domingo, 28 de septiembre de 2014

EXCEPCIONES A LAS ARTES FIGURATIVAS EGIPCIAS. ESCULTURA Y PINTURA DEL PERIODO AKENATON Y LA ETAPA DE DECADENCIA.

En este artículo vamos a tratar todas aquellas excepciones que rompieron las normas convencionales del arte Egipcio a lo largo de su historia. Nos vamos a centrar en dos momentos fundamentalmente: el reinado del faraón Amenofis IV, también conocido como Akenatón, y el periodo final del arte egipcio, donde la llegada de griegos y romanos ejerció una influencia notable que llevó a algunos artistas a adaptarse a la cultura clásica.




LA REVOLUCIÓN TEOLÓGICA Y ARTÍSTICA DE AKENATÓN.

Amenofis IV (Dinastía XVIII, 1353-1335 a. C.) realizó durante su reinado una revolución religiosa y artística que trastocará durante unos años del Imperio Nuevo los presupuestos básicos de la escultura y de la pintura egipcia.

La revolución teológica.

Amenofis IV inició su reinado a la muerte de su padre Amenofis III. Desde su entronización tuvo claro que debía reformar la religión egipcia, aunque tardaría cinco años en dar los primeros pasos. Lo primero que hizo fue otorgarse el título de sumo sacerdote del dios sol, un papel que era tradicional entre los reyes de Egipto, pero que el nuevo faraón llevará hasta las últimas consecuencias. Ideó un nuevo nombre para el dios solar, Atón, y una nueva representación del mismo que huía de la tradicional, el disco solar con rayos descendentes que terminaban en manos.

Akenatón y su familia bendecidos por los rayos de Atón.




Fue probablemente al quinto año de reinado cuando Amenofis cambió su nombre por Akenatón y comenzó su radicalización. Fundo una nueva capital  Ajenaton (en la actual Tell Amarna) para separarse del poder de la casta sacerdotal de Tebas y proclamar al disco solar Atón como único dios de Egipto. Ni siquiera el faraón se consideraba a sí mismo dios, sino sólo el soberano que tenía como misión de ser su protector en la tierra. A su vez comenzó la persecución, la eliminación del poder y la confiscación de las propiedades del clero de Amón y del resto de dioses. Los nombres de los antiguos dioses también debían ser borrados de sus templos.

La revolución artística.

El cambio religioso afectó notablemente a las artes:

En la arquitectura, se cierran los templos tradicionales y se crean nuevos recintos de culto al nuevo dios, cuyos actos se celebran a cielo abierto, como el que podemos ver en la imagen de abajo.

Templo de Atón en Ajenatón (Tell el-Amarna).



En las artes figurativas,

- Se suprime la iconografía de los dioses zoomórficos y antropomórficos por la representación del disco solar.

- El faraón al dejar de ser un dios ya no tiene que ser representado como un ser cargado con las máximas perfecciones. Se rompe por tanto con el idealismo corporal, que es sustituido por una figura realista muy alejada de la perfección anatómica del resto de los faraones. Akenatón era de cabeza apepinada, cuello largo, vientre prominente, brazos delgados y piernas y caderas anchas.



- Sin embargo, los artistas imbuidos por la tradición imitativa convirtieron el prototipo realista del faraón en la norma idealizada para representar al resto de los seres humanos, en los que copian sus imperfecciones.



- El gusto del faraón o la mayor libertad en la que se pueden mover los artistas les llevan a romper hasta cierto punto con reglas como la geometrización de las formas. Los cuerpos se diseñan recreándose en las curvas en vez de las líneas rectas y los ángulos. La ondulación sinuosa en cuerpos y ropajes crea figuras de mayor expresividad y hasta de cierta sensualidad.

- Rasgos tradicionales como la jerarquía de tamaños o la ley de la frontalidad se mantienen imperturbables.

-  También hay repercusiones en la iconografía.

La figura del faraón que es la más representada en bulto redondo aparece solemne con sus atributos de soberano temporal (coronas y látigo y báculo pastoril), pero no como Horus u Osiris. Su mujer Nefertiti también es representada en bulto redondo. De ella conservamos uno de los más notables bustos del arte egipcio (Berlín). Los apenas 50 centímetros de altura, muestran unas facciones exquisitas y sensuales (ver presentación)

En relieve y pintura encontramos al faraón humano es escenas íntimas, amorosas y cotidianas con su mujer e hijas, algo impensable con faraones anteriores.

Pero este periodo es sólo un paréntesis. A la muerte del faraón regresa el culto de Amón, sin embargo, durante unas décadas las rígidas composiciones anteriores se verán influidas por las novedades que se han introducido en los años anteriores. Las estatuas y tumbas de Tutankamon y Horemheb son indudablemente tributarias de la estética de la época de Akenatón, cuyas exageraciones caricaturescas ignoran. Con Seti I y Ramses II la figuración egipcia se reintegrará a los derroteros tradicionales.

Detalle del trono de Tutankamon. Todavía aparecen figuras curvilíneas y la imagen de Atón.




LAS EXCEPCIONES DEL PERIODO DE DECADENCIA

En el periodo de decadencia  se funden en la estatuaria egipcia varias tradiciones. Un grupo de estatuas  siguen la elegancia e idealización más extrema, mientras que otras buscan el realismo, cuya mejor representación es la conocida como Cabeza Verde del Museo de Berlín, magnífico retrato en esquisto verde que recuerda al realismo helenístico, por el estudio de los contornos del cráneo, las arrugas de la frente y de la nariz y hasta por el reflejo de las "patas de gallo" en las sienes.



Con los Ptolomeos y los romanos la estatuaria egipcia termina helenizándose en peinados y vestidos, pero se mantienen fieles a la rigidez y a la ley de la frontalidad, creando un efecto extraño. También se crean nuevas deidades que pasan a incrementar el panteón egipcio como Serapis. La pintura en época romana se refugiará en el retrato funerario, del que hemos encontrado en abundancia en el yacimiento de El Fayum.

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