domingo, 6 de enero de 2019

ARQUITECTURA DE LA DINASTÍA DE LOS SEVEROS. CARACTERÍSTICAS Y PRINCIPALES EDIFICIOS. LA EXPOSICIÓN "ROMA UNIVERSALIS" (2)

Como ya dijimos en un anterior artículo, hay otra buena razón más para visitar Roma hasta el 25 de agosto de 2019: perderse por el renovado Parque Arqueológico del Coliseo y ver la extraordinaria exposición "Roma Universalis: El Imperio y la dinastía venida de África". Ya conocimos, en otro artículo, la historia de esta familia y nos familiarizamos con sus rostros a través del análisis de sus retratos, por eso, en éste, me centraré en otros aspectos que ilustra la exposición. En concreto voy a analizar algunos de sus logros políticos que me parecen importantes para entender el devenir del imperio y profundizar en cómo se sirvieron de la arquitectura para hacer propaganda política de su dinastía.



Sobre los espacios de la exposición.

La exposición está extendida por todo el Parque arqueológico, pero especialmente se divide en tres grandes ubicaciones que involucran el Coliseo, la Domus Severiana o residencia histórica de los Severos en la Colina Palatina y el Foro Romano.

Arriba el plano de Google maps para localizar las ubicaciones y debajo el plano de los ámbitos de la exposición.





El principal ámbito expositivo es el corredor interior anular del segundo piso del anfiteatro donde se han dispuesto vitrinas con esculturas, maquetas de edificios, piezas arqueológicas y paneles explicativos que permiten hacernos una idea sobre la dinastía y sus logros. Por cierto, el Coliseo es un espacio que también tiene que ver con los Severos, puesto que bajo el reinado de los últimos monarcas de esta dinastía fue reconstruido después de su incendio del año 217.


Una vez fuera del mismo, la visita nos ofrece continuar nuestro recorrido hacia el Foro Romano hasta llegar al arco que levantó Septimio Severo. Por el camino podemos atravesar espacios arqueológicos que hasta ahora no eran visitables como el templo de Rómulo y las conocidas como termas de Heliogábalo en la zona cercana a la via Sacra y al Arco de Tito o el Clivus ad Carinas, pasaje que conducía de la vía Sacra al Templo de la Paz

En el Palatino podemos ver las estancias de la Domus Augustana y  la Domus Severiana  y visitar alguna sala abierta para la ocasión como la "sala de los capiteles". 

El clivus ad Carinas. Este pasaje abovedado unía al popular barrio de Carinas con el templo de la Paz de Vespasiano en los foros imperiales. El pasadizo se ha abierto con ocasión de la inauguración de esta exposición  pues estuvo cerrado muchas décadas.


El espacio expositivo del interior del templo de Rómulo. Las pinturas murales son medievales, ya que el edificio se convirtió en una iglesia. Se ha abierto para exponer un grupo de esculturas descubiertas recientemente en las excavaciones de las termas de Heliogábalo. 


El nuevo espacio abierto de la sala de los capiteles de la domus severina. La naturaleza del nombre es evidente. La sala es una factura de hormigón y ladrillo muy interesante.


El espacio expositivo del Coliseo.

Una vez atravesada la sección de vitrinas con los retratos de los protagonistas de estos 40 años, los pasillos interiores del Coliseo se han diseñado para presentar cerca de cien obras y hallazgos arqueológicos que nos introducen en las reformas económicas y sociales que pusieron en marcha los Severos.



El recorrido es un descubrimiento continuo, porque los Severos, a pesar de sus disputas internas, trajeron prosperidad y cambios fundamentales al Imperio. Vamos a apuntar algunos de los logros más importantes, pero sólo profundizaremos en los que tienen que ver con aspectos relacionados con lo histórico-artístico.
  • Fueron soldados que protegieron sus fronteras, lo que se ve especialmente en los arcos de triunfo que levantaron para conmemorar sus victorias. 
  • Dieron sentido pleno al concepto de "romanización" ampliando el derecho de ciudadanía a todos los hombres libres del imperio. 
  • Manipularon la moneda para hacer frente a la acuciante crisis económica fruto de la catastrófica mortalidad producida años antes por la viruela. 
  • Apostaron por el sincretismo religiosos entre los dioses romanos y los del norte de África y Oriente de donde procedían. 
  • Siguieron alimentando a la plebe de Roma trayendo grano y aceite desde el último rincón de su territorio. 
  • Dieron a la mujer una importancia como nunca más tendría en Roma.


La Constitutio antoniniana.

Aunque no tiene que ver directamente con el arte, me gustaría comenzar reflexionando sobre una de las medidas más importantes llevadas a cabo por esta dinastía: el edicto conocido como  Constitutio antoniniana.  Emitido por Caracalla el 212 d.C, otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio. En la exposición se expone el papiro Giessen 40, el texto más antiguo que se conserva sobre el mismo.

Papiro con el edicto del emperador Marco Aurelio Severo Antonino, también conocido como Caracalla, (Constitutio Antoniniana de civitate peregrinis danda). El texto está en griego y fue descubierto en 1901 en la antigua Hermopolis Magna, (Egipto Medio). En exposición.


Esta disposición revolucionaria tuvo indudablemente la finalidad fiscal de incrementar los ingresos al aumentar el número de personas que habrían de pagar impuestos sobre la manumisión de esclavos o sobre los derechos de sucesión. Pero, indirectamente, supuso también la culminación del proceso de extensión de los derechos civiles con lo que finalmente se completó el proyecto universalista que Augusto pretendió desde que implantó el Imperio dos siglos antes.

