Thérèse. Pero lo encubierto del asunto solo intensificó la obsesión de Picasso por ella. En cambio, para ella lo único que ocupaba su tiempo era el deporte y parecía indiferente a la pintura de su amante y a las vanidades de este mundo. Nunca se quejaba de este romance furtivo.


La nueva musa, Marie-Thérèse, se revelaba en los lienzos de bañistas con toda la energía de la juventud y el erotismo que inspiraban al artista. Los veranos de 1927 y 1928, pasados ​​respectivamente en Cannes y Dinard, fueron particularmente productivos, allí Picasso se escapaba de su familia para pasar horas con su amante y recordaba sus encuentros en cuadros festivos en la playa. Marie-Thérèse era dulce, muy femenina, toda alegría, luz y paz. Con ella Picasso no tenía ningún problema, podía olvidarse de su vida cotidiana y seguir su instinto.


Las representaciones de Picasso de Marie-Thérèse van desde retratos reconocibles al instante hasta figuras radicalmente abstractas. Dos obras de 1928 transmiten una sensación de extremos estilísticos. Una litografía cuidadosamente observada y dibujada con ternura, sin ninguna referencia a la identidad del sujeto. Es un detalle muy cercano de una mejilla femenina suave, de los labios sensuales, nariz muy distintiva y ojos luminosos, los rasgos definitorios de su rostro. El pequeño lienzo de Bañista y cabaña, pintado en agosto de 1928. Lleno de insinuaciones sexuales juguetonas, la toalla caída, el doble sentido de una llave insertada en un ojo de la cerradura, evoca citas acaloradas en cabañas junto a la playa. El cuerpo desnudo de la bañista esconde detrás a la sombra recortada con el perfil del artista.

Pablo Picasso. Izquierda: Cara de Marie-Thérèse, octobre de 1928. Litografía, 20.3 x 14.1 cm. MoMA, Nueva York. Derecha: Bañista y cabaña en Dinard, agosto de 1928. Óleo sobre lienzo, 21.5 x 15.8 cm. MoMA, Nueva York.



Entre tanto, Picasso empieza a representar a Olga de modo inquietante, deformado y hasta brutal, con una violencia que expresa tanto la cólera de los celos como el sufrimiento del artista. En el Gran desnudo sobre sillón rojo de 1929, su mujer no es más que dolor, una forma de violencia expresiva.

Pablo Picasso, Gran desnudo sobre sillón rojo, 1929. Óleo sobre lienzo, 195 x 129 cm. Musée National Picasso, Paris.


En junio de 1930, Picasso compró un castillo en Boisgeloup cerca de Gisors en la Normandía, a 60 kms de París. Como era mucho más grande que su estudio de París, convirtió uno de los establos en un estudio de escultura, simultaneando sus trabajos en su estudio de París y allí. La nueva casa era además un lugar donde pasar los fines de semana en familia con su esposa y un refugio para estar a solas con su amante en los días de diario. Sólo unos pocos amigos íntimos del pintor y su chófer estuvieron al tanto de este amor secreto.

Foto de Brassaï. La entrada al estudio de escultura de Picasso en Boisgeloup, con su mastín pirenaico custodiando la puerta, 1932.




En Boisgeloup, Picasso recuperó la escultura y desarrolló un nuevo lenguaje a lo largo de 1931 donde ya emergió en monumentales bustos de yeso el perfil clásico y fuerte cuerpo atlético de Marie-Thérèse Walter. Moldear el yeso húmedo a semejanza de su amante le ofreció a Picasso una forma de acariciarla en ausencia, pero al mismo tiempo, camuflaba esa presencia real en la cración de un icono o un ídolo que personificaba la imagen de la eterna mujer.

Foto de Brassaï. Yesos de bustos de mujer, Boisgeloup, diciembre de 1932. 


