martes, 29 de octubre de 2024

IDOLOS ANTROPOMORFOS DEL NEOLITICO Y DEL CALCOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

Durante el Neolítico final y el Calcolítico (IV y III milenio) se generalizan a lo largo de la Península ibérica, pero especialmente en su mitad meridional, unas pequeñas figuras sobre materiales diversos que sugieren representaciones humanas a las que se han denominado genéricamente como ídolos, aunque posiblemente no todos lo fueran. Artísticamente hablando hay que relacionarlas con la figuración mobiliar aparecida desde el paleolítico superior, con las figuritas de «venus» que simbolizan la fecundidad. En el Neolítico, surgen las “Diosas Madre”, asociadas a la fertilidad. Y con el tiempo, aparecen representaciones antropomorfas vinculadas al megalitismo, caracterizadas por su contenido simbólico y su relación con contextos funerarios. El esquematismo con el que están concebidas aporta una contemporaneidad a su diseño, que les hace comparable a la obra de artistas del siglo XX como Brancusi.

Distintos tipos de "ídolos" encontrados en la península ibérica entre el IV y III milenio. Composición tomada del artículo de Víctor Hurtado, Ídolos, estilos y territorios de los primeros campesinos en el sur peninsular.

En la foto superior podemos observar algunos de los tipos más usuales encontrados a lo largo de nuestra geografía durante este periodo. Hay varias hipótesis a cerca de qué función tenían, pero ninguna de ellas concluyente. Lo que sí se puede asegurar es que no eran simples objetos de uso común sino que constituían un modo de expresión cuyo simbolismo estaba relacionado con la esfera ideológico-religiosa. Al haberse encontrado la mayoría de estas piezas fuera de un contexto arqueológico su datación además no puede ser muy precisa.

Distintos ídolos antropomórficos realizados en distintos materiales (barro, marfil, hueso y piedra). Encontrados en yacimientos de España y Portugal.

Existen diferentes tipos estilísticos que vamos a analizar en este artículo.

Los "ídolos placa".

Son los más numerosos y antiguos porque se datan en un ancho espacio temporal que abarcaría desde el IV al II milenio a.C. Los materiales habituales en que se realizaron fueron la pizarra, el esquisto y la cuarcita, rocas que permiten obtener láminas muy finas (placas) y trabajarlas para obtener una forma trapezoidal. La pieza resultante puede mantener rasgos antropomorfos esquemáticos como los ojos, los hombros o la cabeza, aunque los hay puramente geométricos. El resto del "cuerpo" estaría grabado con  bandas lisas, reticuladas y en zig-zag. Suelen tener una o dos perforaciones en el extremo superior que podrían servir para llevar la pieza colgada del cuello por medio de una cuerda.

Ídolo placa de Granja de Céspedes (Badajoz). Calcolítico, 3600-2500 a.C. Pizarra. Forma rectangular. MAN.



Se han encontrado fundamentalmente en un contexto funerario (dólmenes y tholoi) en yacimientos del Suroeste peninsular, desde el Alentejo portugués y el Algarve hasta las provincias españolas de Cáceres, Badajoz, Huelva y Sevilla, donde el número de placas es más reducido. Son notables los encontrados en Granja de Céspedes (Badajoz), hoy pertenecientes al Museo Arqueológico Nacional.

Ídolo placa de Granja de Céspedes (Badajoz). Calcolítico, 3600-2500 a.C. Pizarra. Forma oval. MAN.


Si bien se ha considerado hasta hace décadas que podrían ser representaciones de la Diosa madre que se venía adorando desde el Paleolítico (unas "venus"), recientes estudios interpretan que serían indicadores de grupos familiares o del linaje de los individuos allí enterrados. Tendrían, por tanto, una función heráldica que identificase a una comunidad humana espacio-temporal en el que se incluirían tanto a los vivos como a los muertos. Los motivos geométricos grabados son diferentes unos de otros. Son signos que mostrarían la identidad familiar del difunto y el grado de parentesco respecto al antepasado fundador del grupo. Es decir, cada uno de ellos representaría un clan o linaje diferente.

Ídolo placa de Granja de Céspedes (Badajoz). Calcolítico, 3600-2500 a.C. Pizarra. Forma antropomórfica con simulación de cabeza y óculos. MAN.


      Los ídolos cilíndricos oculados.