Con este acto se completó el proceso de "romanización" entendido como la integración entre los diversos pueblos del Mediterráneo y Europa, alcanzándose una homogeneidad cultural de los estados y pueblos sometidos por la fuerza de las armas. Es el período en el que el imperio romano vive una completa dimensión cosmopolita: los miembros del senado y la orden ecuestre  fueron cooptados en todos los rincones del imperio y la movilidad de personas y bienes estaba garantizada por la ausencia de fronteras. El origen de esta dinastía mismamente es el mejor ejemplo de la romanización efectiva del Imperio y de ahí el nombre de la exposición "Roma Universalis".



Leptis Magna. El origen de la dinastía. 

No es extraño que Caracalla con su edicto se acordara de los habitantes de los rincones remotos del imperio, ya que el origen de la dinastía era provinciano. Había comenzado con su padre Septimio Severo, que era oriundo de Leptis Magna, la principal ciudad de Libia, y con su madre, Julia Domna, que era de Emesa, ciudad Siria.

Maqueta del foro de Septimio Severo en Leptis Magna. De fondo los restos tal y como se pueden visitar en Libia. Exposición.


Las ruinas de Leptis Magna. En primer plano su teatro al fondo el foro anterior. El desarrollo urbanístico de Leptis tuvo dos fases importantes; la primera bajo Augusto, y la segunda, en época de Septimio Severo. En esta segunda época urbanística, el emperador quiso dotarla de edificios similares a los de la capital del Imperio, y construyó un segundo Foro, el Forum Novum Severianum, que era similar al Foro Trajano de Roma con una basílica, que imitaba a la Basílica Ulpia.



En la exposición se recuerda especialmente a Leptis a través de una maqueta de su emblemático arco de triunfo. Septimio Severo favoreció a la ciudad particularmente entre 197 y 203 d.C., dotándola de construcciones y riquezas que rivalizaron incluso con  Cartago y Alejandría. En el 203, el emperador y su familia visitaron la ciudad y fueron recibidos con grandes honores y pudo comprobar la transformación de su foro y puerto. El número de estatuas y dedicaciones hechas a la familia imperial por la ciudad y por los habitantes privados es único, no solo entre las ciudades del norte de África, sino en todo el imperio en general. Ello sugiere que la ciudad se asoció públicamente, a un nivel muy personal, con su éxito.

Teatro romano de Sabratha,  otra de las ciudades de la costa Libia beneficiada por el emperador. Fue construido en tiempos de Septimio Severo, año 190. Es uno de los mejor conservados. Arriba maqueta en la exposición. Debajo, las ruinas actuales.




El arco de  triunfo, como medio de propaganda política de la dinastía. 

El arco de triunfo es el monumento que sirve mejor para propagar un mensaje político entre los súbditos de un soberano, puesto que el edificio es un escaparate bello, que se expone en un lugar preeminente de la ciudad y puede estar decorado con epigrafía, escultura en bulto redondo y, sobre todo, relieves narrativos que difundan efectivamente las ideas de legitimación de su poder. En el caso de Septimio Severo, el arco resulta clave y se convierte en una seña de identidad dinástica para afianzar su gobierno tanto en la urbs, Roma, como en las provincias. El emperador sabe que debe su trono al ejército, quien le hizo vencedor de una guerra civil. Que nació en Leptis, humilde ciudad provinciana, y que, por tanto, no es hijo de una noble familia romana. Por lo que la base principal de su prestigio como buen gobernante son las campañas militares victoriosas que pusieron fin a la guerra civil y que devolvió el prestigio militar a los romanos frenando a los persas. Así, el monumento que conmemora un triunfo militar se convierte en la demostración empírica de su legitimidad como soberano y, de ahí, la importancia de levantar muchos a lo largo y ancho de todo el imperio. El mensaje a transmitir a sus súbditos en ellos debe apoyarse además en manipular a su favor el pasado, apareciendo como descendiente directo de los idealizados emperadores Antoninos, y proponiendo un futuro glorioso, basado en la bendición de los dioses y la continuidad de su buen gobierno a través de sus hijos, a los que asocia al poder.



Vamos a hacer un estudio de los cuatro de los que se ofrece datos en la exposición: el tetrapylon de Leptis, el del foro romano en Roma, el de los Argentarios en el foro boario de Roma y el de Nápoles.



El arco tetrapylon de Leptis Magna. Los dioses y la dinastía

Nos detenemos en el arco de triunfo de Leptis Magna para que, a través de los relieves que lo decoran, entendamos el programa político imperial de Septimio Severo, el fundador de la dinastía.

Arco de Septimio Severo, 203. Fue construido como tetrapylon, arco de cuatro vanos de los que partirían los dos caminos urbanos más importantesque unen la nueva Leptis Magna con la antigua ciudad: el cardo, dirección norte-sur, y el decumanus maximus, la principal vía este-oeste que uniría el foro con el puerto.  Enmarcado con ocho columnas corintias que soportan un frontón roto, el arco está adornado con la mezcla de elementos helenísticos. El frontón roto del arco no es típico de la arquitectura romana, sino de la tradición oriental. Ocho victorias en las enjutas portan coronas de flores y una rama de palmera, conmemorativas del triunfo. 