Sin embargo, hasta ese momento no se había atrevido a hacer referencia explícita de su relación con su amante más que a través de un código simbólico que la introducía como una guitarra a la espera de ser plañida, como un collar en forma de boomerang, con sus iniciales bifurcadas o presentando su perfil inconfundible como una característica del fondo.

Pablo Picasso. Guitarra, abril de 1927. Óleo y carboncillo sobre lienzo, 81 x 81 cm. Musée Picasso, Paris. Las iniciales de Maria Therese, letras "M" y "T", son evidentísimas. Este criptograma es la primeras evidencia de la presencia de la joven en la mente de Picasso.


Picasso. El pintor y la modelo, 1928. Se puede apreciar el perfil de Marie-Thérèse Walter sobre el lienzo. Óleo sobre lienzo, 129 x 163 cm. Museum of Modern Art, Nueva York, EE.UU.


El día de Navidad de 1931, después de pasar las festividades con familiares y amigos, Picasso  no aguantó más y completó una pequeña pintura en la que había trabajado durante una semana: Mujer con una daga, una pesadilla surrealista de una mujer que apuñala a su rival sexual. El mismo día, también pintó un gran lienzo de una mujer sentada, sus rasgos faciales reemplazados por un corazón. Mientras que el primero aludía a relaciones matrimoniales cada vez más tensas, el segundo era un sueño pictórico sobre la amante secreta de Picasso, Marie-Thérèse Walter, de 22 años.

Picasso. mujer con una daga, 1929. Sobre el lienzo su esposa, Olga aparece clavando la daga en María Teresa, la amante. Aparentemente una interpretación más benigana podría ser considerar este cuadro como una nueva versión de Picasso de la pintura icónica de Jacques-Louis David, La muerte de Marat (1793).


La primera serie que representa claramente a Marie-Thérèse la pintó en enero de 1932, antes de la primera gran exposición retrospectiva que Picasso estaba preparando para junio de ese año en la Galeria George Petit de París. El pintor ya no pudo reprimir el impulso creativo que le inspiraba su amante, especialmente a medida que su matrimonio se hacía cada vez más insoportable. El resultado fue una catarsis de pintura lánguida y amorosa, de una Marie-Thérèse de piel lila. Picasso produjo una serie de retratos que representaban una figura femenina sentada en un sillón, leyendo, durmiendo o aparentemente absorta en la música. A principios de marzo marcó un momento de extraordinaria creatividad, incluso para los estándares de Picasso. En el transcurso de doce días, pintó un grupo de grandes lienzos de retratos, bodegones y desnudos reclinados todos inspirados en su amante.

Pablo Picasso,  Izquierda. El sueño. Centro, La lectura. Derecha, Mujer desnuda en sillón rojo. Óleos sobre lienzo, 1932.


Con la retrospectiva que se celebró en la galería Georges Petit de París entre junio y julio de 1932, Picasso quería silenciar a los críticos que creían que su obra ya no era contemporánea y también superar a su amigo y rival Henri Matisse que había organizado una retrospectiva allí en 1931. El artista, que se encargó personalmente de hacer la selección de obras, reuniendo lienzos de todos sus períodos hasta los últimos retratos de Marie-Thérèse, que aún no había mostrado a nadie.

Fotógrafo desconocido. Invitados el día de inauguración de la retrospectiva de Picaso en la Galeria George Petit, junio de 1932.


Colgó los recientes retratos de Marie-Thérèse junto con sus monumentales desnudos neoclásicos y composiciones cubistas y surrealistas anteriores. Para todos fue un descubrimiento, era la primera pista pública de que una nueva mujer había entrado en la vida del artista. Olga, al ver las numerosas referencias de Picasso a un rostro específico de mujer que claramente no era el suyo, se dio cuenta que su esposo tenía una amante. Sin embargo, aún el lugar de honor en la retrospectiva fue otorgado a un grupo de pinturas que celebraban a la familia de Picasso, con retratos de su esposa e hijo presididos por un autorretrato de su período azul de principios de 1900.

