sábado, 27 de septiembre de 2014

LA ARQUITECTURA NEOLÍTICA Y DE LA EDAD DE LOS METALES. CARACTERÍSTICAS DE LOS PRIMEROS POBLADOS Y DE LAS CONSTRUCCIONES MEGALÍTICAS.

La arquitectura, arte de crear espacios estables, aparecerá mucho más tarde de lo que lo hicieron sus hermanas la escultura y la pintura. Si de éstas encontramos las primeras obras hace 40.000 años en el Paleolítico Superior, de la arquitectura habrá de esperar hasta el periodo prehistórico conocido como Neolítico.

PRECISIONES CRONOLÓGICAS A CERCA DEL NEOLÍTICO Y DE LA EDAD DE LOS METALES

El Neolítico es un periodo difícil de precisar cronológica y geográficamente. Los "inventos" de la agricultura y de la ganadería con los que se da comienzo a esta etapa prehistórica fueron descubiertos por el hombre hacia el 8.000-7.000 a. C. en la zona entre Egipto y Mesopotamia, conocida como Creciente Fértil. Estos descubrimientos fueron trasmitidos o surgieron espontáneamente en otras zonas en milenios posteriores. En algunos lugares de Europa coincide la llegada de aquellos adelantos neolíticos con la invención de la escritura en Egipto y Mesopotamia (en torno al 3.000 a. C.). La entrada en la historia de estas regiones no nos debe hacer pensar que el resto del mundo lo hacía. Europa, por ejemplo, nos irá desvelando su historia paulatinamente a lo largo del I milenio a. C., primero los griegos y luego los romanos.

Al existir un desfase entre la historia del Próximo Oriente y la historia de Europa -del 3.000 al 600 a. C., incluso al 200 o al 100 a. C. para España- los investigadores han creado una denominación, Edad de los Metales, para designar a ese tiempo en Europa. Este momento es un periodo neolítico cuya particularidad es que se domina la tecnología de la metalurgia. Esta etapa se subdivide en milenios que, a grosso modo, coinciden con la difusión de la técnica de obtención de algún metal: el más antiguo es el Cobre o periodo Calcolítico (III milenio), le sigue el Bronce (II Milenio) y, por último el Hierro (I Milenio).

Contempla esta presentación y lee a continuación el texto que le acompaña.



LOS PRIMEROS POBLADOS

En el Neolítico el hombre deja de ser nómada al obtener los alimentos básicamente de la ganadería y de la agricultura. Ya no tiene que seguir a las manadas de herbívoros que hasta entonces cazaba y sí hacerse sedentario para proteger sus cosechas, sus rebaños y sus pastos. Al asentarse en un lugar fijo los grupos humanos pueden mejorar su vivienda, que ya no es provisional sino fija, y dedicarle un trabajo suficiente para que resulten lo más confortables que puedan. Cada sociedad creará un modelo de vivienda y de poblado en función de muchos factores:
- el material que tenga más a mano (piedra, barro, caña, madera…) o el terreno donde se asienten (palafitos de madera y caña construidos sobre el agua o en terrenos pantanosos).
- las condiciones climatológicas y del medio influirán en: el grosor de los muros (preservación de temperaturas extremas); la forma de los techados (planos con aljibes para recoger el agua de lluvia en zonas de sequía o en vertiente para evacuarla y evitar goteras donde abunda); el color de las fachadas; la adaptación al relieve buscando la altura como defensa.
- Las actividades económicas a las que se dediquen y su prosperidad determinarán: el tamaño de las construcciones y del asentamiento; las dependencias necesarias adaptadas a funciones especializadas (almacén de alimentos, bodega, establos…); y la existencia o no de espacios comunitarios (corrales, templos, plazas, tumbas, fosos, murallas…).
De las primeras chozas rudimentarias donde habitan apenas unas cuantas familias pasaremos a los poblados populosos en los lugares en donde, sobre todo, prospere la agricultura. En Çatal Huyuk, Turquía, se calcula que pudieron llegar a vivir hacia el 6.500 a. C. hasta cinco mil personas. Otros asentamientos que se desarrollarán a partir de la Edad de los Metales en Europa serán los que controlen las zonas de extracción de minerales, ejemplo de ello es el poblado de los Millares en Almería.



