viernes, 1 de enero de 2021

YU KAWASHIMA, 日本画家 川島優. LA PINCELADA DEL SILENCIO

Yu Kawashima, 川島優, es uno de los pintores japoneses más prometedores de la década que dejamos atrás. Su estilo me recuerda a otro pintor que ya he tratado en este blog, Ikenaga Yasunari. Son pintores que siguen el mismo objetivo, el de recuperar la esencia de la pintura japonesa tradicional, ‘Nihonga’, pero actualizándola con toques sutiles de la historia del arte occidental.

Mi acercamiento a su obra ha sido a través de la inauguración en Hong Kong de su más reciente exposición individual en la Whitestone Gallery. La muestra, que permanecerá abierta hasta el 23 de enero de 2021, es pequeña pero capaz de transmitirnos los principales rasgos de su obra. Para una visión más profunda es mejor recurrir a la exposición celebrada en junio de este mismo año en la Whitestone Ginza New Gallery de Tokio 


Datos biográficos.

Yu Kawashima nació en la prefectura de Shizuoka, Japón, en 1988. 

Según lo que el mismo cuenta, la vocación de pintor le vino cuando todavía estaba en la escuela primaria al contemplar una colección de pinturas que poseía su tío de Masakuni Hashimoto Gahō. Este maestro japonés de "Nihoga" de la era Meiji jugó un papel importante en la supervivencia y modernización de la pintura tradicional y representa el punto de partida de nuestro pintor: trabajar con los materiales tradicionales pero replanteándose los temas. 

En la escuela secundaria, siguió practicando el arte de la acuarela y el dibujo. Pero no será hasta su ingresó en la facultad de Bellas Artes de la Prefectura de Aichi, donde adquirirá la maestría en el arte secular. En la universidad dominó las técnicas de la pintura japonesa y sus materiales y adquirió una formación profunda del arte y la filosofía occidental. La conciliación entre el estilo tradicional japonés y el pensamiento occidental será el pilar básico de su forma de pintar. 

Después de licenciarse en el año 2012, empezó a exponer sus trabajos e inmediatamente consiguió un gran éxito en 2014 al recibir el primer premio del concurso "FACE" que organiza el Museo de Arte Sompo de Tokyo, con su obra Toxic (2013). Desde 2015 expone individualmente o en colectivas de forma recurrente en distintas galerías y ferias de arte de Asia.

Yu Kawashima. "Toxic", 2013. Tinta mineral y papel de plata sobre papel de lino y panel de madera. 194 x 111 cm.

Su tesis filosófico-pictórica.

Su tesis doctoral, aprobada en 2018, explica la intención de sus trabajos. Su título es bastante clarificador:  La expresión pictórica como manifestación dialéctica de los sentimientos internos: una transformación de la "ansiedad". Su obra pretende ser su personal via de escape de una sociedad en la que no se siente a gusto. 

Kawashima tiene la sensación de que el mundo moderno en que vivimos y los medios artificiales de los que nos rodeamos no satisfacen plenamente al ser humano y de ahí que sienta una desazón interna. El pintor añora otra realidad, que no es a la que se enfrenta en el día a día. Para él, las tecnologías y los medios de información visual como la televisión, las revistas y las redes sociales nos alejan de lo natural y de la verdad. Esta desnaturalización es lo que provoca en el hombre la sensación de no encajar en la realidad, lo que se traduce en un sentimiento de incongruencia y ansiedad.

Kawashima  pretende reconciliarse con su interior y para ello utiliza, además de su herencia oriental, la base teórica de filósofos pre-existencialistas occidentales del siglo XIX como Sören Kierkegaard  y Friedrich Nietzsche. Comparte con ellos la búsqueda de una existencia auténtica. coincide con ellos en que la ansiedad que sentimos en el mundo moderno nos hace tomar consciencia de que lo que vivimos no es lo natural, que existimos por encima de la superficialidad en la que vivimos. El hecho que experimentemos angustia nos permite reconocer nuestra verdadera existencia y nos permite buscar las maneras de trasmitirla. Él propone la pintura para encontrar su yo existencial profundo y enfrentarse a esa angustia vital.