Maqueta del arco de Leptis Magna  que se exhibe en la exposición. Los cuatro frisos representaban a la familia imperial en escenas del triunfo sobre los partos y actividades rituales y cívicas que involucran a la familia. Septimio Severo trabajó para consolidar su dinastía y, por ello, puso énfasis en la participación de sus hijos, Geta y Caracalla, en las ceremonias. Por otro lado, la presencia en las escenas de los dioses, romanos  y provinciales, indican el interés de protección que quieren asumir los Severos en Roma y su deseo de hacer prosperar a las Provincias. Es un plan que ya el primer emperador instituyó para consolidar su poder como soberano y dejarlo en herencia a sus descendientesOcho relieves decoran los huecos interiores, cuyas escenas incluyen el asedio de una ciudad, el triunfo y las virtudes que asume el soberano. Es evidente que además de conmemorar las victorias de Septimio Severo se quiso destacar en este arco las consecuencias prósperas de esas victorias y el establecimiento exitoso de una dinastía. Lo mismo que hizo Octavio Augusto en el Ara Pacis de Roma


Debajo. Relieves del ático del arco de Severo en Leptis Magna, Museo de Trípoli. El friso del noreste representa el triunfo celebrado en Roma a su regreso de la victoria sobre los partos. Un grupo de jinetes cabalgan tras el carro imperial en un intento ilusionista. Delante, la cuadriga que lleva tres figuras centrales: Septimio Severo y sus hijos Caracalla y Geta, confirmando la continuidad dinástica. El emperador se presenta de frente en una afirmación deliberada de su superioridad. Ambos herederos han perdido la cabeza: Geta presumiblemente eliminado de forma deliberada después de su Damnatio memoriae en 211 d. C. El carro está decorado con imágenes de deidades orientales y romanas de Cibeles, Hércules (uno de los paralelos más importantes con el culto imperial en esta dinastía fue el semidiós Hércules) y Venus. La iconografía enlaza tanto la escena real del triunfo como, a través de los relieves de la cuádriga, la coronación divina, un programa simbólico utilizado por emperadores como Augusto o Trajano. El triunfo es precedido por togados acompañados por partos cautivas.


Debajo. Detalle del anterior friso. Artísticamente. Los relieves, como ya se habían insinuado en los de la columna de Marco Aurelio en Roma, revelan una marcada frontalidad de las figuras principales para poder distinguirlas de los personajes secundarios en escenas abigarradas. Con ello se acentúa la autoridad y el poder del emperador. Las proporciones de las figuras han cambiado del canon clásico y helenístico, en el que la cabeza era solo una octava parte del cuerpo, a nuevas proporciones, características del arte antiguo tardío, en las que la cabeza era mucho más grande. Alcanzando la proporción de una séptima parte del cuerpo.



Relieve del friso de los sacrificios en el lado noreste del arco. Muestra una escena de sacrificio. La familia imperial se reúne con otras figuras, presuntamente dignatarios, para presenciar el sacrificio de dos bueyes, aunque uno está perdido. Se cree que en el centro del friso (ahora incompleto) se representó  a la familia imperial con el emperador y su mujer, Julia Domna, y en medio de ellos sus hijos (en tamaño ligeramente más pequeño) Caracalla y Geta (su rostro desaparecido seguramente por la Damnatio memoriae decretada por su hermano Caracalla tras asesinarlo).


El grupo familiar aparece nuevamente en el relieve del lado sudoeste, en una escena de la Concordia Augustorum. Septimio Severo le da la mano a su co-emperador hijo Caracalla, mientras Geta se interpone entre ellos. Julia Domna presencia la escena junto a distintos dioses como Hércules, Liber Pater, Roma / Virtus y posiblemente Tychè, la diosa de la ciudad de Lepcis. El mensaje es claro, es una concordia entre el emperador y sus hijos con los dioses del imperio y Lepcis específicamente, todos los cuales aparecen en apoyo de la dinastía.


El arco de Triunfo del foro romano. La victoria militar y la toma del poder.

En relación con este monumento de Leptis Magna, hay que comentar el más conocido de los arcos de triunfo levantados en honor de Septimio Severo, el magnífico de tres vanos construido en el borde noreste del foro romano, enfrente del templo de la Concordia. Fue construido el año 203 para conmemorar las victorias obtenidas sobre los partos, árabes y los diferentes pueblos de Mesopotamia, así como para celebrar los diez años de su reinado, decennalia.

El arco de Septimio Severo es un arco triunfal de mármol blanco construido entre el 202 y el 203 para conmemorar las victorias del emperador Septimio Severo y sus dos hijos, Caracalla y Geta sobre los partos en dos campañas, la primera entre 194/195 y la segunda entre 197-199. Está construido en mármol del Mármara y travertino y sus dimensiones son de 23 metros de alto por 25 metros de ancho. 



El edificio sigue el esquema tradicional de arco de triunfo romano de tres vanos, con un arco central más alto y más ancho, que los dos laterales, enmarcados entre cuatro columnas corintias sobre pedestal que sostienen un falso entablamento. Las bóvedas creadas por los arcos descansan en pilares. En el ático se puede leer, a través de los huecos dejados por las letras desaparecidas de bronce, la inscripción o dedicatoria del monumento. La decoración escultórica de los relieves militares se disponen en cuatro paneles sobre los macizos muros de ambas caras. Se sabe, por monedas que lo representan, que remataría la cúspide del edificio una cuádriga en bronce conducida por Septimio y sus dos hijos.

Maqueta presente en la exposición. Reconstrucción bastante detallada si se amplía.


El foro romano desde el Capitolium, reconstrucción. A la derecha asoman las esculturas que rematarían el arco de Septimio Severo y al fondo se podrían ver los arcos de Augusto y Tiberio, que cerraban el otro extremo del foro más antiguo de la ciudad.


Los pedestales están decorados con relieves que representan a los prisioneros partos, custodiados por soldados romanos. Estos relieves se conservan maravillosamente, porque en buena parte de la historia medieval estaban enterrados por los sedimentos de las inundaciones que acolmataron el foro romano.


Imagen del Foro romano en el siglo XVIII, según Piranesi. A la izquierda vemos el arco de Septimio Severo enterrado hasta casi la altura de los arcos laterales.



