miércoles, 23 de abril de 2025

BABILONIA. LA CIUDAD Y SUS SISTEMAS DEFENSIVOS: MURALLAS, FOSOS, PUENTES Y PUERTAS MONUMENTALES. La puerta de Ishtar. (3/4)

Tras explorar la historia de Babilonia y familiarizarnos con las fuentes antiguas y los hallazgos arqueológicos que nos permiten reconstruir esta legendaria ciudad, en este artículo nos centraremos en la planificación urbanística y en el sistema defensivo. En un último capítulo trataremos de los edificios más característicos, palacios y templos.








Relevancia histórica de Babilonia.

Babilonia, situada a la derecha del río Éufrates y extendiéndose también por la ribera izquierda, fue una ciudad de gran relevancia histórica. Su ubicación estratégica, cercana al Tigris, no sólo le permitió ejercer control político y comercial sobre las rutas fluviales de la Mesopotamia central, sino que también le convirtió en el centro cultural y arquitectónico de la región. Incluso en sus momentos de declive, la influencia de Babilonia persistió a lo largo de la historia, siendo un testimonio de la evolución urbana y del desarrollo de civilizaciones complejas. La proximidad de Bagdad, la actual capital de Irak, a las ruinas de Babilonia -a  tan sólo 90 kilómetros- subraya la continuidad histórica de esta área, resaltando la importancia de las ciudades antiguas en la formación de las sociedades contemporáneas. 

Plano de la ciudad interior reconstruido por Byzancium 1200. Si pinchas en la foto podrás verlo a gran tamaño y ver las ubicaciones de los principales edificios y barrios. 


Babilonia se desarrolló a través de una evolución histórica de construcciones y reconstrucciones, en lugar de surgir de un único proyecto fundacional. Sin embargo, su máximo esplendor llegó con Nabucodonosor II en el siglo VI a. C., cuando la ciudad probablemente se convirtió en la primera en superar los 200.000 habitantes. En ese momento, su extensión abarcaba aproximadamente 1.000 hectáreas, identificándose tres sectores urbanos de distintas etapas históricas: 
  1. La ciudad antigua oriental, situada al este del Éufrates. Esta era la parte más monumental y central. Con una superficie de 375 ha, superaba ligeramente el área de la capital asiria de Jorsabad durante el reinado de Sargón. Esta es la ciudad en la que los arqueólogos alemanes concentraron su atención, 
  2. La ciudad nueva occidental, ubicada al oeste del río y conectada por un puente. Junto con la ciudad antigua, formaba un recinto de planta relativamente rectangular, con dimensiones de 1,5 x 2,5 kilómetros, creando un perímetro de unos ocho kilómetros. 
  3. Y la ciudad externa oriental, que rodeaba la antigua ciudad por el norte, este y sur, creando un triángulo. 
Reconstrucción a vista de pájaro de la ciudad de Babilonia. Se aprecian muy bien los dos recintos amurallados: la ciudad interior, de forma rectangular y situada a ambas orillas del Éufrates, y la ciudad exterior oriental, que incluía los arrabales también amurallados en tiempos de Nabucodonosor II.

El plano y el urbanismo. Aunque existen numerosas reconstrucciones actuales y planos de la ciudad debemos ser cautos al considerarlos como exactos, ya que hay grandes áreas inexploradas. Por ejemplo, la parte de la orilla occidental es inaccesible para el estudio arqueológico, dado que el curso del río Éufrates se fue desplazando en esa dirección desde la antigüedad. Además, debido a la falta de información arqueológica completa, los investigadores han tendido a simplificar el plano, especialmente en lo que respecta a la red de calles. 

Uno de los mejores planos sencillos y con una leyenda adecuada de la ciudad de Babilonia en el reinado de Nabucodonosor II.

Debemos a Eckhard Unger (en su obra Babylon: der heilige Stadt nach der Beschreibung der Babylonier, 1931) la impresión general de que la ciudad fue diseñada bajo el formato de una cuadrícula, lo cual hoy se considera engañoso. Unger, basándose en las memorias de excavación y el Tintir, reconstruyó la red de calles partiendo de la premisa de que las vías principales estaban asociadas a una puerta específica de la ciudad y que desde allí se disponían en un recorrido recto hacia el centro, siguiendo las líneas paralelas o perpendiculares a las murallas.

Plano esquemático de Babilonia trazado por Unger (1931).



Los resultados reales de las excavaciones de Robert Koldewey nos presentan sólo una visión limitada, centrada en las principales estructuras excavadas en el lado oriental. Estas incluyen: 
  • El Palacio Sur y el Palacio Norte, en las proximidades de la Puerta de Isthar.
  • Las  murallas y las otras puertas del recinto más antiguo. 
  • Los arranques de los pilares del puente sobre el Éufrates.
  • El zigurat (Etemenanki) y su recinto en el centro de la ciudad, a orillas del río.
  • El templo de Marduk (Esagila), justo al sur del recinto del zigurat, así como los más pequeños de Ishtar, de Ninmah y de Nabu.
  • Y, por último, la zona residencial de Merkes, situada al otro lado de la avenida procesional.

Plano de las excavaciones llevadas a cabo en Babilonia. Plano según Baker: Reconstructing Ancient Babylon: Myth and Reality (2019). y por Andrew George (Babylonian Topographical Texts, 1992).



L
Los sistemas defensivos de Babilonia. 
Murallas, fosos, puentes y puertas monumentales.

Desde sus albores, las ciudades mesopotámicas se erguían tras imponentes murallas, que no solo las protegían, sino que también simbolizaban la esencia misma de la civilización. El rey asumía la noble responsabilidad de ser protector de su pueblo, de edificar los sistemas de defensa y de adaptarlos a los desafíos del arte de la guerra que cada momento histórico traía consigo. Entre estas ciudades, Babilonia brilló con especial fulgor, y bajo el reinado de Nabucodonosor, las murallas alcanzaron su máxima expresión, erigiéndose como un testimonio de la grandeza de su imperio y de la indomable voluntad de su rey.

Las defensas. las murallas y los fosos.

Las murallas de la ciudad, descritas por Herodoto y Filón, resultaron ser una exageración en cuanto a sus dimensiones, pero no en lo que respecta a su construcción y a su disposición, como se pudo comprobar tras las excavaciones. 

Existió un cinturón exterior, constituido por una muralla de 18 km de forma triangular, dotada con torres. Nabucodonosor II  la añadió para que la población que vivía en sus aledaños pudiera refugiarse en caso de guerra, así como para englobar por el norte el llamado palacio de verano del rey. Norte y este eran, supuestamente, los lados más expuestos a eventuales enemigos del imperio babilónico. Este recinto amurallado exterior estaba compuesto por tres muros y un foso.
Por su parte, el cinturón interior, de 8 km, constaba de tres muros de adobe reforzados con torres. Según los historiadores, dos de ellos, los más internos, estaban construido al menos desde época kasita (s. XV a. C.) y conformaban una unidad arquitectónica defensiva de más de 17 metros de profundidad total. Durante las excavaciones, Robert Koldewey encontró varios cilindros de fundación que los nombraban. El muro que daba al interior de la ciudad era conocido como Imgur-Enlil, siendo el más alto y ancho, con una altura de 13 o 14 metros y un espesor de 6,5 m. Un pasillo de ronda de aproximadamente 7 metros daba paso al muro intermedio, llamado Nimit-Enlil, que era más bajo, con 8 o 9 metros de altura y un espesor de unos 3,5 m.

Reconstrucción del Imgur-Enlil y el Nimit-Enlil.


En la época neobabilónica (siglo VI a.C.), el sistema de defensa interior se completó con una tercera muralla o muralla del foso.  Esta contaba con un paseo de ronda de 15,80 metros que le separaba del recinto primitivo. Desde sus 14 a 15 metros de altura dominaba un foso de 80 metros de ancho. El muro tenía 6,80 metros de espesor y estaba equipado de torres cada 50 metros. Delante de estas estructuras se excavó un foso navegable, alimentado por las aguas del Éufrates, que rodeaba la ciudad en su totalidad y era atravesado por puentes situados frente a las puertas principales de la ciudad. 