Fotógrafo desconocido. Una de las salas de la retrospectiva de Picasso, junio de 1932. Seleccionó obras de toda su carrera, sin mostrar fechas y sin colgarlas en orden cronológico, como si dijera que todas sus obras tienen la misma importancia y valor.



¿Pero qué hacían tan especiales a los retratos de Marie-Thérèse de 1932? 

La respuesta es la sensualidad y el erotismo que trasmitían. Los senos de la mujer representada son redondos como frutas y el perfil de la cara, generalmente con los ojos cerrados, se dibuja en una curva audaz que une la frente y la nariz por encima de los labios gruesos y sensuales. El color lila de la piel posiblemente hace referencia a la noche y a los contrastes lumínicos de la relación clandestina de los amantes. Las imágenes sugerentes no se limitan a las líneas o el color, sino a un lenguaje simbólico muy fácilmente descifrable. Veamos algunos de estos retratos donde se desata la pasión de Picasso por su amante. Por ejemplo, en Joven mujer con mandolinael instrumento musical en su regazo se entiende como una alusión a sus genitales expuestos, al igual que el libro abierto en La lectura.

Picasso. Joven mujer con mandolina, 1932. Óleo sobre madera, 64.2 x 46.9 cm.  Universidad de Míchigan.


En El sueño hay un referencia muy explícita al falo del artista en la parte superior del rostro de la mujer, así como las manos cruzadas entre las piernas. Ambas referencias no deja ninguna duda sobre la naturaleza del sueño erótico de Marie-Thérèse.

Pablo Picasso. El sueño, 1932. Óleo sobre lienzo, 130 cm × 97 cm. Colección privada.




En Mujer desnuda en un sillón rojoMarie-Thérèse se presenta como una serie de curvas sensuales, donde incluso los brazos de la silla se han elevado y exagerado para hacer eco de las formas redondeadas de su cuerpo. La cara es una imagen doble, puesto que el lado derecho se metamorfea en la cara de su amante de perfil que la besa en los labios. Estos desnudos femeninos en sillones también respondieron directamente al trabajo de Matisse, que pintó muchas mujeres así. Sin embargo, los cuadros de Matisse a menudo se centraron en el juego de color y el exotismo mientras que los de Picasso buscan representar una imagen mucho más personal, tierna y altamente emocional de su musa.

Pablo Picasso. Mujer desnuda en un sillón rojo, 1932. Óleo sobre lienzo, 130 × 97 cm. Tate Gallery, Londres.



La extraordinaria Nature morte aux tulipes nos proporciona una síntesis de los dos medios principales (pintura y escultura) que Picasso utilizó para representar el impacto físico de su joven amante. Más que muchas de las imágenes de esta época, evidencia su deseo de objetivar su modelo en el verdadero sentido de la palabra. Esta gran imagen, completada en menos de tres horas en un solo día en marzo, es uno de los ejemplos más poderosos de la búsqueda incansable de Picasso, con la imagen de Marie-Thérèse transformada en un divino objeto de veneración.

Pablo Picasso. Naturaleza muerta, busto y tulipanes, 1932. Óleo sobre lienzo, 130 x 97 cm. Pintado el 2 de marzo de 1932.



El reposo es una representación sorprendente e íntima que se encuentra entre las imágenes más icónicas de su obra y, por supuesto, definitoria de este periodo. Representa a la modelo serena durmiendo, con la cabeza de perfil griego, apoyada en el antebrazo y los dedos entrelazados. Los llamativos rasgos faciales de Marie-Thérèse son el foco principal de la composición. Está desprovista de los atributos que a menudo la acompañan en otras composiciones, como un libro o una mandolina, o las poses sentadas más formales que se encuentran en los lienzos más grandes. Es un cuadro simple en el que Picasso que se convierte en un voyeur extasiado, que captura silenciosamente a su amada, abandonada al sueño.