Yu Kawashima. De la serie "Efecto adverso", 2015.


Características de estilo e influencias pictóricas aplicadas a su obra.

Es evidente que el Nihonga es la referencia inmediata y formal para expresarse. Utiliza materiales y técnicas de las artes tradicionales japonesas como el papel de lino sobre un panel de madera y pigmentos minerales para fabricar la tinta. La pintura es monócroma, pero abarca unos matices increíbles de tonos  negros, grises y blancos. Utiliza pinceles muy finos para aplicar linealmente los detalles de calidad de cada uno de los cabellos de sus figuras.


Kawashima
además lava la superficie del papel con agua para crear en sus fondos una textura envejecida, como si se tratara de paredes de hormigón deterioradas. Con este recurso hace visible las huellas del tiempo y su proceso de autoexploración. 

Ocasionalmente, para proporcionar efectos de contraste, puede incorporar en sus pinturas finas hojas de cobre y plata, que sirven para descomponer la figura y deteriorarla, como si las pasáramos por la memoria.

Yu Kawashima. Destinatario, 2019. 

Otro recurso pictórico que utiliza a menudo es el utilizar un patrón geométrico que, bien como fondo o bien como proyección en perspectiva, sirve para enmarcar sus figuras. Este formato le sirve para enlazar pasado y presente, puesto que sobre el papel apreciamos la realidad y al mismo tiempo unas formas articiales que pueden ser interpretadas tanto como un homenaje a la tradición japonesa o la tecnología. Pueden ser sencillos mandalas simbólicos que representan estados espirituales y que recuerda la decoración japonesa tradicional de muchos objetos como porcelanas o textiles, como pueden ser piezas de diseño industrial.


Patrones para telas de kimono de la era Edo.

Hay en su obra también admiración por los maestros japoneses y occidentales del siglo XIX y XX que, de alguna manera, asoman en las obras de gran formato. 

  • Sobre todo le atrae la obra de Kiyoteru Kuroda Seiki, el pintor que introdujo en Japón las nuevas tendencias pictóricas que se hacían paso en París a finales del siglo XX. De este maestro no le interesa tanto el color o el impresionismo, que es lo que se suele destacar de su obra de sus años en Francia, sino su interpretación revolucionaria para la época de la mujer y su interrelación con el simbolismo. El tríptico "Sabiduría, Impresión, Sentimiento" que realizó en 1897 es una de sus inspiraciones más claras. Dejando a un lado las diferencias entre las imágenes desnudas y vestidas de las mujeres, es un mismo mundo introspectivo donde la mujer sirve como canalización simbólica para manifestar estados de ánimo y sentimientos profundos.

Kuroda Seiki, Sabiduría, Impresión, Sentimiento, c. 1897, óleo sobre lienzo, Kuroda Memorial Hall, Tokio. Esta obra de Kuroda además fue un escándalo porque rompió el tabú del desnudo femenino en Japón. Sus tres desnudos, justificados por el título alegórico del cuadro, están representados con la plasticidad y el volumen tridimensional propios de la pintura académica francesa. Sin embargo, el fondo plano dorado recuerda a los biombos dorados populares durante el período Momoyama de Japón (1573-1615).


Tanto para Kawashima como para Kuroga, la mujer es el centro de su cuadros. Kawashima desnuda a sus modelos, es más todas aparecen bajo vestidos recatados, a veces excesivos. Sus mujeres son muy jóvenes, algunas casi niñas. Algunas con rostros y cuerpos andróginos. Son  estereotipaciones en las que se mezclan varias mujeres, aunque siempre es la misma.



Analicemos una de sus composiciones más interesante para ver como conjuga todos estos rasgos y qué puede haber detrás de algunas de su mejores creaciones.

Re-Actor.