      Corresponden cronológicamente al III milenio a.C., por tanto, algo más recientes, pero también coincidentes, con los ídolos placas. Se caracterizan por ser piezas cilíndricas sobre piedra o hueso donde la representación antropomórfica se limita a grandes ojos-soles circulares y cejas o tatuajes faciales de trazos curvos sencillos sobre los ojos. Bajo ellos se marcan líneas paralelas curvadas que se interpretan como un tatuaje facial. En la parte superior y trasera poseen líneas en zig-zag a modo de cabello. La nariz se representa ocasionalmente, mientras que la boca es poco común. 
        Ídolos oculados sobre hueso. El de la izquierda de Ereta del Pedregal (Navarrés, Valencia) y el de la derecha de la Cova de la Pastora (Alcoy, Alicante). Eneolítico: entre 2700 y 2200 años a.C.

        Los ojos, a menudo, aparecen en otros soportes como vasijas y arte rupestre. Alrededor de los ojos pueden aparecer líneas curvas que se interpretan como cejas .

        Oculado de Cabeçó d’Or, Relleu, Alicante.
        La mayoría de estas piezas han sido halladas en poblados en el interior de cabañas, en un contexto, por tanto, bien distinto al de las placas y posiblemente con una función también diferente. Pese a tratarse de representaciones asexuadas, se han relacionado con divinidades femeninas al encontrarse en un ámbito habitacional y se han relacionado con creencias centradas en el culto a la fertilidad y vinculadas a sociedades agrarias.

        Ídolo oculado (llamado "de Extremadura"). Alabastro, altura de 19 cm y diámetro máximo de 7 cm. Posiblemente procede del valle del Guadalquivir, hoy en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid.. Calcolítico (tercer milenio a.C.).

        Los ídolos cilindro están documentados fundamentalmente en Extremadura, en el Valle del Guadalquivir y en la Comunidad Valenciana, donde constituyen uno de los elementos característicos del Calcolítico local.

        Ídolos tritriangulares.

        Un grupo morfológico distinto son los conocidos como “ídolos almerienses”. Básicamente la forma humana se consigue al enlazar tres triángulos, correspondiendo el superior a la cabeza, el central al torso y el inferior a las piernas. En algunos ejemplares de piedra se marcan los hombros o los brazos alzados, creando un aspecto cruciforme.

        Algunos ejemplares de ídolos tritriangulares o cruciformes se han encontrado además de en yacimientos de Almería en Portugal, Granada, Murcia y Alicante. Los de abajo son de Perdigoes, Portugal. Son seis, todos ellos de hueso y procedentes de contextos no funerarios del Neolítico Tardío.




        Los ídolos antropomorfos.

        Serían la última manifestación de este proceso de representación simbólica y se relaciona con la aparición de las élites y los primeros indicios claros de jerarquización que darán paso a la Edad del Bronce. Es la manifestación simbólica menos numerosa y la que requiere una mayor dedicación en tiempo y habilidad para su elaboración de todas las conocidas entre los milenios IV y III a.C. Podrían tratarse de representaciones masculinas con la función de identificar la posición preeminente de ciertos individuos en su grupo social y ante otros grupos paralelos de poder. Sería la forma de legitimar y sacralizar su estatus elevándolos a la categoría religiosa, como intermediarios entre la sociedad y las creencias míticas.

        Izquierda. Ídolo antropomorfo de Valencina, Sevilla. Hueso. Altura, 15,3 cm. Derecha (falta la parte superior), ídolo de Cúllar, Granada. Calcolítico, 3000-2100 a.C. 

        Estas figuras que pueden estar desnudas o vestidas con pinturas que no se han conservado. Tiene el cabello en zigzag en el pecho y la espalda, y los brazos cruzados sobre el sexo. Las piernas son erguidas, aunque muchas están fracturadas por debajo de las rodillas, lo que sugiere que podrían estar sobre un soporte. Algunos ídolos carecen de cabeza, lo que permite la posibilidad de intercambiar rostros entre las figuritas. Además, algunas imágenes masculinas sostienen objetos en las manos.

        Más raras son las figuras antropomorfas femeninas. 

        Ídolos femenino y masculino procedentes de Marroquíes Altos, Jaén.

        Entre otros ejemplares conocidos en el sur de la Península Ibérica pueden citarse el de Valencina en Sevilla, el del Museo de Jaén -procedente del asentamiento de la Edad del Cobre de "Marroquíes Altos"-, y el del Museo Arqueológico de Granada, hallado en el poblado fortificado de "El Malagón" (Cúllar, Granada).