Pablo Picasso. El reposo, 1932. Óleo sobre lienzo, 46 x 46.



A comienzos de marzo de 1932, Picasso trabajó en una serie de tres lienzos igualmente grandes que representan a una joven recostada y dormida. Desnudo, hojas verdes y busto es uno de estos lienzos, sabemos que lo pintó el 8 de marzo. Marie-Théresè Walter se estira voluptuosamente, mientras la sombra azul de la cabeza de Picasso asoma detrás del busto de su amante. El misterio de la sombra está ligado a otro aspecto de la imagen que no cede inmediatamente a ser descifrado: las dos bandas verticales en negro que corren como correas limitantes sobre el cuello y el abdomen de Marie-Thérèse. El significado de las bandas se vuelve más claro a medida que uno sigue su curso completo. La banda de la derecha forma una gran "P" mientras gira alrededor del busto escultórico, mientras que la banda de la izquierda forma una segunda "P", esta vez invertida, con los brazos y la cabeza levantados de la mujer. Tenemos, por tanto, las iniciales del artista. Mientras, los dedos de la mano trazan una "M"  y quizás l a hendidura de su sexo también una "W". De esta manera, Picasso anuncia su identidad, y al superponer sus iniciales sobre ella, busca poseer a su amada y proclamar su destino común en su arte.

Pablo Picasso. Desnudo, hojas verdes y busto, marzo de 1932. Óleo sobre lienzo,, 162 x 130 cm. Colección privada.



La figura reclinada y curvilínea de Marie-Thérèse es como una musa benéfica, una ninfa del río que yace ante el pintor que la vela y protege. Una planta de filodendro parece brotar de su cuerpo fértil como si se metamorfoseara una nueva Dafne al contacto de Apolo. Los tonos azul oscuro de la cortina crean un ambiente nocturno. Sobre ella el busto de yeso adquiere una cualidad mágica, es como una luna brillante. Tal vez sea el cuadro más complejo y reflexivo de todos los que pintó a comienzos de 1932. Tanto le gustó el resultado final de ese cuadro al pintor que, cuando acaba la exposición retrospectiva, decidió quedarse con él para decorar su vivienda de París.

Foto de Cecil Beaton. Picasso en su residencia parisina de rue La Boétie 23,. La foto está tomada ese mismo año 1932. En la pared, Desnudo, hojas verdes y busto, el cuadro más simbólicos de los que había pintado. Pablo Picasso aparece seguro vestido a la última moda con traje, corbata y pañuelo de bolsillo. Un cigarrillo encendido en su mano. En la esquina inferior izquierda, parcialmente cortada por el borde de la fotografía, se apoya el retrato de su esposa Olga que pintó en 1918 mientras la cortejaba. A los efectos de la fotografía, Picasso parece haber sacado el retrato de su esposa de la pared y reemplazarlo con la pintura más grande de la joven mujer desnuda y el busto. 




Después de completar Desnudo, hojas verdes y busto, Picasso pasó a pintar El espejo el 12 de marzo. La figura desnuda y dormida de Marie-Thérèse llena la mitad inferior de la composición. En esta pintura, Picasso se esforzó por vencer a Matisse en el uso del arabesco, de un patrón para el fondo y de colores ricamente saturados. Es también su interpretación de las Venus del Espejo de Velázquez o de Rubens.

Pablo Picasso. El espejo, 1932.  Óleo sobre lienzo, 130 x 90 cm. Colección privada.


El 14 de marzo completó Joven mujer delante de un espejo. Una interpretación de esta pintura es que la imagen de la izquierda, Marie-Thérèse, la mujer que se miran al espejo es cómo Pablo Picasso ve a su amante, colorida, brillante, joven y bella. El reflejo oscuro la hace parecer muy vieja lo que se interpreta como su miedo a perder su juventud. Las alusiones a la juventud y la vejez, el sol y la luna, la luz y la sombra se comprimen en una sola cara multivalente.

