sábado, 22 de febrero de 2025

LOS SUMERIOS. MESOPOTAMIA, 3.500-2.100 a. C. LA CUNA DE LA CIVILIZACIÓN. Exposición "Antes del Diluvio, Mesopotamia, 3500-2100 a. C."

"Los sumerios, una cultura de ciudades y letras, que vivieron entre techos y textos para armarse contra el mundo."

La Obra Social ”la Caixa” ofreció un viaje en el tiempo y el espacio para descubrir la cultura mesopotámica, cuna de la civilización, en la exposición "Antes del Diluvio, Mesopotamia, 3500-2100 a. C." que se celebró del 27 de marzo al 30 de junio de 2013.

La exposición pasó un poco desapercibida, tal vez porque no aportó grandes piezas, de esas espectaculares que hubiesen permitido hacer llamativa la muestra, pero para mi gusto fue la mejor que se pudo ver en Madrid en esos días. Me suscitó especial interés por el esfuerzo verdaderamente didáctico que se hizo para acercar al gran público los distintos aspectos de la cultura que se desarrolló en las llanuras aluviales del Tigris y el Éufrates en los milenios IV y III a. C. El conjunto reunido fue único y estuvo bien expuesto. Fueron cerca de 400 pequeñas piezas procedentes de treinta y dos museos y coleccionistas de todo el mundo: estatuas, cerámicas, sellos cilíndricos, tablillas con textos en cuneiforme, joyas, objetos rituales y símbolos. La muestra superó los tópicos y presentó las investigaciones más recientes en torno a ese periodo. Finalmente, el conjunto se completó mediante otros medios como entrevistas filmadas y reconstrucciones en 3D, así como a través de obras de artistas contemporáneos, fotografías y filmaciones que fueron testimonio de la fascinación que todavía suscita esta civilización.

En este vídeo podemos ver un resumen visual de algunas de las piezas más interesantes.



Contexto  histórico-geográfico de sumerios y akadios.

Hace unos 5.500 años, en lo que hoy es el sur de Iraq, los pueblos mesopotámicos que hablaban sumerio y acadio crearon las primeras ciudades, en un espacio fértil y al mismo tiempo inhóspito, las zonas bajas e inundables del Éufrates y el Tigris. Todo parece indicar que, más que un pueblo con unas características étnicas, lingüísticas y culturales propias, en Mesopotamia convivieron tribus de distintas procedencias con lenguas y tradiciones diversas. No se sabe si los sumerios fueron un pueblo, procedente de la India o de Arabia, que se instaló en el fértil delta, o si, en tanto que pueblo o etnia, nunca existieron, sino que lo que hubo fue probablemente distintas tribus, asentadas en dicho territorio desde la prehistoria, que hablaban varios idiomas, entre ellos el sumerio y el acadio.

Los estudiosos coinciden en que la cultura urbana nació en esta región antes que en cualquier otro lugar del mundo, como lo evidencian los restos de la ciudad «sumeria» o «pre-sumeria» de Uruk. Con la primera ciudad, Uruk, surgió la primera red de comunicaciones compuesta por vías y canales; se establecieron jerarquías sociales y una división del trabajo que dio paso el capitalismo; también emergió un poder fuerte (monárquico o imperial); se ideó la escritura, el cálculo, y las unidades de medida del tiempo y el espacio, así como el valor de los bienes y el derecho... Estas manifestaciones culturales marcaron el inicio de la separación del ser humano de la naturaleza, al mismo tiempo que la dominaba.

Tras la caída de Uruk, hacia el 2900 a. C., un buen número de ciudades-estado independientes crecieron en las riberas sureñas de los ríos Tigris y Éufrates, y en las marismas del delta. Quinientos años más tarde fueron unificadas en un primer imperio, el acadio, con su capital, Acad, asentada quizá en la actual Bagdad. De corta duración, fue reemplazado por un segundo imperio, llamado de Ur III —en el que la lengua de culto (y ya no habitual) volvió a ser el sumerio en vez del acadio-, gobernado desde la ciudad sureña de Ur.

ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN

La exposición se dividió en varios ámbitos o hilos argumentales que voy a sintetizar en cuatro partes.

1. Sobre el mito de la creación del mundo.

Comenzó la exposición intentando explicarnos cuál era la explicación mágica que se dieron los sumerios sobre todo lo que les rodeaba y, por supuesto, en primer lugar, sobre el origen de su mundo. Los textos y los objetos rituales muestran: el origen divino de la ciudad, el enfrentamiento entre los dioses primigenios y las nuevas deidades, la creación de la humanidad, el mito del Diluvio, la reconstrucción de la Tierra y el nacimiento de la cultura como consecuencia de un pacto entre dioses y hombres.

Figuras fundacionales. La del centro es la de Ur-Namma con un cesto. Mesopotamia, ca. 2112-2095 a.C. Aleación de cobre | 27,3 cm. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, obsequio de Mrs. William H. Moore, 1947. © The Metropolitan Museum of Art/Art Resource/Scala, Florence, 2012.

Relatos míticos contaban lo que aconteció en los inicios. Todos coincidían en que la vida se originó en una ciudad. Tras la creación, el universo había quedado inconcluso. Le faltaba vida. El mito del Paraíso sumerio cuenta que la tierra no poseía lo necesario para ser habitable. Los canales no acarreaban agua, el territorio no estaba parcelado y las ciudades no poseían murallas nítidamente trazadas. La creación del mundo tuvo que ser completada y corregida. Esta tarea incumbió al dios Enki. Los seres humanos, alentados por Enki, proseguirían con el trabajo.

Cabañas de las marismas del delta del Éufrates-Tigris. Ursula Schulz-Dornburg. Vanished Landscapes, detalle, 1980/2006. Series fotográficas sobre papel | Dimensiones variables. Colección de la artista. © Ursula Schulz-Dornburg.

Enki era el ‘señor’ (EN) de la ‘tierra’ (KI). La tierra sobre la que reinaba era la tierra de las marismas del delta del Tigris y el Éufrates: una tierra cargada de limo. Fue una divinidad favorable a los humanos, a los que enseñó la agricultura y las artes para sobrevivir a las inclemencias venidas siempre del Cielo. Su símbolo era el toro.

Sello cilíndrico con escena de siembra. Período acadio, ca. 2200 a.C. Concha | 3,3 cm × Ø 1,7 cm © Visitors of the Ashmolean Museum, Oxford.