LOS MONUMENTOS MEGALÍTICOS.

No obstante, lo más característico de este periodo en Europa Occidental y Central son las construcciones megalíticas, fruto de las creencias religiosas y funerarias del hombre del neolítico y de las edades del Cobre y del Bronce. El término megalitos significa rocas grandes y en verdad lo son por sus dimensiones (varios metros) y por su peso (toneladas). Piénsese en el esfuerzo que supondría con los medios de la época obtener las piedras de canteras; arrastrarlas hasta el lugar concreto donde erigirlas, a veces durante decenas de kilómetros; cavar profundas hondonadas donde asentar el megalito o prolongadas rampas para asentar las rocas de forma adintelada. Al trabajo físico habría que añadir dos dificultades más: la necesidad de tener un nivel de coordinación eficiente para realizar estas tareas y un grupo humano importante y motivado para realizar tamaño esfuerzo.
Varios son los modelos de megalitos que encontramos.



  • El tipo más sencillo es el menhir. Una gran piedra vertical clavada profundamente en la tierra de la que no se conoce una interpretación segura. Para algunos sería una forma mágica de clavar al inframundo el alma de los muertos, para otros una manera de señalar el territorio tribal; algunos piensan en él como un tótem. Algunos de estos menhires, como el de Locmariaquer en Francia, pueden superar los diez metros de altura.

  • El menhir puede aparecer solitario o agrupado formando hileras o alineamientos, como el de Carnac en Francia, donde existen once filas de casi tres kilómetros de longitud.
  • Los menhires colocados en círculo forman los cromlechs, el más célebre es el de Stonehenge, cerca de Salisbury (Inglaterra) datado al comienzo de la Edad del Bronce. Estos monumentos tenían como función predecir a través de la posición de los astros los momentos del año propicios para el trabajo agrícola y probablemente también estuvieran relacionados con el culto al sol.
  • El dolmen es la construcción megalítica más difundida. La forma más simple consiste en una serie de piedras clavadas al suelo verticalmente cubiertas por una o dos horizontalmente formando una cámara que era utilizada como lugar de enterramiento comunitario. En su origen la construcción se tapaba con un montículo de arena y cascote conocido como túmulo.
  • Cuando las sociedades están más evolucionadas se levantan dólmenes más complejos para servir posiblemente de tumba a las elites locales. En las sociedades del sur de España enriquecidas por la metalurgia encontramos ejemplos de dos tipos de dólmenes inspirados en construcciones del otro extremo del Mediterráneo. En la cueva de Menga y  en la de Viera en Antequera (Málaga) o en el dolmen de Soto en Trigueros (Huelva), la cámara mortuoria se prolonga a lo largo de un pasillo o galería, que a lo sumo tiene un soporte intermedio entre las paredes. En todos los casos la construcción se hace con grandes rocas. En cambio, en la cueva del Romeral de Antequera (Málaga) o en las tumbas de Los Millares (Almería), algo posteriores, el pasillo se abre en una o dos cámaras circulares cubiertas con una falsa cúpula y construidas con piedras de tamaño más pequeño.
  • De la fase final de la Edad del Bronce son los monumentos exclusivos de las islas Baleares: las taulas, monumentales mesas de piedra de difícil interpretación; las navetas, cámaras mortuorias con forma de barca invertida; y los talayots, torres de planta circular o cuadrada que tendrían función defensiva y de observatorio/faro.

Interior de la Cueva de Menga, Antequera, Málaga (España). 2.500 a. C. Bronce Inicial.




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