Pablo Picasso. Joven mujer delante de un espejo, 1932.  Óleo sobre lienzo, 162.3 x 130.2 cm. MOMA, Nueva York.


Marie-Thérèse aparece de nuevo en los cuadros que sigue pintando ese año tras la exposición. En octubre realiza Mujer sentada frente a una ventana, con su magnífico juego de colores entre el rojo oscuro y el color verde pistacho. La cara serena y escultural muestra a una mujer solemne y luminosa sentada junto a la ventana. En esta imagen Picasso refleja los tres roles que deseaba de ella: ser su modelo y a su vez su amor divino y profano. La sensualidad de la figura, aunque completamente vestida, se transmite a través de los contornos voluptuosos del cuerpo y de las cortinas, que contrastan con las líneas rectas de la silla, la sala y la ventana. Marie-Thérèse, vestida de forma sencilla y ubicada en el interior del estudio, asume aquí el papel de compañera, la figura femenina vista sin las distracciones de la angustia o la sexualidad. La pintura logra una calma y un reposo clásicos, un refugio temporal en una década turbulenta para Picasso.

Pablo Picasso. Mujer sentada frente a una ventana, 1932. Óleo sobre lienzo, 146 por 114 cm. Pintado en Boisgeloup el 30 de octubre de 1932.


En un acuerdo que aparentemente se adaptaba a ambas partes, los amantes nunca vivieron juntos, ni compartieron las tensiones o banalidades asociadas de la vida cotidiana. Picasso siguió haciendo una aparente vida normal en familia con Olga. En el verano de 1933 se fueron a Cannes y luego a Barcelona. Pero la tormenta se estaba gestando. Pablo consiguió que Marie-Thérèse fuera en secreto y la instaló en un hotel cercano. Una vez de vuelta en París, comenzó, por primera vez, a investigar la posibilidad de divorcio, sin embargo el matrimonio mantuvo las apariencias de una familia bien avenida.

Olga, Paul y Pablo Picasso en septiembre de 1932 frente a la catedral de Estrasburgo. Posan al lado del Hispano Suiza que compró en 1930 y que utilizó Pablo Picasso durante más de 20 años. En este vehículo con capacidad para ocho personas, conducido por su inseparable chófer, Marcel Boudin, Picasso realizó numerosos viajes de París a sus "escapadas" a Boisgeloup. También le sirvió como coche familiar, en este caso para ir a Zurich a ver su segunda retrospectiva del año 1932 o desplazarse a la costa en los viajes vacacionales.

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Marie-Thérèse fue la musa inspiradora femenina principal de dos series de grabados mitológicos, la Metamorfosis y  la mítica Suite Vollard. que realizó Picasso a lo largo de los años 30. Los grandes temas son: la pasión amorosa personificada en la modelo, su relación con los artistas del pasado y del presente y hasta que punto puede considerarse la actividad creativa como algo divino. El Minotauro actúa como un autorretrato indirecto. El minotauro es simultáneamente dios y bestia, un monstruo que reflexiona y juzga sobre sí mismo según los valores antitéticos de la razón y la moralidad y de los de la pasión y los excesos. De alguna manera, el mito del laberinto también viene a ser el símbolo de su compleja vida. Marie-Thérèse, está presente como mujer carnal y como niña inocente. En este grabado de abajo conduce a un desvalido y ciego minotauro. Lleva en una mano una paloma blanca como símbolo de la limpieza de alma. Su vientre está preñado, símbolo y realidad de su amor ciego por la bestia.

Pablo Picasso, Minotauro ciego dirigido por una niña en la noche (de la Suite Vollard), 1934-35. Aguatinta, punta seca y grabado buril, 49,8 x 69,3 cmMuseo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.