  • 1. El toro, emblema de fertilidad. Los toros vagaban por marismas y deltas. Su potencia sexual era legendaria. Se decía que los dioses creadores, en forma de toro, como Enki, habían llenado el curso de los ríos Tigris y Éufrates con su semen. La tierra daba frutos cuando toros tiraban del arado: su paso por la tierra mágicamente la fertilizaba. En el Mediterráneo, el toro era el animal más poderoso. Superaba en fuerza al león y al oso. Por ese motivo, era el emblema de los dioses creadores, que se manifestaban en forma de toro, y de todas las cosas poderosas, desde las ciudades santas hasta los ríos que bramaban. Una tiara hecha de cuernos de toro superpuestos distinguía a los dioses de los humanos.
El toro de Enki, finales del III milenio a. C..


  • 2. La creación del hombre (y su destrucción). Al concluir la Creación, el dios del Cielo y sus hijos se aposentaron en lo alto. Mientras, los dioses más antiguos, los Igigi, tenían que cuidar de la tierra y los canales. Se cansaron, se sublevaron. El Cielo buscó una solución. Enki cogió barro de las Aguas de la Sabiduría y moldeó siete figuritas que insertó en el vientre de su madre, la diosa-madre, donde fueron gestados. Los humanos fueron asignados al cultivo y el riego de la tierra, para producir alimentos con los que ofrendar a los dioses. Se multiplicaron. El Cielo decidió limitar su número porque competían con los dioses y desencadenó un diluvio. El dios Enki, amante de los humanos, ordenó a un sabio construir un arca y proteger a ejemplares de todos los seres vivos. Las aguas anegaron el mundo. Al séptimo día, la lluvia cesó. El arca se detuvo. Los seres vivos descendieron y repoblaron la Tierra, y fueron perdonados por el Cielo.
Vasija votiva en forma de embarcación. Templo, montículo V, Bismaya (la antigua Adab, Irak). Período tercera dinastía de Ur, 2112-2004 a.C.). Yeso | 14,5 × 22,5 × 8,3 cm. Oriental Institute Museum, Chicago. © Oriental Institute of The University of Chicago.

2. Las ciudades, el símbolo de la civilización.

La ciudad era una creación divina. La suerte de la ciudad dependía de la presencia del dios tutelar. Los dioses escogían el emplazamiento, ordenaban la fundación e incluso participaban en la construcción de templos y palacios. La creación de la ciudad fue una manera de romper con la naturaleza: un espacio ideal, ordenado por los dioses. En frente estaba la naturaleza que era pasto de monstruos y de fieras, y necesitaba ser intervenida. La ciudad no brotaba de la tierra, sino que la explotaba y se defendía de ella. La ciudad era la antítesis de la naturaleza: un lugar de convivencia. Los salvajes siempre vivían solos, en los riscos y los desiertos; por el contrario, los ciudadanos, (bien) vestidos, formaban comunidades y se regían por asambleas. La civilización en Súmer, en definitiva, existía porque existían las ciudades: centros de orden, poder y legalidad, desde los que se daba fe de lo que acontecía. Los seres humanos a través de su vida en las ciudades dominaban la naturaleza, pero también se daban la jerarquía para que los trabajos tuvieran un orden, por lo que surgieron los reyes/sacerdotes o patesis que les dirigían.

La ciudad de Khafaje, mediados del III milenio. Reconstrucción virtual del Templo Oval. © Luis Amorós y Miguel Orellana (404 Arquitectos), Barcelona y Vancouver, 2011.

Súmer se desarrollará como un conjunto de ciudades-estado en la baja Mesopotamia. La más antigua, Uruk, llegó a tener, ya en el IV milenio a. C., entre 35.000 y 80.000 habitantes; y la ciudad de Ur — donde según algunas leyendas habría nacido el bíblico Abraham—, entre 200.000 y 350.000 habitantes. Fue la ciudad más poblada del mundo hasta Roma, 2.000 años más tarde. Estas ciudades-estado estaban unidas por carreteras por las que circulaban mensajeros reales que disponían de postas en las que descansar, y por canales de regadío, por los que también se podía navegar en barcas de remo o a vela.

Reconstrucción virtual del Templo Blanco de Uruk, tal como debía mostrarse a mediados del IV milenio. Reconstrucción (3-D). © Luis Amorós y Miguel Orellana (404 Arquitectos), Barcelona y Vancouver, 2011.

Las tareas de construcción incumbían a seres superiores: divinidades y reyes. En ocasiones, éstos colaboraban. Una vez iniciada la obra, los dioses responsables engendraban a divinidades menores que asumían trabajos muy específicos, desde el cuidado del fuego hasta la fabricación de los ladrillos. Nada se decía de los verdaderos artífices de las obras, los «arquitectos» o los constructores. Eran sólo peones. La razón de esas creencias residía en la importancia que se concedía al acto de edificar. La elevación de un edificio se asemejaba a la creación del mundo. El patesi Gudea de Lagash fue el mejor ejemplo de constructor/promotor y por ello aparece representado en numerosas obras ofreciéndose a los dioses.

Estatua del príncipe Gudea rezando. Girsu, actual Tell-Telloh (Irak). Período del reino de Gudea (2130 a.C.). Museo del Louvre.

Los rituales de fundación tenían mucha importancia y nos han dejado numerosas muestras arqueológicas. La obra, a punto de iniciarse, iba a robar una parte del espacio de los dioses del inframundo. Había que honrarles y comprar su benevolencia a fin que no echaran abajo los muros que se iban a levantar. El primer ladrillo era especial. Lo moldeaba el mismo rey, añadiendo leche, miel o cerveza. Textos con la descripción del ritual seguido, himnos en honor de los dioses y maldiciones contra los demonios eran escritos o inscritos en una de las caras.

Tablillas fundacionales de Il (monarca o ENSI de la ciudad de Umma), ambas con la misma inscripción dedicada a la diosa ∂TAG.NUN. Período presargónico, ca. 2430 a.C. © Oriental Institute of The University of Chicago.

El rey era representado transportando el primer ladrillo o cesto sobre su cabeza en señal de sumisión. También se hincaban unos pesados «clavos de fundación», quizá para ahuyentar a los malos espíritus, en las zanjas de los cimientos. A fin de proteger la obra, se distribuían fetiches de terracota en el interior de los muros: seres guardianes fabulosos que ahuyentaban el mal de ojo, así como «ídolos-ojo». Un elemento constructivo cubría una doble función práctica y mágica: el gozne de las puertas que daban al exterior. Fórmulas rituales se inscribían en la parte superior de la piedra para detener a los malos espíritus. Por fin, al concluir la obra, unos clavos de terracota se hundían en los muros: eran documentos de propiedad.

Cono de arcilla de Ur-Ba'u con inscripción Lagash (Irak). Período segunda dinastía de Lagash. Arcilla | 14,9 × 6,3 cm | © Trustees of the British Museum, Londres.