Reconstrucción de la muralla interior por JR. Casals para National Geographic. La muralla más interior estaba coronada por 250 torres de 9,40 x 11,40 m dispuestas a convenientes intervalos de 18 m.  La muralla intermedia, Nimit-Enlil, se levantó con medias torres más bajas que medían 5,10 x 5,80 m. Por último, la muralla externa, o del foso, de Nabucodonosor formaba una escarpa o muro de retención de un gran foso con torres más espaciadas. 







El Éufrates tenía también su propia muralla a ambos lados del río. Construida a lo largo de 1,5 kilómetros -y posiblemente extendiéndose más al norte y al sur-, esta muralla protegía la ciudad interior de Babilonia de inundaciones y ataques fluviales. No era tan compleja como los otros sistemas defensivos, ya que el río proporcionaba mayor protección. 

Babilonia, 550 a. C. Etemenaki o la Torre de Babel. Realizado por j. R. Casal para la revista histórica Arqueología e Historia Desperta Ferro nº 10 "Babilonia y los Jardines Colgantes". En la ilustración se puede ver el puente con sus seis pilares y el tramo de murallas a ambos lados del Éufrates.



El puente del Éufrates que dividía Babilonia.

La ciudad estaba dividida por el río Éufrates, que constituía el origen del emplazamiento urbano, actuando como un importante eje de comunicación a escala regional e incluso internacional. El río dividía la ciudad en dos partes, las cuales se unían a la altura del barrio sagrado mediante un puente que Quinto Curio incluyó entre las maravillas de Oriente. Dicha estructura la componían seis pilares en forma de nave, situados a nueve metros de distancia entre sí. Era una obra de ladrillo cocido unido con betún que medía 123 metros de longitud. El camino se realizaba sobre tablas de madera levadizas. Este puente es una muestra del avanzado nivel técnico de los arquitectos de Babilonia.

Planta y sección del puente de 123 m entre los marcadores rojos. A unos 2 m y justo por encima, hay restos de algunos niveles de calle pavimentados relacionados con el puente (azul). A unos 6,5 m se encuentran los restos de una calle con columnas de los partos (verde). Wetzel 1930, pág. 51.


L
Las puertas.

La tablilla V del Tintir presenta la lista de las ocho puertas de acceso de la muralla interna de Babilonia, de las cuales siete estaban dedicadas a divinidades y una al rey. Estas puertas son: Ištar (diosa del amor y de la guerra), Marduk (dios nacional babilónico), Zababa (dios guerrero patrono de la ciudad de Kiš), Uraš (divinidad titular de Dilbat), Šamaš (dios de la justicia), Adad (dios de la tormenta), la Puerta del Rey y la de Enlil (patrón de Nippur). El emplazamiento de algunas ellas ha podido fijarse con exactitud y cuatro han sido excavadas: las de Marduk, Zababa, Urash e Ishtar. Sólo en el caso de esta última se tiene la absoluta seguridad de su identidad, ya que se encontró en ella una inscripción neobabilónica. 
Yo Nabucodonosor, rey de Babilonia, hijo de Nabopolassar, (rey de Babilonia.] [he construido) la Puerta de Ishtar con piedras vidriadas (de color azul) para Marduk, (mi) señor. 
Ubicación de las puertas sobre la reconstrucción de la Babilonia del 550 a. C. de J.R. Casals, para  la colección de libros "Arqueología de National Geographic" (2018). 


Las puertas excavadas presentan un diseño constructivo similar, consistiendo en una estructura de  doble puerta ubicada entre el Nimetti-Enlil y el Imgur-Enlil. El primer vano del acceso medía 4,50 metros de ancho y atravesaba una sala estrecha de 74 m², posiblemente usada por el cuerpo de guardia, que estaba protegida por dos pequeñas torres. Antes de entrar en la segunda muralla, se pasaba por un pequeño espacio descubierto, previo a la segunda puerta acceso, que te introducía en un pasillo sin techo alargado de 171 m², con muros de 5-7,5 metros de espesor. Dos altas torres flanqueaban este segundo acceso. Las diferencias en las dimensiones de los muros de la estructura de la primera y de la segunda puerta sugieren una variación en la altura entre las dos puertas. Es de suponer, también, que los tejados estuvieran conectados y fueran accesibles desde las murallas para tener controlado desde la altura cualquier paso del enemigo por este estrecho pasillo. En su conjunto la puerta tenía una longitud de 48 metros.

Reconstrucción de la puerta de Ishtar desde el aire y planta. La puerta de J.R. Casals, para  la colección de libros "Arqueología de National Geographic" (2018). 





El sistema de defensa de la ciudad interior incluía un tercer muro, conocido como "muro del foso", que contaba con puertas más simples. Para cruzar el foso lleno de agua, se construyó un puente levadizo de madera frente a cada puerta. En el foso frente de la puerta de Uraš, los arqueólogos alemanes encontraron restos de tablas de madera, cañas y un pilar de ladrillo, que probablemente servía para anclar la estructura levadiza hacia la orilla opuesta. Este sistema también se ha identificado en otras puertas.

Planta de la puera de Urash y reconstrucción de Byzancium1200.




La avenida procesional y la puerta de Ishtar.

El principal acceso a la ciudad se realizaba por el norte, a través de la puerta de Ishtar. Por ella se accedía directamente al palacio del monarca y, por eso, Nabucodonosor lo convirtió en el más complejo y adornado. Aquí encontramos que el puente y la muralla del foso se separan de la puerta del casco histórico interior por una imponente calle de 250 metros de largo y una anchura de 20 metros a la que se ha llamado avenida procesional. La avenida funcionaría como un corredor de tránsito protegido por murallas, además de ser un espacio para ceremonias religiosas y políticas. Al fondo, la puerta de Ishtar destacaba por su imponente arquitectura y decoración, realzando la solemnidad de cualquier evento y simbolizando la grandeza de la ciudad.

Reconstrucción de la Via de las Procesiones desde el puente que salva el foso hasta la Puerta de Ishtar de la ciudad de Babilonia (s. VI a.C). Reconstrucción por Rocío Espín. 



Desde una perspectiva arquitectónica, esta avenida supuso crear una anomalía, a modo de apéndice, en el plano rectangular de la primitiva ciudad. El ambicioso proyecto de Nabucodonosor II partía de la necesidad de expandir el complejo palaciego fuera de las murallas originales y de dar más solemnidad y monumentalidad a la entrada al palacio y a la ciudad. Para llevar a cabo esta visión, se desplazaron el foso y la muralla exterior más de 200 metros hacia el norte. Sin embargo, el rey quiso respetar el antiguo camino de entrada y la ubicación de la venerada puerta de Ishtar de la muralla interior, fusionando el legado del pasado con la imagen gloriosa que deseaba proyectar de su poder sobre un vasto imperio. 

Contraposición en dos imágenes de la vista desde el norte de la ciudad de Babilonia entre los siglos VII y VI a. C., destacando los recintos sagrados, las murallas y fosos, pero especialmente la puerta de Ishtar y el área del palacio, según Olof Pedersén: Babylon. The Great City (Open Access). Zaphon, Münster 2021. En la imagen superior, el área en el siglo VII a. C., bajo el reinado de Nabopolasar, cuando todavía esta parte mantiene la línea del foso que rodeaba el plano rectangular de la ciudad. La antigua puerta de Ištar (señalada por una flecha violeta) está construida con ladrillos de barro sin cocer, como el resto de la muralla en que se integraba. En la imagen inferior, se muestra la misma vista a mediados del reinado de Nabucodonosor. El palacio (sur) se ha transformado con nuevas dependencias embellecidas con ladrillos vidriados y más allá de la muralla interior hay una nueva esplanada donde se ha construido el nuevo palacio norte, triplicando el espacio palaciego con nuevas instalaciones y fortines. Se ha creado la Vía Procesional y se ha alzado una nueva Puerta de Ištar (flecha amarilla) sobre la antigua, quedando elevada con respecto a la muralla que se adosa. Esta puerta está decorada con ladrillos vidriados formando relieves.
Al cruzar el puente sobre el foso y la plazuela de la puerta de esta muralla, nos encontraríamos con un camino que, durante aproximadamente 180 metros, discurriría espectacularmente flanqueado por murallas con torres. Estas tenían 7 metros de grosor y formaban la unión entre las fortificaciones avanzadas del norte y las defensas interiores. El trayecto culminaba en una plaza frente a la puerta de Ishtar. Los visitantes que utilizaban este acceso en el siglo VI a. C. seguramente experimentarían una profunda impresión. La amenazante altura de los muros, que se elevaban entre 10 a 14 metros, junto con las almenas apiramidadas que los coronaban, generarían una sensación de temor y grandeza, pues era un verdadero camino de muerte para cualquier enemigo que intentara llegar a la ciudad. Mientras que el vibrante colorido del revestimiento de la base de este pasillo procesional añadiría el toque de esplendor y lujo que el rey deseaba transmitir. 