En diciembre de 1934, casi ocho años después de su primer encuentro, Marie-Thérèse quedó embarazada y su hija Maya nació al año siguiente. Aquello marcó el final de su matrimonio con Olga Picasso. Aunque nunca se divorciaron, ella se mudó inmediatamente al sur de Francia, llevándose a su hijo con ella. Picasso describió esto como el peor período de su vida.

Foto de Picasso. Marie-Thérèse Walter dando de mamar a su hija Maya, 1936.


Maya, nació el 5 de septiembre de 1935. La nueva familia vivió un tiempo juntos, con Picasso como padre. Sin embargo, la personalidad de Marie-Thérèse, aunque acogedora en comparación con su matrimonio tenso con Olga, no le interesaba por sí sola y menos como madre y esposa. Esto último estaba descartado legalmente, puesto que Olga le negó el divorcio. Al poco, el pintor reniega de la vida en familia. Dos meses después del nacimiento de Maya, Picasso conoció a  Dora Maar y pronto se embarcó en una relación con ella que duró hasta 1942. Picasso la conoció a principios de 1936. En los meses siguientes, su aspecto llamativo, su inteligencia rápida y su sentido de independencia lo sedujeron y ella se convirtió en su amante. Su presencia en su vida complicó aún más una situación ya compleja.

Man Ray. retrato de la fotógrafa Dora Maar, 1936.


Picasso continuaría dividiendo su tiempo amoroso y su vida profesional entre sus amantes, con Maar pasará los días de diario en París y con Marie-Thérèse, los fines de semana en la casa que compró para ella y su hija a las afueras de París en Le Tremblay-sur-Mauldre. En 1936 y 37, de hecho, los cuadros inspirados en la imagen de Marie-Thérèse es muy superior a la de Dora, aunque ya se nota que el pintor ha encontrado un nuevo estilo o inspiración, que responde a una nueva mujer en su vida. Todavía los cuadros de estos años tienen mucho del colorido y sensualidad del periodo Marie-Thérèse, pero ya se aprecian nuevas experimentaciones formales y una intensidad emocional nueva. Son cuadros híbridos de los dos sentimientos. En Mujer con boina y vestido a cuadros (Marie-Thérèse Walter), la joven amante y madre se muestra de perfil, con los rasgos físicos de Marie-Thérèse. El pintor hasta emplea los colores audaces y primarios con los que la pintaba a principios de la década de 1930, pero hay elementos en el retrato que sugieren la presencia cada vez más dominante de la nueva amante de Picasso, Dora Maar a la que pinta por esas mismas fechas como Mujer llorando. El pelo largo y oscuro, la angularidad y las pestañas gruesas de Maar contrasta con la voluptuosidad, ya madura, de Marie-ThérèsePicasso usa una paleta tonalmente cohesiva para crear un diálogo entre ambas pinturas.

Picasso. Izquierda: Mujer con boina y vestido a cuadros (Marie-Thérèse Walter), 4 de diciembre  de 1937. Óleo sobre lienzo, 55 x 46 cm. Colección privada. Derecha: Mujer llorando (Dora Maar), 26 de October de 1937. Óleo sobre lienzo, 61 x 50 cm, Tate Modern, Londres.


Hasta en el Guernica, su obra más icónica, y en la que recibió la colaboración directa de Maar para pintarla y fotografiar su proceso de creación, es dominante el modeolo humano de Marie-Thérèse.

Picasso. Guernica, 1937. Óleo sobre lienzo, 349,3 x 776,6 cm. Museo Reina Sofia de Madrid.


La relación entre las dos mujeres era comprensiblemente tensa. Cuando se declaró repentinamente la guerra, en septiembre de 1939, Marie-Thérèse y Maya estaban de vacaciones en Royan, al norte de Burdeos, y permanecieron allí hasta la primavera de 1941. La relación entre PicassoMarie-Thérèse se fue haciendo más esporádica y ni la adoración que sentía por su hija pequeña le hizo recuperar la pasión que sintió por Marie-Thérèse. La historia de amor no superó los 14 años.

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