Se realizaban planos (plantas, alzados, detalles) casi siempre sobre tablillas de arcilla secadas al sol. Los sistemas de representación eran los mismos que hoy: proyecciones ortogonales, acotadas, aunque la escala no estaba indicada. Se han encontrado proyectos de ciudades, vías y canales, edificios públicos y privados, de viviendas modestas incluso. Las líneas se trazaban con un punzón sobre una superficie húmeda de arcilla, con la ayuda de una regla y un cartabón. Las formas y el emplazamiento de los elementos (muros, por ejemplo) se indican mediante el trazado de los contornos.

Plano de una casa. Adquisición sin datar, ca. 2000 a.C. Cerámica | 11,4 × 12,2 × 2,6 cm. Vorderasiatisches Museum, Staatliche Muséen zu Berlin. © Staatliche Muséen zu Berlin, Foto: Olaf M. Tessmer.

Los hogares se estructuraban alrededor de un espacio central, cubierto o al aire libre. En la planta baja se disponían talleres, la cocina y aseos. Las estancias privadas y los dormitorios se ubicaban en el primer piso. Escaseaban los muebles; no así cestos y cajas. Bajo la vivienda, se hallaban las tumbas de los familiares, niños, sobre todo. La casa acogía a generaciones pasadas y presentes.

Una pesa con forma de pato.

Estructurar y dividir el espacio era una actividad esencial. Aportaba seguridad física y psíquica. Para eso, fue necesario que el rey Šulgi (2094-2047 a. C.), de la tercera dinastía de la ciudad de Ur, unificara las distintas unidades de peso y de medida empleadas por las ciudades, a fin de poder organizar todo el Imperio neosumerio. La base era sexagesimal: aún hoy, el tiempo se divide en sesenta unidades. Las compraventas se efectuaban mediante el uso de plata en tiras dispuestas en espiral, que se portaban como brazaletes. Éstos se cortaban y se pesaban gracias a pesos calibrados en forma de animales. Unos diez gramos de plata permitían adquirir una tonelada de cereales.

Espiral de plata usada como moneda de cambio.

La escritura fue otro medio para apartarse de la naturaleza y crear un mundo propio, controlable por el hombre. Parece que fue inventada en el sur de Mesopotamia, a mitad del IV milenio a. C. La escritura mesopotámica, al igual que la egipcia, fue, en sus inicios, parcialmente pictográfica: los signos gráficos más comunes reproducían los rasgos más característicos de las cosas más habituales designadas. La escritura se habría inventado no para anotar lo visible, sino para acercarnos a lo invisible. Habría servido para otear el destino, una manera de exorcizar temores y esperanzas, de mediar con lo desconocido.

3.- La ciudad de Ur.

Ur se asentaba cerca del delta del Tigris y el Éufrates. Pudo incluso haber sido fundada en medio de las marismas, hoy retiradas por la bajada del nivel del mar. Canales de comunicación habrían atravesado la ciudad, uniendo dos puertos fluviales. Una extensa área sagrada y palaciega rodeaba la pirámide escalonada del zigurat. El tejido urbano, muy denso, se asemejaba al de un casco antiguo de una ciudad mediterránea. La trama seguía las primitivas vías procesionales que unían distintos santuarios. En el centro de Ur, hace 4.500 años, se ubicaron tumbas reales subterráneas, cerca de las cuales, 500 años más tarde, el rey Ur-Nammu mandó erigir el primer zigurat de la historia. La descomposición del burocrático imperio de Ur III, a finales del III milenio a. C., selló el fin del sur de Mesopotamia. Desde entonces y hasta la invasión árabe, en el siglo VII d. C., los centros de poder se desplazaron hacia el norte (Babilonia, Assur, Nínive) y el este (Persépolis). La ciudad fue abandonada en tiempos de Alejandro (siglo IV a. C.).

Reconstrucción virtual de la ciudad de Ur, tal como podía aparecer a finales del III milenio, situada en un paisaje marismeño, bordeada por el río Éufrates y un canal artificial. En primer término, uno de los dos hipotéticos puertos fluviales, no lejos del recinto sagrado dedicado al dios luna Nanna o Nannar. Reconstrucción (3-D). © Luis Amorós y Miguel Orellana (404Arquitectos, Barcelona y Vancouver, 2011-2012).

El templo era la casa de la divinidad. Eran organismos vivientes, comparados a montañas que llegaban al cielo, árboles cósmicos o columnas que unían el cielo y la tierra. Los templos apuntaban hacia determinadas constelaciones, manifestaciones de divinidades benéficas, como la Osa Mayor, o la estrella matutina. Una muralla aislaba el santuario, el cual comprendía las moradas de los dioses y de los sacerdotes, archivos, escuelas, almacenes, y talleres artesanos. Los humanos, salvo sacerdotes y reyes, tenían vetada la entrada. La divinidad estaba presente a través de la estatua de culto. El clero la alimentaba y la vestía diariamente. A partir del 2100 a. C., el santuario incluyó una pirámide escalonada, el zigurat, coronada por una capilla que ocupaba la divinidad cuando descendía a la tierra.

El zigurat de Ur según la maqueta de la exposición.

El zigurat era la mítica cumbre montañosa que salvó a la humanidad de ser ahogada bajo las aguas que cubrían el resto de la tierra castigada por el Diluvio, y que detuvo el curso errático del arca en la que se habían refugiado el sabio Utnapištim (el Noé sumerio) y representantes de todos los seres vivos: descendieron y repoblaron la tierra. La cumbre redentora recibía el nombre de zigurat, que significaba ‘construcción en lo alto’. El zigurat recordaba en la ciudad los peligros de los diluvios, pero también infundía confianza: refugiados en lo alto, los humanos podían sobrevivir. Los dioses también se beneficiaban del zigurat: les evitaba pisar la tierra embarrada cuando descendían hacia el mundo de los hombres, y descansaban en el santuario que coronaba aquél, evitándoles los peligros mortales del espacio humano.

Los templos albergaban estatuas de culto, pero no se han encontrado. Quizá estuvieran hechas de madera, revestidas de tela y ornadas de joyas, por lo que no se han conservado, puesto que el clima en Súmer era muy húmedo. Los orantes de piedra podían ser efigies divinas, pero es probable que representaran a seres humanos. Se depositaban a los pies de la estatua de culto, para que el dios los protegiera. Las manos juntas expresaban sumisión y piedad ante los dioses, o respeto ante los reyes, y las orejas exageradas, la adquisición de la inteligencia en contacto con la divinidad: el hombre sabio era todo oídos.

Estatua masculina de pie. Khafaje (Irak), templo de Nintu, nivel V. Período dinástico arcaico II, 2650-2550 a.C. Calcita o yeso, con incrustaciones de concha y masilla de bitumen | 26 × 12 × 6,5 cm | Penn Museum, Filadelfia. © University of Pennsylvania Museum of Archaelogy and Anthropology.