Dos Victorias aladas flanquean los arcos.



A diferencia del arco de Leptis Magna, en este se ensalza más la celebración de una victoria sobre un enemigo extranjero. Tal vez, porque el mensaje sirvió para enmascarar el hecho de que el emperador había ascendido al poder a raíz de una cruel guerra civil, justo como Augusto antes que él. De hecho, la ubicación en el foro romano junto a los arcos, hoy en día desaparecidos, de Augusto y Tiberio fue totalmente intencionado por parte de Septimio Severo que deseaba compararse y asociarse con el primer emperador y su dinastía.

Relieves, muy erosionados, del asedio a una ciudad parta (¿Edesa o Ctesifonte?). Este tipo de relieves narrativos es muy similar a los relieves de las Columnas de Trajano y Marco Aurelio. Aquí se adaptan a otro tipo de monumento, pero el concepto es el mismo. Los relieves en el Arco de Septimio Severo son más esquemáticos que los de las columnas más antiguas. Otra fuente de inspiración pueden ser los paneles pintados que los comandantes victoriosos enviaron de regreso a Roma. Tales pinturas se usaban a menudo como parte de la procesión triunfal. La franja inferior refleja el desfile triunfal con el botín de guerra obtenido.


El grado de deterioro de estos relieves es tan grande, que sólo a través de una reconstrucción de los mismos podemos entender la calidad de la obra original y el parecido con los relieves históricos de los Flavios y Antoninos. Debajo tenéis el mismo panel de arriba, que resultaba incomprensible. La escena de la campaña se lee de abajo hacia arriba. Muestra, en dos registros, el sitio de Ctesifón, la capital de los partos, utilizando máquinas de guerra, y la huida del rey enemigo derrotado; y encima, finalmente, el emperador dirigiéndose a las tropas victoriosas frente a la ciudad capturada.



El arco o puerta de los argentarios en el foro Boario.

De carácter civil y laudatorio para la familia imperial, se levantó el año 204 en la entrada al foro Boario de Roma un monumento conocido como Arco de los Argentarios, aunque más bien se trata de una puerta arquitrabada. Según consta en su inscripción, el monumento no fue erigido por el estado, sino por el colegio de cambistas y de comerciantes del foro, argentarii et negotiantes boarii huius loci.

Maqueta presente en la exposición. El monumento, que se puede ver in situ, tiene una altura de 6,80 m y una anchura de 5,86 m. Está constituido por un arquitrabe de mármol sostenido por dos grandes pilastras, de la que una fue semienglobado en el siglo VII en la iglesia de San Giorgio in Velabro. La estructura está revestida por placas de mármol blanco, mientras que el basamento es de travertino. Es probable que sobre el arco fuesen colocadas las estatuas de la familia imperial. Septimio Severo, su esposa Julia Domna y los hijos del matrimonio, Geta  y Caracalla (con su mujer Fulvia Plautilla).




La inscripción dedicatoria está encuadrada por dos bajorrelieves que representan a Hércules. La decoración de motivos vegetales cubre muchos de los espacios arquitectónicos como pilastras y friso, dejando entre éstos espacios narrativos para paneles verticales.


Los relieves del interior del pasaje representaban a los miembros de la familia real al completo (algunos dañados por la Damnatio Memoriae) presidiendo un acto de sacrificio. En los paneles del exterior se hace referencia a las victorias militares. En el relieve principal de la derecha se aprecia a Septimio Severo y a Julia Domna como sacerdote y sacerdotisa respectivamente, ante un trípode-altar, sujetando ella un gran caduceo. Julia aparece junto a su marido en condiciones de igualdad, con una importancia en la esfera religiosa que hasta entonces no había tenido ninguna otra mujer de la casa imperial. Ha desaparecido Geta de la escena que estaría al lado de sus madre. 



En el relieve de la izquierda, ha quedado sólo la figura de Caracalla, desapareciendo Plaucila (su esposa) y a Plauciano (el padre de Plaucila y suegro de Caracalla), que estarían en el hueco dejado. Se aprecia muy bien debajo del panel un friso con objetos utilizados en los cultos religiosos.


Escenas del rito del sacrificio de un buey justo debajo del relieve de los emperadores que presiden el rito. 



El arco de triunfo de Nápoles

Entre las piezas en exhibición, también hay tres relieves descubiertos recientemente en las excavaciones del metro de Nápoles, que junto con otras piezas se utilizaron para levantar una torre defensiva en tiempos bizantinos. Los relieves son típicos de la decoración de pilares y frisos de otro arco erigido en tiempos de Septimio Severo.

Panel explicativo de este arco de Nápoles en la exposición.



Fragmento del friso del arco de triunfo, encontrado en Nápoles (en Piazza Bovio) con una escena de procesión y sacrificio, Dimensiones 79 x 80 cm.


La política dinástica y la construcción en Roma bajo los Severos.

Además de los arcos de triunfo, la dinastía Severa tuvo gran interés en realizar muchos otros monumentos públicos con el fin de influir en la opinión popular. La idea de legítima continuidad dinástica en el trono imperial siempre está presente en las obras de Septimio Severo y, sin embargo, a partir de Caracalla, al estar ya la dinastía plenamente consolidada, los emperadores no insistieron tanto en esta idea y sí en las necesidades urbanísticas de los barrios de Roma y en la edificación de templos de sus preferencias religiosas orientales.


La Forma Urbis Severiana.