        Ídolos en Portugal. Yacimiento de Perdigões.

        También son muy interesantes las figurillas encontradas en el Alentejo portugués, muy relacionados con los extremeños, sobre todo en el yacimiento de Perdigões (Évora, Reguengos de Monsaraz) que se viene excavando desde comienzos del siglo XXI de forma sistemática y que ha dado lugar a un complejo megalítico y un catálogo amplio de figurillas de entre finales del Neolítico y el Calcolítico (IV y III milenio). Se han encontrado desde betilos de mármol hasta figurillas más realistas de marfil. El contexto de su hallazgo, en tumbas de cremación, confirma que pudieron tener una función funeraria. 

        Localización de ídolos oculados y antropomorfos en la Cuenca Media del Guadiana, desde Perdigoes hasta Trujillanos. Los puntos amarillos indican los poblados en llano; los puntos rojos los poblados fortificados. Composición tomada del artículo de Víctor Hurtado, Ídolos, estilos y territorios de los primeros campesinos en el sur peninsular.



        Betilo del Pozo 40 de Perdigões, que contenía restos humanos cremados. Mármol, posiblemente originario de 30/40 km al norte del yacimiento, en la zona de Borba / Vila Viçosa. Está decorado con los ojos radiales, las cejas, los tatuajes faciales y, en la espalda, el pelo en zigzag. Fechado a mediados del III milenio antes de Cristo.


        Figurillas antropomorfas de marfil de PerdigõesEl ser de marfil parece demostrar que a mediados del III Milenio a.C ya existían rutas comerciales de productos exóticos que se conectaban con la Península Ibérica. La mayoría han aparecido quemadas y fragmentadas, lo que sugiere que fueron sometidas al fuego con los restos humanos (así como con otros materiales). Destacan los grandes ojos de algunas de estas figurillas, que podían tener incrustaciones de pequeñas piedras (cuarzo) fijadas con una “arcilla blanca” para dar una expresión más dramática a los rostros. En algunos de los ejemplos presentan líneas en zigzag, que pueden interpretase como tatuajes. En otros casos, mantienen un objeto, de difícil interpretación. Unos pocos indican el sexo. 

        Figura ocular sobre hueso de Perdigões. Mediados / tercer cuarto del tercer milenio antes de Cristo. Ojos como rayos, cejas, tatuajes faciales y cabello por la espalda. 


        Otras figurillas antropomórficas de las que hay decenas de ejemplos en Perdigões so las hechas con falanges de ciervo o caballo, a las que se les han tallado "decoración simbólica" como la que aparece en las vasijas cocidas (ojos, tatuajes faciales, cabello en zig-zag, brazos, cinturones, etc...). Su aspecto son muy similares a algunas falanges decoradas de La Pijotilla (Badajoz, España).


         

        EL CALCOLÍTICO Y LA CULTURA MEGALÍTICA DE LOS MILLARES.

        Entre el IV y el III milenio a. C. las sociedades de la Península experimentaron una serie de cambios que, en el registro arqueológico, se manifiestan con mayor claridad en el sureste peninsular, en el curso bajo y medio del Guadiana y en el estuario del Tajo. Ese es el periodo que definimos entre el Neolítico final y la primera Edad de los metales, el Calcolítico o Edad del Cobre.

        Poblados fortificados calcolíticos en la Península ibérica.

        Los rasgos materiales que caracterizaron a estas sociedades desde el punto de vista arqueológico y artístico fueron:

        1.- La creación de asentamientos más grandes y permanentes con viviendas de diversos tipos y espacios comunales, controlando territorios por su valor estratégico en rutas comerciales o por sus recursos agrarios o mineros.

        2.- Un sistema de defensa complejo, que contaba con complejas murallas de piedra y, a veces, con una serie de fortificaciones que acentuaban el control territorial.

        3.- La utilización de enterramientos megalíticos como manifestación de la riqueza y de la pertenencia a un linaje.

        4.-  El empleo como ajuar funerario de elementos de prestigio social como objetos de cobre y vasijas decoradas y elementos simbólicos como idolillos oculados.

        Sin ninguna duda en este contexto destacan los yacimientos almerienses  por encima de todos como los más importantes de Europa.

        Localización de los yacimientos almerienses de El Argar y Los Millares.