Las tumbas sumerias solo contenían un pobre ajuar funerario, signo de la misérrima «vida» que aguardaba al difunto. Un huevo de avestruz, no obstante, quizá suplicara un posible renacer. Las tumbas reales de Ur, del 2500 a. C., contenían, por el contrario, tesoros de oro y plata. Mas éstos no habían sido depositados para hacer la «vida» en el más allá placentera, sino que tenían que servir para comprar la benevolencia de los poderes infernales, lo que expresaba el terror ante una vida espectral.

Corona o tocado. Ur (Irak), tumba particular 800, cuerpo #1. Período dinástico arcaico IIIa, 2600-2450 a.C. Oro, lapislázuli, cornalina | 40 × 5 cm. Penn Museum, Filadelfia. © University of Pennsylvania Museum of Archaelogy and Anthropology.

4.- La otra exposición.

Además de las piezas sumerias, la exposición incluye algunas obras contemporáneas, fotografías y filmaciones que son testimonio de la fascinación del viaje a las fuentes de la cultura, o de lo que quede de ella: la serie de fotografías Mesopotamia de Ursula Schulz-Dornburg, el vídeo Shadow Sites II de Jananne Al-Ani, y Escultura de arena, una fotografía de David Bestué.

Vídeo Shadow Sites II de la videoartista y fotógrafa iraquí Jananne Al-Ani. Premio de la Bienal de Venecia. Está hecho por una serie de imágenes aéreas y satélites del desierto iraquí.  Escudriñando el territorio árido, se muestra intervenido por el devenir humano. La obra adquiere cierta evocación pictórica, escultórica también.

La muestra se complementa con documentación tal como ejemplares de textos árabes desde el siglo IX y cristianos desde el siglo XVI hasta los años treinta del siglo pasado, de viajeros que recorrieron, a partir del siglo XII, el sur de Mesopotamia. También se han incluido entrevistas filmadas a expertos en el arte sumerio, así como un diario de viaje filmado durante una visita a seis yacimientos sumerios (Ur, Uruk, Eridu, Tello, Tell al-’Ubaid y Kiš), en octubre y noviembre de 2011, a cargo de un equipo de la Universitat Politècnica de Catalunya y la Universitat de Barcelona junto a arqueólogos iraquíes, profesores de las universidades de Bagdad y de Samawa, y policías y militares.

Por último, el espectador podrá encontrar varias reconstrucciones virtuales en 3D elaboradas expresamente para la exposición y que recrean la ciudad de Ur y el Templo Blanco de Uruk, entre otros, así como una maqueta de la ciudad de Ur y un cortometraje de animación.

viernes, 21 de febrero de 2025

MESOPOTAMIA. HISTORIA Y ARQUITECTURA. PUEBLOS Y CARACTERÍSTICAS ARTÍSTICAS. PRINCIPALES EDIFICIOS: EL ZIGURAT Y EL PALACIO.

INTRODUCCIÓN HISTÓRICO-GEOGRÁFICA.

En Mesopotamia ("Entre ríos") -entre los ríos Éufrates y Tigris-, se desarrolló al unísono con Egipto una de las primeras civilizaciones del mundo. Esta región, el actual Irak, no tiene apenas precipitaciones y sería un desierto si no fuera porque la transitan los dos ríos que dan nombre al territorio. Estos ríos además, como ocurre con el Nilo, se desbordan al llegar la época de deshielo en las cordilleras en donde nacen (en el norte de los montes Zagros), fertilizando las zonas medias y bajas. Con el fin de la glaciación, hace aproximadamente 12.000 años, la zona entró en un proceso de formación geológica, arrastrando el agua sedimentos que fueron ganando tierra al Golfo Pérsico.

Aún hoy en día Kuwait y el sur de Irak continúan creciendo a costa del mar, creándose una zona pantanosa donde predomina el paisaje de juncos y cañas. Imagen del sur de Irak.



En la presentación, podemos ver mapas de la región en los momentos históricos más relevantes, así como las principales contribuciones de los pueblos mesopotámicos a la arquitectura. Entre estas aportaciones se incluyen la construcción con adobes, el uso decorativo del azulejo, el desarrollo del sistema abovedado y los modelos o diseños originales de templo/zigurat y de palacio.



Pueblos y momentos históricos relevantes. Aportaciones culturales.

Los sumerios o caldeos son la primera civilización en surgir. Lo hacen entre el 4000 y el 1900 a. C. en la región más meridional, donde escasea la tierra seca y un palmeral puede ser motivo de conflicto. Nunca poseyeron una unidad política, de hecho su historia fue  la de ciudades vecinas que guerreaban entre sí. Entre ellas destacaron Ur, Uruk, Eridu, Lagash, Umma o Larsa. Culturalmente sí conformaron unidad. A ellos se les atribuyen los grandes adelantos de la civilización que los demás pueblos de la zona asimilaron como la escritura cuneiforme, la rueda/el carro, el arado y los modelos arquitectónicos y de las artes figurativas.

Estandarte real de Ur. Conchas, cornalina, caliza, lapislázuli, mármol, marfil y betún. Altura 21,59 cm por 49,53 cm de ancho. 2550 a. C.

Los akadios habitan en la Mesopotamia Media. Por su tipo racial es un pueblo semita que posiblemente se dedicara al pastoreo trashumante y que en torno al 2700 a. C. se asienta en la región de Babilonia. Este pueblo someterá en distintos momentos a los sumerios y conformará durante algunos siglos una Mesopotamia unificada en torno a monarcas guerreros como Naram Sim o el rey Sargón de Akad. Al llegar el segundo milenio a. C. los pueblos sumerio u acadio parecen mezclados. A ellos debemos contribuciones como el Código de Hammurabi o avances en matemáticas y astronomía.

Estela de basalto con el relieve del rey Hammurabi (de pie) recibe su insignia real de manos de Shamash (o posiblemente Marduk ). Entre los años 1792 – 1750 a. C. Museo del Louvre. Debajo del relieve hay unas 4.130 líneas de texto cuneiforme que contienen lo que generalmente se denominan el código o conjunto de leyes de Babilonia.


Los asirios aparecen al comenzar el primer milenio a. C. Se asientan en la Alta Mesopotamia, en la zona cercana a las montañas. Es un pueblo muy guerrero que en pocos años someterá también Akadia y Caldea y que desde allí creará un poderoso imperio militar que conquistará Siria, Fenicia, Palestina y hasta el mismo Egipto. Sus reyes más importantes serán Asurnasirpal, Sargón y Asurbanipal. Su apogeo se extiende desde los siglos IX al VII a. C.