Los  Severos, especialmente Septimio Severo y Caracalla, participación en el urbanismo de Roma a través de reformas emprendidas por ellos o nuevas construcciones. De todas ellas dieron buena cuenta en la  "Forma Urbis Severiana", un plano catastral en mármol de la Antigua Roma llevado a cabo entre el 203 y el 211. Fue inciso en unas losas de mármol y colocada en un muro del Forum Pacis. En la exposición se exponen algunos fragmentos. La intención de este magnífico plano era claramente política: mostrar la grandeza alcanzada por Roma y la restauración de la ciudad hecha por la nueva dinastía Severa, ya que parte de Roma había sido reducida a cenizas a causa de los incendios de los años 185, 188 y 191 d.C., durante el reinado de Cómodo (180-192 d.C.).



La dinastía dio un gran impulso a la restauración de monumentos levantados por otros emperadores y dejó constancia de su labor, como queda demostrado por las numerosas inscripciones colocadas en ellos. Su objetivo, de nuevo, fue hacer propaganda de su legitimidad. El Senado concedió  a Septimio el titulo de Restitutor Orbis. Entre las reconstrucciones destacan: El templo de Vesta, reconstruido en el 204 por orden de Julia Domna. El Panteón de Agripa, también en el 204, con inscripciones del hecho en el arquitrabe. Se sabe que restauró también el Templo de la Paz, el Teatro de Pompeyo, el Pórtico de Octavia con los templos de Juno Regina y Júpiter Stator, el Pórtico de Filippo con el Templo de Hércules y las Musas en el Circo Flaminio, el Templo de Fides, la Biblioteca de la Colina Capitolina, el Templo de Vespasio y Tito, el de Saturno en el Foro y el Arco de Nerón.

Fragmento de la Forma Urbis. La escala del plano es de aproximadamente 1: 240 con el norte hacia abajo, mostrando con un alto grado de detalle las plantas de cada templo, termas o ínsulas de la ciudad de Roma en el siglo III d. C. Muchos de los edificios llevan también su nombre grabado, haciendo del mapa un documento excepcional. En la imagen cuatro fragmentos de la Forma Urbis Severiana que muestran el Ludus Magnus. 



Reconstrucción de cómo estaría ubicado el plano. Las losas sirvieron como revestimiento parietal de una de las habitaciones de la esquina sur del Templo de la Paz, que haría las veces de registro catastral. Originalmente su tamaño fue de 18 metros de ancho por 13 de alto, siendo tallado sobre 150 placas de mármol, colocadas en uno de los muros del Templo de la Paz. El hecho de que el entorno adyacente inmediato fue reutilizado (alrededor del año 530) para la Basílica de los Santos Cosme y Damián permitió la conservación del muro en el que se aplicaron. Actualmente, hay 1186 fragmentos de las losas, que cubren alrededor del 10-15% de la superficie total.



El plano fue destruyéndose a lo largo de la Edad Media, de modo que hoy en día sólo se conservan pequeños trozos del mapa, alrededor de un 10 por ciento del total, pero aún así es un excepcional documento para realizar una recreación audiovisual espectacular de la ciudad sobre la base de estos fragmentos. En 2002, la Universidad de Stanford (San Francisco, California) supervisó un proyecto basado en la creación de una base de datos en línea de fragmentos existentes para la reconstrucción de la planta con la ayuda de tecnología. Esta es la base con la que se ha hecho este vídeo-montaje.



Las obras públicas y de reconstrucción de la ciudad de Roma.

- Las termas de Heliogábalo. En el recorrido de la exposición por el Palatino y junto a la vía Sacra, son visitables por primera vez los vestigios de un extraordinario conjunto arquitectónico: las llamadas termas de Heliogábalo, que salen a la luz en un rincón de las laderas de la colina bañadas por la Via Sacra, que cuenta una larga historia de transformaciones en edificios. Un ciclo de estatuas descubiertas en este sitio, nunca antes exhibidas y compuestas de retratos y bustos de mármol de buena calidad, se reúnen en el Templo de Rómulo.

Excavaciones de las termas de Heliogábalo.


- La domus Severiana del Palatino. El recorrido por el Palatino continúa por un distrito monumentalizado en honor a la familia imperial en aproximadamente dos hectáreas. Su plan se centró especialmente en la pendiente sudeste del Palatino que daba sobre la vía Apia y el Circo Máximo. Hoy, los signos más evidentes que quedan en pie, son imponentes arcos y terrazas, junto al estadio, con la extraordinaria sala de los capiteles del techo de cajones estucados. La intención de Septimio Severo con este conjunto fue presentarse como el legítimo heredero de los Antoninos y como el que había renovado la paz y la prosperidad al Imperio. No sólo amplió el palacio imperial, en lo que se conoce como la Domus Severiana, sino que resolvió el paisaje urbano de la zona impulsando la construcción de nuevos baños imperiales, la renovación de acueductos y, posiblemente, el trazado de una nueva carretera y plaza con fachada monumental.

A la izquierda las dos zonas del Palatino edificadas por Septimio Severo: la domus Severiana y el Septizodium.


La Domus Severiana es la extensión final de los palacios imperiales en la colina del Palatino. Posiblemente ya estaban planificados en tiempos de Domiciano, pero fueron terminados en los de Severo. Todo lo que queda del edificio son las imponentes subestructuras de pasillos y bóvedas en la esquina de la colina. Con ellas se crearon una plataforma artificial al mismo nivel que el palacio de Domiciano o domus Augustiana para llevar la residencia más allá de la pendiente de la colina. En su parte superior se encontraría el palacio real del cual únicamente quedan unos pocos restos. Las huellas de los baños se pueden ver entre el edificio y la exedra del estadio domiciano. Estos baños fueron alimentados por una extensión del Aqua Claudia.

Esqueleto de pilares y bóvedas hechos con ladrillos y hormigón que sostenían la Domus Severiana y donde se encontraban las termas severianas. 