        La cultura de Los Millares, Almería .

        La colonización neolítica de las tierras bajas del sureste peninsular se inició entre el VI y V milenio a. C. mediante pequeños asentamientos como Cabecicos Negros-El Pajarraco, en la Cuenca de Vera. A partir del IV milenio a. C., Neolítico reciente, se produjo un proceso de concentración del poblamiento en las tierras aluviales de mayor potencial agrícola, con la aparición de aldeas (El Garcel, Tres Cabezos, Churuletas...) asociadas a pequeñas sepulturas de cámara redonda o cuadrangular sin corredor y con escaso número de individuos inhumados.

        Contraste entre lo que sucede en el sureste-cultura de Los Millares y el resto de la península ibérica entre los años 4.000 y 2.200 a.C.

        Pero es en la Edad de Cobre, el Calcolítico, cuando se levantaron grandes asentamientos como el de Almizaraque, en el bajo Almanzora, o el de Los Millares, en el bajo Andarax, que contaban con complejas murallas y necrópolis de Tholoi. Tales núcleos se convirtieron en lugares centrales en torno a los que se vertebró un extenso territorio. El de Los Millares,  fue, sin duda, el de más recorrido cronológico, ya que estuvo habitado entre el 3100 a.C., momento en que empezó a configurarse, y el 2200 a.C. aproximadamente, cuando fue abandonado. También fue el de mayor importancia, ya que sus modelos urbanísticos y rituales se repitieron en otros poblados posiblemente por ser dependientes de él.

        Reconstrucción in situ de un grupo de cabañas de Los Millares para recreo de los turistas.

        El yacimiento de Los Millares (Santa Fe de Mondújar, Almería).

        Fue descubierto a finales del siglo XIX por el ingeniero belga Luis Siret durante la construcción de una vía férrea y excavado por su capataz, Pedro Flórez, que documentó los restos que fue encontrando. La meseta de Los Millares presenta una longitud de 1.5 Km en su eje mayor (este-oeste) y una superficie de 19 hectáreas, de las que 6 corresponden al poblado y las restantes a la necrópolis.

        Localización y contexto ecológico. El poblado estaba situado estratégicamente próximo a las minas de cobre de la sierra de Gádor, emplazado sobre un espolón amesetado, en la confluencia del río Andarax con la rambla del Huéchar. Actualmente este emplazamiento dista unos 20 Kms de la costa almeriense, pero en la Edad del Cobre el estuario del Andarax aún no se había colmatado y el río era navegable hasta el asentamiento. También la climatología era más propicia para una corriente fluvial estable.

        El yacimiento. En blanco la ubicación de los espacios arqueológicos más importantes y en color los ríos y ramblas que le rodean, así como el ferrocarril que lo atraviesa bajo un túnel. Debajo la rambla del Huéchar y el puente del ferrocarril.

        Gracias al registro obtenido en las excavaciones arqueológicas se puede saber que Los Millares gozaba de unas condiciones ecológicas más favorables que las actuales durante la Edad del Cobre. Por las faldas de las serranías vecinas descendía una densa cobertura vegetal compuesta por bosques de encina y matorral mediterráneo. Por encima de los 600 u 800 metros de altura dominaban los pinares, mientras las riberas del Río Andarax mantenían bosques de galería, compuestos por alisos, fresnos, álamos, sauces, tarayes, saúcos y cañas, que exigían un curso continuo de agua. Hoy eso parece imposible, puesto que estamos ante una de las zonas más áridas de España.

        Reconstrucción del poblado de los Millares.

        El poblado. Se estima que podía contar con una población de unas 1500 personas. El interior del asentamiento muestra una distribución organizada del espacio, en el que las viviendas compuestas por cabañas de planta circular con zócalos de mampostería, alcanzan distintas dimensiones en cada área del poblado. También se han descubierto varias estructuras de planta rectangular, como un taller metalúrgico y un gran edificio de carácter público que dominaba la zona central del poblado. Completan las instalaciones de carácter comunal una gran cisterna situada en la "ciudadela" y una conducción de agua, documentada ya por Siret, que cruzaba la meseta donde se asienta la necrópolis y, tras atravesar las murallas, alcanzaba la zona interna del asentamiento.