Maqueta en la que se reconstruye la Via Procesional y la Puerta de Ishtar de la ciudad de Babilonia (s. VI a.C.). Maqueta en el museo de Pérgamo de Berlín.


La avenida procesional estaba decorada con 60 leones, hechos en relieve con ladrillos vidriados y coloreados. Los leones, de tamaño ligeramente inferior al natural, eran representados caminando uno detrás de otro. Estos animales no sólo reflejaban el poder y la grandeza del imperio y su capital, sino que también simbolizaban -como sus animales sagrados- a una de las deidades más importantes de los babilonios, la diosa guerrera y de la fertilidad Ishtar. 

El León andante del palacio de Nabucodonosor II del pasillo procesional. Ladrillos esmaltados, 1,22 m de altura por 1,83 m de ancho.




Los azulejos representaban leones avanzando hacia la derecha o hacia la izquierda, dependiendo de si se estuvieran en el muro oriental o en el occidental. Algunos de ellos eran blancos con crines amarillas, y otros amarillos con crines rojas. El fondo era de color azul claro u oscuro y las cabezas, ya fueran vistas desde la izquierda o desde la derecha, eran todas iguales, como si hubieran sido fundidas en un molde. No se encontraron ninguno in situ, ya que las murallas fueron saqueadas en busca de ladrillos. El zócalo estaba decorado con filas de rosetas de hojas anchas. 


Este arte en arcilla es una forma especializada de relieve que se distingue de otros estilos artísticos. Para realizar estos relieves fue necesario contar con un molde previo del cual obtener múltiples figuras. Las juntas de los azulejos cumplen una función real: regular las proporciones y sustituir las líneas cuadradas con las que, por ejemplo, los artistas egipcios diseñaban sus obras. El ladrillo, una vez moldeado y antes de ser esmaltado, se cocía como cualquier ladrillo común. Luego sobre su superficie se dibujaban los contornos con líneas negras de un vítreo fácilmente fundible. En su interior se rellenaban con esmaltes líquidos de colores, todo secado y luego fundido. Como las líneas negras tenían el mismo punto de fusión que las partes coloreadas, a menudo se mezclaban con los propios colores, dando así a la obra ese aspecto armonioso y brillante que hoy admiramos. Este arte no solo refleja una técnica refinada, sino que también encarna una profunda conexión entre la creatividad humana y los materiales naturales, elevando el relieve en arcilla a una manifestación de esplendor cultural y estético.

El relieve que sobresale no es plano, como el que hacían los artistas asirios sobre la piedra de alabastro de sus palacios, sino redondeado, buscando obtener un volumen más realista en la figura. 



La puerta de Ishtar, erigida por Nabucodonosor II, es el resultado de distintas reconstrucciones y modificaciones realizadas a lo largo de los siglo anteriores. El rey del siglo VI a. C. no se atrevió a cambiar el curso del camino, como él mismo dejó constancia en una inscripción del edificio. Sin embargo, varios terraplenes habían dado lugar a una elevación en forma de rampa, que alcanzaba una altura de unos 15 m por encima del área circundante frente a la puerta. 


Las excavaciones arqueológicas han permitido establecer tres fases de construcción en la puerta de Ištar: la más antigua estaba decorada con ladrillos en relieve no esmaltados, la segunda presentaba ladrillos esmaltados pero sin relieve y la tercera, atribuida a Nabucodonosor II, estaba provista de ladrillos en relieve esmaltados. Esta última estaba totalmente recubierta con esmalte azul y decorada con dragones y toros hechos con ladrillos en relieve de color blanco y marrón. En uno de sus muros el rey Nabucodonosor mandó grabar, a la vista de todos, la siguiente inscripción:
"Las entradas a las puertas de las murallas Imgur-Enlil y Nimis-Enlil habían quedado cada vez más bajas a raíz del relleno de los terraplenes en la via de Babilonia. [Yo Nabucodonosor) quité dichas puertas y cimenté con asfalto y ladrillos para salvarlas del nivel de las aguas subterráneas; mandé hacer las nuevas puertas con ladrillos de piedra con esmalte azul y preciosas figuras de toros y dragones. Como tejado, cubrí las puertas longitudinalmente con inmensas vigas de cedro. Los batientes (eran) de cedro con guarniciones de bronce. En todas las puertas instalé umbrales y goznes de mineral fundido. Erigí toros salvajes y dragones furiosos en el interior de las puertas, las doté con magnificencia y suntuosidad para que toda la Humanidad las contemple asombrada. (MARZAHN, 1993: 30)"
Sección de las torres hipotéticas que el rey Nabucodonosor alzó sobre la Puerta de Ishtar adornada con con toros y sirrush que adornan la puerta según Robert Koldewey.


La puerta se abría en el paramento norte de la muralla, muy cerca del palacio real. De estructura compleja, estaba formada por tres pasajes sucesivos, defendidos por torres: una ante-puerta de la primera muralla, un paso intermedio con patio abierto y la puerta principal que daba acceso un paso estrecho y alargado en el muro interior, antes de entrar en la ciudad.

En la planta inferior. El color rosa delimita el camino de entrada o avenida procesional y la plazoleta previa. El color azul corresponde a la primera muralla y antepuerta. Y el color amarillo a la estructura defensiva interior y puerta principal. 

La apariencia externa y remate de la puerta se ha reconstruido basándose en una placa rectangular de oro encontrada en una tumba en el Palacio sur de Nabopolasar, que se representa una gran puerta. En ella, junto a la puerta arqueada, vemos las dos torres que rematan las murallas, mientras que en su parte superior saliente se aprecian almenas triangulares y pequeñas saeteras circulares.

La antepuerta está reconstruida en el museo de Pérgamo en Berlín. La Puerta de Ishtar que se levanta allí tiene hasta 10 metros de altura y 14 de ancho. Fue decorada con ladrillos vidriados de color azul, lo que la hacía contrastar fuertemente con todos los edificios de su alrededor, que eran de adobe pardo. La decoración incluye figuras alternadas de toros (uros) y dragones (sirrush o Mushkhusshu) dispuestas en filas horizontales, que simbolizan a los dioses Marduk y Adad respectivamente. Cada figura ocupa 13 hiladas de ladrillos, separadas por 11 hiladas lisas, sumando una distancia total de 24 hiladas, lo que equivale a casi 2 metros o 4 codos babilónicos de altura. Además, una gran bóveda de cañón atraviesa el pasillo interior de la puerta.

Mushusshu, la serpiente dragón representada en la puerta de Ishtar, Museo de Pérgamo, Berlín. Es un híbrido mitológico: cuerpo de escamas; extremidades anteriores en forma de felino (león); extremidades posteriores de una rapaz con garras afiladas (águila); cuello y cola largos, cabeza y lengua de serpiente (una víbora cornuda de Arabia). El mušḫuššu es el animal sagrado de Marduk durante el Imperio neobabilónico porque, una vez que lo venció, se convirtió en su sirviente y animal simbólico. 



Uro, especie de toro ya extinta, que se estimaba por su ferocidad y simbolizaba al dios Adad.


- BABILONIA. LA CIUDAD Y SUS SISTEMAS DEFENSIVOS: MURALLAS, FOSOS, PUENTES Y PUERTAS MONUMENTALES.  La puerta de Ishtar. (3/4)





viernes, 18 de abril de 2025

BABILONIA. FUENTES ANTIGUAS Y FUENTES ARQUEOLÓGICAS. Del mito a la realidad arqueológica. (2/4)

 Fuentes escritas antiguas y fuentes arqueológicas de Babilonia. 

Herodoto, la tradición bíblica, textos cuneiformes, Koldewey y los investigadores modernos.


Habíamos dejado la historia de Babilonia en el siglo XIX, pero... ¿realmente qué se sabía de esta ciudad hasta ese momento?