- Septizodium. Todo esta nueva ampliación del palacio imperial se remataría con una fachada monumental con función de fuente o ninfeo llamada Septizodium.​ La construcción pudo estar terminada hacia el 203 puesto que ya aparece representado en un fragmento de la Forma Urbis. Tenía casi 100 metros de largo y la forma de un gran edificio de varios pisos de columnas y entablamentos a modo de escenario teatral con tres nichos. El nicho central albergaba la estatua del Emperador, y los otros dos de los lados, contenían estatuas menores y surtidores de agua. Sería visible desde la Vía Apia, marcando la entrada al recinto imperial. El emperador quiso impresionar con esta obra a todos aquellos que llegasen a Roma por el sur, fue una declaración arquitectónica visible y contundente de su autoridad como gobernante.

La fuente contenía las estatuas de siete astros-dioses (de ahí el nombre  de Septizodium): Saturno, Sol, Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus. Posiblemente también habrían estatuas de la familia imperial. El edificio ya se encontraba en ruinas a finales del siglo VIII y su reconstrucción resulta polémica. Os ofrezco la versión de Dombart.

Vista que muestra el lado suroeste del Palatino con el Septizodium, los arcos del Aqua Claudia y el Arco de Constantino a la derecha., por Etienne Du Pérac, comienzos del siglo XVII.


- Termas de Caracalla. Se abrió un nuevo eje vial (la Via Nova) para conectar el Palatino con los barrios populares construidos a lo largo del tramo terminal de la Via Appia. Es aquí donde surgieron las monumentales Termas de Caracalla (211/212 Septimio y 216/217 Caracalla). El complejo termal no estaba terminado en el año 216 año de su inauguración oficial y por tanto fue continuado por sus sucesores, Heliogábalo y Alejandro Severo. Fueron las segundas termas más grandes de la ciudad, sólo superadas por las de Diocleciano unas décadas después.

Impresionantes esqueletos de los muros de las termas de Caracalla. Las técnicas constructivas empleadas son las habituales en Roma: núcleo de hormigón recubierto de ladrillo, mármol o estuco (dependiendo de las zonas, el mármol soporta la humedad y el vapor, el estuco no), bóvedas de arista y medio punto para cubriciones, arcos para vanos y descargas de muros, y el uso aún incipiente de la pechina, para superar la transición arquitectónica de una planta cuadrada a un espacio semiesférico.


Su planteamiento deriva de las de Trajano, un gran recinto cuadrado, con zonas para juegos gimnásticos, entrenamientos deportivos, zonas culturales, aulas, biblioteca,.. y en la zona central el balneario, propiamente dicho; una gran zona destinada para baño, en sus distintas fases. Existía una gran piscina, natatio; a ambos lados las salas para desnudarse, apodyteria; la gran sala de agua fría, frigidarium; la de agua templada, tepidarium; y la piscina de agua caliente o caldarium. El abastecimiento y la conducción del agua se hacía a través de un acueducto propio, con una gran cisterna al final, que conducía hacia el complejo termal enormes cantidades de agua, ya que tenían grandes piscinas que necesitaban un gran volumen de agua.

Las termas de Caracalla, unidas con el Estadio Domiciano y con el sector suroeste del Palatino donde se encontraba el Septizodium. Reconstrucción por Progetto Katatexilux, la empresa que ha elaborado el vídeo reconstructivo de la Roma al final de la dinastía de los Severo.


- Termas del Trastevere. De la misma manera, se prestó especial atención al distrito más densamente poblado de la Roma imperial, el Trastevere, donde Septimius Severus construyó la vía Septimiana y algunas pequeñas termas. En ambas áreas existió la voluntad de proporcionar infraestructuras utilitarias a barrios populares.

- Templos severianos en Roma. La huella conferida por la dinastía en los edificios sagrados fue igualmente profunda. Se construyeron en la ciudad tres nuevos santuarios para albergar cultos de África, Egipto y Siria: el templo de Hércules y Dionisio, las dos deidades de Leptis Magna, construido por Septimius Severus en el Quirinal; el templo de Serapis, en el Quirinal, restaurado por Caracalla; y, finalmente, el templo al Sol Invictus Heliogabalus, sustituyendo el culto en el mismo a Júpiter y dedicado por el emperador homónimo en el sector noreste del Palatino.


- Finalmente, los trabajos utilitarios. 
Bajo Septimio Severo le construyeron los nuevos campamentos para la guardia de caballeria del emperador, Equites singulares Augusti, en el área de S. Giovanni en Laterano, y los de la Legión II Parthica en Albano, para servir de contrapeso al excesivo poder que habían alcanzado las unidades de la guarnición de Roma, ante todo la Guardia Pretoriana, especialmente con los asesinatos de Cómodo, Pertinax y Didio Juliano en 192-193. Como no se encontraba en una provincia, actuaba como fuerza de refuerzo allá donde se la necesitara.

Bajo Alejandro Severo (222 al 235) se construyó el Aqua Alexandrina, el último de los once acueductos que abastecían de agua a la antigua Roma. Entraba en la ciudad por la Porta Maggiore, alimentando al ninfeo monumental, que ahora se puede ver en los jardines de Piazza Vittorio Emanuele II (los llamados "Trofeos de Mario") y de allí se dirigiéndose al Campo de Marte, donde estarían las Termas de Nerón, restauradas por Alejandro Severo en 226, conocidas como Termas Alejandrinas.


miércoles, 2 de enero de 2019

LOS FRESCOS DE LA ODISEA DE HOMERO DE LA DOMUS DE LA COLINA ESQUILINA, ROMA. LA PINTURA DE PAISAJES IDÍLICOS ROMANOS.