        La secuencia estratigráfica del asentamiento muestra el desarrollo del hábitat a través de varias fases de construcción durante el Cobre Antiguo (3200 al 2800 a.C.), cuando se construyen las tres murallas interiores, Cobre Pleno (2800 al 2450 a.C.), fase en la que se desmantela la tercera muralla y se construye la muralla exterior y la mayoría de los fortines, y Cobre Tardío (2450 al 2250 a.C.), cuando aparecen los primeros vasos campaniformes que después se producen masivamente en el poblado. El abandono de Los Millares tuvo lugar aproximadamente hacia el 2200 a.C., cuando comienzan a fundarse en los alrededores los primeros establecimientos de la Cultura de El Algar.

        Las murallas. El poblado de Los Millares llegó a poseer hasta tres líneas de murallas concéntricas, que cerraban y segmentaban un asentamiento de unas 4/5 ha. de superficie. Una cuarta fortificación, a modo de "ciudadela" cuadrangular, se sitúa en el extremo del espolón. La muralla exterior, construida tras una ampliación del asentamiento, cerraba un perímetro de unos 400 m de longitud y presenta a intervalos regulares 17 bastiones y torres, a los que hay que sumar dos barbacanas o puertas fortificadas, que protegen las entradas al recinto. Sus murallas sufrieron diversas reconstrucciones motivadas por continuos cambios en las estrategias defensivas: bastiones y barbacanas piriformes muy salientes; cuerpos de mampostería y pasillos que estrechan los accesos a las distintas áreas del hábitat; angostas aspilleras que pudieron ser usadas como saeteras, etc.

        Barbacana de entrada al recinto más externo.

        Los fortines. La defensa del perímetro. 

        En ambas márgenes de la rambla de Huéchar, hacia el sur, se alzan alineaciones de colinas en cuyas cotas más prominentes se asientan hasta 13 fortines, que controlaron el territorio próximo a Los Millares y el acceso al asentamiento.

        A tenor de su complejidad estructural cabe distinguir entre torres circulares simples, pequeños recintos con bastión adosados y recintos amurallados dobles de mayores dimensiones. El Fortín I es el más amplio, con unos 50 m de diámetro. Consta de dos líneas concéntricas de muralla, circular la exterior y poligonal la interior, a las que se adosan bastiones, barbacanas y profundos fosos. En sus recintos interiores se han localizado cabañas con talleres para la producción de puntas de flecha de sílex, un gran espacio colectivo dedicado a la molienda y zonas de almacenamiento.

        Fortines sobre el Huéchar y planta del fortín I.

        La necrópolis.

        Junto al poblado se extienda la necrópolis, compuesta por unas 80 tumbas megalíticas de corredor con cámaras circulares y cubiertas planas de madera o de falsa cúpula de mampostería (Tholoi) creando una estructura tumular que era cubierta con arena. La falsa cúpula era una técnica constructiva de piedra que permitía techar las cámaras funerarias mediante el acercamiento progresivo de las hiladas, sin necesidad de recurrir al arco.
        El conjunto era una verdadera ciudad de los muertos, cuya dimensiones era tres veces superior a las del hábitat fortificado.

        Recientes dataciones por carbono14 de restos de las tumbas, parecen demostrar que la necrópolis megalítica precedió en 200 años al poblado de Los Millares, lo que indica que se trataba de un lugar sagrado y funerario, que atrajo a diferentes grupos humanos a establecerse en sus inmediaciones. Los primeros enterramientos se realizaron entre el 3220−3125 antes de Cristo (hace unos 5200 años) y los últimos entre el 2390−2295 a. C.; por lo tanto la necrópolis estuvo en uso casi un milenio.

        Éstos dólmenes de corredor son uno de los elementos más característicos de la cultura calcolítica de Los Millares. Existen paralelos en otras culturas o civilizaciones, como las posteriores tumbas micénicas; sin embargo, ello no implica la existencia de relaciones o vínculos entre las comunidades donde aparecen estas construcciones.

        Reconstrucción de un tholos o sepulcro comunitario de Los Millares. La foto de abajo es una reconstrucción en el Museo de Almería.

        La monumentalidad de los diversos tholoi pone de manifiesto que se trata de estructuras funerarias de especial trascendencia en el mundo de los vivos. Probablemente cada tholos correspondía a un linaje o grupo familiar, que manifestaba su preeminencia a través de la complejidad y envergadura de esta construcción. El conjunto de la necrópolis de Los Millares, constituida por decenas de estructuras de este tipo, representaba, más allá  del estricto paisaje funerario, una parte esencial del paisaje social de aquella comunidad. El sepulcro, como testimonio monumental de cada linaje o clan preeminente, era un lugar de culto y recuerdo de los orígenes del grupo, en el que se desarrollaban rituales que fomentaban la cohesión social.