Asurbanipal degollando a un león desde su carro (detalle) , relieve de yeso del Palacio Norte, Nínive, c. 645-635 a. C. Museo Británico.

A partir del siglo VI, se produce un renacer de la cultura Babilónica bajo el reinado de Nacubodonosor. Sin embargo,  este resugirmiento es efímero, ya que ese mismo siglo, los persas aqueménidas, liderados por el rey Ciro II, someten a Babilonia, lo que lleva a la desaparición de la civilización como entidad independiente.

Reconstrucción de Babilonia en tiempos de Nabucodonosor. Avenida que conduce a la puerta de Isthar.


CARACTERÍSTICAS ARQUITECTÓNICAS

La arquitectura mesopotámica está muy determinada por el medio físico y por las aportaciones que realizaron los sumerios desde el III milenio antes de Cristo.

Principales rasgos de la arquitectura mesopotámica.

MATERIAL. Al ser una zona sedimentaria e incluso pantanosa escasea la piedra, por lo que el material de construcción es el adobe (bloques de barro y paja mezclada y puesta a secar al sol). En los edificios más representativos el adobe se sustituye por el ladrillo (bloque de barro cocido) y si debe recibir decoración por el azulejo (una de las caras del ladrillo vidriada y coloreada) o es recubierto con placas de piedra trabajadas con relieves.

ELEMENTO DE SOSTEN. El muro de adobe con vanos pequeños es el elemento que sostiene principalmente los edificios. Los gruesos muros y la escasez de vanos permite crear ambientes interiores que preservan del calor exterior. La columna se emplea en raras ocasiones con fin ornamental y se hace con ladrillos.

ELEMENTO SOSTENIDO. Como cubierta se utiliza el adintelamiento con vigas de madera y por primera vez el abovedamiento creado con ladrillos para puertas monumentales y salas que necesitaran espacios amplios. El arco utilizado es el de medio punto, el más simple, y sobre él se crea la bóveda de cañón y la cúpula semiesférica.

ZÓCALO. Todos los edificios importantes tienen que levantarse sobre un podium o terraza para preservarlos de la humedad y de las inundaciones de temporada. Para salvarlo se utilizan escalinatas y rampas.

Babilonia. Puerta de Isthar, 570 a. C. Reconstruida en Berlín. Arco de medio punto y bóveda de cañón. Ladrillo esmaltado decorado con figuras de Toros, Grifos y flores.




EDIFICIOS MÁS REPRESENTATIVOS

El templo, es un complejo arquitectónico de varios edificios: almacenes, viviendas para los sacerdotes y sus siervos en torno a una plaza, que actúa como lugar de mercado y de actos públicos. Como centro y sobresaliendo en altura estaría el zigurat. Este edificio escalonado sería el santuario donde se encontraría la estatua del dios y desde donde los sacerdotes realizarían observaciones astronómicas. El zigurat es un modelo establecido en el III milenio y que seguirá levantándose todavía en el I milenio, como conocemos por la descripción de la Biblia de la Torre de Babel (posiblemente el zigurat de Ur).

Reconstrucción de un zigurat.




El palacio es una construcción de muchísimas dependencias y espacios. En tiempos asirios se situó reforzando las murallas de la ciudad y al mismo tiempo dominando el espacio urbano. Son palacios-fortalezas, sin ventanas al exterior, con gruesos contrafuertes y levantados sobre un zócalo de más de cinco metros. Los más grandes y bellos son los de los asirios, que si bien siguen el modelo sumerio le añaden monumentalidad y una decoración interna con pinturas y relieves. El que sirve como modelo es el de Sargon II en Jorsabad, cerca de Nínive, que se levantaría en una ciudadela junto con otros palacios menores, posiblemente de los altos funcionarios.

Palacio de Sargón en Khorsabad.

El urbanismo. 
Por primera vez apreciamos en las ciudades criterios urbanísticos. Sobre una de las estatuas que representan al patesi Gudea de la ciudad de Lagash se ha encontrado el que, tal vez sea, el plano más antiguo de una ciudad (2350 a. C.). Pero de la ciudad que tenemos más datos es de la Babilonia del siglo VI, que incluso podemos ver en recreaciones virtuales que nos muestran un yacimiento amurallado (8 kms de perímetro) y con un foso natural creado por el Éufrates. Entre los edificios representativos estaría su templo/zigurat, el palacio del monarca Nabucodonosor, la puerta procesional de la diosa Isthar (hoy reconstruida) y los afamados Jardines Colgantes (nombrados por los griegos como una de las Siete Maravillas).

Babilonia. El río Éufrates, el puente, la muralla y el Templo de Marduk con su zigurat.



Plano de Babilonia con sus principales edificios.



Veáse también en este blog.






miércoles, 19 de febrero de 2025

EL JUICIO DE LOS MUERTOS. EL PESAJE DEL ALMA EN EL PAPIRO HUNEFER.

Los egipcios no veían la muerte como un fin, sino como el inicio de una nueva vida en un Más Allá, en el Reino de Osiris. De esta creencia se derivan muchas ideas que nos explican la trascendencia de las obras y los objetos de esta civilización que analizamos hoy en día como artísticos. Así pues, la tumba no es sólo el lugar donde se entierra a los difuntos sino su casa para la eternidad; del mismo modo,  el  ajuar y el mobiliario que el egipcio había gozado en vida le era necesario en el otro mundo; incluso necesitaba alimentos para el viaje. Requisito imprescindible para la supervivencia era la existencia de un soporte material en el mundo de los vivos, de ahí la momificación del cadáver para mantener el cuerpo incorrupto o la abundancia de esculturas o pinturas que representaban al que quería sobrevivir, pues actuaban como doble de su alma inmortal.


Pero además de todo esto, el alma del difunto debía superar unas pruebas mágicas para alcanzar la eternidad. Como éstas eran muchas y complejas, desde el Imperio Nuevo se creó una especie de manual con las fórmulas o sortilegios y con los pasos a seguir ante los dioses. Esta guía para el difunto la conocemos como el Libro de los muertos, aunque los egipcios lo llamaban "Libro para salir al día". Los pasajes del libro se representaban en los frescos que decoraban la tumba, en el sarcófago, en las mortajas y en papiros que se depositaban junto al cadáver.

Detalle del Papiro Ani. Libro de los Muertos del Imperio Nuevo. Museo Británico.

De todos los ritos a realizar, cobraba especial importancia el conocido como pesaje del alma ante el dios Osiris. Analicemos iconográficamente esta escena en el fragmento del papiro del escriba Hunefer de la XIX dinastía (a. 1275 a. X), que  se conserva en el Museo Británico.