El género del paisaje fue una gran innovación de la pintura romana en comparación con la pintura griega. Desafortunadamente, pocos ejemplos de este género han llegado a nuestros días. Los más notables son los frescos de la magnífica serie de la Odisea que vamos a ver en este artículo. Se encontraron hace ya mucho tiempo, en 1848, en una domus excavada en la colina Esquilina de Roma que debió tener su entrada por el antiguo vicus Patricius, pero que se extendía hasta la paralela via Graziosa, que es por donde se estaban haciendo en ese momento obras de edificación. Esta calle ya no existe y ha sido sustituida y reurbanizada posteriormente por la actual via Cavour.



El hallazgo arqueológico.

Poco ha quedado de la domus salvo los frescos que hoy se pueden contemplar en el Museo Vaticano, porque se salvaron para ser regalados al Papa, y publicaciones de mediados del siglo XIX con algunas indicaciones y dibujos de cómo se hallaron. Lo encontrado en 1848 sería los restos de un criptopórtico o corredor cubierto semisubterráneo abovedado que debía servir para soportar un piso superior habitacional. La domus apoyada en la ladera del Cispius se dispondría en terrazas superpuestas en las que los pisos bajo serían aprovechados para crear una estructura semisubterránea que sustentara la superficie superior y que creara unos patios sombríos ideales por sus temperaturas moderadas en invierno y frescas en verano.

Dibujo de la publicación de  Pietro Matranga: La ciudad de Lamo establecida como Terracina siguiendo las descripciones de Homero y dos de las antiguas pinturas acabadas de descubrir en el Esquilino (1852).pp. 223-224. Así es como aparecieron las pinturas.


La fecha de las pinturas.

Los frescos se fechan hoy en día hacia mediados del siglo I a. C., ya que se encontraron fragmentos pintados coetáneos de un calendario prejuliano, lo que nos ofrece una cronología no posterior al 46 a. C. Por otro lado, estos paisajes son un claro ejemplo del "Segundo estilo pompeyano" o "Estilo arquitectónico" romano, definido por August Mau, que se data entre el 90 y el 25 a. C. Lo característico de este estilo es que los elementos arquitectónicos -en este caso, pilastras pintadas con mucho realismo y en perspectiva-,compartimentan espacios de dimensiones de 1,67 x 1,32 metros, creando la ilusión de estar ante ventanas a través de las cuales podemos asomarnos a paisajes imaginarios.

Reconstrucción de cómo estarían dispuestos los paisajes de la domus de via Graziosa.




Sobre la función de este criptopórtico.

El complejo residencial sería mucho más grande y distribuido en la ladera del monte a través de varias terrazas. En concreto, la galería de nuestros frescos se articulaba en torno a un enorme espacio rectangular con al menos tres lados porticados abovedados, que pudieron alcanzar hasta cinco metros de altura hasta la clave y  completando 150 metros de perímetro porticado en total. Ante tal superficie de muro, se calcula que los recuadros pintados en este criptopórtico no se limitarían a los 7 paneles que hoy se conservan (9 ó 10 si consideramos los restos de otros en muy mal estado), sino que constituirían un conjunto que podría llegar a componer entre 35 a 100 escenas que completarían el poema de Homero. Estos largos pórticos cubiertos, llamados por Vitrubio ambulationes, eran el lugar ideal para acoger largos paseos, conversaciones y confidencias entre los dueños de la casa y sus huéspedes. Y según el arquitecto eran el lugar ideal para ser decorados con pintura que dieran al paseante la sensación de hacerlo en medio de paisajes fantásticos donde se desarrollaban los principales acontecimientos de los mitos homéricos (Iliada y Odisea). La experiencia debía ser estética, sensual e intelectual.

Los lestrigones destruyen la flota de Ulises (izquierda); La nave de Ulises, la única que se salvó, se dirige hacia la Isla de Circe, Eea (derecha)



Sobre la experiencia estética y sensual.

El criptopórtico había sido pintado para sugerir una habitación rodeada por una doble columnata que creaba en el espectador la sensación de espacio más allá. Sobre tres cuartos de altura de la  pared y entre las pilastras figuradas aparecían vistas panorámicas de paisajes: riscos erizados, cuevas sombrías, costas lejanas, bahías anchas, nubes ondulantes, árboles arrastrados por el viento, pequeñas ruinas, barcos navegando y un grupo de figuras empapadas de luz matutina. La preponderancia de los tonos verde claro y aguamarina evocaría la expectativa de refrescarse con la brisa marina al pasar la vista más allá.

Detalle del paisaje de la hija del rey de los Lestrigones. al fondo las naves de Ulises. Delante unas montañas de formas y árboles fantásticos.


Es realmente notable el sentido de profundidad alcanzado en estos frescos, considerando que el concepto de perspectiva no se desarrollaría hasta 1,500 años después. Para lograr este sentido, los colores se desvanecen en aquellas partes de la composición "más lejos" del observador.

Sobre el mecenas y el artista. 

La representación detallada de los pasajes del texto homérico y el nombre con el que se acompaña a cada personaje escrito en griego, sugiere el ambiente refinado y elitista de para quién se pintaron. Hoy se atribuye la domus a la gens Papiria, una antigua familia patricia de Roma, que se sabe habitaba esta parte de la colina Esquilina (la altura llamada Cispius) desde el siglo III a. C.

El artista que las pintó seguramente fue griego y pudo copiar de modelos bien definidos, tal vez proporcionados por las ilustraciones de los poemas realizados en la biblioteca de Alejandría. El argumento principal para insinuar una relación con esta ciudad es que allí se creó una versión de la Odisea en la que aparecían mencionados tres de los emisarios que mandó Ulises para hablar  con el rey de los Laestrigonianos y que aparecen rotulados en estos frescos. Esto nos indica, una vez más, la influencia notable del arte helenístico sobre el ambiente cultural romano del siglo I a. C.