        El anillo exterior de losas o mampostería se abría en la entrada a la sepultura formando un vestíbulo donde tuvieron lugar ceremonias especiales, a juzgar por el hallazgo en este lugar de numerosos betilos de piedra, que posiblemente representaban a los difuntos.

        Destacan en el corredor, las losas perforadas, que parecen representar el umbral entre los dos mundos, el terrenal y ultraterreno, las etapas de paso que se deben recorrer en el tránsito del uno al otro, y que, además, pudieron simbolizar el acceso restringido a la tumba para una parte de la comunidad.

        Posiblemente los inhumados en el sepulcro eran miembros del mismo linaje o grupo familiar. Se trataba de inhumaciones primarias realizadas de manera individual, aunque la necesidad de ubicar los nuevos fallecidos obligaba a mover y arrinconar los restos. El resultado final era un sepulcro colectivo, donde los ajuares funerarios (que mostraban la riqueza diferenciada de cada personaje y grupo) se entremezclaban con restos humanos masculinos y femeninos. Algunas cámaras presentan individuos inhumados de forma diferenciada. La especial inhumación de los individuos infantiles puede deberse a que comenzaban a ser considerados individuos de pleno derecho.

        Los ajuares. Los ajuares funerarios son muy diversos: puntas de flecha, cuchillos, útiles de metal (cobre), recipientes cerámicos, vasos de alabastro, pequeños ídolos de piedra o hueso, peines de marfil, etc. De la indumentaria, sólo se conservan algunos objetos de adorno personal, principalmente cuentas de collar realizadas en piedra, concha, hueso, marfil e incluso azabache. No todos los miembros de la comunidad eran enterrados a su muerte en estas tumbas colectivas. Este hecho, asociado a las diferencias constructivas y de ajuar indicaría la existencia de una sociedad que empezaba a diferenciarse. La relevancia ideológica de determinados productos como las cerámicas "simbólicas", los idolillos, las estatuillas antropomorfas y objetos votivos de piedra, marfil y hueso, y, más tarde, la cerámica campaniforme, actuaban como símbolos del poder.

        En los monumentos funerarios, se han encontrado piezas de marfil procedente de Asia y África, huevos de avestruz y ámbar. Esto demuestra que era una sociedad que mantenía contactos a gran escala a través del Mediterráneo, aunque curiosamente en su dieta la presencia de proteínas marinas es casi inexistente.

        Ajuares de las tumbas nº 15 y 40.

        El hinterland. Más al sur, sobre las lomas y terrazas situadas en el piedemonte de la sierra de Gádor y separada de los Los Millares por la línea de fortines, se extiende una importante agrupación de necrópolis dolménicas asociadas a varios poblados de pequeñas dimensiones. Las prospecciones realizadas en el bajo y medio Andarax han mostrado la articulación de los pequeños poblados y  necrópolis dolménicas del valle respecto al yacimiento de Los Millares.


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        lunes, 28 de octubre de 2024

        LA ARQUITECTURA NEOLÍTICA Y DE LA EDAD DE LOS METALES. CARACTERÍSTICAS DE LOS PRIMEROS POBLADOS Y DE LAS CONSTRUCCIONES MEGALÍTICAS.

        La arquitectura, arte de crear espacios estables, aparecerá mucho más tarde de lo que lo hicieron sus hermanas la escultura y la pintura. Si de éstas encontramos las primeras obras hace 40.000 años en el Paleolítico Superior, de la arquitectura habrá de esperar hasta el periodo prehistórico conocido como Neolítico.

        PRECISIONES CRONOLÓGICAS A CERCA DEL NEOLÍTICO Y DE LA EDAD DE LOS METALES

        El Neolítico es un periodo difícil de precisar cronológica y geográficamente. Los "inventos" de la agricultura y de la ganadería con los que se da comienzo a esta etapa prehistórica fueron descubiertos por el hombre hacia el 8.000-7.000 a. C. en la zona entre Egipto y Mesopotamia, conocida como Creciente Fértil. Estos descubrimientos fueron trasmitidos o surgieron espontáneamente en otras zonas en milenios posteriores. En algunos lugares de Europa coincide la llegada de aquellos adelantos neolíticos con la invención de la escritura en Egipto y Mesopotamia (en torno al 3.000 a. C.). La entrada en la historia de estas regiones no nos debe hacer pensar que el resto del mundo lo hacía. Europa, por ejemplo, nos irá desvelando su historia paulatinamente a lo largo del I milenio a. C., primero los griegos y luego los romanos.