Detalle del Papiro Hunefer. Pesaje del alma. Museo Británico.

Anubis, el dios chacal, es el encargado de conducir al difunto a la sala de la Doble Maat o de las dos verdades. En el pequeño registro superior Hunefer adora a un grupo de 42 divinidades. Ante ellas recita una serie de fórmulas en negativo por las que niega haber realizado una serie de acciones reprobadas en la sociedad egipcia. Entre ellas están el asesinato, el robo, las transgresiones religiosas, así como ciertas normas de convivencia social como el cotilleo, el destruir la comida o la calumnia. Como vemos, no cuentan las acciones buenas sino no haber cometido aquellas que se consideran malas.
“No he cometido iniquidad respecto de los hombres; no he matado a ninguno de mis parientes; no he mentido en lugar de decir la verdad; no tengo conciencia de ninguna traición; no he hecho mal alguno; a nadie he causado sufrimiento; no he sustraído las ofrendas a los dioses...”

En el registro inferior el mismo Anubis realiza un pesaje en una balanza. En uno de los platillos deposita el corazón del difunto, el Ib, que simbolizaba las acciones físicas y morales que éste había realizado en vida, y en el otro una pluma de avestruz que simbolizaba a Maat, la diosa de la verdad y la justicia. Si el corazón y Maat se mantienen en equilibrio la prueba es positiva y con ello queda demostrado que Hunefer había observado una conducta correcta. Si se hubiera desequilibrado, Amit ,el monstruo mezcla de cocodrilo, león e hipopótamo, conocido como el devorador de muertos, le hubiera engullido. Esta segunda muerte supondría casi la aniquilación completa. El dios Thot, con cabeza de Ibis, registra como un escriba el resultado en una tablilla.
Una vez superada la prueba, el difunto era presentado triunfalmente por Horus, el de cabeza de halcón, a su padre Osiris, el rey de los muertos. Este aparece momificado, sosteniendo el báculo y el látigo, símbolo del poder soberano. Su trono se levanta sobre el lago de natrón del que emerge la flor de loto con los cuatro hijos de Horus. Detrás se encuentran Isis y Nefthys. Osiris dictaba sentencia sobre Hunefer, permitiendo que su Ka (la fuerza vital) y su Ba (la fuerza anímica) se unieran a la momia, formando así el Aj (el "ser benéfico") y viviendo eternamente en el Aaru (el paraíso en la mitología egipcia).

lunes, 10 de febrero de 2025

LA PELÍCULA ALATRISTE Y EL ARTE DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVII. DIEGO VELÁZQUEZ Y CARAVAGGIO. EL ARTE COMO INSPIRACIÓN DEL CINE.

El cine puede ser un instrumento para profundizar en temas de arte e historia.

He escogido  cinco escenas de la película Alatriste de Agustín Díaz Yanes para ilustrar cómo se inspira el cine en el arte. En este caso la serie de novelas de Arturo Pérez-Reverte sobre Las Aventuras del capitán Alatriste, que son la base del guion, ya daban muchas pistas. Las escenas seleccionadas en este pequeño vídeo pueden servir  para ver los siguientes aspectos:
  • -las salas de un aristócrata coleccionista de arte;
  • -la biblioteca de El Escorial y la reencarnación de Felipe IV y del Conde-duque de Olivares, siguiendo los retratos de Velázquez;
  • -una ambientación tenebrista de una habitación a lo Caravaggio;
  • -y  dos cuadros de Velázquez, El Aguador de Sevilla y La Rendición de Breda, que tienen protagonismo visual en la película.

ESCENAS DE LA PELÍCULA ALATRISTE DE A. DÍAZ  YANES.
Lamento que no pueda verse o escucharse (según los países) este vídeo educativo porque la productora Egeda tiene la propiedad del audio y no lo permite. ¡¡¡¡VIVA LA CULTURA!!!!



La película además de narrarnos la emocionante historia de Alatriste, soldado esporádico y espadachín a sueldo, puede ser aprovechada para ilustrar varios aspectos:
  • Acontecimientos históricos del reinado de Felipe IV.
  • Escenarios reales y recreados del Madrid de los Austrias.
  • Protagonistas de la historia, encarnados por actores caracterizados para parecerse a las imágenes que nos proporcionan  los pintores de la época, fundamentalmente de Velázquez, el gran retratista de la Corte.
  • La pintura de la época, puesto que la película utiliza desde la luz hasta cuadros concretos para estructurar varias escenas.

ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS DEL REINADO DE FELIPE IV.

La película se ubica cronológicamente en un periodo que va desde los primeros años del reinado de Felipe IV (1621-1665) hasta mediados de su reinado. Dos son los hechos históricos que nos permiten precisar fechas.

- El episodio folletinesco, pero que ocurrió realmente, protagonizado por el  heredero de la corona británica, el príncipe Carlos, y su amigo y valido del rey inglés George Villiers, el duque de Buckingham. En 1623 se presentaron en Madrid de incógnito para conocer a la prometida del primero, Ana María de Austria, hermana de Felipe IV, y negociar su matrimonio. El enlace al final no se produjo por las extralimitaciones de la pareja inglesa que escandalizaron a la corte española, puesto que en su apasionamiento romántico llegaron a escalar una tapia para ver a la princesa. Arturo Pérez-Reverte utiliza este curioso episodio para dar arranque a las aventuras de Alatriste, un hombre con un pasado importante detrás.



- El acontecimiento que cierra la película es la batalla de Rocroi el 19 de mayo de 1643 entre las tropas españolas de los Tercios, donde combate Alatriste, y el ejército francés. Esta batalla es considerada el punto de inflexión del poder militar de España en Europa porque por primera vez en doscientos años los Tercios españoles eran derrotados en batalla a campo abierto.


Hay más episodios históricos como los lances de la guerra en los Países Bajos, entre los que destaca la caída de la ciudad de Breda en 1625.

ESCENARIOS REALES  Y RECREADOS DEL MADRID DE LOS AUSTRIAS.

La película Alatriste se ambienta en escenarios reales y en escenarios posibles pero recreados donde discurre la acción.

El escenario real del que más partido se saca es del palacio de El Escorial, que sin nombrarlo viene a ser la localización de varias escenas. La más reconocible es la dependencia de la Biblioteca (que hemos destacado en el vídeo), pero también aparecen un plano en picado de la fachada de la basílica, los pasillos porticados de uno de los claustros y las dependencias de los archivos. El edificio también sale  como fondo de una escena de cacería del monarca.



Se recrearon las callejuelas, las plazas, los palacios y los conventos del Madrid de los Austrias filmando en otras localizaciones repartidas por la geografía española, entre ellas Úbeda, Cádiz, Sevilla y Valencia.