Yu Kawashima también realiza trípticos con mujeres que ocultan misterios. A través del gesto, de los ojos y de las manos se esbozan expresiones sutiles que te obligan a reflexionar y a contemplar con un silencio religioso. El mejor conjunto es el de "Re-actor. Toxic,  Zeta,  Inside" del año 2017. Como en el tríptico de Kuroga, solo la mujer del panel central fija su mirada en el espectador, mientras que las otras dos mujeres se vuelven y se recogen sobre sí mismas con una mirada furtiva hacia abajo. 

Yu Kawashima, "Re-actor. Toxic,  Zeta,  Inside" , 2017.

El fondo no naturalista de la pared de hormigón y del patrón geométrico realza el simbolismo de las figuras. Los conceptos que encarnan estas figuras son sentimientos o pensamientos del propio artista. Al presentarse en formato de tríptico y sobreelevar el panel central, las figuras adquieren un sentido intemporal que se podría definir como sagrado. Pasan a ser imágenes de culto como los iconos religiosos de los altares cristianos. 

Las mujeres de los laterales sea aúpan sobre pedestales a modo de figuras escultóricas, como escoltando a la imagen central. Pero el hecho de que vistan ropas opuestas (blancas y negras) y se levanten sobre podiums también opuestos nos da la clave de qué pueden simbolizar. Estos paneles recrean a las dos fuerzas fundamentales, opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. Según el pensamiento taoísta, el yin y el yang rige el universo y, por ello, cada ser, objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. De esto se deduce que nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud o inmutabilidad, sino que todo está en una continua transformación. Además, que cualquier idea puede ser vista como su contraria si se la mira desde otro punto de vista.  



Con respecto a la imagen central, la mujer recuerda una postura ritual de alguien embarcado en el camino esotérico de ser Buda (Bosatsu) y alcanzar el supremo conocimiento o iluminación. Las posturas de las manos y de sus dedos no dejan dudas sobre el significado misterioso de la joven que parece asistir a una profunda transformación interior y autorrealización. El círculo que la aureola puede ser también el símbolo de la iluminación y la divinidad.


Kokuzo Bosatsu (Akasagarbha). Periodo Kamakura, siglo XIII. Kokūzō simboliza la sabiduría de Buda "vasta e ilimitada" que impregna el universo. En Japón, los creyentes rezan a Kokūzō para que les conceda sabiduría en su búsqueda hacia la iluminación. También rezan a Kokūzō para que mejore su memoria, habilidades técnicas y talentos artísticos. 


  • Hay en su teoría pictórica también referencias al pintor francés Gustave Moreau. De éste le interesa le mundo de «símbolos personales » a los que recurrió para que sus cuadros despertaran emociones e imágenes evocadoras. También le seduce los temas que abordó y que en cierta forma a Kawashima también le interesan como la angustia, el miedo, la muerte, el amor o el deseo. de ahí que huya de un tema narrativo y muchos de sus cuadros lleven por título conceptos abstractos. Pero es el pintor inglés Francis Bacon el pintor occidental que cala más profundamente en su forma de entender la pintura. Parecen alejados porque estéticamente se expresan de forma muy distinta, pero ambos comparten la búsqueda expresionista y simbólica de transmitir su propia ansiedad en el sociedad contemporánea que les ha tocado vivir.
  • Como pintor del siglo XXI, no podemos soslayar la importancia que tiene la tecnología. Aunque a él le incomode, no deja de ser un pintor de su tiempo y utiliza las redes sociales y los medios como la fotografía para su proceso creativo

Por último, la polémica.

La obra con la que se dio a conocer en 2014, Toxic, resultó polémica porque utilizaba una fotografía como elemento de inspiración, lo que no me parece un desdoro, y algunos internautas le acusaron de plagio. En la composición inferior se demuestra cómo una foto de estudio de la actriz japonesa Fumi Nikaido fue la referencia indudable. 

Gracias a ello descubrimos que usa la fotografía como punto de partida para muchas de sus obras y que la actriz le inspira en algunas de sus composiciones, bien es verdad que transformando el rostro de su musa en un personaje distinto.



Para saber más sobre este pintor deberíais seguir su twitter o verle en persona en el siguiente vídeo.



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