        Expansión descubrimientos agrícolas y ganaderos del Neolítico entre  9600–4000 a.C.



        Al existir un desfase entre la historia del Próximo Oriente y la historia de Europa -del 3.000 al 600 a. C., incluso al 200 o al 100 a. C. para España- los investigadores han creado una denominación, Edad de los Metales, para designar a ese tiempo en Europa. Este momento es un periodo neolítico cuya particularidad es que se domina la tecnología de la metalurgia. Esta etapa se subdivide en milenios que, a grosso modo, coinciden con la difusión de la técnica de obtención de algún metal: el más antiguo es el Cobre o periodo Calcolítico (III milenio), le sigue el Bronce (II Milenio) y, por último el Hierro (I Milenio).

        Etapas de la Edad de los Metales según civilizaciones.


        Contempla esta presentación y lee a continuación el texto que le acompaña.



        LOS PRIMEROS POBLADOS

        En el Neolítico el hombre deja de ser nómada al obtener los alimentos básicamente de la ganadería y de la agricultura. Ya no tiene que seguir a las manadas de herbívoros que hasta entonces cazaba y sí hacerse sedentario para proteger sus cosechas, sus rebaños y sus pastos. Al asentarse en un lugar fijo los grupos humanos pueden mejorar su vivienda, que ya no es provisional sino fija, y dedicarle un trabajo suficiente para que resulten lo más confortables que puedan. Cada sociedad creará un modelo de vivienda y de poblado en función de muchos factores:

        - el material que tenga más a mano (piedra, barro, caña, madera…) o el terreno donde se asienten (palafitos de madera y caña construidos sobre el agua o en terrenos pantanosos).

        - las condiciones climatológicas y del medio influirán en: el grosor de los muros (preservación de temperaturas extremas); la forma de los techados (planos con aljibes para recoger el agua de lluvia en zonas de sequía o en vertiente para evacuarla y evitar goteras donde abunda); el color de las fachadas; la adaptación al relieve buscando la altura como defensa.

        - Las actividades económicas a las que se dediquen y su prosperidad determinarán: el tamaño de las construcciones y del asentamiento; las dependencias necesarias adaptadas a funciones especializadas (almacén de alimentos, bodega, establos…); y la existencia o no de espacios comunitarios (corrales, templos, plazas, tumbas, fosos, murallas…).

        Cabañas del neolítico a la Edad de los Metales. Palafito y construcción de viviendas de adobe y ramas.
        De las primeras chozas rudimentarias donde habitan apenas unas cuantas familias pasaremos a los poblados populosos en los lugares en donde, sobre todo, prospere la agricultura. En Çatal Huyuk, Turquía, se calcula que pudieron llegar a vivir hacia el 6.500 a. C. hasta cinco mil personas. Otros asentamientos que se desarrollarán a partir de la Edad de los Metales en Europa serán los que controlen las zonas de extracción de minerales, ejemplo de ello es el poblado de los Millares en Almería.



        LOS MONUMENTOS MEGALÍTICOS.

        No obstante, lo más característico de este periodo en Europa Occidental y Central son las construcciones megalíticas, fruto de las creencias religiosas y funerarias del hombre del neolítico y de las edades del Cobre y del Bronce. El término megalitos significa rocas grandes y en verdad lo son por sus dimensiones (varios metros) y por su peso (toneladas). Piénsese en el esfuerzo que supondría con los medios de la época obtener las piedras de canteras; arrastrarlas hasta el lugar concreto donde erigirlas, a veces durante decenas de kilómetros; cavar profundas hondonadas donde asentar el megalito o prolongadas rampas para asentar las rocas de forma adintelada. Al trabajo físico habría que añadir dos dificultades más: la necesidad de tener un nivel de coordinación eficiente para realizar estas tareas y un grupo humano importante y motivado para realizar tamaño esfuerzo.
        Varios son los modelos de megalitos que encontramos.