Las principales fuentes de información sobre Babilonia son múltiples. Hasta el siglo XX, las fuentes antiguas que construyeron el mito de la ciudad en Occidente, eran limitadas y sesgadas. Las primeras menciones llegaron a través de las descripciones de escritores griegos y romanos, que la presentaron como una ciudad grandiosa y admirable. Con la implantación del cristianismo en el Imperio Romano, se añadieron las referencias de la Biblia, que reflejaban el resentimiento de sus autores hacia Nabucodonosor II, mostrando a Babilonia como un símbolo de vanagloria, idolatría y opresión. Al contrastar las fuentes clásicas y las bíblicas se obtenía una imagen incompleta y, a veces, contradictoria de la ciudad. Hubo que esperar al desciframiento del cuneiforme en el siglo XIX y a las excavaciones arqueológicas del siglo XX para dar sentido a todo. 

Analicemos las fuentes...

Cuadro-síntesis de las fuentes sobre Babilonia.



Fuentes clásicas. 

Herodoto de Halicarnaso (c. 484-425/413 a.C.) , quien pudo visitar Babilonia hacia el 460 a. de C., contribuyó con una detallada descripción en sus Historias, pero también con exageraciones y errores a la creación del mito clásico de la ciudad. Por ejemplo, se puede decir que conocía perfectamente la topografía de la ciudad y cómo se construyó, pero anotó dimensiones totalmente desproporcionadas: una longitud perimetral de 480 estadios (más de 91 kilómetros) y una altura de 200 codos reales (102 metros). La arqueológica demostrará que las dimensiones de su muralla, sin ser despreciables, eran mucho más cortas y su altura más baja. 

(...) Después de la destrucción de Ninive los reyes tenían establecida la Corte en Babilonia, una ciudad que es como sigue. Está situada en una gran llanura, forma un cuadrado y, en cada lado, tiene una extensión de ciento veinte estadios; así, el perímetro de la ciudad tiene en total cuatrocientos ochenta estadios. Ésta es, por consiguiente, la enorme extensión de la capital de Babilonia y, que nosotros sepamos, su trazado no era comparable al de ninguna otra ciudad. Primero la circunda un foso profundo y ancho, lleno de agua, y luego un muro que tiene una anchura de cincuenta codos reales y una altura de doscientos codos (el codo real es tres dedos más largo que el ordinario). Aparte de esto, debo además explicar en qué se empleó la tierra procedente del foso y cómo se construyó el muro. A medida que abrían el foso, iban convirtiendo en ladrillos la tierra extraída de la excavación, y cuando hubieron moldeado un número suficiente de ladrillos, los cocieron en hornos; posteriormente utilizando asfalto caliente como argamasa e intercalando cada treinta hileras de ladrillos las esteras de cañas, construyeron primero los paramentos del foso y después, de la misma manera, el muro mismo. En lo alto del muro también levantaron, a lo largo de sus arcenes, unas casamatas de un solo piso, situadas las unas frentes a las otras; y entre ellas dejaron espacio para el paso de una cuádriga. En el circuito del muro hay, además, cien puertas, todas ellas de bronce, lo mismo que sus quicios y dinteles. (...)      
Historiae, I 178-186. 

Filón de Bizancio (siglo III a. C.) continuó aportando nuevas imprecisiones y alimentando la imagen de Babilonia como una ciudad de "maravillas" arquitectónicas. A él, tradicionalmente, se le atribuye un listado de las maravillas del mundo antiguo en las que incluyó las murallas y los jardines colgantes de Babilonia. La arqueología demostraría que las murallas existían, lo que no pudo decirse claramente de los jardines. Los escritores de época romana, como Diodoro de Sicilia, Estrabón y Quinto Curcio, ofrecieron nuevas descripciones de las edificaciones de Babilonia entre los siglos I antes y después de Cristo, a pesar de no haber visitado la ciudad. La influencia de estos escritores clásicos perduró a lo largo de los siglos, alimentando la fascinación por Babilonia en la literatura y el arte. Su narrativa contribuyó a la creación de un ideal romántico de la ciudad, que perduró en la cultura occidental.

Visión moderna de la antigua Babilonia que se acerca mucho a la visión mítica creada por los escritores clásicos. Dimensiones exageradas, exotismo y suntuosidad de materiales y colores.


Fuentes bíblicas. 

Sin embargo, el conocimiento más popular del pasado de esta ciudad en Occidente provino de la Biblia. Incluso llevando siglos desparecida, Babilonia tuvo un protagonismo en las escrituras sagradas y trascendió en el imaginario judeocristiano desde entonces. Mientras que las fuentes clásicas pintan a Babilonia como una ciudad de maravillas, grandeza y poder, las fuentes bíblicas ofrecían una perspectiva negativa, resaltando su arrogancia, corrupción y eventual destrucción. En el Génesis se menciona la ciudad y la confusión de lenguas causada por Yahvé cuando se le desafió al construir la "Torre de Babel" (Génesis, 10.10 y 11.9). Los profetas de Israel (Isaías, Jeremías, Habacuc...), sometidos al imperio neobabilónico, criticaron a Babilonia por su soberbia y corrupción y predijeron su destrucción. Muchos siglos después y cuando Babilonia había dejado de ser relevante políticamente, el libro del Apocalipsis en el Nuevo Testamento la recuerda como la "gran prostituta", el símbolo del mal y de la depravación. En los siglos siguientes, la pintura y la literatura occidental la siguió evocando y enfatizando los pasajes de la Biblia en los que más se la denostaba. 

Pieter Bruegel "El Viejo, 1563. La Torre de Babel. Kunsthistorisches Museum, Vienna. Recreación de la Babilonia del Éufrates y la mítica torre con la que se desafió a Yahvé.



Tal vez, el nombre de Babilonia y de su rey más importante, Nabucodonosor II, hubieran sido en gran medida olvidados por el gran público en el siglo XIX, si no fuera por la ópera Nabucco de Verdi. Estrenada en 1842, esta obra popularizó la historia bíblica del exilio babilónico del pueblo hebreo, despertando un gran interés por la historia y la cultura de Babilonia. Este fenómeno, unido al Romanticismo y al Imperialismo, impulsó en las décadas siguientes una serie de viajes y excavaciones arqueológicas en la región, lo que condujo al redescubrimiento de la antigua Babilonia y de su legado. 







Fuentes arqueológicas. 

A pesar de que la escritura cuneiforme se utilizó durante milenios, se conocimiento se había perdido con el tiempo. Su revelación en la era moderna comenzó en el siglo XIX, gracias al trabajo de exploradores y arqueólogos europeos como Henry Rawlinson, quien jugó un papel crucial en el desciframiento de este sistema de escritura. Un hito importante en este proceso fue la inscripción en la Roca de Behistún, descubierta en 1835, que contenía textos en cuneiforme en varias lenguas antiguas. Este hallazgo es comparable al más conocido de la Piedra Rosetta, que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios. Su decodificación por Rawlinson en la década de 1850 facilitó la traducción de los numerosos textos cuneiformes que ya se almacenaban y otros que se encontrarían en las nuevas excavaciones científicas. Así, se abrió la posibilidad de trabajar con las numerosas fuentes documentales primarias y revelar la rica historia de las civilizaciones mesopotámicas.

La inscripción de Behistún mide aproximadamente 15 m de alto por 25 m de ancho y que se encuentra a 100 m de altura sobre un acantilado de piedra caliza. Está ubicado en una antigua carretera que conectaba Babilonia y Ecbatana (Media). El texto repite en tres lenguas (persa, meda y babilónico), bajo la grafía cuneiforme, la biografía del rey persa Darío I el Grande. La inscripción está ilustrada con un bajorrelieve de tamaño natural de Darío I, el Grande.