También aparecen recreaciones de otros espacios interiores que sirven para ilustrar la España del siglo XVII, como un corral de comedias, la Cárcel de Corte, diversas tabernas, palacios nobiliarios y varias habitaciones.



PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA.

A lo largo de la película aparecen personajes reales y ficticios. La inspiración para la recreación de los reales suelen ser los retratos de Diego de Velázquez como podemos comprobar en esta selección de planos comparados con los cuadros que sirvieron de inspiración a los caracterizadores.

Don Diego de Barberana por Velázquez (1631) y el secretario Luis de Alquézar.



Angélica de Alquézar y La Dama del Abanico (1640) por Velázquez.



El conde Duque de Olivares y Felipe IV. Abajo los mismos por Velázquez.



Don Francisco de Quevedo y su retrato por Velázquez.



LA PINTURA DE LA ÉPOCA.

A través de la película también podemos analizar la pintura de la época desde distintos puntos de vista.

El coleccionismo.

Uno de los personajes centrales de la historia, el duque de Guadalmedina, es soldado, político y amante del arte. Este Grande de España se ufana de tener una buena colección de pintura y de tener buen ojo para los pintores jóvenes. En el vídeo podemos ver que dice que ha comprado a Velázquez el cuadro conocido como El aguador de Sevilla, que tiempo después cuelga junto a La Dama del Armiño de El Greco entre otros. Las salas de su palacio es un auténtico museo.



El tenebrismo de Caravaggio.

La fotografía de la película emula en todo momento la obra de pintores de la primera mitad del sigo XVII.

A menudo la iluminación de los interiores nos recuerda la teatral técnica del tenebrismo que populariza Caravaggio al  comienzo de siglo. Las luces asoman por una esquina superior, como si estuviéramos en un semisótano,  atrapando con un  extraño color amarillento el polvo del ambiente. En el vídeo o en la foto de abajo podemos ver además como con la luz selecciona los objetos y los detalles que le interesa resaltar, dejando en penumbra lo secundario. Premeditadamente el director quiere crear la impresión  al comenzar ciertas escenas de que el espectador está contemplando un cuadro costumbrista de la época que gracias a la magia del cine poco a poco comienza a tomar movimiento y vida.



Este mismo plano nos puede servir también para explicar otro concepto pictórico de la época como es el naturalismo. Por otra parte el "cuadro" es en sí una naturaleza muerta.

La obra de Velázquez.

Como hemos podido comprobar gran parte del ambiente y de los personajes de la película están montados sobre los cuadros de Velázquez. Sin embargo, hay dos que tienen protagonismo por sí mismos en varias secuencias (ver el vídeo) y que marcan la luz y el color de distintos momentos de la película.
-  El Aguador de Sevilla marca el estilo preciosista y realista. En él se inspiran también la iluminación de interiores con tonos amarronados  y amarillentos, así como los tremendos claroscuros tenebristas.
- La Rendición de Breda sirve para ambientar el colorismo frío de azules y la neblina de los hechos narrados en los Países Bajos.


ACTIVIDADES

Os propongo las siguientes actividades:
- que investiguéis especialmente sobre estos dos cuadros últimos de Velázquez  y  en menor medida sobre los citados anteriormente. Haced una ficha artística de los mismos.
- Volváis a ver la película e intentéis aplicar más semejanzas entre cuadros de este genial pintor y la película. Los cuadros propuestos serían: El triunfo de Baco, Los bufones, Las Meninas, Felipe IV cazador...





domingo, 9 de febrero de 2025

LÁ SCHOLA PRAECONUM. UN NUEVO TESORO ABIERTO A LA VISITA EN EL PARQUE ARQUEOLÓLICO DEL COLISEO, ROMA.



El Parque Arqueológico del Coliseo abre al público la "Schola Praeconum" (la Escuela de los Heraldos) del Circo Máximo, completando así el primero de los diez proyectos del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia "Caput Mundi" (PNRR Caput Mundi) en el marco de la Misión 1 Digitalización, Innovación, Competitividad, Cultura y Turismo. Una intervención que ha involucrado durante ocho meses muchos aspectos: las investigaciones preliminares a través de la prospección, los estudios fotogramétricos 3d (ante y post operam), las excavaciones arqueológicas, la restauración conservadora de las superficies y la nueva iluminación. Y para garantizar la total accesibilidad e inclusión al yacimiento, la creación de una rampa y de una ventana de vidrio para visionar los frescos y el mosaico que dieron nombre a este espacio y un cartelón táctil con textos en italiano, inglés y Braille. Han sido ocho meses de trabajo y un presupuesto de 500.000 euros para hacer posible la reapertura y la accesibilidad pública a la Schola Praeconum, según explicó en su reciente inauguración Federica Rinaldi, directora del Parque Arqueológico.

Primeras visitas a la zona cubierta.


El edificio de la Schola Praeconum es un sitio arqueológico descubierto desde el siglo XIX, pero que hasta ahora no se le había dado el valor que tiene y tampoco era visitable. Posee un gran encanto por conservar una parte de sus techos abovedados y por estar ubicado en la terraza más baja de la ladera sur de la colina Palatina, desde donde se puede contemplar el Circo Máximo.

Visión completa de las ruinas arqueológicas del Parque Arqueológico del Coliseo, Roma. En óvalo rojo la Schola.


Su posición sugiere una posible conexión en la antigüedad con el cercano Paedagogium. Aunque estos edificios pertenecen a épocas diferentes ambos estaban relacionados con funciones relacionadas con servicios imperiales. El Paedagogium fue construido durante el reinado de Domiciano -y continuó en uso mucho después- para ser una especie de colegio donde se educaran jóvenes esclavos imperiales destinados a desempeñar los papeles más importantes de la Administración. Por otro lado, la Schola Praeconum, fue construida a principios del siglo III, cuando la dinastía de los Severos llevó a cabo una reestructuración general de la ladera sur de la colina. La Schola era la sede del gremio de heraldos, conocidos como "praecones", quienes tenían la responsabilidad de anunciar las ceremonias que se llevaban a cabo en el circo y los ganadores en los juegos.

El Paedagogium y la Schola Praeconum, los dos edificios en la ladera del palatino en la vertiente hacia el Circo Maximun. 

Su construcción sigue una orientación que respeta la del eje del Circo Máximo, pero para su construcción se amortizaron seguramente otros edificios, datados al menos en el siglo I d. C., que existían en el solar. De uno de ellos aún se conservan restos en el interior del cerro con restos de pinturas con motivos geométricos y vegetales, de época altoimperial.

Ubicación de la Schola con respecto a los otros edificios de su entorno, Palatino y Circus Maximus.