        • El tipo más sencillo es el menhir. Una gran piedra vertical clavada profundamente en la tierra de la que no se conoce una interpretación segura. Para algunos sería una forma mágica de clavar al inframundo el alma de los muertos, para otros una manera de señalar el territorio tribal; algunos piensan en él como un tótem. Algunos de estos menhires, como el de Locmariaquer en Francia, pueden superar los diez metros de altura.
        Menhir El Cabezudo de Valdeolea, Cantabria (España). Piedra arenisca con una altura total de 4,85 m (la parte visible mide 3,85 m) por un ancho de 1,20 m; su peso se estima en 5 toneladas.
        • El menhir puede aparecer solitario o agrupado formando hileras o alineamientos, como el de Carnac en Francia, donde existen once filas de casi tres kilómetros de longitud.
        Alineamientos en Carnac, Bretaña francesa.
        • Los menhires colocados en círculo forman los cromlechs, el más célebre es el de Stonehenge, cerca de Salisbury (Inglaterra) datado al comienzo de la Edad del Bronce. Estos monumentos tenían como función predecir a través de la posición de los astros los momentos del año propicios para el trabajo agrícola y probablemente también estuvieran relacionados con el culto al sol.
        Crómlech de Stonehenge. Posee alrededor de 162 megalitos, además de otros elementos como hoyos, fosos, montículos, etc., construido entre el final del Neolítico y principios de la Edad del Bronce (3.100- 2000 a. C.), Inglaterra. La mayoría de los megalitos de arenisca, llamados sarsens, provienen de un sitio específico llamado West Woods, ubicado a unos 25 kilómetros de Stonehenge. Cada roca pesa alrededor de 20 toneladas. Los menhires más pequeños (80), conocidos como bluestones o arenisca azulada, que integran los círculos interiores, sin embargo, provienen del suroeste del actual Gales y tuvieron que recorrer más de 300 kilómetros para llegar al lugar sagrado. Es evidente su alineación con el amanecer de los solsticios de verano.


        • El dolmen es la construcción megalítica más difundida. La forma más simple consiste en una serie de piedras clavadas al suelo verticalmente cubiertas por una o dos horizontalmente formando una cámara que era utilizada como lugar de enterramiento comunitario. En su origen la construcción se tapaba con un montículo de arena y cascote conocido como túmulo.
        Dolmen de Villanueva, Álava. Fue descubierto por casualidad en el año 2009. El dolmen de corredor  de la Edad de Bronce. Consta de una cámara de forma poligonal formada por seis losas verticales (ortostatos), el corredor con una longitud de 2,30 metros al interior, el túmulo con forma ovalada y conserva también dos losas del corredor. Se estima que su altura debió rondar los 3 metros.
        • Cuando las sociedades están más evolucionadas se levantan dólmenes más complejos para servir posiblemente de tumba a las elites locales. En las sociedades del sur de España enriquecidas por la metalurgia encontramos ejemplos de dos tipos de dólmenes inspirados en construcciones del otro extremo del Mediterráneo. En la cueva de Menga y  en la de Viera en Antequera (Málaga) o en el dolmen de Soto en Trigueros (Huelva), la cámara mortuoria se prolonga a lo largo de un pasillo o galería, que a lo sumo tiene un soporte intermedio entre las paredes. En todos los casos la construcción se hace con grandes rocas. En cambio, en la cueva del Romeral de Antequera (Málaga) o en las tumbas de Los Millares (Almería), algo posteriores, el pasillo se abre en una o dos cámaras circulares cubiertas con una falsa cúpula y construidas con piedras de tamaño más pequeño.
        • De la fase final de la Edad del Bronce son los monumentos exclusivos de las islas Baleares: las taulas, monumentales mesas de piedra de difícil interpretación; las navetas, cámaras mortuorias con forma de barca invertida; y los talayots, torres de planta circular o cuadrada que tendrían función defensiva y de observatorio/faro.
        Naveta des Tudons, Menorca (España). Construida hacia el 1400 a. C. y usada hasta el 750 a. C. como tumba colectiva.



        Para saber más sobre el megalitismo y la arquitectura del Neolítico y de la Edad de los Metales ved este otro artículoLOS DÓLMENES DE VIERA Y DE MENGA EN ANTEQUERA. EL EQUINOCCIO DE OTOÑO.


        Si además queréis ver un ejemplo de poblado del calcolílito, el de los Millares, pulsad en este otro artículo.