Los documentos en cuneiforme han proporcionado una invaluable fuente de información sobre la antigua Babilonia. Desde las imponentes estelas de piedra de los reyes hasta las pequeñas tablillas de arcilla y los sellos cilíndricos, estos hallazgos han jugado un papel crucial en la reconstrucción de diferentes aspectos de la civilización babilónica. Estos textos revelan detalles sobre su historia, la organización de la ciudad, las leyes, el funcionamiento de su sociedad, la economía, así como las creencias y valores de su gente. Por ejemplo, la traducción de la famosa estela del Código de Hammurabi, encontrada en 1901, nos desveló una visión clara de la justicia y la moralidad en Babilonia. Por su parte, recientes descubrimientos (1990) como la Estela de la colección Martin Schøyen (ver en el cuarto capítulo) nos permitieron confirmar como Nabucodonosor II reconstruyó el zigurat de la ciudad. Artefactos menores como tablillas y sellos no solo documentan transacciones comerciales y actividades administrativas, sino que también ofrecen perspectivas sobre la vida social, las prácticas religiosas e incluso los edificios. 

Veamos algunos de los que más han servido para conocer la ciudad de Babilonia desde el punto de vista arquitectónico y topográfico.

En la imagen de la izquierda, estela votiva de Hammurabi descubierta en 1882 en las excavaciones de Sippar. Caliza, 39 x 40,6 cm. En la imagen de la derecha, cilindro cuneiforme en arcilla del reinado de Nabucodonosor II, que conmemora la reconstrucción del zigurat Etemenanki, alrededor del 604–562 a. C. Dimensiones 8,89 x 7,92 x 3 cm. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.



La principal fuente primaria escrita en cuneiforme para conocer la topografía de la ciudad de Babilonia es una serie de textos conocida como Tintir Babilonia. Este documento, compuesto por cinco tablillas de arcilla del siglo VI a. C., es una copia de un original posiblemente del siglo XII a.C. En concreto, las dos últimas tablillas de esta serie han sido muy útiles para reconstruir, con la ayuda de los datos conocidos por las excavaciones, un plano bastante preciso de la urbe, en particular del sector oriental. Gracias a ellas, ha sido posible situar los barrios, las puertas, los principales templos y los ejes de circulación. Las tablillas, en realidad, son como un inventario de templos, capillas, altares, barrios y calles utilizados en procesiones religiosas, así como de murallas y puertas protegidas por los dioses. Sin embargo, no incluye información sobre la arquitectura civil y privada, puesto que el propósito del Tintir fue, sin duda, glorificar a Babilonia como un gran centro religioso. La descripción de la ciudad tal como era durante los reinados de los últimos reyes casitas del siglo XII a. C. y la comparación con el plano de Babilonia del siglo VI proporcionado por la expedición arqueológica alemana desprende que el trazado de la ciudad cambió poco.

El Tintir IV, tablilla en arcilla, anverso y reverso. Presenta una lista de los 43 principales centros de culto de Babilonia y las deidades a las que pertenecían. Museo Británico, nº 40480.




La descripción topográfico-religiosa  de las tablillas del Tintir se compagina con la visión geográfica que tenían los babilonios del lugar que ocupaban en el mundo que conocían, según la tablilla de Sippar. Muestra un mapa con la visión de cómo creían los babilónios que se originó y ordenó el Universo según la cosmovisión de Mesopotamia. El mapa está centrado en el Éufrates, fluyendo desde el norte hacia el sur. La ciudad de Babilonia se muestra en el Éufrates, en la mitad norte del mapa. La desembocadura del Éufrates está etiquetada como «pantano» y «desagüe». Susa, la capital de Elam, se muestra hacia el sur, Urartu al noreste, y Habban, la capital de los casitas, se muestra (incorrectamente) al noroeste. Mesopotamia está rodeada por un «río amargo» u océano circular, y ocho «regiones», representadas como secciones triangulares, se muestran más allá del océano. Las 11 líneas de texto sobre el mapa  describen la creación mítica del mundo por Marduk.

Tablilla babilónica de Sippar. Es la representación más antigua del mundo conocido, en aquel momento. Un mapamundi esquemático del siglo IX al VI a. C. Tablilla de arcilla, acadio escrita en cuneiforme. Dimensiones 12,2 x 8,2 cm. Museo Británico. La tableta fue descubierta en Sippar,  a unos 60 km al norte de Babilonia. El texto se tradujo por primera vez en 1889.

No podemos olvidar, la tablilla de Esagil, un texto cuneiforme en lengua acadia, que permitió reconstruir los principales edificios religiosos de Babilonia. Está fechado en el año 229 a. C. y es en realidad una copia de un texto más antiguo, que puede remontarse a los siglos VIII y VII a. C. Es al mismo tiempo un texto religioso y un ejercicio matemático docente de cálculo y conversión de medidas de área en diferentes unidades. Se llama "Tabla de Esagil" porque contiene una descripción de parte del santuario del dios Marduk en Babilonia. También incluye una descripción del zigurat y sus dimensiones que se alzaba en este santuario, el Etemenanki. 

Anverso y reverso de la tablilla de arcilla de Esagil. Dimensiones, 18 x 10 x 1,80 cm. Museo del Louvre, Paris. Fue encontrado en Uruk.




E
En el ámbito arqueológico, propiamente dicho. 

Habrá que esperar hasta el siglo XX para descubrir el esplendor de esta ciudad. 

Hoy en día podemos conocer los principales monumentos de Babilonia gracias a la labor de excavación y reconstrucción que hizo, desde 1899 hasta 1917, el arqueólogo y arquitecto alemán Robert Koldewey, bajo los auspicios de la Sociedad Alemana para el Estudio del Antiguo Oriente. La ciudad que sacó a la luz fue fundamentalmente la de época neo-babilónica; aunque también obtuviera datos sobre el yacimiento en el II milenio a.C. Se hizo imposible excavar en los niveles arqueológicos más antiguos por el nivel freático alto. Koldewey llevaba un meticuloso diario de excavación en el que dejaba de lado la literatura de aventuras y se limitaba a explicar los descubrimientos de una forma analítica y muy profesional, alejada de los pintorescos y románticos relatos anteriores. 

La Babilonia resucitada, por Robert Koldewey. Monografía final que sintetizan los resultados de las excavaciones hasta 1913. Texto en alemán.



Koldewey comenzó las excavaciones en una zona conocida entre los árabes como el Kasr (el Castillo), donde la tradición local ubicaba los palacios de la ciudad. Al realizar una cata de 10 por 15 metros, descubrió dos muros paralelos separados por 41 metros. Aunque inicialmente pensó que eran los muros del palacio real, resultaron ser la gran avenida procesional de la ciudad, adornada con ladrillos esmaltados. Luego llegaron muchos más monumentos. La excavación del yacimiento planteó varios desafíos para Koldewey, entre ellos, el clima. Trabajar durante todo el año resultó ser una tarea agotadora, ya que las temperaturas a la sombra en verano a menudo alcanzaban los 50 °C. El río y los niveles del agua también complicaron su tarea. Pero, tal vez lo más difícil fue el tamaño del yacimiento y la coordinación del equipo técnico investigador y de los casi 250 trabajadores locales que participaban en el desescombro. En la memoria de 1913 escribía en su prefacio.
"Hasta la fecha, solo se ha completado la mitad del trabajo, aunque desde su inicio hemos trabajado diariamente, tanto en verano como en invierno, con entre 200 y 250 obreros. Esto es fácilmente comprensible considerando la magnitud de la tarea. Las murallas de la ciudad, por ejemplo, que en otras ciudades antiguas miden 3 metros, o como máximo 6 o 7 metros, en Babilonia tienen un grosor de entre 17 y 22 metros. En muchos yacimientos antiguos, los montículos apilados sobre los restos no superan los 2, 3 o 6 metros de altura, mientras que aquí tenemos que lidiar con entre 12 y 24 metros, y la vasta extensión del área que una vez estuvo habitada se refleja en la grandiosidad de las ruinas."
Dos imágenes muestran la ingente tarea de excavación en Babilonia. En la fotografía superior, posiblemente datada en 1902, se observan cómo emergen las primeras estructuras en ladrillos de la puerta de Ishtar. Los trabajadores locales utilizan un sistema de vías férreas y vagonetas para despejar los escombros. En la imagen inferior, se muestra el conjunto completamente excavado de las estructuras que permanecen en pie y en su lugar original de la puerta de Ishtar, con una fecha que podría ser posterior a 1917. 