La planta de la Schola se caracteriza por la presencia de un patio rectangular rodeado por un pórtico. Aún son visibles in situ un pilar angular y una columna de mármol cipollino. al fondo se cerraba con tres ábsides abovedados, cuya secuencia escalonada sirve para regularizar el desajuste con las paredes traseras. Algunas hipótesis apuntan a que la estructura pudo haber tenido un segundo piso, utilizado como tribuna imperial para ver representaciones circenses. Hoy aparecen con nichos de posibles reutilizaciones desde época medieval.

Planta de la Schola Praeconum. Dos versiones. 
La explanada en que hoy se ha convertido el atrio, junto con los tres espacios abovedados al fondo, el la derecha cubierto y hoy accesible por un rampa. La cartela explicativa, en la parte de abajo coincide con el punto amarillo de la planta actual  superior.


La continuidad de uso como Schola pudo extenderse hasta el siglo V o VI d.C., siglos en los que tuvieron lugar una fase serie de derrumbes probablemente debidos a los numerosos terremotos documentados y se produjo el posible abandono. Posteriormente fue reutilizado para otros fines. La cronología está establecida mediante la lectura de la estratigrafía de las paredes y de la decoración del aparato pictórico y mosaico, así como a raíz del descubrimiento de una estructura absidial, todavía de función incierta.

Bóvedas, nichos y paramentos de ladrillo de la sala C.

El fresco de la sala D. 

La sala subterránea presenta un gran zócalo de mármol cipollino, en parte perdido, y un friso pintado que representa la fachada de un edificio adornado con columnas entre las que aparecen algunas figuras masculinas de pie y de tamaño natural (1,60-1,80 m). Estas  pinturas murales datan de mediados del siglo III. Las ropas serviles de estas figuras, una túnica corta atada a la cintura, y lo que portaban, bastones y una corona de flores, hacen que se interpreten como tricliniarii, es decir sirvientes que atendían a un banquete en un triclinium,  aunque también podrían ser los propios preacones. 

Un edículo, escasamente decorado. da paso a tres hombres. Quedan restos de otros dos a ambos lados de la figura central, que posiblemente fueron repintados para simplificar la escena.

La escena es muy simple y sólo se conserva casi completa en la pared norte. 



El mosaico de la sala D.

Han desaparecido las losas de mármol cipolino, que serviría de zócalo alto, posiblemente amortizadas hace muchos siglos, pero se conserva en buen estado, en cambio, el gran mosaico blanco y negro del suelo, que dio nombre al edificio. 

Hay pequeños huecos en la segunda y cuarta figura (desde el SO) a lo largo del lado NO y en la última figura a lo largo del lado SE, aunque estos detalles no impiden la comprensión del conjunto y han sido rellenados para su mejor conservación.

Por estilo, algo ingenuo, se cree que el mosaico es posterior a los frescos de la sala y que dataría de principios del siglo IV d. C., quizás durante las renovaciones iniciadas por el emperador Majencio. 

Descripción. Mide 8,15 m de largo por 6,15 m de ancho. Presenta un borde que aparece como una ancha banda monocroma negra y un campo central con decoración figurativa negra sobre fondo blanco. 

El tema representa una procesión de ocho hombres vestidos con túnicas cortas y zapatos, organizados en dos grupos, que desfilan en paredes opuestas desde el fondo de la sala hacia la puerta, orientándose de NO a SE. Portan estandartes, caduceos y bastones, siendo interpretadas como heraldos públicos o praecones (Lugli 1933, 441-55) o aurigas (Blake 1940, 96-8). También entre ellos hay algunas cajas cerradas.

Se supone que estos heraldos eran los responsables de anunciar el inicio de las carreras y otros acontecimientos significativos, utilizando los estandartes para captar la atención del público y marcar el comienzo de las actividades. También proclamaban los nombres de los conductores de los carros y los equipos a los que representaban. Los estandartes servían como símbolos visuales que ayudaban a identificar los colores de cada facción, facilitando la interacción entre los participantes y los espectadores.

En un ambiente ruidoso y animado, los heraldos utilizaban los estandartes como señales para comunicar cambios en el evento, como el inicio de las carreras o pausas, asegurando que el público estuviera siempre informado.

La interpretación más común de las figuras que aparecen en el mosaico es la de una solemne procesión de heraldos públicos o praecones. Estos heraldos no solo tenían un rol en la comunicación pública, sino que al estar al amparo de palacio, también eran parte de un sistema organizado y reconocido oficialmente por el Estado, lo que les confería un estatus especial.

Por todo lo anteriormente expuesto, lo que parece seguro es que el edificio y sus ocupantes desempeñaban funciones estrechamente relacionadas con el Circo y con los acontecimientos celebrados en él. La presencia de los caduceos, que es un símbolo por excelencia del dios Mercurio, sugiere que la procesión podría tener un significado religioso más amplio. Las imágenes de las paredes podrían representar un banquete místico, lo que añade una dimensión espiritual y ceremonial a la interpretación del mosaico. 


CÓMO VISITAR LA SCHOLA PRAECONUM

Desde el 3 de febrero de 2025. 

Días de apertura los Domingos (salvo el primero de cada mes) y los lunes.

Horarios de apertura 10.00 - 13.30.

Turno visita didáctica Inglés 10.00 y 12.15 Italiano 10.30 y 12.45. Duración 75 minutos 

Turno libre solo Domingo, 11.00.

Entradas Forum Pass SUPER 

Grupos máximo 20 personas.

Entrada y punto de encuentro desde Via di San Gregorio.

Para información y entradas www.colosseo.it 

Social @parcocolosseo


Bibliografía

MARCHETTI D. 1892, Regione X, in NSc, 1892, pp. 44-48.

LUGLI G. 1933, "La sede degli araldi pubblici (praecones) presso il Circo Massimo", in Capitolium, Roma, 441-55.

BLAKE M.E. 1940, "Mosaics of the Late Empire in Rome and Vicinity", in Memoirs of the American Academy in Rome, 96-98.

CAGIANO DE AZEVEDO M. 1947-1949, Osservazioni sulle pitture di un edificio romano di via dei Cerchi, in RendPontAcc, 23-24, pp. 253-258.

MORRICONE MATINI M.L. 1967, in Regione Prima. Roma: Reg. X, Palatium (Mosaici Antichi in Italia), Roma, pp. 103-5, n. 93, tavv. XXIII, figg. 1-4; XXIV, figg. 1-4; XXV, 93.

PAPI E. 1999, s.v. Schola Praeconum, in LTUR, pp. 254-255.

BOLDRIGHINI F., RINALDI F., SPOSITO F. 2021, I tessellati a motivi figurati del Foro Romano e del Palatino tra la fine del II e il IV sec. d.C., in AISCOM XXVI, pp. 29-44.