Detalle de la escena de la hija del rey de los Lestrigones y los emisarios de Ulises con los rótulos encima de sus cabezas.



El encuentro entre los compañeros de Ulises y la hija del rey de los Lestrigones.




Sobre el tema. Entre el paisaje idílico y el mito.

La elección del tema homérico en el friso de este criptopórtico estaba motivado por la admiración que la aristocracia romana sentía por la cultura helenística, pero, si profundizamos un poco y nos situamos en el contexto histórico de finales de la República Romana, es indudable que también servía para crear una ensoñación nostálgica muy en boga en la época.

Roma había crecido en los dos últimos siglos y entre los romanos cultos se añoraban momentos pasados en que la vida era más simple en el país y los hombres vivían más acorde con el medio. La memoria, con su tendencia a fabricar  imágenes de un pasado idealizado, creaba entre ellos una utopía que añoraban como futuro. Por eso, las andanzas de Odiseo no se presentan en las escenas con el protagonismo de la acción humana o de la narración épica, sino dentro de un contexto donde la naturaleza es la protagonista del episodio. Los paisajes, aún los llenos de peligros, se han transformado en paisajes de deseo donde la belleza del lugar cautiva los sentidos y donde, aunque la violencia existe puede existir se respira la inocencia perdida del ser humano. En estos lugares parecen resonar el canto de las cigarras y se puede oler el dulce aroma de un árbol en plena floración. La corriente de un arroyo refresca nuestra mano y la hierba es lo suficientemente gruesa para descansar cómodamente. Este es el "lugar agradable", locus amoenus, en el que disfrutar huyendo de la urbs, la visión romana de paraíso.

Los cantos X a XII de la Osisea narrados en los frescos.

Los frescos ilustran algunos episodios de la Odisea de Homero. Se ha perdido el episodio anterior en el que se debió narrar las andanzas de Ulises con Polifemo y  Eolo. Por tanto, nuestras escenas comienzan cuando Odiseo y sus compañeros llegan en una docena de embarcaciones a una tierra que les es desconocida desconocida. Los barcos entraron en un puerto rodeado por abruptos acantilados, con sólo una entrada entre dos promontorios. Los capitanes metieron sus naves dentro del puerto muy juntas entre sí. Odiseo guardó su propia nave fuera del puerto, amarrada a una roca. Trepó a una roca alta para hacer un reconocimiento, pero sólo pudo ver un poco de humo ascendiendo desde el suelo. Envió a tres de sus hombres, uno de ellos como heraldo, para que averiguasen algo sobre los habitantes del lugar. Los hombres siguieron por un camino y encontraron a una mujer joven, pero gigante, que dijo que era hija de Antífates, el rey, y los condujo a su casa.

Llegada de los barcos devorados por los vientos a la tierra de Lestrigones, envío de exploradores y encuentro con la hija del rey. Aquiles retira su barco  abajo a la derecha. Los tres exploradores enviados por Ulises (Euribate, Antiloco, Anchialo) cruzan un puente y se encuentran con la hija del rey de Lestrigones, que desciende de un camino empinado; en la parte superior, una figura masculina que se encuentra a medio camino del acantilado, con la mano derecha sobre su cabeza, representa el genio de la montaña, mientras que en el primer plano una mujer sentada en el suelo le da la espalda al espectador: es la ninfa de la primavera, cerca de la cual emergen los tallos de las hierbas acuáticas, mientras que arriba, en el acantilado, podemos ver los rastros desaparecidos de la palabra KRHNH (fuente: en la descripción literaria).


Cuando los enviados de Ulises llegaron ante la esposa de Antífates, ésta llamó a su marido, quien dejó la asamblea del pueblo y al llegar raptó a uno de los hombres y empezó a comérselo. Los otros dos hombres se escaparon, pero Antífates provocó un griterío y fueron perseguidos por miles de lestrigones, que eran de tamaño gigantesco. En la imagen de abajo, los lestrigones con sus rebaños y el llamado del rey Antiphates al ataque a los barcos de los griegos.


Los lestrigones, gigantes caníbales que vemos de espaldas, lanzan grandes rocas sobre los barcos de Odiseo, destruyendo a todos menos uno y matando y comiendo a varios de sus tripulantes. La nave de Ulises se salvó porque la tenía escondida en una cala. El pintor puso una gran cantidad de drama y acción en la escena, transmitiendo la sensación de confusión y caos que asedia a la flota. 


 La tripulación superviviente llegaría después a la isla Eea, morada de Circe.

Ulises en el palacio de Circe (izquierda); posiblemente compañeros de Ulises, transformados en cerdos (derecha). En la Odisea de Homero, el palacio de Circe es descrito como una mansión de piedra que se alzaba en el centro de la isla de Eea, en medio de un valle y un claro en un denso bosque. Alrededor del referido palacio, rondaban leones y lobos, que en realidad no eran más que las víctimas de su magia: no eran peligrosos y lisonjeaban a todos los extraños.


Ulises, en el inframundo, primero se encuentra con las sombras de los muertos (izquierda), luego Orión, Sísifo, Tityus y los Danaides (derecha). Ulises desciende al Hades siguiendo las indicaciones de Circe. Allí se le aparecen los espectros de su madre, Anticlea, que se ha suicidado por la tardanza de su hijo. También habla con Aquiles. El héroe está poco contento con su condición actual y le cuenta sus penas a Ulises. Las Danaides están condenadas eternamente a llenar de agua un pozo sin fondo.