Su meticuloso trabajo permitió desenterrar y documentar los restos arquitectónicos, que fueron representados en planos, fotografías y dibujos por él y sus colaboradores científicos. Entre estos se encontraba un joven arquitecto llamado Walter Andrae que trabajó con Koldewey entre 1899 y 1903. Andrae fue quien, en 1921, le sucedió como conservador del Departamento de Oriente Próximo de los Museos de Berlín y logró que se trasladaran a Berlín los hallazgos de Babilonia que Koldewey se había visto obligado a abandonar allí en 1917 durante la Gran Guerra. Sus ideas como restaurador permitieron rescatar en el laboratorio miles de fragmentos de azulejos y volver a ensamblarlos en un complejo rompecabezas. 

La fotografía superior muestra una de las cajas en las que se empaquetaron los ladrillos de Babilonia. La de abajo, la sala de ensamblaje de estas piezas en 1927, donde cientos de miles de fragmentos de ladrillo vidriado fueron clasificados bajo las columnatas del Neues Museum de Berlín.





Reconstrucciones. La fuerza de la imagen. 

En 1928, Walter Andrae fue nombrado director del Departamento de Oriente Próximo de los Museos de Berlín. Con una visión renovadora, emprendió la tarea de ensamblar todas estas piezas de ladrillos rescatadas. También creó maquetas que expusieran la grandiosidad de los monumentos encontrados. Sin embargo, Andrae no se detuvo ahí; con un ingenio admirable, combinó los fragmentos antiguos con ladrillos modernos para reconstruir, casi a tamaño original, las majestuosas fachadas de la Puerta de Ishtar, la Vía Procesional y la Sala del Trono en el Museo de Pérgamo de Berlín. Estas impresionantes reconstrucciones fueron presentadas al público por primera vez en 1930, ofreciendo un asomo a la magnificencia de una civilización que había permanecido oculta durante siglos. 

Acuarelas de Walter Andrae (1928) para el proyecto de reconstruir los edificios de Babilonia en Berlín.



Desde entonces, arqueólogos alemanes, italianos y, sobre todo, iraquíes siguieron haciendo excavaciones a menor escala y monografías sobre la ciudad de Babilonia, convirtiendo a los edificios descubiertos en paradigmas de las características arquitectónicas mesopotámicas y reflejando la sofisticación técnica y cultural de esta antigua civilización.

Reconstrucciones en Irak. La propaganda política. Durante las décadas de 1960 y 1970, el nuevo estado iraquí impulsó nuevas excavaciones y comenzó un proyecto de restauración y de reconstrucción en tamaño real de algunos de los edificios en la propia zona de excavación, ya que Babilonia se convirtió en símbolo de Irak. Los equipos arqueológicos iraquíes comenzaron a restaurar monumentos antiguos, especialmente el templo de Ninmah. A partir de 1978, el programa de reconstrucción se intensificó bajo el régimen del dictador Saddam Hussein, quien buscaba legitimar su poder a través de la asociación de su persona con la historia esplendorosa y antigua de Mesopotamia. Se presentaba a sí mismo como el digno sucesor de grandes líderes "nacionales" como Hammurabi y Nabucodonosor II, buscando así tejer un vínculo entre su autoridad contemporánea y el esplendor de épocas pasadas.

Mural propagandístico del partido baaz iraquí en los años 80 que muestra a Saddam Hussein y al rey Hammurabi sobre Babilonia. Un relieve de piedra en el centro muestra al rey recibiendo su insignia real de manos del dios Shamash, mientras que la Puerta de Ishtar, de color azul, es visible debajo.



En este contexto, los intereses políticos se entrelazaron con los turísticos, resurgiendo Babilonia resurgió como un escenario emblemático de manifestación del poder. Este renovado interés por el patrimonio cultural incluyó la restauración de los muros de monumentos emblemáticos, incluyendo la famosa Puerta de Ishtar, varios templos, el palacio del Sur y el teatro griego, donde se celebraban espectáculos y actos oficiales, convirtiendo el antiguo esplendor en un telón de fondo para la política moderna. Sadam Hussein, además, buscó dejar su huella, tanto literal como figurativamente, en el sitio. Estas reconstrucciones no siempre fueron históricamente exactas, sino que se priorizó la grandeza y el simbolismo sobre la fidelidad arqueológica. El uso de materiales y métodos modernos a menudo contrastaba con el patrimonio antiguo del sitio, lo que planteaba dudas sobre la autenticidad e integridad de las reconstrucciones. Otro ejemplo, son los cientos de ladrillos donde el dictador dejó atestiguada su obra como, en su día hizo, Nabucodonosor II. Y en un acto de ostentación que evocaba tanto admiración como crítica, Saddam Hussein construyó un palacio en una de las tres colinas artificiales erigidas en el sitio, fusionando la grandeza del pasado con la ambición del presente, y creando así un curioso diálogo entre la historia y la megalomanía.

El complejo de visita turística actualmente de Babilonia. Al fondo el palacio de Sadam Husein, en medio el palacio sur de Nabucodonosor y, abajo, la réplica de la puerta de Ishtar desplazada del lugar que le correspondería.


Estas acciones fueron criticadas por los arqueólogos, ya que obstaculizaron las excavaciones y aceleraban la degradación de los monumentos. Pero todo podía empeorar. Y entre 2003-05, a raíz de la invasión de Irak, las fuerzas estadounidenses utilizaron las proximidades de la antigua Babilonia como base militar, lo que causó daños significativos a la infraestructura arqueológica. Las críticas llevaron a las autoridades militares a devolver el sitio a Irak en 2005.

Aunque las autoridades norteamericanas hicieron campaña para concienciar a sus soldados sobre el valor inmaterial de donde se encontraban, la magnitud de la degradación y la falta de mantenimiento de las ruinas y edificios restaurados fue muy evidente.


Hoy en día, para salvar sus restos arqueológicos de la destrucción, la UNESCO declaró a Babilonia Patrimonio de la Humanidad en 2019. El turismo ha vuelto a recorrer este lugar.

Reconstrucción actual del palacio de Nabucodonosor II, Babilonia, Iraq. Vista aérea y panorámica desde el sur.



F
Babilonia. La imagen 3D y la inteligencia artificial en el siglo XXI.

El siglo XXI ha planteado nuevos retos ilusionantes de reconstrucción científica de la ciudad, pero también nuevos problemas sobre la divulgación de la imagen de Babilonia. La ciudad cubierta de arena puede volver a resurgir virtualmente porque hay herramientas de software que lo permiten, pero estamos de nuevo ante el dilema de recrear un mito o una realidad científica. Ante nosotros se nos ofrecen un abanico de posibilidades tecnológicas que suponen una avance en la ilustración, diseño 3D, realidad virtual, realidad aumentada, impresión 3D, inteligencia artificial... , que pueden ser utilizadas para crear documentos que nos permitan conocer mejor la ciudad o para deformar la realidad científica.

Malas recreaciones de Babilonia corren por las redes fruto de solicitar a la IA que trabaje para un consumo rápido y ahistórico o, incluso antihistórico. 


Luego están las reconstrucciones que ponen voluntad, pero que se estrellan ante un reto tan difícil como es reconstruir la ciudad de Babilonia.



Proyectos científicos. Desde mi punto de vista, el intento más acertado para reconstruir arquitectónicamente Babilonia ha sido el de Olof Pedersén, profesor emérito de Asiriología en la Universidad de Uppsala. Él ha utilizado el programa Archicad para crear una representación detallada del sitio arqueológico en 3D, basándose en los datos aportados por las excavaciones arqueológicas realizadas en el siglo XX. Este software ofrece varias ventajas, como la incorporación de puntos georreferenciados para obtener una ubicación precisa de Babilonia, la posibilidad de realizar revisiones con la adición o corrección de nuevos datos y la colaboración en tiempo real entre múltiples usuarios, lo cual es especialmente útil en proyectos de investigación arqueológica que involucran a equipos multidisciplinarios. Sin embargo, los modelos creados por Pedersén carecen de un toque artístico, lo que limita su capacidad para captar el interés del público general.

La monografía actual más completa sobre la ciudad de Babilonia por Olof Pedersén.  Pedersén,O.2021.Babylon:TheGreatCity.Zaphon.Münster.Openaccess:https://www.zaphon.de/Babylon/en.


La combinación de datos precisos con una presentación visual evocadora es crucial para hacer que la historia y la cultura de Babilonia sean accesibles y cautivadoras para todos. Mucho más atractivas resultan las reconstrucciones realizadas por profesionales que vienen del ámbito de la arquitectura o de la ilustración, quienes trabajan para revistas de divulgación histórica o para aportar vida a exposiciones contemporáneas. Ellos son los que consiguen acercar el pasado al público. De entre los creadores gráficos que más ha aportado hasta ahora a la representación de la ciudad de Babilonia destacaría dos trabajos excepcionales: los de Byzantium 1200 y los de J.R. Casals.

Byzantium 1200 reconstruyó la antigua ciudad de Babilonia en 2013 para la exposición sobre Mesopotamia del Museo Real de Ontario. Trabajo con dos de las aplicaciones para la creación y la animación de estructuras mejores en su momento, 3ds Max 2010 (Autodesk) y Photoshop CS4 (Adobe). He utilizado algunas de sus imágenes por su loable rigor histórico.



Pero, por su belleza, sobresale el trabajo de Josep R. Casals para National Geographic 2018 y en 2016 para la revista histórica Arqueología e Historia DespertaFerro n.º 10 "Babilonia y los Jardines Colgantes". Sus herramientas básicas de software son como las de Byzantium1200, pero aplica una panoplia de herramientas asociadas, como Unreal Engine, para las texturas y materiales o recrear objetos concretos que le dan una acabado ideal. Casals explica que el secreto está en trabajar con buena documentación científica, basada en la investigación arqueológica, y contar con expertos asesores/supervisores que garanticen un acercamiento veraz a lo que pudo ser la ciudad. Lo que no dice Casals, es que para ser el mejor ilustrador, el autor no sólo debe reproducir datos, sino que también ha de ser capaz de evocar atmósferas con talento artístico como hace él.

Imagen de J.R. Casals de la avenida procesional y la puerta de Ishtar.










E

Este artículo forma parte de un conjunto:


- BABILONIA. FUENTES ANTIGUAS Y FUENTES ARQUEOLÓGICAS. Del mito a la realidad arqueológica. (2/4)

 - BABILONIA. LA CIUDAD Y SUS SISTEMAS DEFENSIVOS: MURALLAS, FOSOS, PUENTES Y PUERTAS MONUMENTALES.  La puerta de Ishtar. (3/4)






jueves, 10 de abril de 2025

BABILONIA, LA CIUDAD DE NABUCODONOSOR II. LA MARAVILLA QUE ASOMBRÓ A LOS GRIEGOS. (1/4)

Como hemos visto en otros artículos de este blog, los núcleos urbanos de las primeras civilizaciones mesopotámicas se convirtieron en el centro de la actividad política, económica y cultural de una región circundante, que acogía campos de cultivo y pequeñas aldeas agrícolas. Babilonia fue más allá y se convirtió durante dos importantes periodos en la capital de grandes imperios de la antigüedad, el Imperio Babilónico Antiguo (siglos XIX-XVI a. C.) y el Imperio Neobabilónico (siglos VII-VI a. C.). Sin embargo, la ciudad no sólo fue importante en Mesopotamia, sino que trascendió mas allá, dejando una huella profunda en el imaginario colectivo de Occidente que sigue vigente hasta nuestros días. 
La ciudad de Babilonia por JR. Casals





A través de cuatro artículos, exploraremos su historia y, sobre todo, descubriremos cómo y porqué Babilonia se transformó en un mito y en un referente de urbanismo y arquitectura. 
  • 1.- En este primer artículo, haremos un breve recorrido por la historia milenaria de la ciudad de Babilonia y reflexionaremos sobre porqué se convirtió en un mito para Occidente y el Próximo Oriente. (1/4)
  • 2.- En el segundo artículo, desvelaremos qué nos transmitieron las fuentes antiguas, tanto clásicas como bíblicas, y cómo los trabajos lingüísticos y arqueológicos, desde el siglo XIX, nos han permitido completar y contrastar los relatos de la Antigüedad con fuentes primarias, brindándonos de esa manera un conocimiento científico de la ciudad. (2/4)
  • 3.- En un tercer artículo, analizaremos la estructura de la ciudad y sus sistemas defensivos bajo el reinado de Nabucodonosor II. Aquí tiene especial importancia, el estudio del plano y de las murallas, destacando la puerta de Ishtar, reconstruida en la isla de los museos de Berlín. (3/4)
  • 4.- Finalmente, en el cuarto artículo, nos centraremos en los edificios más significativos de la ciudad:  los palacios y los templos. Ellos fueron los que contribuyeron a crear la leyenda de Babilonia como ciudad de "Maravillas" para el mundo grecorromano (palacios/"Jardines colgantes") y de símbolo de perdición y de la soberbia humana para la tradición judeocristiana (zigurat/"Torre de Babel"). (4/4)
Detalle de la estela de basalto de Nabodio, el último rey independiente de Babilonia, 542 a. C.-540 a. C. Relieve que representa al rey con símbolos de deidades astronómicas. El texto inscrito en la estela, celebra el regreso de la abundancia a Babilonia después de una sequía, tras ser bendecida por los dioses y protegida por su mediador el rey. La estrella (planeta Venus) es el símbolo de Ishtar, el disco alado es el del dios solar Shamash y la media luna el del dios lunar Sin, todos ellos con culto en Babilonia. Extraña que la estela no mencione al dios principal Marduk. Dimensiones de la estela completa: altura 58 cm; ancho 46 cm; y profundidad 25 cm. Museo Británico.



Babilonia, cuyo nombre se traduce como "la puerta de los dioses", fue el centro de culto del dios Marduk en Mesopotamia. Probablemente, fundada por Sargón de Acad (c. 2360 a. C.-2279 a. C.), permaneció como una oscura ciudad provincial durante mucho tiempo. Sin embargo, bajo el dominio amorreo, fundamentalmente del  rey Hammurabi (1792-1750 a. C.), Babilonia se convirtió en la capital de un gran imperio en la Mesopotamia Baja y Media, desplazando a la ciudad de Ur como hegemónica de la zona.

Mapa de la Babilonia de Hammurabi, mostrando el territorio entre su ascenso en 1792 a. C. y su muerte en 1750 a. C. La línea de costa y los cursos de los ríos son los de ese período.



Se estima que la ciudad, como capital del imperio en el siglo XVIII a. C., pudo haber tenido 60.000 habitantes, aunque hoy en día quedan pocos restos arqueológicos de ella. No obstante, del rey Hammurabi nos ha llegado el célebre código de leyes, que se conserva en el museo del Louvre. En su prólogo el rey nos presenta los dos pilares sobre los que construyó su imperio, Babilonia y el dios Marduk, lo que continuará siendo una constante en los posteriores monarcas.

Detalle del remate superior de la estela de Hammurabi, 1750 a. C. El rey (de pie) es representado en el momento que recibe sus insignias reales de manos de Šamaš, dios del sol y de la justicia. El rey babilonio tiene una mano sobre su boca en señal de oración. En esta estela se hallan grabadas 282 leyes de Babilonia. La estela fue encontrada en Susa, a donde fue transportada en 1200 a. C. como botín de guerra por el rey de Elam, Shutruk-Nakhunte.​ Está expuesta en el Museo del Louvre (París). Basalto, 225 cm de alto.


El primer gran Imperio de Babilonia terminó cuando los hititas saquearon la ciudad hacia el 1595 a. C. A este suceso, le siguió un periodo oscuro y convulso de aproximadamente mil años, de los que tenemos pocas certezas. Se sabe que la ciudad estuvo bajo dinastías kasitas, arameas, asirias y elamitas y que pocos años le duró un estatus independiente. Gobernada brevemente por los caldeos en el siglo IX a.C., su nombre se convirtió en sinónimo de babilonios para los escritores griegos posteriores (sobre todo Heródoto) y los escribas bíblicos. A pesar de esta inestabilidad, Babilonia fue para todos una ciudad santa y de peregrinación, puesto que su dios, Marduk, se convirtió en el dios principal del panteón mesopotámico. 

Recreación de procesión atravesando la puerta de Ishtar. La puerta es la erigida por Nabucodonosor II, s. VI a. C. Los cultos más destacados que se celebraban en la ciudad incluían la fiesta del Año Nuevo, conocida como Akitu o Bib-akitu. Esta conmemoración anual se llevaba a cabo durante el equinoccio de primavera y era la festividad más concurrida en Babilonia en honor a Marduk. Su duración abarcaba desde el día 1 hasta el 11 de Nisan, que es el primer mes del calendario babilónico. Entre los actos de los últimos días, tenía lugar la procesión del Marduk y del resto de los dioses hacia el Akitu o Bit-akitu, un templo ubicado al norte de la ciudad probablemente en el campo y aún no localizado. Las procesiones, de ida y vuelta, se realizaban por la vía Procesional y salían y entraban a la ciudad por la puerta de Ishtar.  







L
La ciudad sufrió varias destrucciones durante este periodo de mil años. Especialmente fue importante la que tuvo lugar bajo los asirios hacia el año 689 a. C. El rey Senaquerib, después de varias rebeliones previas y lleno de odio contra Babilonia por haber asesinado a su hijo durante una de ellas, masacró su población y destruyó gran parte de la ciudad, desviando hacia ella las aguas del río y arrasando luego sus murallas, así como el santuario de Marduk, cuya estatua se llevó.
"Avancé rápidamente contra Babilonia, que planeaba conquistar. Soplé como el asalto de una tormenta, la envolví como una niebla. Asedié la ciudad y la conquisté mediante brechas y escaleras. (…) No perdoné a nadie, llené las plazas de la ciudad con sus cuerpos. (…); Mi pueblo se apoderó de los dioses que había allí y los destruyó. (…); Destruí la ciudad y sus casas de arriba abajo, desde los cimientos hasta el tejado, y la incendié. Arrasé las murallas, por dentro y por fuera, de la ciudad, nivelé la tierra por sus costados inundándola. Incluso destruí el plano de sus cimientos. La arrasé más de lo que lo habría hecho una inundación para que esta ciudad y sus templos nunca fueran recordados: la devasté con una inundación, de modo que quedó como un prado."
— Extracto de los Anales de Senaquerib que informa sobre la captura de Babilonia

Asalto de la muralla a través del Éufrates.


Sin embargo, poco tiempo después, una dinastía de reyes independientes creada por Nabopolasar (626 a 605 a.C.) logró deshacerse del yugo asirio en una nueva revuelta y restaurar el esplendor de Babilonia. El imperio que levantó, conocido como el imperio neobabilónico, sustituyó al asirio durante casi un siglo. Será su hijo, Nabucodonosor II (605 a. C.-562 a. C.) -en inglés Nebuchadnezzar II-, el que expanda el poder de Babilonia a gran parte del Cercano Oriente, desde las fronteras de Egipto hasta el Tauro en Anatolia, y hacia el este hasta Persia. Los sucesores de este rey lograron conservar su reino hasta el 539 a. C., cuando el reino fue conquistado por el rey persa Ciro II.

Extensión aproximada del Imperio Neobabilónico durante el reinado de Nabucodonosor II (605-562 a.C.), que rivalizaba con el Egipto de la dinastía XXVI y el imperio medo-persa. Su reinado es muy conocido por la toma y saqueo de Jerusalén en 597 y 587-586 a.C., eventos que son narrados en varios libros del Antiguo Testamento.











tLos monarcas de esta dinastía dedicaron mucho esfuerzo a las actividades constructivas, pero fue Nabucodonosor II quien más empeño puso en crear una urbe extraordinaria. Accedió al trono en una ciudad devastada por las guerras asirias y la reconstruyó y embelleció movilizando recursos de todo su imperio. Bajo su reinado, Babilonia se convirtió en un símbolo de esplendor y sofisticación de la antigüedad. Su obra fue tan notable, que los griegos incluyeron sus imponentes murallas y sus legendarios jardines "Colgantes" en las listas que elaboraban de las Maravillas del Mundo Antiguo. 

Babilonia, 550 a. C. Recreación realizada por j. R. Casal para la revista histórica Arqueología e Historia DespertaFerro, nº 10, "Babilonia y los Jardines Colgantes". Aún en la actualidad, Babilonia sigue fascinando nuestra imaginación y generando numerosos estudios académicos y de divulgación, así como inspirando representaciones virtuales de esta ciudad. En la imagen se pueden observar asombrosas murallas, canales y puentes. En el centro destaca la puerta de Isthar, construida con ladrillos vidriados azules, junto al palacio. Al fondo, ese encuentra el recinto templario con el zigurat.


El fin de la independencia política de Babilonia bajo los persas no significó su decadencia. Aunque no fuera la capital del Imperio aqueménida (550-330 a.C.), siguió siendo capital de una satrapía importante y mantuvo la fama, especialmente entre los griegos. Diversas razones sedujeron a escritores, como Herodoto de Halicarnaso en el siglo V a. C., algunas de ellas muy reales y otras infladas por la imaginación y por la leyenda. Babilonia era admirada por ser una ciudad antiquísima, con más de mil años de historia registrada. Poseía impresionantes edificaciones, como templo, palacios y murallas, y, a su vez, era un centro de conocimiento, donde se cultivaban la astronomía y la literatura. Pero, sobre todo, era misteriosa y exótica, profundamente diferente a lo que conocían. Por eso, cuando en el año 331 a.C., la población de Babilonia acogió con alborozo a los macedonios, que habían derrotado en Gaugamela al rey persa Darío, Alejandro Magno vislumbró que la ciudad fuese la capital de un gran imperio que fusionara las culturas griega y oriental. Reconociendo su importancia estratégica y simbólica, se convirtió en el mecenas de ambiciosos proyectos de restauraciones de canales y del Esagil o templo de Marduk,. Y fue aquí, donde murió en junio del año 323 a. C., unos meses después de su expedición a la India, marcando el fin de una era y el inicio de nuevas leyendas. 

Fotograma de la película Alejando Magno (2004) en la que se recrea la entrada de Alejandro en una fantasiosa Babilonia hecha en Hollywood, 22 de octubre de l año 331 a. C. Pinchando sobre la fotografía se accede al fragmento de la película.



Babilonia continuó siendo un centro comercial notable bajo el Imperio seléucida (312-63 a.C.), el Imperio parto (247 a.C. a 224 a.C.) y el Imperio sasánida (224-651 d.C.), pero nunca alcanzó el nivel que había alcanzado bajo Hammurabi o Nabucodonosor II. Paulatinamente se fue despoblando, mientras los principales centros de poder se desplazaban más al norte (Seleucia, Ctesifonte y, mucho más tarde, Bagdad). La ciudad decayó definitivamente tras la conquista árabe en el siglo VII de la nueva era y fue finalmente abandonada. Pese a todo, la ubicación del sitio de Babilonia nunca se perdió realmente, puesto que parte de él conservó su antiguo nombre en un pequeño poblado llamado Babil, como se la menciona en los textos del geógrafo Ibn Hawqal en el siglo X.

Desde entonces varios viajeros procedentes de Europa visitaron sus ruinas, constatando que la admirada ciudad había sido convertida en escombros en donde proliferaban "alacranes y saqueadores". El primero fue el sefardí Benjamín de Tudela en el siglo XII, al que siguieron otros.

Vista de las ruinas de Babilonia a comienzos del siglo XIX, según Rich.



El primero visitante con interés seudocientífico fue el británico Claudius James Rich, quien en 1811, como administrador de la Compañía de la Indias Orientales en Bagdad y aficionado a las antigüedades, realizó a principios del siglo XIX  la primera cartografía del sitio (obra planimétrica fue realmente del mayor James Renell) y publicó "A journey to the site of Babylon" (1815). 

Detalle del primer plano de las ruinas de Babilonia según la obra de Rich. 


Atraídos por esta publicación de Rich, que se reeditó en 1837, varios de sus compatriotas visitaron el lugar, especialmente Austen Henry Layard en 1850 y Henry Rawlinson en 1854, dos de los principales descubridores del yacimiento de Nínive, la capital asiria, y del cuneiforme. Seguramente el sitio de Babilonia no les tentó lo suficiente porque sus montones de ladrillos no tenían la suficiente espectacularidad frente a los relieves de piedra asirios del norte. Por tanto, la ciudad hubo de esperar unos años más para ser rescatada de la arena y continuó envuelta en ese halo de ruina romántica y leyenda.

El Kasr Mound, (Montículo de Kasr). El Kasr de Rich (1811), o montículo del Palacio; pero que los árabes lo llaman "Mujelibe", o el derrocado. Vista de la fachada occidental.







E

Este artículo continúa en: